Una pequeña presentación

Los Mínimos y Máximos de Félix Esteves es una casa, un hogar, construido con amor, esfuerzo, dedicación y hasta con aburrimiento. Tiene muchas puertas donde todos pueden entrar. Tiene muchas habitaciones, donde de seguro en algunas podrás sentirte cómodo, y en otras, tal vez contrariado y hasta… por qué no… molesto. Sin embargo su propósito no es agradar ni molestar, no es ganar amigos ni enemigos… de todas maneras ambos son bienvenidos; su fin es mostrar y demostrar lo variopinto de una mirada, la pluralidad de una cosmogonía a través de mi “micromundo”, de lo exterior visto y sentido desde mi interioridad… es un grito contra la discriminación, es un arrullo de amor a la diversidad, es mi tarjeta de presentación como ser humano, como hombre, como gay y miembro de la comunidad LGBT... tal vez es algo más… no lo sé… aún lo estoy averiguando.

Félix Esteves

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martes, 18 de marzo de 2014

EL HOMINTERN O LA CONSPIRACIÓN GAY.La historia de una ficción producto de la homofobia.


PREAMBULO

Para poder entender la ficción del Homintern es necesario conocer y relacionar el término traición con homosexualidad, o mejor dicho como la heteronormativa quiso emparejar como sinónimos ambos vocablos. Por lo tanto desde este mismo momento hemos de ver el Homintern como una palabra más producto de la homofobia y de las políticas del heterocentrismo.

La asimilación de los homosexuales a los de traidores a la nación es un argumento repetitivo del discurso homofóbico. Esta imputación, que  gravita y se fundamenta en algunos argumentos irracionales, se alimenta desde finales del siglo XIX de los escándalos políticos y militares en los que había homosexuales incriminados.

En el imaginario colectivo se suele pensar al homosexual como el otro y por lo tanto es visto como “extranjero” y es situado in o voluntariamente por la heteronorma al margen de la comunidad, ya sea familiar o nacional. Su conducta, analizada desde las mentes homofóbicas es vista en términos de placer inmediato, es además considerado egoísta y narcisista al ennoblecer una forma de sexualidad no reproductiva, por lo tanto el homosexual es considerado un peligro para la civilización del heterocentrismo.

El homosexual representa igualmente para la sociedad heterocentrista, falocéntrica y patriarcal una amenaza para el orden social, ya que el homosexual no duda en traspasar o romper las barreras de clase para encontrar nuevos compañeros, poniendo en peligro las jerarquías existentes y por lo tanto el status quo. Pero el discurso homofóbico sigue y se extiende, y proclama que el homosexual, pensado como afeminado, es o se le atribuye taras presuntamente inherentes al otro sexo: versátil, voluble, charlatán y cobarde. En consecuencia, en los períodos de crisis, dificultades, y tensiones bélicas los homosexuales son, condicio sine qua non, junto a otras minorías estigmatizadas, los chivos expiatorios de la venganza y la represalia pública.

Así, la imagen del traidor homosexual es tanto más recurrente cuanto la homosexualidad es considerada colectivamente, generalmente y siempre como una importación extranjera: en el siglo IX se trataba de una “costumbre árabe”. En el siglo XIII se convirtió en una “depravación francesa”. En el siglo XV y el subsiguiente se conoció como el “vicio italiano”, en los siglos XVIII y XIX fue el “libertinaje inglés”; el “vicio occidental” en Oriente, la “maldición de los blancos” en África negra; la “perversión gringa” en Sudamérica, etcétera, etcétera.  

ALGO DE HISTORIA.

Tanto en Inglaterra como en Francia el caso Eulemburg, a comienzos del siglo XX, contribuyó a asimilar la homosexualidad a un “mal alemán”.  El caso Eulemburg es considerado como el mayor escándalo sexual del Imperio alemán. Aunque básicamente se trataba de una pelea entre Philipp, príncipe de Eulenburg-Hertefeld, y el periodista Maximilian Harden, las acusaciones e inculpaciones extendieron el conflicto hasta el punto de que se empleaba la expresión Círculo de Liebenberg para describir el círculo de personas homoeróticas que rodeaba al emperador Guillermo II, y cito a Leopold Stape:

"El palacio de caza de Grunerwald fue el lugar elegido para la sonada orgía que hizo temblar los cimientos del imperio alemán, allí acudieron varios miembros del entorno del Emperador, el grupo conocido como ‘Círculo de Liebenberg’."
(http://leopoldest.blogspot.com/2011/04/el-caso-harden-eulenburg-la-orgia-que.html)

Durante la Primera Guerra Mundial la sospecha de homosexualidad adquirió un tono especialmente amenazador; tal como lo relata Marcel Proust en En busca del tiempo perdido:

"Desde la guerra el ambiente había cambiado. No sólo se denunció la inversión del barón sino también su supuesta nacionalidad alemana"…
(http://www.edu.mec.gub.uy/biblioteca_digital/libros/p/Proust,%20Marcel%20-%208%20El%20tiempo%20recobrado.pdf)

En Inglaterra, el diputado Noel Pemberton Billing organizó una notoria y verdadera caza de brujas contra los homosexuales, al denunciar en 1918 en un artículo llamado “El Culto al Clítoris” en su capítulo “Los primeros 47.000”, el chantaje ejercido según él por los servicios secretos alemanes sobre homosexuales británicos de alta posición. Noel Pemberton Billing consideró que la homosexualidad estaba infiltrada y corrompiendo la sociedad inglesa, y que esto estaba relacionado con el espionaje alemán en el contexto de la Primera Guerra Mundial. Pemberton en su ensayo, altamente imperialista, y basado en la información proporcionada por Harold Sherwood Spencer, que afirmaba que los alemanes estaban chantajeando a homosexuales británicos de alto rango,  para propagar el vicio de Sodoma y Lesbos. Por su parte, el periodista Arnold White afirmó que los homosexuales alemanes se entregaban fácilmente a la seducción sistemática de los jóvenes soldados británicos.

En el curso entre las dos grandes guerras las sospechas de traición se volvieron más políticas. La expansión de una subcultura homoerótica en las capitales europeas, como Berlín, Londres, Paris y hasta la misma Barcelona habían sido observadas con desconfianza por una opinión pública obsesionada con el fantasma del contagio gay, mientras que el desarrollo de los movimientos homosexuales militantes alimentaban los rumores de un complot homoerótico, supuestamente alentado y auspiciado por los comunistas.

EL HOMINTERN.


No existió nunca un grupo homosexual que conspirara cual Pinky y Cerebro para conquistar el mundo. Lo que realmente existía era una trama imaginada de ciertos grupos de psicóticos alimentados por la filosofía heterocentrista y que temían a la expansión de la influencia homosexual. Existía, eso sí, La Internacional Comunista, que fue una verdadera organización creada por Lenin en 1919 y que fue disuelta en 1943. Hay que aclarar también que muchos homosexuales fueron atraídos por el movimiento comunista, porque este proclamaba la igualdad en todos los sentidos, tanto social como de género. De ese modo, muchos políticos temieron a los homosexuales y comunistas, porque ambos estaban en contra de todo el status quo y eran según las esquizofrénicas palabras heterocentritas, algo muy preocupante:

"Como las cosas se va desarrollando la Internacional Homosexual se ha convertido en una especie de auxiliar de la Internacional Comunista. Este es más que alarmante, ya que los homosexuales se están multiplicando como la arena de la orilla del mar."
(Waldeck, R. G. Homosexual International // En : Human Events. -- Vol. XVn, No. 39 — Section II. -- September 29, 1960)

El término “Homintern” a menudo se dice que fue acuñado por Cyril Connolly o por W. H Auden, pero Harold Norse reclamó para sí mismo tal creación. Lo más probable, es que varias personas inventaran el término al mismo tiempo. La implicación humorística fue que los homosexuales constituían una red secreta en todo el mundo y que estaba destina a acabar con el poder del patriarcado y el heterocentrismo, es decir la Homintern era un “Internacional Homosexual”

Las únicas personas que alguna vez tuvieron este sencillo juego de palabras como algo serio eran los que temían la expansión de la influencia homosexual. En simples conversaciones, vieron parcelas, en grupos de amigos, las conspiraciones. Si bien es cierto que algunas personas homosexuales se convirtieron en el centro de la literatura y la cultura moderna, en general, el Homintern era sólo una forma de visibilidad del movimiento homosexual que se destacaba superficialmente.

Un grupo de intelectuales en todo el mundo fueron llamados o acusados de pertenecer al Homintern, por ejemplo en Inglaterra, W. H. Auden o Stephen Spender, junto con su club universitario el apodo de Homintern, porque simplemente simpatizaban con el movimiento comunista y no ocultaban su homosexualidad. En Francia la alianza comunismo y homosexualidad también fue tomada muy a pecho y en las ciudades portuarias y militares donde la prostitución masculina era muy frecuente se hicieron informes de vigilancia con el fin de tener una lista de los establecimiento públicos frecuentados por los comunistas, homosexuales, extranjeros y marineros gais podían conspirar con la paz francesa.

En la década de los 20 del siglo pasado, los partidos comunistas, sobre todo el KPD alemán, apoyaba las reivindicaciones homosexuales, no obstante a la hora de la verdad, sus actuaciones eran ambiguas. A partir de 1934, cuando la Unión Sovietica puso en marcha su legislación homofóbica, la nueva línea del partido asimiló la homosexualidad como una perversión fascista, porque en cierto modo algunos grupos nazis como la SA, y fascista como Las Camisas Negras, desarrollaron una estética gay u homoerótica y valoraban las relaciones viriles, pero fueron rápidamente eliminados. Los homosexuales fueron acusados de comunistas y muchos comunistas de homosexuales, y la traición era sospechada tanto por ser comunista como por ser homosexual, y tanto los nazis como los fascistas italianos vieron a ambos como un complot que impedía la expansión del pueblo alemán e italiano respectivamente.

En la “amargada cristiandad española”, que se autodestruía en una sangrienta guerra civil, muchos homosexuales declarados comunistas fueron perseguidos, apresados y ejecutados; intelectuales, escritores, poetas, cantantes, bailarines que por alguna razón mostraran en público su simpatía al movimiento comunista fueron injuriados, vilipendiados, y al mismo tiempo de ser acusados de comunistas y homosexuales, porque parecía que una cosa llevaba a la otra y más si eras artista, gran parte de estos hombres perdieron la vida, o fueron exiliados, pero todos fueron metidos en el mismo saco. Hemos de recordar al excelso Federico García Lorca que murió fusilado y al padre del decadentismo español Álvaro Retana, acusado en 1939 por “rojo y mariquita”.

En los Estados Unidos de Norteamérica, ya Tennessee Williams y Aaron Copland fueron acusados de originar “momentos raros” dentro la cultura y la sociedad norteamericana, igualmente Cole Porter por su relación homoerótica con el bailarín ruso Boris Kochno, fue sometido a cierta vigilancia.  Pero la Homintern no había impresionado tanto a los políticos estadounidenses, es después de la Segunda Guerra Mundial, que se relanzó la retórica homofóbica y anticomunista con la caza de brujas liderada por McCarthy en la parte de los rojos y por los “traidores sodomitas” orquestada por el senador de Nebraska Kenneth Wherry, que argumentaba que durante la guerra, los asuntos exteriores estaban dominados por una elite de homosexuales, abiertos al chantaje, y que eran o alcanzaban los 6000 miembros gais infiltrados en las más altas esferas del Estado. Curiosamente la mano de derecha de McCarthy era homosexual, Roy M. Cohn, y el jefe del FBI J. Edward Hoover también era homosexual.

Con la arremetida norteamericana contra los homosexuales y comunistas, muchos países, especialmente Gran Bretaña asumió el Homintern como una realidad, especialmente con el caso de  “Los Cinco de Cambridge”: grupo británico de espías reclutados por la Unión Soviética en el Trinity College de la Universidad de Cambridge que trabajó durante la Guerra Fría del siglo XX: Anthony Blunt, Kim Philby, Donald Maclean, Guy Burgess y John Cairncross. Se infiltraron en la sociedad británica como “topos”, en la jerga de los servicios secretos.anto Guy Burgess, como Anthony Blunt y Maclean eran homosexuales y eso constituyo el apogeo de la paranoia del Homintern, donde se mezclaba homosexualidad, traición, comunismo y control mundial.

En el mundo cultural fueron muchos los artistas que fueron acusados de homosexuales y comunistas; el Homintern de esa manera fue utilizado en la década de 1950 y 1960, apareciendo en un sin fin de  número de artículos de revistas de circulación masiva para referirse a lo que se creyó por muchos y por mucho tiempo como una conspiración internacional de gays influyentes que, según se afirmaba , controlaban las artes y la cultura. Estos artículos de revistas a menudo se ilustraban con el color lavanda, y por eso es también conocido a veces a la Homintern como “La conspiración de lavanda”.

Los homófobos alegaron que existía una red secreta mundial de propietarios gais de galerías de arte, directores de ballet, productores de cine, ejecutivos de sellos discográficos, editores y fotógrafos que, tras bambalinas, determinaban quien se convertiría en artistas de éxito, escritores de bestseller, bailarines, actores y modelos. Los psicóticos que veían en la homosexualidad una amenaza latente llegaron hasta asegurar que programas de televisión como Batman eran producto del Homintern y que era una forma de propagar la homosexualidad en los televidentes.

En los mediados de los años 90 el hecho de que los magnates de los medios de comunicación David Geffen, Barry Diller, y Sandy Gallin, el diseñador Calvin Klein, el pintor Ross Bleckner, y escritor Fran Lebowitz eran todos amigos cercanos dio lugar a rumores de un nuevo Homintern, pero ya sin el agregado comunista que se venía desvaneciendo o desligando ya desde los sesenta, y que termino con la caída del muro de Berlín.

Para los homofóbicos la presencia de más de una persona gay evoca la posibilidad de un golpe de estado, de un desastre cultural perverso. Podemos citar el presidente Robert Mugabe de Zimbabwe y sus partidarios que  llamaban el gabinete del primer ministro británico, Tony Blair, una “mafia gay” por el mero hecho de que solía incluir dos ministros gay.

Lo que si podemos asegurar es que los intelectuales gais son más propensos al dialogo y a las reuniones masivas, pero no para controlar al mundo, no para hacerse dueños de la tierra, en general, las masas homosexuales se están accionando para hacer respetar nuestros derechos, y para eso no se debe actuar como una conspiración o realizar un complot, aunque para la heteronormativa y sus psicóticos  piensan que cualquier encuentro gay debe inevitablemente ser pervertido o siniestro  o ambos, y cuando ven las transacciones culturales gais, ven un complot subversivo, pero tal cosa no lo es, somos más inteligentes y esperamos con la lucha pacífica que el mundo cambie a favor de todos.

Por Félix Esteves.

domingo, 1 de septiembre de 2013

VLADIMIR PUTIN Y LA HOMOFOBIA DE ESTADO. ¿La homofobia como arma polìtica?


Por lo general cuando hablamos de homofobia de estado lo primero que se nos viene  a la mente son aquellos países muy atrasados, con religiones fundamentalistas, países pobres,  como Yemen o Sudán, donde por lo general la homosexualidad es castigada con la flagelación, lapidación, la horca, y donde los miembros de la comunidad LGBT sufren las más terribles humillaciones. Pero no es así, la homofobia de estado, no simplemente es la ignorancia de los gobernantes o el miedo a la diferencia, también es una forma de controlar la oposición, una forma de aniquilar todo aquello que pueda romper el hilo conductor de establishment, o socavar las bases del poder oficial.

Los ojos del mundo están puestos en Rusia debido a la homofobia de estado, precisamente a un año de realizarse los próximos Juegos Olímpicos de 2014 en Sochi, y donde ya desde varias décadas en dichas competiciones deportivas mundiales se hacen más visibles atletas y deportistas de la diversidad sexual. Para el público en general o mejor dicho para el público externo, es inconcebible que una sociedad que “fue” de avanzada, no religiosa, sea tan intolerante. Rusia es uno de los países más seculares del mundo, y donde las relaciones prematrimoniales, extramaritales y el aborto son tolerados, por lo tanto es inesperado y confuso que sea una sociedad homofóbica.

¿Está utilizando Vladimir Putin la homofobia de estado para controlar la población de avanzada rusa? ¿Es una forma de someter a sus enemigos? ¿O son las dumas homofóbicas una cortina de humo para distraer al pueblo y tapar su fracaso económico?

Existen muchas preguntas sobre la actitud de Putin y su gobierno hacia tan terrible discriminación, principalmente cuando el mundo cada vez más se abre a la diferencia, y se acepta la diversidad sexual. Tal vez Putin tenga miles de razones, pero él no es Rusia. Explicar como un país llega ser homofóbico es difícil, probablemente existan cientos, o incluso miles, de razones históricas para que una nación crezca con tal odio, aquí resumiremos algunos acontecimientos del pasado ruso desde el siglo XIX que tal vez nos ayuden a comprender mejor lo que está pasando en la tierra del Bolshoi y Tchaikovsky.

El Emperador Nicolás I promulgó la primera ley contra la homosexualidad en Rusia en 1832. Aunque la pena máxima para tal delito era el exilio a Siberia, casi nunca se utilizó la ley. De hecho, las relaciones homosexuales entre los artistas y la nobleza no eran raras, eran muy frecuentes e incluso los miembros de la familia real la practicaban como es el caso del Príncipe Sergey Alexandrovich y del Príncipe Konstantin Konstantinovich. No fue sino hasta la Revolución Bolchevique y el establecimiento de la Unión Soviética en la década de 1920 que las actitudes comenzaron a cambiar. Bajo el velo del comunismo, el comportamiento homosexual llegó a ser visto como una actividad llevada a cabo por la élite de la sociedad sin un lugar en el nuevo Estado soviético. El acto de la sodomía fue prohibido específicamente en 1934 cuando los homosexuales atrapados eran sometidos a prisión y trabajos forzados a cinco a ocho años en una colonia penitenciaria. El investigador norteamericano Dan Healey ha tratado de recopilar datos sobre el número de personas condenadas en virtud de esta ley, pero no encontraron los registros anteriores a la década de 1960 para ser clasificado, fragmentada, o no del todo. Sin embargo, un total de 22.163 personas fueron condenadas entre los años 1961 y 1981. El número de condenas anuales luego comenzó a caer hasta que la ley fue abolida en 1993. Pero cuando la ley anti-homosexual Stalin fue derogada, no hubo amnistía para los que todavía se estaban en prisión por ser homosexuales, según las palabras el profesor de historia de Dan Healey , experto sobre la homosexualidad en Rusia.

Además de la penalización a los homosexuales, el gobierno estalinista y su gobierno comunista también afectó a la forma como los individuos homosexuales eran vistos por los académicos y los profesionales médicos. Aislados del resto del mundo, los científicos rusos seguían creyendo que la homosexualidad es una condición temporal que se podría curar con el tratamiento adecuado, así como los de los países occidentales comenzaron a llegar a la conclusión de que la orientación sexual es un estado permanente del ser; por ejemplo la homosexualidad fue retirada del Manual de Diagnóstico y Estadística de los Trastornos Mentales (DSM) en 1974, pero sigue siendo una enfermedad psiquiátrica oficial en Rusia hasta finales de 1999. La socióloga y profesora de la misma cátedra en Middlebury College, Laurie Essig,  además autora de “Queer in Russia: A Story of Sex, Self, and the Other”, informa que muchas mujeres lesbianas jóvenes siguen siendo hospitalizadas en psiquiátricos contra su voluntad. Esta actitud sigue reflejándose en la población general rusa.

En una encuesta reciente, abril 2013, realizada por la agencia encuestadora Levada Center mostró que el 35 por ciento de los encuestados siguen creyendo que la homosexualidad es una enfermedad, y el 43 por ciento cree que es un mal hábito. Sólo el 12 por ciento considera la orientación homosexual como normal, muy diferente a la opinión por ejemplo de los canadienses, que según Pew Research, el 80 por ciento creen que la sociedad debe aceptar la homosexualidad.

Por último, a pesar de que la mayoría de los rusos son en gran medida seculares en sus creencias personales, la Iglesia ortodoxa rusa sigue ejerciendo un inmenso poder político. Aproximadamente 80 a 90 por ciento de los rusos siguen identificándose como cristianos ortodoxos, a pesar de que muy pocos asisten a misa o practican la religión. El problema es que la Iglesia Ortodoxa no se ve como una religión sino como una forma de identidad nacional y por lo tanto los designios dictados por los jefes de dicha iglesia son vistos no como enunciados místicos-religiosos, sino como una forma de ser ruso. ¿Chauvinismo? ¿Nacionalismo?

La Iglesia Ortodoxa es la aliada más poderosa del gobierno de Putin. Aunque el período de post-comunismo introdujo inicialmente nuevas libertades para los gays y lesbianas, la Iglesia tiene cada vez más abiertamente su oposición a la homosexualidad. El Patriarca Ruso Kirill, jefe de la Iglesia, ha ido tan lejos como para declarar que la legalización del matrimonio gay como una señal temprana del apocalipsis.

Estas influencias se han combinado para crear una cultura de la homofobia que es único en Rusia, y presenta un entorno muy difícil para los defensores y activistas externos. Al igual que la Gran Purga de Stalin y de los procesos de Moscú de la década de 1930, los que tienen autoridad están utilizando este tema para promover su propia causa y aumentar su base de poder. Es comprobado que la población rusa LGBT está en gran parte comprendida por gente joven profesional, científicos, intelectuales, estudiantes que miran al futuro y que desean una Rusia abierta a la comunidad mundial. Pero para el gobierno de Putin siempre ha existido el concepto de “Nosotros contra Ellos”, es decir los “Verdaderos Rusos” contra los individuos LGBT y sus amigos, que son vistos como enemigos de Rusia, parias, occidentalizados que quieren acabar con el sentir “Rossíiskaya”.

Por otra parte, Vladimir Putin, que ya había ejercido anteriormente por dos mandatos consecutivos (2000-2004 y 2004-2008), lo que lo convierte en el que más tiempo ha estado en ese cargo desde la caída de la URSS, su gobierno gozó de amplio apoyo popular y fue reelegido con el 71,31% de los votos, debido a que su primer gobierno estuvo sostenido gracias a las políticas de apertura económica traída por la Perestroika.  En 2008, no pudiendo presentarse a un tercer mandato por no permitirlo la Constitución, Putin impuso la candidatura del entonces viceprimer ministro Dmitri Medvédev en las presidenciales de 2008, que este ganó. Putin se convirtió entonces en primer ministro. Putin, como buen dictador no quiere aflojar el poder y una forma de lograr tal permanencia eterna es llevarse por medio a cualquiera que se oponga.

Putin ha sido criticado por las violaciones de Derechos Humanos en Rusia, las reformas políticas que significaron un retroceso en las conquistas democráticas rusas, como el fin de las elecciones por voto universal y directo de los presidentes de las repúblicas de la Federación Rusa, los gobernadores y los alcaldes de Moscú y San Petersburgo. aunque no se opuso a que el presidente Dmitri Medvédev impulsara una ley, a principios de 2012, por la que se vuelve a las elecciones directas de estos cargos—, y por sus actuaciones y/o declaraciones en ciertos acontecimientos como el hundimiento del submarino Kursk, la tragedia en el Teatro Dubrovka, la masacre de la escuela de Beslán, el asesinato de la periodista Ana Politkóvskaya y otros. Se le ha acusado de utilizar selectivamente la justicia para acabar con sus adversarios, como en el caso del magnate petrolero Mijaíl Jodorkovski, y de haber impuesto el control sobre la televisión, cuyos principales canales han vuelto a manos del Estado o de empresas cercanas o controladas por este. En las elecciones de marzo de 2012 fue elegido nuevamente presidente (63,60% de los votos), en medio de acusaciones de fraude por parte de la oposición. Sin embargo, nadie dudaba y así lo demostraban las encuestas, que Putin, debido al apoyo real con que contaba, sería el vencedor independientemente de las irregularidades que pudieran cometerse.

Sean heredadas de los tiempo pasados o resultado de legislaciones conformadas de acuerdo a creencias religiosas, cuando no directamente derivadas de una interpretación conservadora de los textos religiosos, estas leyes homófobas son fruto de un tiempo y de un contexto determinados de la historia. La Homofobia es cultural. Ningún ser humano nace siendo homófobo, sino que aprende a serlo según va creciendo.

En muchos casos, el “prejuicio contra las personas homosexuales” es el resultado de la ignorancia y el miedo. Sin embargo, la homofobia de estado de la Rusia  de Putin no es meramente un síntoma de su historia colectivista y tiránica, Putin sabe bien eso, y utiliza las Dumas homofóbicas para tener el control sobre sus adversarios. Rusia hoy vive una lucha ya no de clases, sino una lucha de pensamiento e ideología, los que quieren una Rusia cerrada y medieval, y los que prefieren una Rusia libre, abierta y progresista. En algunos países, esta ley puede parecer un signo de la influencia religiosa fuera de control. Pero en Rusia, es parte de un amplio empuje contra la oposición y la represión de una amplia gama de libertades civiles.

La homofobia de estado rusa es una manera de aniquilar la oposición, tal como lo asegura Masha Lipman:

“La homofobia con mayor frecuencia”... no se deriva de la propia fe, sino de ser esencialmente antiliberal. Rusia es un país no liberal, y el gobierno de Putin aprovecha los sentimientos no liberales, sobre todo durante el último año - después de que el Kremlin se enfrentó a las protestas masivas de la minoría liberal.” (1)


martes, 25 de junio de 2013

MARCHA DEL ORGULLO GAY Y DISCURSO MEDIÁTICO: la eterna lucha de la Comunidad LGBT frente la intolerancia de la Heteronormativa.


Aproximarse al cosmos discursivo y  a las prácticas discursivas ejercidas por los medios de comunicación de la sociedad venezolana referente a la homosexualidad involucra concebir, entender y juzgar el proceso orquestado por la heteronormativa, la educastración y la homofobia. Los mass media venezolanos, tanto privados como gubernamentales, están forjados y atados a los fundamentos judeocristianos y en ese sentido el discurso de los medios, en calidad de informar y educar a la sociedad, está inscrito a pactos invisibles de manipulaciones, sugestiones y seducciones entre los diversos y heterogéneos actores que coexisten asimétricamente en nuestra sociedad y que benefician particularmente al status quo establecido por la heteronormativa, y que desbalancean aún más la balanza de la justicia social discriminando mayoritariamente al colectivo LGBT.

En pleno siglo XXI cuando muchos países han aceptado la diversidad sexual y la comunidad LGBT ha logrado imponerse frente a las discriminaciones y la intolerancia, que prohibían el matrimonio igualitario, la adopción homoparental, entre otros derechos, Venezuela sigue sumergida en la plena oscuridad, y los medios de comunicación nacional se han dado a la tarea de marginar cada vez más al colectivo LGBT, no sólo con ignorar la situación actual de esta minoría, sino también ejerciendo o desarrollando un discurso asertorio que vilipendia  la realidad de la comunidad LGBT.

Saco todo esto a colación, porque en el mes del “Orgullo Gay”, parece que el colectivo LGBT deja de ser invisible por un poco tiempo para los mass media nacionales, no obstante, tanto los medios impresos como la televisión aprovechan el día festivo, y me refiero en especial el día de la Marcha Gay para reforzar los estereotipos negativos y aumentar así la homofobia muy arraigada en el inconsciente colectivo de la sociedad venezolana.

No podemos negar que muchas instituciones u organismos LGBT venezolanos están luchando para que el Estado y la sociedad entiendan la necesidad de legislar la igualdad que merecen los ciudadanos LGBT, pero esa lucha parece infructuosa e insignificante cuando los medios de comunicación generan un discurso mediático que construye mentalidades y subjetividades discordantes a la tolerancia que debe existir en una verdadera democracia donde todos sus ciudadanos sean mirados con igualdad, y donde la simetría social sea la realidad. No obstante el “holograma” de la homosexualidad reflejado por los medios de comunicación contextualizan “una realidad diferente” y “disfrazada” de los ciudadanos LGBT que otorga mayor supremacía a la ideología del binarismo sexual de la heteronorma.

En la actualidad sabemos el poder que ejerce los medios de comunicación sobre la educación de la sociedad, Teun A. Van Dijk sostiene que:
    
… “la mayor parte de nuestro conocimiento social y político, así como nuestras creencias sobre el mundo, emanan de las decenas de informaciones que leemos o escuchamos a diario. Es muy probable que no exista ninguna otra práctica discursiva, aparte de la conversación cotidiana, que se practique con tanta frecuencia y por tanta genta como el seguimiento de noticias de prensa y televisión”  (Van Dijk, 1997: 29-30).

En este sentido, el discurso mediático, tiene características muy oportunas, ajustadas y propias como la forma de construir la actualidad, la construcción de la realidad, la ideologización y la circulación. Y si bien los activistas en pro de la diversidad sexual señalan que después de tanto tiempo y años de salir a las calles a marchar contra la discriminación, el colectivo lésbico, gay, bisexual y transexual ha logrado que los medios de comunicación vean a dicha manifestación como un asunto de justicia social, empero, la realidad parece otra, pues en los noticieros de televisión o en los artículos de prensa que reseñan la Marcha del Orgullo Gay solo señalan la parte festiva, el “relajo”, la “fiesta”, el “desmadre”, el “desorden”, los “disfraces”, las “lentejuelas”, las “plumas” que vienen a crecentar la idea de que el gay, el homosexual, y afines solo sirven para “eso”, y no colacionan la verdadera lucha, el esfuerzo, el arrojo y la valentía de esta minoría que son más que plumas y fiesteros, que están integrados por una comunidad de profesionales de todo tipo que quieren mejorar su situación legal, cultural y social frente a la intolerancia de una sociedad que los margina solo por el hecho de ser diferente a la heteronormativa.

Si bien algunos medios durante ese día redactan piezas periodísticas interesantes sobre la diversidad sexual, y que apoyan el movimiento LGBT, el resto de los 364 días del año, los medios parecen cargados de artículos y programas de televisión llenos de estigma. También podemos decir que si bien la palabra homofobia hace diez años era impensable a nivel mediático durante el mes de junio se hace más visible, no obstante, parece hipócrita la relevancia que toma durante esos pocos días cuando durante todo el año los sustantivos y adjetivos malsanos y discriminatorios son el plato del día, donde los personajes estereotipados del gay “que bota plumas” por doquier o del travestido “escandaloso” o la lesbiana “camionera” parecen ser los únicos integrantes del colectivo LGBT.

También tenemos que agregar que mucha de las personas LGBT que asisten a la marcha del Orgullo Gay van a ella únicamente por el hecho de ver y ser vistos, y no con la imperiosidad de la conciencia política y social que merece tal ocasión. Claro está que el día de la marcha es una ocasión para festejar, pero no es lo único, tenemos que dar una mejor imagen, no podemos darle la oportunidad a la heteronormativa a que siga alimentando a la sociedad con estigmatizaciones, de igual manera es necesario que los medios retraten a fondo la realidad de la comunidad  LGBT más allá del estereotipo, pero eso nos toca a nosotros en dar una imagen seria de nuestra lucha, que si bien puede estar adornada con oropeles y fantasías, también la podemos vestir de seriedad y valentía,  y que se comprometa con el discurso de los derechos humanos y que dicho discurso se extienda más allá de la marcha, que se haga sonar en otros ambientes, no únicamente ese día sino los restantes del año.


Bibliografía y Fuentes de Internet:


VAN DIJK, TEUN A. Racismo y análisis crítico de los medios.-- Barcelona: Paidos, 1997.

Por Félix Esteves

domingo, 28 de abril de 2013

CRIMEN Y CASTIGO DE LA HOMOSEXUALIDAD EN LA FRANCIA REVOLUCIONARIA Y NAPOLEÓNICA.


Las relaciones sexuales consensuales entre adultos del mismo sexo han sido legales en Francia durante doscientos veinte años, esto se debe a una serie de acontecimientos que empezaron con la Revolución Francesa, pero particularmente a la influencia de Jean-Jacques-Regis de Cambacérès que desempeñó un papel importante en la redacción de los códigos napoleónicos. Cambacérès, que adolecía de un "pequeño defecto" (petit défaut), un eufemismo de aquel entonces para adjetivar la atracción sexual al propio sexo, y que era conocido entre sus cercanos con el apodo de "Tía Turuleta" ,   provocó revuelo y burlas dentro de la conservativa época, no obstante también le hizo un héroe a generaciones posteriores de hombres gay, que acreditan a Cambacérès la despenalización de la homosexualidad en Francia.

La Asamblea Constituyente de 1789-91 fue de hecho la que derogó las leyes anti-sodomitas francesas en 1791, y la legislación napoleónica sencillamente incorporó esta reforma anterior. Por otra parte, el gobierno de Napoleón nunca demostró concretamente una tolerancia de la actividad homosexual. Decididos a hacer cumplir los más altos estándares morales en Francia, muchos de los funcionarios napoleónicos a veces ignoraron el inconveniente de que la ley no penalizara los "crímenes contra la naturaleza". Cuando consideraron un comportamiento sexual no convencional una amenaza para la moral pública, no dudaron en tomar medidas represivas contra pederasta y sodomitas, acordémonos que en aquella época de horror y sangre el término Homosexual o Gay no existían, no obstante trataremos de utilizarlos en ciertas ocasiones para refrescar los textos aquí expuestos.

Jean Jacques Regis de Cambaceres

Mucho antes del siglo XVIII, para los franceses las  palabras pederasta (hombre adulto que tiene relaciones sexuales con niños) y sodomita (hombre que se dedica a la sodomía o darse al coito anal) habían perdido su precisión etimológica y en el lenguaje común se refirió ampliamente a cualquier hombre que tuvo relaciones sexuales de cualquier tipo con otro hombre de cualquier edad. Estos términos se podrían referir más libremente a hombres y mujeres que se dedicaban a cualquier forma de cópula no reproductiva. Según una definición jurídica de la 1780:

"La pederastia o sodomía es el crimen de un hombre con un hombre, de una mujer con una mujer; incluso de un hombre con una mujer, cuando, por el libertinaje inimaginable,  no usan la ruta ordinaria de la procreación. " 1

La ley francesa tradicionalmente quemaba a los prescritos en la hoguera como el castigo apropiado para tales actos, es decir para los delitos de pederastia y sodomía. Los jueces, en representación de un veredicto y al imponer una pena, podrían citar el Derecho Romano ejemplificado en los Códigos de Teodosiano y Justiniano, y que luego fueron confirmado por Carlomagno, las costumbres medievales del derecho consuetudinario, especialmente las Reglas Morales de Saint-Louis de 1270 y varios siglos de precedente judicial.

En la práctica, sin embargo, las cortes de ley francesa juzgaron pocas veces de pederasta y sodomitas en la edad moderna y pronunciaron la sentencia de muerte incluso más raramente. Los hombres ejecutados por sodomía a menudo eran culpables de crímenes capitales adicionales. Por ejemplo, cinco de los siete sodomitas quemados en París entre 1714 y 1783 había cometido blasfemia, violación o asesinato. Las dos excepciones fueron Bruno Lenoir y Jean Diot, estrangulados y quemados por el verdugo públicamente en la Plaza de Grève, el 6 de julio de 1750, solo nada más por haber tenido sexo la noche del 1 de enero en la Rue Montorgueil, como lo explica la siguiente cita:

"La ejecución se llevó a cabo con el fin de hacer un ejemplo, tanto más porque se dice que este crimen se está volviendo muy común"... "Y porque estos dos trabajadores no tenían ninguna relación con la persona de distinción, en la corte o de la ciudad, y porque al parecer inculpaba a nadie, este ejemplo se hizo sin ninguna consecuencia". 2

La Libertad guiando al Pueblo.
Delacroix.
Sin embargo esta lección terrorífica apenas pudo poner fin a la actividad sexual ilícita en Paris del siglo XVIII, que a todas luces, contó con miles de homosexuales entre sus residentes. Michel Rey ha afirmado que algunos de estos sodomitas desarrollaron un distintiva "forma de vida"3 por el siglo XVIII, formando una comunidad de hombres de todas las clases sociales, cuya orientación sexual la definió una identidad colectiva. Los hombres gays de la Francia de aquel entonces utilizaron el cancaneo o cruising en las calles y parques, y se reunieron todas las noches en tabernas particulares destinadas a ellos.

Los hombres gays por lo general se movían o manejaban de forma amanerada, imitando el   refinamiento aristocrático, la  adopción de gestos afeminados y a veces la auto denominación con apodos igualmente femeninos que hicieron de ello todo un estilo de vida en esa población que cada vez era mayor, convirtiéndose en una importante comunidad. La policía acosó y arrestó  a menudo a muchos de ellos utilizando señuelos e  informadores pagados para tal fin. Nobles y acomodados sodomitas generalmente fueron puestos en libertad con una advertencia; el resto fueron detenidos generalmente por tres o cinco días, tal vez algunos por una o dos semanas. “Los magistrados raramente se molestaron en enjuiciar a los sodomitas arrestados en los tribunales.” 4

La revolución francesa trajo una mayor libertad para los gays franceses de aquel entonces. Los políticos revolucionarios intentaron rehacer la sociedad y el gobierno francés. Las reformas incluyeron nuevas leyes penales inspiradas por las ideas progresistas de la Ilustración en el crimen, la justicia y el castigo. La mayoría de los filósofos sostuvieron opiniones relativamente liberales sobre el comportamiento sexual no convencional. Incluso aquellos que no estaban de acuerdo con la sodomía criticaron las penas existentes como excesivamente duras. Otros argumentaron que castigar a los sodomitas sólo hizo más consciente al pueblo de los otros estilos de vida pecaminosa y era mejor dejar tapada la olla de las obscenidades. La mayoría de los filósofos de audacia, como Condorcet, Montesquieu negaron que la sociedad tuviera derecho a castigar la sodomía u homosexualidad, y que esta era en cierta forma legal y natural  siempre que ocurriera en privado y entre adultos que consienten. Algunos historiadores han afirmado que estas avanzadas opiniones directamente influenciaron la Asamblea Constituyente cuando omitió la pederastia y sodomía del Código Penal de 1791.

Napoleon Bonaparte.
De hecho, los legisladores nunca proporcionaron ninguna explicación por esta omisión, y ellos ni siquiera debatieron la filosofía de la  Ilustración o que dicha filosofía haya guiado a los legisladores, pero es más probable que la despenalización de la sodomía era simplemente una consecuencia fortuita e imprevista de su secularización del derecho penal. En su presentación del Código Penal recién elaborada para la Asamblea Constituyente, Le Pelletier de Saint-Fargeau comentó que prohibió sólo "los verdaderos crímenes"… y no…"los falsos delitos, creados por superstición, feudalismo, el sistema tributario y el despotismo". 5

Aunque Le Pelletier no incluyó en la lista de los crímenes creados por la superstición, que fueron  ligados o creados por la religión cristiana   (blasfemia, herejía, sacrilegio y brujería y muy probablemente también bestialidad, incesto, pederastia y sodomía), en estas ofensas anteriores, la legislación revolucionaria pasó simplemente que estos actos eran juzgados en silencio, por lo general no castigados u omitidos, aunque en la teoría merecían penas más severas.  

La Asamblea Constituyente realmente votó por dos códigos distintos en 1791. El Código Penal de 1791 (del 6 de septiembre al 25 de octubre) cubierto de delitos, es decir, faltas graves, por más de dos años de prisión y juzgados por un jurado en las cortes criminales, y  El Código de Policía Municipal y la Policía Correccional, más comúnmente conocido como la Ley del 19 al 22 de Julio de 1791, donde se especificaban los delitos menores, es decir, simples ofensas, y que eran juzgados  por simples jueces en los tribunales correccionales. Veinte años después, el Código Penal de 1810, que no debe ser confundido con el Código Napoleónico, un nombre generalmente reservado para el Código Civil de 1804, fue la combinación y revisión de las disposiciones del Código Penal de 1791 y la Ley del 19 al 22 de Julio de 1791.

El Código Penal de 1791 no incluyó ningún delito sexual que no fuera la violación, que la jurisprudencia francesa definió como un crimen cuya víctima era necesariamente femenina. Por otra parte, la Ley del 19 al 22 de Julio de 1791 declaró como ofensas públicas contra la decencia, aunque aludía muy indirectamente, a las relaciones sexuales de personas del mismo sexo en el Capítulo II, artículo 8 donde se declaró:

"Los acusados de haber cometido un ultraje público, por una ofensa pública contra el pudor de la mujer, por acciones indecorosa, por mostrar o vender imágenes obscenas, de haber alentado a libertinaje, o haber corrompido a jóvenes de ambos sexos, serán arrestados inmediatamente".

El Artículo 9 prescribe con una multa de 50 a 100 libras y pena de prisión de no más de seis meses para cualquier persona culpable de estos delitos, pero aquellos que anima el libertinaje o había corrompido jóvenes fueron castigados con una pena de prisión de más de un año. El Código Penal de 1810, que refleja el clima moral más riguroso de los principios del siglo XIX, era de ninguna manera enteramente reaccionario, pues en él no se mencionó la pederastia y sodomía. De hecho, cuando el gobierno hizo el escrutinio a tribunales penales de la nación en 1803 por sus observaciones sobre el anteproyecto del código, sólo dos de los setenta y cuatro tribunales, pidieron la inclusión o fijación de un artículo de penalización contra la sodomía o crímenes contra la naturaleza.

Dos artículos en el Código Penal de 1810 se hicieron eco del artículo 8 y 9 de la Ley del 19 al 22 de julio de 1791:

"Artículo 330: cualquier persona que  ha cometido una ofensa pública contra la decencia será castigado con pena de prisión de tres meses a un año y con una multa de 16 francos a 200 francos."

El otro artículo declaraba:

"Artículo 334:"… "cualquiera que ha cometido una indecencia, por despertar, estimular o facilitando habitualmente libertinaje o corrupción de los jóvenes de ambos sexos menores de 21"..., “podría ser encarcelado por seis meses a dos años y una multa de 50 a 500 francos."

El Código Penal de 1810 también amplió el artículo contra la violación, añadiendo como delito la agresión sexual contra un hombre o mujer. El Código Penal de 1791 (Capítulo II, Sección I, Artículo 37) castigó "la violación será castigado por cuatro años en trabajos forzados", mientras que el Código Penal de 1810 (artículo 331) lee:

"Todo aquel que comete el delito de violación, o comete cualquier otro acto de indecencia pública, consumado o intentado con violencia contra individuos de ambos sexos, será castigado con prisión."

Los Artículo 332 y 333 establece severas penas por el delito, incluyendo el encarcelamiento de por vida en ciertas circunstancias. En suma, la legislación aprobó durante la  Revolución Francesa y el periodo napoleónico no proscribir la pederastia y sodomía en sí mismos. Simplemente había criminalizado la agresión sexual, delitos públicos contra la decencia, aliento de libertinaje y corrupción de los jóvenes de ambos sexos.

Si el significado de la agresión sexual es evidente, la ley no presentó ninguna definición precisa de los delitos que dejaron a la interpretación judicial. ¿Pero incluyó las ofensas públicas contra la decencia pública la actividad sexual entre dos hombres? Un juicio en 1794 demuestra que la respuesta era en absoluto evidente. En la noche del 03 de febrero de 1794, una patrulla de la Armada detuvo a dos hombres en los Campos Elysées después de ser vistos en una posición comprometedora, semidesnudos y despeinados. Eran Etienne Rémy, un soldado de veinte años con licencia por enfermedad y Jean Mallerange, un constructor y arreglador de estufas de cincuenta años. En su juicio ante el Tribunal Correccional de París, los jueces declararon que era necesario saber si los acusados eran culpables del crimen contra natura. Por supuesto, no ha habido ningún tal delito en los libros desde 1791. El veredicto final del Tribunal, sin embargo, refleja la legislación vigente.

En 18 de marzo de 1794, el Tribunal, invocó la Ley del 19 al 22 de julio de 1791, encontró Mallerange culpable de delito público contra la decencia, fomentando el libertinaje y por corrupción al joven Rémy, y a Rémy culpable de fomentar el libertinaje del hombre más viejo. Los dos fueron condenados a un año de prisión. Mallerange y Rémy apelaron el veredicto. Cuando la corte de Apelaciones escuchó su caso el 28 de marzo de 1794, los jueces estaban perplejos. Señalaron que tal era el "horror inspirado por el delito de que se acusaron a Mallerange y Rémy" que ninguna ley hablaba explícitamente de sodomía e indicaron que el tribunal no tenía jurisdicción sobre él. Los jueces pensaban que la ofensa probablemente cayó bajo las disposiciones sobre delitos públicos contra la decencia en la Ley del 19 al 22 de julio de 1791, pero el texto no mencionaba específicamente sodomía y por lo tanto la interpretación de dicha ley y del caso tenía que ser expuesta a una única autoridad.

Por lo tanto, el Tribunal de Apelaciones suspendió el juicio hasta la respuesta de la Convención Nacional, en cuanto a su jurisdicción y en cuanto a la sentencia contra el crimen en cuestión. El 28 de abril de 1794, el Comité de la Convención sobre legislación se negó a dar a los jueces la dirección buscada, declarando lacónicamente que el Comité ha considerado que las consideraciones morales debían evitar el informe. Los documentos revelan nada más sobre el caso: ni el veredicto final de los jueces, ni el destino final de Rémy y Mallerange.

Lo que sucedió en 1794, también ocurrió a principios del siglo XIX donde los tribunales correccionales condenaron a pederastas y sodomitas por delitos públicos contra la decencia en el mismo terreno que hombres y mujeres que tuvieron relaciones sexuales en público. En junio de 1803, por ejemplo, el Tribunal Correccional de Le Blanc (Indre) condenó a dos vendedores ambulantes a un año de cárcel tras declararlos a los dos hombres culpables haber cometido ofensas públicas contra la decencia en la vía pública. La misma sentencia se dictó en 1813 en el caso de un hombre y una mujer que la policía encontró copulando en la noche en una calle de París. Es decir, no se castigó el acto sexual homosexual en sí, si no el hecho de ejecutarlo en la vía pública, al igual que el acto sexual heterosexual.

Las disposiciones legales contra la fomentación del libertinaje y la corrupción de jóvenes de ambos sexos fueron aún más problemáticas. La mayoría de los Juristas acordaron que en 1791 y 1810 los legisladores pretendieron penalizar sólo la prostitución infantil. Esta interpretación restrictiva del texto significó que no era coercitiva a las relaciones sexuales entre adultos y niños y que eran o fueron totalmente lícitas. Las generaciones posteriores mostraron menos tolerancia hacia los adultos que tenían relaciones sexuales con niños. En abril de 1832, enmiendas al código penal tipificó como delito las relaciones sexuales con niños y niñas menores de once años; treinta y un años después ocurrió una modificación en mayo de 1863 que estableció la edad de consentimiento a los trece años. En agosto de 1942, el gobierno de Vichy aumento la edad de consentimiento para las relaciones homosexuales (pero no heterosexuales) a 21 años.

El régimen de Vichy no criminalizó la homosexualidad per se, pero reintrodujo en la legislación francesa el concepto de "crimen contra la naturaleza", que la Asamblea Constituyente había suprimido en 1791. El Gobierno Provisional del General de Gaulle confirmó este cambio reaccionario en enero de 1945. Sólo desde agosto de 1982 la edad de consentimiento en Francia ha sido a la misma, 15 años para las relaciones heterosexuales y homosexuales. Excepto durante los años 1942 hasta 1982, la ley francesa desde 1791 ha tratado como delitos sexuales sin importar el sexo o la orientación sexual de las personas involucradas. Pero este enfoque aparentemente tolerante e imparcial en el derecho penal nunca significó que los legisladores, burócratas y magistrados condonaron o perdonaron las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo. Como un diccionario legal explicó en la década de 1830:

"Los diversos actos que sólo hemos repasado, sin embargo vergonzoso y culpable pueden ser, ya no aparecen en nuestra legislación penal"... "el legislador se limitó a penalizar actos indecentes que llevaron a cabo en público, actos de corrupción en los menores y la violencia contra la persona"... "acciones, cometidas en privado, muchos de ellos oculto por un velo grueso (del secreto), no molestan abiertamente a la sociedad que al no conocerlos y hacen daño sólo a los autores, o quienes degradan. Por otra parte, ¿puede la justicia procesarlos sin peligro?"… "¿Qué haría para desenmascarar tantos abismos ocultos, tantos misterios vergonzosos? ¿La Moralidad beneficia estas revelaciones viles?"… “¿Y entonces, cuáles serían las consecuencias de las intervenciones del Estado? ¿No sancionar la Inquisición del juzgado de instrucción en la vida privada de los ciudadanos?"... "en una palabra, ¿abrir el Santuario del hogar?" 6

Este pasaje justifica la despenalización de la pederastia y sodomía puramente por motivos prácticos: la dificultad la labor policial en las actividades o delitos bien escondidos, el escándalo resultante del juicio público y la amenaza a la privacidad personal de un estado excesivamente celoso. Al mismo tiempo, presenta la pederastia y la sodomía como nada menos moralmente repugnante.

Las primeras sociedades occidentales modernas más o menos perseverantemente han condenado la homosexualidad, pero las razones de esta hostilidad han cambiado con el tiempo. La legislación moderna  proscribió la sodomía como una ofensa contra Dios. En el siglo XVIII, un período de "desacralización" y "laicización", el "pecado de sodomía" fue redefinido en términos seculares como un "pecado contra el orden, el estado y la naturaleza". Otra mutación ocurrió en el siglo XIX: la medicalización de perversiones sexuales. Los médicos empezaron a describir la homosexualidad en términos médicos como una aberración y una enfermedad incluso. La ciencia médica en los días de Napoleón, sin embargo abordó el tema con evidente disgusto y la sodomía todavía se consideró principalmente como una violación del orden natural y una ofensa a la sociedad. Como un médico declaró en 1781:

“Este delito contra la naturaleza, que es probablemente tan rara como vergonzoso, no se trataría, diría casi de seguro, una obra de medicina forense, si los tribunales no tienen la ocasión de sancionar a los reos que se supone que lo cometieron”… “en consecuencia, el doctor no está obligado a certificar tal rareza o vergüenza, examinándolos y  certificando que fue una práctica voluntaria o no.” 7

Otro médico describe la sodomía en 1813 como un "crimen que ofende la naturaleza y los miembros de la sociedad, y que no puede ser reprimida con la suficiente rapidez." 8

El público en general en el período de la Revolución Francesa  y la Época Napoleónica – en la medida que se documenta su opinión – compartió esta antipatía, de que consideraciones religiosas parecen totalmente ausentes. En 1805, cuando varios soldados apresaron a dos pederastas en Chartres, una de las tantas personas que vieron cuando fueron atrapados in fraganti les grito a las víctimas que eran unos corruptos de la moral pública. En 1806, en Issoudun, el padre de un niño de trece años que presentaba una infección anal les gritó a las autoridades que era necesario echar del pueblo a los corruptos que corrompen a los niños. En 1812, el obispo de Valencia demostró menos preocupación por la naturaleza pecaminosa de la sodomía que por la amenaza que plantea a la sociedad y a la reputación de la iglesia, cuando le pidió al Gobierno que lidiara con un clérigo que había sexualmente abusado de unos niños.

Pero este tipo de llamadas para las medidas gubernamentales contra pederastas y sodomitas no fueron tomadas en cuenta en las reformas penales de 1791 y 1810. La represión sistemática no era legalmente posible. Aunque los agentes de la policía aún acosaron a sodomitas en París en la víspera de la Revolución Francesa, de 1791, según una enciclopedia de jurisprudencia, "estos señores disfrutaron sus maneras y gustos libremente."  El acoso o persecución no oficial, sin embargo, continuó, y la policía se iba a los lugares de cancaneo o cruising como los Jardines de las Tullerías para atrapar a los hombres que ellos mismos describían como "hombres que se complacen mutuamente"

En la tarde del 25 de marzo de 1792, un batallón de voluntarios apostados en el Palacio de las Tullerías consiguieron a un grupo de hombres que tenían sexo entre los árboles y capturaron a un joven, Alexandre Coindé, un sirviente doméstico de veinte años, quien fue entregado a un juez de paz, no obstante no existen datos ni escrituras de un juicio y menos de una condena por parte de las autoridades. Informes de la policía de París comenzaron a mencionar las actividades de pederastas y sodomitas otra vez solamente en 1798 a 1799, esencialmente como evidencia de la inmoralidad sin precedentes en la capital.

La policía lamentó su incapacidad para detener la creciente ola de desenfreno. En mayo de 1798, un Comisario de policía denunció los "viles abismos" de los pederastas que se dieron cita todas las noches en los jardines del Palais-Royal. Asimismo las autoridades se quejaron de que las leyes eran insuficientes para controlar tanto la prostitución femenina y la masculina. En abril de 1799, se escribió una queja de un agente que informó que algunos ciudadanos estaban indignados sobre los pederastas que supuestamente acosaban a los hombres respetables, mientras que los centinelas divertidos no hacían nada para detener este comportamiento objetable. Otros informes de estos años hacen mención de la Rue Saint-Fiacre, donde los gays de aquel entonces hacían cruising.

Casi no hay informes como éstos en el Paris  napoleónico, excepto uno de septiembre de 1804, según la cual cada noche patrullas a lo largo de los Campos Elíseos detuvieron regularmente a hombres y mujeres que eran prostitutas o pederastas o carteristas. Es lógico suponer que el cancaneo o cruising gay pasó en el París Napoleónico tanto como en el pasado o en el futuro, los homosexuales probablemente adecuaron todos estos lugares a sus necesidades y a las circunstancias de la sus épocas, las fuentes documentales desde el siglo XVIII mencionan los Campos Elíseos, el Palais-Royal, las Tullerías y los diques cercanos por el Sena como los centros de cancaneo gay y desde entonces hasta hoy día sigue esta costumbre, y la falta de informes policiales de los siglos XVIII y XIX sobre dicha actividad en París sugiere que la policía ya no molestaba a los homosexuales o no la reprimían.

Los archivos de la policía napoleónica revelan más sobre pederastia y sodomía en las provincias que en París. Unos veinte expedientes documentan casos de hombres solitarios y algo patéticos, generalmente sacerdotes o maestros de pueblos remotos, acusados de abusar de niños locales y adolescentes. Pequeñas comunidades de sodomitas existieron probablemente no detectados en muchas ciudades de provincias. La policía descubrió estas comunidades en Chartres y Issoudun, ciudades de diez o 12 mil habitantes.

Por ejemplo los padres de la ciudad de Issoudun habían expresado su profunda conmoción cuando informaron de las actividades de pederastas y sodomitas en su ciudad en 1806; así la investigación judicial en Issoudun se centraron en cinco hombres (cuatro pederastas de clase media y el posadero que les había alquilado habitaciones), aunque, según algunas informaciones existían en aquel entonces cuarenta pederastas – predominante de la clase trabajadora y comerciantes – vivieron en la ciudad. El Ministro de Justicia intervino desde París y suspendió y prohibió  cualquier juicio a los implicados, arguyendo que si en verdad era necesario reprimir tal vicio era demasiado peligroso para la moral pública juzgar sin tener pruebas contundentes y seguras que pudieran crear un abismo judicial.   En su lugar refirió el caso al Ministro de policía, que sin tener pruebas suficientes solo exilio a los cinco hombres de a diferentes ciudades por lo menos a 200 kilómetros de Issoudun. Por lo general la policía utilizaba el exilio interno como una forma rápida, eficaz y discreta para lidiar con los disidentes políticos y alborotadores de todas las tendencias.

Napoleón había fijado tal política del gobierno después de un escándalo anterior en Chartres en la primavera de 1805. La figura central en este caso era un farmacéutico llamado Louis Nicolas Millet.  Infelizmente casado Millet llevó una vida sexual gay oculta. Mantenía relaciones sexuales con prostitutos de la calle y con soldados jóvenes que pernotaban en la ciudad. Muchas de sus aventuras sexuales eran encuentros de una sola vez, pero algunos duraron varios meses, y llevaba igualmente una relación amorosa a largo plazo y sincera con su ayudante en la farmacia. Millet pertenecía a una comunidad pequeña y estrecha de sodomitas en Chartres. Tuvo contactos con otros hombres gays  en París y así participó en una subcultura aparentemente generalizada, similar a la "forma de vida" que Michel Rey descrito en París del siglo XVIII.

Un soldados que era un sastre de regimiento llamado Louis Fonteneau,  en el último invierno de 1805, fue atacado sexualmente por un enmascarado en un baile de carnaval, ataque que solo se limitó a una caricia en las nalgas. El sastre-soldado ofendido por tal ofensa preparo un pequeño grupo de soldados y se iban a los bares y calles de cancaneo y cruising en busca de víctimas. Él mismo se hacía pasar por gay para atrapar a los ingenuos, así conoció a Louis Nicolas Millet y Lubin Cassegrain, que era el compañero habitual de placeres homoeróticos del farmacéutico. Fonteneau invitó a Millet y Cassegrain a unirse a él en una habitación de un hotel, en la tarde del 13 marzo de 1805. Era una trampa. Fonteneau, ayudado por sus compañeros, golpearon a los dos hombres y luego los llevaron a la calle, donde fueron llamados sinvergüenzas y sodomitas. Los magistrados quisieron cobrar a los soldados de asalto criminal, hasta que se reveló las razones del ataque. En cambio cobraron a las dos víctimas (Millet y a su amante Cassegrain) como ofensores de la moral y corruptores de los jóvenes.  

Este incidente menor de "ataque a los gay" en Chartres provocó un debate jurídico entre los abogados fiscales y defensores y el caso se presentó directamente a Napoleón. La controversia se centró sobre el significado preciso de los artículos 8 y 9 de la Ley del 19 al 22 de Julio de 1791. Guillard, el fiscal del Departamento de Eure-et-Loir, le resultaba imposible creer que las leyes, como algunas personas parecen pensar, permanecían silenciosas en el tipo de delito en cuestión. Reconoció que la legislación vigente no mencionaba realmente la sodomía como un delito, pero atribuyo este silencio a la pudibundez de la Asamblea Constituyente, que había evitado la palabra tal vez por respeto a la decencia pública. No obstante, insistió Guillard, que los artículos 8 y 9 de la Ley del 19 al 22 de Julio de 1791, la sodomía estaba tácitamente prohibida, porque la sodomía era por su propia naturaleza, una de las más horrendas violaciones de  las "buenas costumbres". Además, Guillard, advirtió, que si la ley no permitía el enjuiciamiento de los arrestados pederastas y sodomitas, estos causaría una nueva jurisprudencia que entonces liberaría a juzgar nuevos casos del delito, una situación que claramente el fiscal encontró absurda e inaceptable.

Henri-Simon-Thibault Poullin de Fleins, de la Fiscalía de Chartres, desafió a argumentos de Guillard punto por punto. Poullin desmintió la noción de Guillard de que la Asamblea Constituyente intentaba criminalizar la sodomía. Poullin también rechazó cualquier intento de interpretar el artículo 8 y 9 tan ampliamente como sea posible, Guillard había justificado alegando que de lo contrario pederastas y sodomitas queden sin castigados. Poullin señaló que tampoco la legislación tipifica como delito la bestialidad, que no era menos asqueroso que la sodomía, pero nadie había pensado estirar el significado de los artículos 8 y 9 para poder aplicarlos a este acto. En su opinión, pederasta y sodomitas estaban en abierta rebelión contra el orden social. Eran por lo tanto en la disposición del soberano, que era el único investido con la autoridad para determinar el destino de los rebeldes. Guillard había advertido que si los tribunales no podían  condenar a estos hombres, irían a la libertad. Después de enunciar sus principios generales, Poullin llegó a la conclusión de que el caso contra Millet y Cassegrain ya había recibido demasiada publicidad en Chartres.
El broche de oro final retórico se refirió a la costumbre medieval de cometer una copia del registro de ensayo al fuego junto con los condenados sodomitas. Poullin simplemente significó que no exista ningún juicio, y que en cambio Millet y Cassegrain debían ser entregados a la policía.   Guillard, quien insistió en que la ley proscribe la sodomía, y quería probar que Millet y Cassegrain eran sodomitas en los tribunales . Poullin, quien sostuvo que la legislación vigente no cubría sodomía, sostuvo que la policía podía castigar sin embargo Millet y Cassegrain por romper el pacto social de las buenas costumbres. No se pusieron de acuerdo, los dos fiscales remitieron el caso contencioso al Ministro de Justicia. El ministro dudó en tomar una decisión final en un asunto tan delicado sin consultar a Napoleón.

Los enemigos de Napoleón acusaron muchas veces  a este de mala conducta sexual, incluyendo incesto con su hermana Pauline y "Hábitos socrático" con algunos amigos, no obstante  ninguna evidencia confirma las polémicas acusaciones.  Recientemente, el Dr. Frank Richarson apoyó  esos rumores afirmando que Napoleón fue de hecho bisexual. Richardson puso a Napoleón "en el centro de la Escala de Kinsey, llegando al punto siete de dicha escala que lo ubica en el intervalo o intermedio entre el homosexual exclusivo y el heterosexual exclusivo, aunque negó que Napoleón actuó siempre por sus impulsos homosexuales latentes: "Habría sido absolutamente ajeno al carácter de Napoleón estar inclinado exclusivamente  a la sodomía".9 Las especulaciones de Richardson se basan en interpretaciones más bien inverosímiles de fuentes además dudosas.

Si Napoleón era homosexual o bisexual, ciertamente no estaba familiarizado con los hombres que si lo fueron. Los conoció como compañeros en la escuela militar, probablemente en el ejército durante su carrera militar y sin duda entre quienes le sirvieron. Cambacérès fue discreto, pero él no podía mantener sus inclinaciones en secreto y Napoleón incluso le bromeó acerca de ellos. 10 José Fiévée, uno de los consejeros cercanos de Napoleón, incluso no ocultaba sus inclinaciones. Como prefecto del Departamento de Nièvre de 1813 a 1815, Fiévée vivió abiertamente con su amante, el escritor Théodore Leclercq y se jactó: "Cuando uno tiene un vicio, uno debe saber cómo usarla." 11 Lo que sí parece cierto es que Napoleón era algo homofóbico pero trato de controlarla y en la vida pública no hizo ningún acto o demostración de su aversión. Esta actitud, la decisión de Napoleón en tal asunto de Millet, que entró el 17 de julio de 1805, en una de sus reuniones semanales con el Ministro de justicia, Napoleón aclaro que si bien Francia era un país que se ocupaba de corregir los delitos y que la naturaleza ha demostrado que existían tales delitos pero en poca frecuencia, los escándalos de dicho proceso judicial solo tendería a multiplicarlos y que era mejor darle a dicho proceso otra mirada y otra dirección.

Vemos como el emperador aquí,  había expresado opiniones algo convencionales, no obstante al pedir "otra dirección" indicó que Napoleón prefirió dejar las ofensas sexuales que las manejara la policía, en lugar de por el sistema de Justicia Penal. La policía podía reprimir eficazmente sin publicidad y sin escándalo, o simplemente no ocuparse de dichos delitos por ser insignificantes para la Legislación del imperio. Al final, por razones que desconocemos, la policía dejó libre a Millet, el farmacéutico no pasó un solo día en la cárcel y pudo regresar a su farmacia en Chartres. Pero la decisión de Napoleón en el caso de Millet tuvo consecuencias de largo alcance, porque determina el papel de la política oficial en los años venideros. El Ministro de Justicia resume la posición del gobierno en 1806:

"Probablemente deberíamos consideramos que es una buena medida de precaución que nuestra legislación moderna no ha clasificado entre los delitos y faltas de un vicio contra la naturaleza, que las antiguas leyes sancionadas con la pena máxima. El Código de Policía de Correccionales contiene sólo una disposición vaga en contra de aquellos que cometen un delito contra la moral pública, que, en su caso, puede aplicarse a individuos acusados ​​de sodomía y la pederastia, cuando el azar o la malicia revelan las públicas determinadas circunstancias escandalosas de su vida privada; pero la investigación y el enjuiciamiento de tales hechos es probablemente no es menos peligroso y no menos perjudicial para la moral de dejar el crimen impune. Sin embargo, una investigación secreta que sea, no pasará mucho tiempo antes de que el público conoce sobre el tema. En una pequeña ciudad, se convierte en el tema de todas las conversaciones, sino que despierta todas las pasiones " 12

El caso del cura del pueblo en Normandía en 1811 demuestra cómo las autoridades por lo general tratan de incidentes potencialmente escandalosos. El sacerdote sodomizó a un niño a quien preparaba para la primera comunión. Él le dijo al niño "que era una penitencia y que debía mantenerlo en secreto, como un secreto de confesión". Pero el chico se lo dijo  a su padre y a sus tíos, que cogieron al cura en el  acto.  Un funcionario del Ministerio de Justicia redactó una carta para la firma de su ministro. Se instruyó a los magistrados locales, a pesar de su reticencia expresada a presentar cargos formales, para enjuiciar al sacerdote en virtud del artículo 331 del Código Penal, que penaliza asalto sexual.

En la carta redactada por el funcionario se recomendaba que el juicio y el escándalo que este produciría asustaría, por un castigo justo, a las personas que estarían dispuestas a traicionar de esta manera la confianza de los padres y la santidad del ministerio.

El ministro de Justicia vetó estas recomendaciones y no envió la carta. En lugar de ello remitió el caso al ministro de policía y el prefecto de Calvados. El prefecto inicialmente propuso encarcelar al sacerdote por "varios años" y desterrarlo definitivamente de la región. Al final, el obispo fue transferido a la diócesis vecina de Bayeux.  Si Millet en Chartres y el sacerdote en Normandía sufrieron muy poco de la justicia policial, no todos los pederastas y sodomitas que fueron agarrados por las autoridades eran afortunados. En París, por ejemplo, aunque la policía no patrullaba las zonas de cancaneo o cruising como antes, y muchos policías se hacían de la vista gorda, el prefecto de la policía hizo someter a crueles castigos a los pocos pederastas y sodomitas que cayeron en sus manos. Algunos de estos hombres habían cometido delitos contemplados en la legislación, pero la mayoría no había violado ninguna ley existente.

En 1804, por ejemplo, los agentes de policía en busca de bienes robados en el apartamento de Philippe-Jacques Bergerat de veintiocho años de edad, se toparon con su correspondencia amorosa con Henry Duhem de treinta y cinco años de edad. El prefecto de la policía declaró que tal inmoralidad bien atestiguada en las cartas, debía ser castigada y que los involucrados debían ir a la cárcel.  Y así lo hizo, ambos hombres fueron presos por siete semanas pero en cárceles diferentes para evitar que siguieran con su romance. Bergerat en Bicêtre y Duhem en el asilo de St. Denis, luego fueron desterrados a ciudades diferentes.

En 1805, la policía detuvo a François-Joseph Tumerel de treinta y seis años de edad, , maestro de escuela en las afueras de Bourg-la-Reine, por tener relaciones con dos de sus alumnos de nueve y diez años durante la noche en el internado donde trabajaba. Tumerel confesó su culpa pero que a veces su imaginación era más fuerte que su voluntad y que había actuado inconscientemente. El prefecto de la policía encarceló a Tumerel durante un mes en Santa Pélagie y luego lo desterró a Lyon. En 1806, la policía atrapo a un  joven de 18 años por sodomita y por prostituirse en las calles de Paris, el joven alegó que lo hizo porque tenía dos meses sin trabajar y que el hambre y la necesidad lo obligaron a cometer actos contra natura por dinero; el prefecto no lo apresó, sin embargo lo desterró de Paris y lo envió a su ciudad natal.

En 1809, la policía se enteró de que Pierre Vincent, que tenía una renta privada, y Bastien Trequet, un camarero, ambos con  antecedentes penales por pederastia, vivían juntos en la Rue du Cherche-Midi, y cuyo estado de convivencia tenían escandalizado a todo el vecindario; el prefecto de la a policía ordenó a Vincent mudarse a la casa de su madre en Marsella y envió a Trequet a la localidad bretona donde su padre era un granjero respetado. En el mismo año, la policía detuvo a Pierre Henry de veintinueve años de edad, por haber corrompido sexualmente a un niño de trece años. Henry era un relojero oficial que había llegado recientemente de Vesoul. El prefecto de policía lo envió de vuelta a Vesoul con la petición de que las autoridades locales lo mantuvieran bajo estrecha vigilancia. En 1811, agentes de la policía encontraron a dos jornaleros, Julien Pierre y Jean Stikens, teniendo sexo en las murallas, cerca del bulevar Amelot. El prefecto de policía los encerró durante un mes en Bicêtre.

Todos estos casos fueron efectuados bajo la legitimación del prefecto de la policía de Paris, que actuó exclusivamente en su propia autoridad, las penas infligidas notablemente similares en todos ellos: varias semanas en la cárcel y / o expulsión de París. Ni siquiera se distingue entre pederastas cuyo comportamiento fue consensual y privado, o los que cometieron indecencias públicas o en el abuso infantil. Todos los funcionarios en otros lugares de Francia típicamente reaccionaron de la misma manera, lo que puede sugerir que el sexo con los niños no se consideraba entonces como cualquier delito aberrante, sino como otras formas de la actividad sexual no convencional.

La intención original de la Revolución y de la legislación Napoleónica  era el control de los actos públicos, dejando a los privados y consensuados encerrados en las cuatro paredes donde se realizaron. El prefecto de policía, sin embargo, castigó incluso la conducta sexual privada que juzgaba escandalosa o inmoral. Los prefectos de los departamentos franceses hicieron lo mismo. Después de consultar con el ministerio de la policía, impusieron sanciones administrativas a pederastas y sodomitas que llegaron a su conocimiento: como en París, un par de semanas en la cárcel y luego el destierro.

En sólo una instancia hizo un prefecto acto con la gravedad excepcional. En diciembre de 1809, la policía arrestó en Versalles a Pierre Barbier de sesenta y seis años de edad, , un sastre jubilado, por "conducta disoluta" tras crear un disturbio público por pelear con un hombre más joven. Barbier había pasado la noche con otro hombre, que le robó el reloj y el dinero mientras dormía. Según los archivos históricos Barbier era un borracho incurable que seducía con regularidad a los jóvenes de dudosa reputación con vino y el dinero. Barbier terminaba acostándose con aquellos chicos y estos terminaban siempre robándole, cosa que enfurecía por supuesto a Barbier y terminaba peleándose con sus amantes ocasionales. Estas reyertas habían ocasionado que Barbier terminara siempre en la prefectura, además que una vez fue conseguido en acto de fornicación homoerótico en un parque antes de la Revolución Francesa, y lo cual le valió en aquel entonces su exilio de Versalles. Por los repetidos antecedentes penales de sodomía Barbier fue condenado a cuatro años de prisión en una orden ministerial eclesiástica, pero sin cargos de sodomía sino por libertinaje y por alteración del orden público.

De hecho, las cortes napoleónicas raramente tuvieron ocasión de tratar de pederastas y sodomitas. Hubo sólo cuatro ensayos conocidos, tres de los cuales participan hombres que cometieron abusos sexuales con niños.  El profesor Jean Claude Alméry, acusado en uno de estos ensayos, se trasladó de una ciudad a otra en el sur de Francia, expulsado cuando su interés sexual por sus alumnos llegó a ser demasiado obvio. Una noche en octubre de 1807, obligó a su sirviente de dieciséis años de edad, a tener relaciones sexuales. El joven sirviente huyó a Avignon y denunció a Alméry a las autoridades, y levanto cargos contra él.

Un alto funcionario del Ministerio de la policía, señaló que "la naturaleza de la ofensa"... "no permite enviarlo ante los tribunales", no obstante Alméry fue encarcelado durante seis meses sin juicio. Por razones desconocidas el juicio siguió adelante de todos modos. El 08 de enero de 1808, el Tribunal Correccional de Aviñón condenó a Alméry a un año de prisión y una multa de 500 francos, la pena máxima disponible bajo los artículos 8 y 9 de la Ley del 19 al 22 de Julio de 1791. En cualquier caso, la prisión no reformó a Alméry, que tenían relaciones sexuales con otros reclusos hasta que las autoridades carcelarias encerraron en confinamiento solitario al reo en cuestión.

El tono criticón y chismoso de la correspondencia u documentos oficiales del caso de  Alméry es típico de las opiniones expresadas sobre otros hombres acusados de pederastia y sodomía, ya sea con niños o con adultos que consienten. El caso Alméry ejemplifica una persistente y profunda antipatía hacia la sexualidad no convencional en la Francia del siglo XIX. Los legisladores de la Asamblea Constituyente despenalizaron la sodomía en 1791, pero este cambio no lo hizo socialmente aceptable. A lo menos, se hace suponer que los legisladores no tenían ningún deseo de modificar las actitudes del público. En el mejor de los casos conocidos de pederastas y sodomitas en la Revolución y la Francia napoleónica se reunieron con tolerancia sonrientes de su sabor peculiar.  Y en el peor de los casos, los hombres homosexuales fueron víctimas de violencia física a manos de quienes sin saber actuar fueron obligados a actuar por un decreto administrativo que emana de las autoridades del estado. Sin embargo, esta situación constituye una gran mejora en su condición.

El antiguo régimen no había quemado a muchos sodomitas, como para acabar con toda Francia, pero había quemado lo suficiente para hacer sentir temor y terror. Con los cambios que se hicieron en la Revolución Francesa y en la Era Napoleónica las cosas cambiaron, no tanto como se quería, pero los hombres gays o los pederastas y sodomitas como eran llamados, todavía sufrieron represión ocasional después de 1791, claro, ya no tenían  que temer a la estaca y al ardiente fuego, y mucho menos a la guillotina (la nueva arma de la justicia) que se utilizó solo en caso de traición a la patria y asesinato. Por otra parte, el número de casos documentados de represión es extraordinariamente bajo para un imperio de 30 millones de ciudadanos durante un período de veinticinco años. La inmensa mayoría de los franceses homosexuales de aquella época vivieron su vida sexual totalmente libre de acoso policial y enredos legales.

Paradójicamente, el prejuicio social contra la sodomía a menudo se utilizó en cierta medida para proteger a los hombres acusados de otros delitos sexuales que eran castigables bajo la ley. Porque el gobierno eludió las consecuencias funestas de exponer sus viles acciones al escrutinio público, y se los les dejó a la policía y a los prefectos departamentales. Cuando la legislación no criminalizó a los actos socialmente estigmatizados, como las relaciones sexuales consensuales entre hombres adultos en privado, y no se impuso ningún castigo por decreto administrativo, los prefectos y oficiales departamentales, como la propia policía ejercio su fuerza arbitrariamente y muchas veces injustificadamente.  

En el caso del orden, sin embargo, administrativamente,  las sanciones impuestas fueron mucho menos graves que las sentencias dictadas por los tribunales.  Las ofensas públicas contra la decencia trajeron un año en prisión. Lo mismo hizo el abuso infantil, como en el caso de Jean-Claude Alméry. Después de 1832, cuando las enmiendas al código penal hizo del abuso  sexual infantil equivalente a la violación, el crimen trajo mucho más duras condenas de muchos años en trabajos forzados. Además, a mediados de siglo XIX, la policía francesa comenzó una vez más a frenar el cancaneo o cruising homosexual en las ciudades. El acoso sistemático continuó sin cesar durante más de un siglo. Para las muchas ambigüedades del período, y de sus vacíos legales, la era revolucionaria y napoleónica fue una época de relativa libertad para los homosexuales, especialmente en comparación con años antes de 1789 y después de 1840 o 1850.

Los homosexuales franceses hoy celebran su triunfo por conseguir el matrimonio gay o matrimonio igualitario, sin embargo los Conservadores han estado quejándose violentamente sobre la decisión de la Asamblea Nacional,  a los conservadores, reaccionarios, ultraderecha y a sus facciones fascistas hay que recordarles que lucha de los Derechos Humanos empezó en Francia en 1790 y perduró hasta principios del siglo XIX, sin embargo, la lucha de muchos ciudadanos no ha terminado, no solo en Francia sino también en la gran mayoría del planeta donde el colectivo LGBT batalla a diario para ser reconocidos como individuos iguales a todos los demás, como ciudadanos de esta gran aldea global. Una de las cosas más hermosas gritadas y llevadas en el corazón durante la Revolución Francesa fue aquel lema que dice: Liberté, Égalité, Fraternité … Hoy más que nunca ese decir es válido y tenemos que hacerlo nuestro. 


Referencias

1 Pierre Jean Jacques Guillaume Guyot. tepertoire Universelle et raisonne dejurisprudence civile, criminelle, et beneficiale. Paris, 1785. Vol 13, pag. 60 / 61.

2 Maurice Lever. Les buchers de Sodome. Historie des Infames. Paris, 1985. p. 283.

3 Michel Rey. Ceremonies secretes, l'historie 63. Paris, 1984. p. 103

4 Maurice Lever. Ob. cit. p. 261.

5 Louis Michel Le Pelletier. Rapport sur le project du Code Penal. En Archives Parlamentaires du 1781 a1860. Editores J. Madival et E. Laurent. Paris, 1968. Num. 26, p. 321.

Adolphe Chevau and Faustine Helie. Theorie du Code Penal. Paris, 1837. Vol. 6, pags. 110, 112.

7 Francoise/Emmanuel Fodere. Traite de medecine legale. Paris, 1813. Vol 4 pags. 374.

8 Ibidem. p. 76.

9 Frank Richardson. Napoleon Bisexual Emperor. London, 1972. p. 72.

10 http://es.wikipedia.org/wiki/Jean_Jacques_Cambaceres

11 Joseph Tulard. Fievee, conseiller secret de Napoleon. Paris, 1985. p. 8

12 Dossier C2|1394. Reporte du Ministre de justice a Napoleon.  Paris, 1806.




Fuentes de internet


Otras fuentes consultadas:

Copley, Antony. Sexual Moralities in France 1780-1980. Routledge. London and New York, 1989.

Dean, Carolyn J. The Frail Social Body Pornography, Homosexuality, and Other Fantasies in 
Interwar France. University of California Press. Berkeley, Los Angeles, and London, 2000.

Gunter, Scott. The Elastic Closet A History of Homosexuality in France 1942-present. Palgrave 
MacMillan. New York, 2009.

McCaffrey, Enda. The Gay Republic Sexuality, Citizenship and Subversion. Ashgate. Burlington, VT and Hampshire, England, 2005.

Nye, Robert A. Masculinity and Male Codes of Honor in Modern France. University of California Press. Berkeley, Los Angeles, and London, 1993.

Nye, Robert A. “Sex and Sexuality in France since 1800.” p. 91-113 in Sexual Cultures in Europe Natural histories. editors Franz X. Eder, Lesley Hall and Gert Hekma. Manchester University Press. Manchester and New York, 1999.

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