Una pequeña presentación

Los Mínimos y Máximos de Félix Esteves es una casa, un hogar, construido con amor, esfuerzo, dedicación y hasta con aburrimiento. Tiene muchas puertas donde todos pueden entrar. Tiene muchas habitaciones, donde de seguro en algunas podrás sentirte cómodo, y en otras, tal vez contrariado y hasta… por qué no… molesto. Sin embargo su propósito no es agradar ni molestar, no es ganar amigos ni enemigos… de todas maneras ambos son bienvenidos; su fin es mostrar y demostrar lo variopinto de una mirada, la pluralidad de una cosmogonía a través de mi “micromundo”, de lo exterior visto y sentido desde mi interioridad… es un grito contra la discriminación, es un arrullo de amor a la diversidad, es mi tarjeta de presentación como ser humano, como hombre, como gay y miembro de la comunidad LGBT... tal vez es algo más… no lo sé… aún lo estoy averiguando.

Félix Esteves

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jueves, 4 de julio de 2013

EL DESNUDO MASCULINO BAJO LA LUZ Y LA SOMBRA DE FELIPE ROTJES.


El primer desnudo masculino en la fotografía venezolana apareció en 1910 bajo la mirada de Pedro Ignacio Manrique con el título de Apolo, más tarde surgirían otros Dioses desnudos en el arte fotográfico nacional, por ejemplo no nos podemos olvidar de las bellas imágenes que Alfredo Boulton captó del torero Luis Sánchez Olivares, Diamante Negro;  o para ser más contemporáneos de las excelentes fotografías que nos regala desde España el artista venezolano Rubendario; tampoco podemos omitir la mirada post-neoclásica de la fotografía masculina de Sergio di Francesco o la placida desnudez masculina de Fran Beaufrand; es imposible desconocer los desolados y lúdicos desnudos de Julio Vengochea, y mucho menos podemos omitir los desnudos masculinos llenos de simbolismo, de deliciosos oximorones, y barroquismo posmoderno de Nelson Garrido.

No obstante, el desnudo masculino desde la perspectiva de la carnalidad atrapada en su deseo, y en la revelación de la búsqueda del homoerotismo más puro, tenemos que nombrar a un novel fotógrafo que con su curiosa mirada nos ha regalado ciertas imágenes que se pasean desde la figuración hasta el onirismo fotográfico, estamos hablando de Felipe Rotjes.


Si bien los antiguos griegos relacionaron el desnudo con su geometría y en esa perfección quisieron compararlo y trasladarlo a sus Dioses, Felipe Rotjes, trendy del siglo XXI y artista de autodestrucción/deconstrucción, lucha contra las geometrías imperantes del ideal del cuerpo masculino para poder vislumbrar en la figura masculina del hombre común la complejidad de su existencia, así en la cruda piel, en la tensión de los cuerpos desnudos, en su interacción, fusión y en su virtual desprendimiento se van narrando un nuevo Olimpo pero al mismo tiempo un nuevo Averno, los hombres desnudos de Rotjes se pasean con facilidad entre los dos mundos, porque no son Dioses, son humanos.


La fotografía de Felipe Rotjes nos recuerda un poco la irreverencia homoerótica de Robert Mapplethorpe, no obstante el fotógrafo norteamericano ya fallecido, era un clasicista, y pocas veces se pudo despojar de los divinos y perfectos cánones de belleza griega que aún perduran; tal vez la similitud de Mapplethorpe y Rotjes se encuentra en la experimentación o la búsqueda del conflicto de apetencia/aversión que surge en el testigo o publico que mira el objeto/cuerpo fotografiado que se convierte así en poesía de lo bello o poesía de lo aberrante o del esperpento.



La fotografía del desnudo masculino de Felipe Rotjes esta substraída de toda grandilocuencia perfeccionista, refinamiento y armonía clásica, podemos asegurar que es carnalidad brutal y cruda, sin ser pornografía. Desde su mirada “underground” Rotjes nos arroja sin medir, sin tranzar, un homoerotismo diferente a lo que nos tiene acostumbrado esta sociedad de consumo, el homoerotismo de Rotjes es real en su forma, pero onírico en su sustancia. La desnudez masculina y su carga erótica, bajo el lente de Rotjes, es la construcción de un universo animal pero al mismo tiempo tan humano que desmitifica con sus hombres bañados de luz y sombra,  la grandeza de mármol con que se construye a diario la farsa o la comedia del cuerpo ideal.



En “Los vasos comunicantes”, André Bretón decía que “el poeta del porvenir superará la idea deprimente del divorcio inseparable entre la acción y el sueño”. Rotjes como poeta del lente y del porvenir se confunde y se pasea entre la acción y el sueño, entre la realidad y el onirismo. Con su fotografía se cumple el viejo dilema de que la realidad sería imposible si no la comparamos con los sueños, y lo onírico fuera inocuo, fútil e inútil sin la fiereza o brutalidad de la realidad. Y en ese sentido, la fotografía de Felipe Rotjes son el camino recorrido y vital de su vida, pero al mismo tiempo es el tiempo onírico de sus miedos y deseos.  Una sola foto de Felipe Rotjes es un grito desesperado o la risa de la maraña lineal de su recorrido por la vida, esa misma fotografía es el alarido mudo o la mueca burlona de su inconsciente. En conjunto su trabajo fotográfico aquí reseñado es la proclama dada de su singular cosmogonía erótica. 

Por Félix Esteves.

viernes, 28 de junio de 2013

LI SU Y SUS OSOS: El Antropomorfismo Inverso o el Oso en el Bosque de Cemento.


Según la mitología el hombre oso es un licántropo que puede aparecer bajo la forma de un oso, de un humano o de un híbrido de ambas especies. En su morfología humana es la de un hombre alto y fornido, musculoso, generalmente con barba y abundante vello corporal; el color de su cabello coincide con el color del pelaje que tiene en su forma ursina. En la forma híbrida su estatura es de hasta 70 cm por encima de la estatura humana, el pelaje y su cabeza se transforma en la de un oso, mientras que la parte inferior de su cuerpo es más parecida a la de un hombre, pero más robusta, vigorosa y musculosa. Como animal no existen muchas diferencias con un oso auténtico, salvo su mayor inteligencia. En esta forma nada puede hacerles daño excepto armas mágicas o de plata. La forma de oso suele desaparecer cuando llega la luz del día.



El fotógrafo Li Su cree firmemente en aquellos seductores licántropos urbanos que con su encantadora robustez han ganado terreno dentro de los ideales de la belleza masculina. Li Su de esta manera  alimenta, nutre y reconstruye el “antropomorfismo inverso” que desde los ochenta ha surgido como subcultura dentro de la comunidad gay. Los osos de Li Su desprenden desde el bidimensional retrato la ternura animal y la sensualidad bruta de aquellas extremas redondeces pobladas de pelos androgénicos que son motivo de culto para muchos y muchas.




Desde la perspectiva de la Modernidad Conductual Li Su hace una analogía, quizás inconsciente, de la forma y horma de estos animales/hombres u hombres/animales que desde su ojo angular viven y conviven en el bosque de cemento de la configurada transpostmodernidad. Li Su acorta el “gran salto” dado por el homo sapiens que los diferenció de los demás animales, para vestir su fotografía dedicada a este tipo de belleza  masculina de un axiomático carácter documentalista donde se reconocen y confunden el naturalismo con el homoerotismo fotográfico.




Li Su desde su aguda mirada nos intimida y nos hace íntimos de su cosmografía osuna, de esa sexualidad y erotismo salvaje, de esa masculinidad que se hace monstruosa  y feroz pero al mismo tiempo tierna, emotiva y dócil como los “Teddy Bear” u osos de peluche que velan los sueños de la infancia y hacen húmedos las dulces quimeras de muchos hombres.



Si quieres conocer el arte de Li Su te invito a visitar su página Web:



Por Félix Esteves

miércoles, 22 de mayo de 2013

RICHARD PHIBBS... la belleza de la brutalidad masculina o la transfiguración de lo feo y lo bello.




Para Richard Phibbs todo lo mirado por su lente tiene siempre consigo lo que podríamos denominar posibilidad estética o potencia estética. Así lo que consideramos feo, brutal o simplemente esperpéntico bajo la mirada escudriñadora de Phibbs y su poder para congelar su objetivo, se convierte en bello, divino y deseado. Richard Phibbs revela y descubre a través de su juicio estético los elementos de belleza del sujeto/objeto.



La brutalidad de la belleza masculina es así una experiencia placentera, el sudor, la bestialidad de la lucha cuerpo a cuerpo, la violencia de los músculos en pugna se hacen estímulos que nos llenan de una divina espiritualidad y que satisfacen los sentidos.



Si bien lo feo es la antítesis de lo bello, Phibbs nos hace creer lo contrario a través de una serie de fotos que nos muestra aquellos elementos muchísimas veces aborrecidos para despertar en nosotros los valores  de la belleza masculina. También hay que agregar que si bien la belleza y lo feo es según la mirada del observador, el artista tiene el poder de transformar o configurar lo feo en bello y viceversa. Phibbs lo sabe bien y a través de su arte transmuta, transfigura, conmuta y desdibuja lo feo para darnos u ofrecernos lo más bello de su sujeto/objeto fotografiado.

“La atracción por lo feo se muestra en la abundancia de sinónimos: horrendo, desagradable, monstruoso, odioso, espantoso, fétido, sucio, repelente, vil, deforme, repugnante o antiestético.” (1) O “La historia de la fealdad es decididamente más interesante que la historia de la belleza” (2) nos dice Umberto Eco; no obstante, Phibbs a través de su fotografía nos hace ver que lo feo puede sugerirnos lo contrario, y es que la “deformación virtual” que logra Richard Phibbs con su lente nos alimenta el espíritu.



En la selección de fotografías de Richard Phibbs que les regalo este artículo se autentifica lo dicho por Rosenkranz en su libro “Estética de lo Feo” cuando escribe que “Lo bello, como el bien, es un absoluto; lo feo, como el mal, es un relativo. Que lo feo sea tal lo demuestra el hecho de que es comprensible sólo con relación a lo bello.” …“el valor estético de lo feo, como contraste para resaltar la belleza.” (3) Pero cuidado, Phibbs antepone o prefiere plantarnos en esos sujetos/objetos relativamente feos elementos de belleza propios de ellos que se multiplican o se hacen visibles gracias a la agilidad del artista en utilizar la luz, la sombra, o la facultad de atrapar en un instante la belleza de lo no bello.




Phibbs con el poder de su cámara ha logrado que la belleza de la brutalidad masculina, o lo feo de la bestialidad de la masculinidad conquiste una vez más el gusto popular, Phibbs juega con la ambivalencia de lo bello y lo feo, convirtiendo lo feo en el lado más puro y deseado de la forma masculina.




Richard Phibbs otorga una visión artística a cada una de las fotografías que toma, tanto sus trabajos dedicados a la publicidad, en revistas como en sus trabajos personales. El artista ha realizado campañas de publicidad para Goirgio Armani, Ralph Lauren, Calvin Klein, Nautica, The Gap y auncios de televisión, también ha publicado sus trabajos en Vanity Fair, GQ, Esquire y el New York Times Magazine.

Si quieres conocer más sobre su trabajo visita su página web:



Referencias:
(2) Ibidém.
(3) Givone, Sergio. Historia de la Estética / Madrid : Tecnos, 1990. -- p 86.

Por Félix Esteves

jueves, 17 de enero de 2013

CRAWFORD BARTON Y EL AMERICAN GAY DREAM.


Crawford Barton fue uno de los tantos de miles de gays y lesbianas que llegaron a la ciudad de San Francisco en las décadas de los 60 y 70 en busca de refugio, tolerancia y respeto por su estilo de vida. En su rol como fotógrafo, capturó la esencia de ese extraordinario lugar y de su  tiempo, su fotografía se convirtió en los testigos del florecimiento de una cultura abiertamente gay en una de las ciudades más importantes de los Estados unidos. Su trabajo fotográfico es la crónica del nacimiento del movimiento gay al oeste de Norteamérica y la historia visual del “Gay American Dream”. Su archivo fotográfico desdibuja las líneas entre el Arte  y el Documental, entre lo “bellamente pornográfico” y lo explicito sexual hasta la más tímida intimidad erótica, entre lo personal y lo político,




Barton nace el 2 de junio de 1943, criándose en una comunidad rural fundamentalista en Georgia. Sus padres eran granjeros y en su mundo la homosexualidad no era aceptada y mucho menos si un hijo “padecía” de aquella “enfermedad” y pecado. El padre de Barton tratando de masculinizar a su hijo que era al muy estilo “Sissy” (maricón o marica) lo incitaba a los deportes, pero el niño termino odiando y temiendo las actividades físicas. Su madre una ferviente mujer religiosa creía que el rezo y la oración eran la solución para el delicado niño y lo asustaba diciéndole que todos los pecadores arderían en el infierno. De esa manera, la infancia y pubertad la pasó entre los temores religiosos, el maltrato paterno por su amanerado comportamiento, que lo convirtió en un ser tímido e introspectivo, escapando de la dura realidad sumergiéndose en un mundo imaginario donde empezó su maravilloso viaje con el arte. Después de graduarse de la escuela secundaria con excelentes notas, recibió una pequeña beca que le permitió estudiar Arte en la Universidad de Georgia. Por fin sería libre.

En la universidad, Barton se enamoró de un hombre por primera vez, ilusionado hizo todo lo posible por conseguir aquel “objeto de su afecto” pero no fue así, ese amor no fue nunca correspondido. Barton tuvo algunos encuentros sexuales con algunos de los tantos estudiantes de la universidad más vieja y más poblada de Georgia, pero aquel desaire hecho por el primer amor lo mantuvo en una terrible depresión y después de un semestre, desilusionado el joven se retira de la universidad y regresa a la granja  de sus padres.




Pero Barton ya había conocido el mundo y después de dos años infernales en el hogar paterno, bajo la mirada crítica de sus padres que le reprochaban su abandono a la universidad, a los 21 años se matriculó en la escuela de arte en Atlanta, allí hizo nuevos amigos y encontró para su energía sexual reprimida un escape en los bares gay de esa ciudad y clubes. Atlanta si bien era heredera de una cultura sureña racista y homofóbica, en todos los Estados Unidos estaba levantándose un movimiento gay importante que dieron luz y mayor esplendor en San Francisco en la costa oeste y en New York en el otro extremo. Barton no quiso esperar más, con su pequeña maleta, y una cámara de 35mm regalada por uno de sus amantes, emprende su viaje al “Sangri-La Gay”, es decir San Francisco, y parecía que lo estaban esperando, pues las calles, y bares, y la comunidad LGBT de aquel paraíso homoerótico se rindió a su lente y a su magia.




Barton se trasladó a la asoleada California a finales de la década de los 60 para dedicarse y entregarse a su arte y a su vida como un hombre abiertamente gay. A principios de 1970 fue establecido como fotógrafo principal de lo que se ha llamado la “Edad de Oro” del despertar gay en San Francisco. Él era tanto participante de ese despertar como un cronista de las aventuras de los hombres y mujeres homosexuales que luchaban por el derecho a una vida digna. Muchas de sus imágenes documentan la lucha de los homosexuales en San Francisco, las primeras protestas del movimiento gay, los desfiles del Orgullo Gay, las campañas políticas de Harvey Milk, así como artistas abiertamente gays como Sal Mineo y Winfield Paul o poetas como Lawrence Ferlinghetti. Barton también fotografío las zonas de cruising de San Francisco, los sensuales chicos que se amaban en los parques, o aquellos que sin pudor se vendían, todo era posible en la “Abierta” San Francisco. Barton documento con su fotografía a los hombres que se entregaban con furia a sus instintos homoeróticos entre las esquinas de Castro Street, en los frescos ventíscales de los diques de la ciudad, perpetuó con su lente los aguerridos o dóciles leader, a los travestis, y a los “bellos fantasmas y ángeles” que merodeaban por la noche en la ciudad; Barton y su cámara fueron testigo de los bares underground de Folsom Street, de los insistentes caminadores en busca de ardientes aventuras, de aquellos hombres gays en busca de un amor furtivo o duradero.




Pero Barton también utilizó a su círculo de amigos y conocidos como el objetivo de su arte, aquellos seres queribles y amados le inspiró su fotografía erótica más íntima y tal vez la más hermosa y erótica. El principal de estos sujetos fue su amante y compañero, Larry Lara. Así el fotógrafo supo captar la belleza masculina, la plenitud, la riqueza  y complejidad del homoerotismo con el hombre que más amaba, Larry Lara se convirtió en su musa o mejor dicho en su Apolo, y lo retrato en diferentes formas captando la forma del amor gay y el estilo de vida de aquellas décadas de libertad sexual.

En 1974, el Young Museum presentó el trabajo de Barton en un exposición titulada “Nueva Fotografía, San Francisco y el Área de la Bahía”. Su obra atrevida, audas y sin complejos fue elogiada por el New York Times. Otros críticos, sin embargo, lo etiquetaron como escandaloso y vulgar, entre otros tantos descalificativos, pues muchos críticos como el público que en general que fue a ver dicha exposición no estaba preparada culturalmente y socialmente al franco homoerotismo y a la celebración insolente y fresca de la comunidad gay que ofendió las sensibilidades de una sociedad puritana y reaccionaria.




Además de su fotografía artística, Barton trabajó para el Advocate y el Bay Area Reporter, así como el San Francisco Examiner, Newsday, y Los Angeles Times. Un libro del trabajo de Barton, donde la figura masculina es la protagonista, y por supuesto el homoerotismo fue publicado en 1976. Sus fotografías también se utilizaron para ilustrar una colección de reminiscencias del Reverendo gay Malcolm Boyd, “Mirando hacia atrás con alegría” de 1990. Después de la muerte del fotógrafo se publicó  “Days of Hope” por Ediciones Aubrey Walter.

Con más de sesenta fotografías en blanco y negro, Days of Hope destila la esencia de la contribución de Barton como fotógrafo. En estas bellas imágenes, tomadas en ese mágico pero corto período, el artista demarca la línea de tiempo entre Stonewall y el comienzo de la liberación gay y, por el otro, por el asesinato de Harvey Milk y la aparición del SIDA. Barton supo presentar a San Francisco en la década de 1970 como una época de esperanza y posibilidad, de gran diversión y la libertad duramente ganada, pero todavía en peligro. La intensidad de las fotografías proviene de su conocimiento de las personas que retrato y fotografió, de la lucha política por reivindicar los derechos gays, muchos de esos fotografiados están muertos víctimas de la agitación política y la pandemia del SIDA que caracterizó los finales de 1970 y 1980.

Barton una vez comentó como su propósito en el arte de la fotografía:

“He tratado de servir como un cronista, como un vigilante de la gente”... “de mi gente”… “para alimentar de nuevo la imagen de un estilo de vida positivo, agradable - para ofrecer no sólo placer sino también orgullo.”


Mark Thompson, en su prólogo a “Days of Hope”, elocuentemente resume la contribución única de Barton y señala: “Crawford Barton nos deja un retrato de un momento seminal, bruñida con el pulido fino de la sensibilidad - un instinto al que nunca renunció”.

A principios de 1980, la inocencia y el optimismo de los años 1960 y 1970 se esfumaron para siempre. La era del Sida y la dura mano homofóbica de la era Reagan acabaron con el “Sangri-La” Gay San Franciscano. El presidente estadounidense Ronald Reagan, cuyo mandato coincidió con un bandazo general hacia la derecha de la política en EE. UU. y con el aumento de la influencia del evangelicanismo, sólo comenzó a hablar en público sobre el sida y la homosexualidad en 1987. A mediados de los años ochenta, las actividades gays eran ilegales todavía en la mitad de los estados y los esfuerzos de los activistas estaban tan concentrados en la crisis del sida, y la descriminalización de la homosexualidad pasó temporalmente a segundo plano y sólo se volvería a tratar el tema a finales de los años 1990.


Barton sucumbido a la edad de 50 años, el 12 de junio de 1993 por complicaciones a causa del sida, pero el artista aún sigue vivo en su trabajo fotográfico que nos dejó, tal vez sea su obra fotográfica el mejor testimonio de aquel sueño de tantos luchadores, de aquellos hombres y mujeres que se atrevieron a dar el salto para afianzar las libertades homosexuales, puede ser que el Sida y los conservadores hayan logrado opacar dicho movimiento LGBT por algún tiempo, pero quedaron estampados gracias al ingenio y arte de Barton que resurgen como el ave Fenix de sus cenizas. Hoy cada vez más su trabajo es valorizado, no solo como obras de arte sino también por el valor histórico-documental de una historia que siempre y muchos querrán borrar.

Por Félix Esteves

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