Llevaban demasiado tiempo viviendo juntos, ya ni se hablaban, se sentaban a comer en la misma mesa, a leer en la misma biblioteca, a ver televisión en el mismo salón, a dormir en la misma cama, y no salían ya de sus bocas ningún saludo o alguna expresión de afecto o de desaprobación. El silencio reinaba en la casa, entre los dos, y aunque convivían en sana paz ya ni se llamaban por sus nombres ni por apodos ni por palabras cariñosas o de aprecio. Simplemente coexistían. Se olvidaron los nombres, se borraron los afectos, se ignoraron por completo, por demasiado tiempo, hasta que ambos se desconocieron y murieron de soledad y de tristeza sin saber que se tenían el uno al otro.
"Si ignoras el nombre de las cosas, desaparece también lo que sabes de ellas"
Carlos Linneo, 1707- 1778
Por Félix Esteves
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