Una pequeña presentación

Los Mínimos y Máximos de Félix Esteves es una casa, un hogar, construido con amor, esfuerzo, dedicación y hasta con aburrimiento. Tiene muchas puertas donde todos pueden entrar. Tiene muchas habitaciones, donde de seguro en algunas podrás sentirte cómodo, y en otras, tal vez contrariado y hasta… por qué no… molesto. Sin embargo su propósito no es agradar ni molestar, no es ganar amigos ni enemigos… de todas maneras ambos son bienvenidos; su fin es mostrar y demostrar lo variopinto de una mirada, la pluralidad de una cosmogonía a través de mi “micromundo”, de lo exterior visto y sentido desde mi interioridad… es un grito contra la discriminación, es un arrullo de amor a la diversidad, es mi tarjeta de presentación como ser humano, como hombre, como gay y miembro de la comunidad LGBT... tal vez es algo más… no lo sé… aún lo estoy averiguando.

Félix Esteves

Amigos de Los Mínimos y Máximos

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viernes, 20 de septiembre de 2013

INEXCUSABLE



En este tiempo de confusión
donde el embeleco y la falsedad son signos del poder
la rebelión de los buenos se hace una quimera
y la verdad se convierte en un inalcanzable unicornio.

Busquemos a un nuevo Dios bajos las piedras
porque Buda se ha marchado con las moribundas golondrinas
Krisna se borró con los grises nubarrones
Alá se perdió entre los bombardeos
y Yahvé como Midas se ahogó con sus tesoros.

En esta época de odio
donde la maldad y la avaricia acarician los sueños
la revolución humana... la pureza de las almas 
se hace más inexcusable
únicamente falta ser valientes.

En este instante donde la duda se eterniza
y las compasivas intenciones se hacen agónicas luciérnagas
cavilamos inutilmente para después olvidar.

Por Félix Esteves

lunes, 20 de agosto de 2012

SFUMATO


Me es imposible romper el silencio
Porque mi grito es inútil en esta soledad absoluta
Mi imaginación no conoce nombres
Y los que aprendí de chico
Volaron fugaces con el olvido.
Mi jardín ya no es mi jardín
Son solo piedras donde mi respirar hace eco
Y donde el eco perfora mi alma.
Me voy limpiando las lágrimas con la menstruación de la luna
Mientras mi exterminio carcome mi poca memoria.

Ya           no                      recuerdo

Se      eclip   sa  n
                
                                           Los     prelud     i          o            s
                          
                         S       e              
                                     d  es         apa                                re                           cen   
                                      
                                  L      a                                 s                 e    v          o       c        a                                      c      i    o
                                                                                                                                                                n    e      s
                                     

Y           a    
          
                                                                                 n                                   o
                                                                       
   e        x             i          s          

 t                o


Por Félix Esteves

martes, 27 de marzo de 2012

MÍNIMOS EN SOLEDAD.


*
Me desdoblo
Me multiplico
Sólo yo
En solitario y vacio.

** 
Mi sombra me acompaña
Adonde quiera que vaya
No le queda otro remedio
Únicamente la muerte me librará.

***
Aúlla un lobo solitario
A una única luna
Yo en mi soledad me desvelo
Para dedicarle mi canto lastimero. 

Por Félix Esteves

martes, 20 de marzo de 2012

AMORES BUENOS NO VUELVEN...


Ya no importan las palabras
ni los escudos que nos fabricamos
mentiras que salieron de nuestras bocas
para aplacar la maldad de los extraños.
Ahora ya no importa que mi llanto me delate
ni que mi gemido sea tu nombre
ahora es vano mi grito que al cielo implora
por tu alma que el cielo me arrebata.
Quizás la vida se me hará más corta
si a tus labios sin miedo me acercara
y besará de una vez la huella de la muerte
que dejo la Parca sobre tu boca.
Ya ni importan las palabras
ni las miradas de desprecio que me arropan
dejare las marcas de mis manos en la tierra
que ahora estéril cubren tu descanso.
Gritare lo mucho que te amo
pero en vano desaparecerán con el viento
parece tarde mi fatua valentía
cuando te ofrezco mi pasión después de muerto.
Ahora ya nada importa
porque mi amor no te devolverá la vida
y los amores buenos solo vuelven
para desaparecer como el brillo de la espuma
del mar que se viste con la aurora.

Por Félix Esteves

martes, 7 de febrero de 2012

TÚ... MI PARAÍSO.

Son tus ojos mi azul firmamento
aunque tus pupilas se vistan de castañas.
No he de preocuparme  por el alimento
con tus besos tengo y tu fruto abierto.
Me sosiego el alma en tu abrazo tierno
mientras juego a escondidas en las marañas
de tu dulce pecho.
Tu eres mi iglesia
mi fe y mi credo.
Por ti pelearía guerra santa
como cualquier caballero
y moriría en la batalla
sabiendo que aún así te pierdo.

Es tu boca mi profundo océano
donde navego hasta cuando sueño.
No he de preocuparme por aprender
tú me das lo que he saber, eres libro abierto.
Te descifro cada noche, y cada día aprendo algo nuevo
mientras reviso tu rincón más oculto
de tu floreciente huerto.
Tú eres mi ley
mi juez, mi policía y mi carcelero.
Por ti iría a la inhóspita cárcel
como cualquier reo
con tal que tú esposes mis manos
y me aprisiones con tus muslos de hierro.

Tu sexo es el paraíso
donde estoy más cerca del cielo.
Tú eres el ángel
que me obliga a pecar de nuevo.
Y me votas de tu Edén
con tu serpiente en mi cuello
y voy rogando como un mártir
hasta volver a tu elíseo cuerpo .


Por Félix Esteves

sábado, 4 de febrero de 2012

SOY LO QUE SOY...



Soy lo que soy
Y con eso he vivido...

Que me disculpen los vanos
por ser como he sido.
Que me perdonen los buenos
por estar de frente y no haber caído.
Que me eximan los santos
por enfrentarme a sus piedras
y a sus viles maltratos.
Que me absuelvan los benditos
por sobrevivir  a sus besos de hiedras
y a sus soeces maltratos.

Soy lo que soy
y con eso he vivido...
Feliz… completamente no soy
pero el odio en mi nunca ha existido

Que me perdonen los otros…
los que pecan y rezan luego
los que matan y oran de nuevo
los que hieren y se hincan suplicando
los que insultan y nombran a Dios en todo momento
los que mienten y se persignan cada minuto
los que blasfeman y besan las llagas de Cristo.

Que me disculpen los malos
por no haber comprendido
el misterio de sus actos amargos.
Que me indulten los virulentos
por no haber jamás entendido
sus juegos y sueños sañudos.

Soy lo que soy
y con eso he vivido...
No puedo ser otro y nunca lo he pretendido.
Que me perdonen los otros
por ser lo que quiero
y ser lo que he sido.

Por Félix Esteves

martes, 24 de enero de 2012

NAVEGACIÓN NOCTURNA ENTRE SABANAS. Haiku concadenados en solitario ejercicio erótico.


Va emergiendo
entre sabanas puras
sueño con besos

voy meciendo
mi ardor, mi delirio
mano trémula

que no se cansa
que no dimite jamás
en su locura

ya me derrumbo
entre tibia marea
que lustra mi ser

luna testigo
de la lluvia mía
de mi detonar

descanso fugaz
y retomo las olas
de mi dulce mar…

sueño contigo
mi mano no cesa de...
temblar y remar.

Félix Esteves

viernes, 13 de enero de 2012

EL ABRAZO


Solo quiero ese abrazo
que me calme de mi espíritu el hambre.
El sonido de un leve ronquido
que arrulle mi espiga
que solitaria se yergue 
en mis madrugadas.
Quiero ese aroma de aliento nocturno
que embriague mi campo, ahora yermo
que llueva sobre mí de nuevo
garúa de mis mil deseos
o como los torrenciales
que surgen en un invierno feroz.
Quiero dormir…  no a solas…
que importa que como las estrellas
en la aurora también se marche
que arrope mi sueño de apego
que aunque con mentiras alimente
esta  vaga ilusión.
No quiero la carne
ni el beso lascivo
quiero el tierno abrazo
aquel que quieto y sereno
aunque sea pagado… me llene de amor.

Por Félix Esteves

lunes, 14 de noviembre de 2011

EUGENIO MONTEJO. Las palabras de lo incierto, la metáfora de lo impenetrable... del diálogo secreto.


El esclavo

Ser el esclavo que perdió su cuerpo
para que lo habiten las palabras.
Llevar por huesos flautas inocentes
que alguien toca de lejos
o tal vez nadie. (Sólo es real el soplo
y la ansiedad por descifrarlo.)

Ser el esclavo cuando todos duermen
y lo hostiga el claror incisivo
de su hermana, la lámpara.
Siempre en terror de estar en vela
frente a los astros
sin que pueda mentir cuando despierten,
aunque diluvie el mundo
y la noche ensombrezca la página.

Ser el esclavo, el paria, el alquimista
de malditos metales
y trasmutar su tedio en ágatas.
en oro el barro humano.
para que no lo arrojen a los perros
al entregar el parte.


Amantes

Se amaban. No estaban solos en la tierra;
tenían la noche, sus vísperas azules,
sus celajes.

Vivían uno en el otro, se palpaban
como dos pétalos no abiertos en el fondo
de alguna flor del aire.

Se amaban. No estaban solos a la orilla
de su primera noche.
Y era la tierra la que se amaba en ellos,
el oro nocturno de sus vueltas,
la galaxia.

Ya no tendrían dos muertes. No iban a separarse.
Desnudos, asombrados, sus cuerpos se tendían
como hileras de luces en un largo aeropuerto
donde algo iba a llegar desde muy lejos,
no demasiado tarde.


Dura menos un hombre que una vela...

Dura menos un hombre que una vela
pero la tierra prefiere su lumbre
para seguir el paso de los astros.
Dura menos que un árbol,
que una piedra,
se anochece ante el viento más leve,
con un soplo se apaga.
Dura menos un pájaro,
que un pez fuera del agua,
casi no tiene tiempo de nacer,
da unas vueltas al sol y se borra
entre las sombras de las horas
hasta que sus huesos en el polvo
se mezclan con el viento,
y sin embargo, cuando parte
siempre deja la tierra más clara.


La tierra giró para acercarnos

La tierra giró para acercarnos,
giró sobre sí misma y en nosotros,
hasta juntarnos por fin en este sueño,
como fue escrito en el Simposio.
Pasaron noches, nieves y solsticios;
pasó el tiempo en minutos y milenios.
Una carreta que iba para Nínive
llegó a Nebraska.
Un gallo cantó lejos del mundo,
en la previda a menos mil de nuestros padres.
La tierra giró musicalmente
llevándonos a bordo;
no cesó de girar un solo instante,
como si tanto amor, tanto milagro
sólo fuera un adagio hace mucho ya escrito
entre las partituras del Simposio.


Eugenio Montejo (1938-2008)

Sobre Eugenio Montejo.
Eugenio Montejo fue un poeta y ensayista venezolano nacido en Caracas en 1938. Su poesía se caracterizó por la rica gama textual y el gran dominio de las formas, constituyéndose en un gran representante de la poesía suramericana. Publicó, entre otros, los libros: "Elegos" en 1967, "Muerte y memoria" en 1972, "Algunas palabras" en 1977, "Terredad" en 1978, "Trópico absoluto" en 1982, "Alfabeto del mundo" en 1986 y "Chamario" en 2003.

Es autor también de importantes ensayos, tales como, "La ventana oblicua" en 1974, "El taller blanco" en 1983, y "El cuaderno de Blas Coll" en 1981. Montejo también fue fundador de la revista Azar Rey y co-fundador de la Revista Poesía de la Universidad de Carabobo. Fue un importante investigador en el Centro de Estudios Latinoamericanos "Romulo Gallegos" de Caracas, y colaborador de una gran cantidad de revistas nacionales y extranjeras. En 1998 recibió el Premio Nacional de Literatura de Venezuela y en 2004 el Premio Internacional Octavio Paz de Poesía y Ensayo. Uno de sus poemas (La tierra giró para acercarnos) es citado en la película 21 gramos, del director mexicano Alejandro González Iñárritu.

Eugenio Montejo fue Profesor Universitario, Gerente Literario de la Editorial MonteAvila de Venezuela. Como diplomático trabajo en la embajada de Venezuela en Portugal en varias ocasiones. El valor de su estimable obra poética y ensayística no ha parado de crecer en los últimos años, siendo una de las más importantes y originales de la última mitad del siglo XX. 

Eugenio Montejo falleció en la ciudad de Valencia en junio de 2008.



sábado, 23 de julio de 2011

ANA ENRIQUETA TERÁN: Una artesana araña de la palabra... que teje poesías...


INFANCIA

Apenas rosa, apenas tallo leve
de buen vivir, apenas mariposa
por la corriente del samán umbrosa
o por la rosa de tranquila nieve.

Jazmín en la cintura por lo breve
y en los ojos comarca silenciosa
y derramado cuervo en la espaciosa
cabellera que el hálito conmueve.

Luminosa presencia sustituida
por desatados ámbitos vitales,
ausentes al verde oscuro sometida,

el frágil pecho de incipiente nieve,
el pie con su pequeña flor lejana 
y la sonrisa por el aire leve.


SONETO DEL DESEO MÁS ALTO

Necesito un anillo delirante
para la oculta sombra de mi mano
un archivo de mar para el verano
y documentos de agua suplicante.

Para mi mano un riguroso guante
de piel de viento y pensamiento vano
y la mesa de juego donde gano
contra la muerte mi color menguante.

Una sortija de algas con países
y lenguas diferentes, con nocturnos
bisontes y cuadernos vegetales

para mi mano los rebaños grises,
las edades de tactos taciturnos
y el pulso de los secos minerales.





ASÍ ERA, ASÍ ES


Este es vuestro árbol. Así era. Así es.
Pájaros tejen en su aliento coronas de éxtasis.
Brisas aseguran siseos para el acecho del halcón.
Aires enhebran pálidos huevecillos de miedo.
Ella se oculta en propia cueva donde permanece niña.
Allí rememora encajes, participaciones y requerimientos maternos.
Luego vuelve a su estatura de anciana
cuya sombra se funde en perspectivas de soledad y nieblas. 




ANA ENRIQUETA TERÁN
Ana Enriqueta Terán (Valera, Edo. Trujillo, 1918) se pasea con excelente dominio por los sonetos, madrigales, los versos libres y más formas de poesía, creando mundos interiores únicos donde la palabra es poema y el poema se hace llama del alma y del espíritu. Y es que esta insigne poeta venezolana conoce con perfección la palabra y maneja como una artesana araña las "telas" y "telarañas" de la escritura. Según la crítica especializada es la poeta más talentosa del quehacer poético venezolano.

La poesía de Ana Enriqueta Terán nos sabe a melancolía contenida, a erotismo sosegado, a pasión de aromas de amores nostálgicos, a sabiduría de la tierra y de dioses extraños. Su escritura no tiene frontera de tiempo y espacio, sus letras van más allá de lo metafísico y de lo surrealista.

Quizás lo mejor que defina el carácter explosivamente poético de Ana Enriqueta Terán sean sus propias palabras:
"Escribo poesía y punto. Pero, contra la palabra y el verbo no puede ir ninguna técnica o adelanto, por mágico que sea. El poema subyace por sí mismo."

Por Félix Esteves

miércoles, 1 de junio de 2011

ANGELITOS NEGROS DE ANDRÉS ELOY BLANCO. A propósito de los 56 años de la muerte del poeta.

¡Ah mundo! ¡ La negra Juana,
la mano que le pasó!
Se le murió su negrito,
si señor.


¡A compadrito del alma!
¡Tan sano que estaba el negro!

Yo no le acataba el pliegue,
yo no le miraba el güeso;
como yo me enflaquecía,
lo medía con mi cuerpo
se m'iba poniendo flaco,
como yo m'iba poniendo.
Se me murió mi negrito
Dios lo tendría dispuesto.
Ya lo tendrá colocao
como angelito del cielo.


Desengáñese comadre,
que no hay angelitos negros.


Pintor de santos de alcoba,
pintor sin tierra en el pecho,
que cuando pintas tus santos
no te acuerdas de tu pueblo,
que cuando pintas tus Vírgenes
pintas angelitos bellos,
pero nunca te acordaste
de pintar un ángel negro.


Pintor nacido en mi tierra,
con el pincel extranjero
pintor que sigues el rumbo
de tantos pintores viejos,
aunque la Virgen sea blanca,
¡píntame angelitos negros!
No hay un pintor que pintara
angelitos de mi pueblo.

Yo quiero angelitos blancos,
con angelitos morenos
y ángel de buena familia
no basta para mi cielo.


Si queda un pintor de santos,
si queda un pintor de cielos,
que haga el cielo de mi tierra
con los tonos de mi pueblo;
con sus ángeles catires
con sus angelitos blancos,
con sus ángeles morenos,
con sus ángeles indios,
con sus ángeles negros,
que vayan comiendo mango
por las barriadas del cielo.


Si al cielo voy algún día,
tengo que hallarte en el cielo,
angelitico del diablo,
serafín cucurusero.


Si sabes pintar tu tierra,
así has de pintar tu cielo,
con su sol que tuesta blancos,
con su sol que suda negros.
porque para eso lo tienes
calientico y de los buenos.
Aunque la Virgen sea blanca,
píntame angelitos negros.


No hay una iglesia de rumbo,
no hay una iglesia de pueblo,
donde hayan dejando entrar,
al cuadro angelitos negros
y entonces ¿dónde van,
ángeles de mi pueblo,
zamuritos de Guaribe,
torditos de Barlovento.


Pintor que pintas tu tierra
sí quieres pintar tu cielo
cuando pintes angelitos
acuérdate de tu pueblo,
y al lado del ángel rubio
y junto al ángel trigueño
aunque la Virgen sea blanca
¡Pintame angelitos negros!



ANDRÉS ELOY BLANCO.

Poeta venezolano nacido en la costera ciudad de Cumaná, capital del estado Sucre en 1896. Se graduó en Derecho en 1918 cuando ya había publicado sus primeros versos. 

Desde muy joven se dedicó a la actividad política, su otra pasión, oponiéndose al régimen dictatorial que ostentaba el poder, razón que lo llevó a permanecer en el exilio por mucho tiempo.


Fue además ensayista y dramaturgo. Su consagración definitiva la logró cuando ganó el Concurso Hispanoamericano de Poesía auspiciado por la Real Academia Española en 1922. Su estadía en la Madre Patria lo llevo a codearse con los grandes poetas de habla hispana y se dejo influir por las vanguardias de entonces. 

Su obra está editada en diversos libros, entre los que se destacan: «Giraluna», «El Huerto de la Epopeya», «Navegación de Altura», «La Aeroplana Clueca», «Vargas», «Tierras que me oyeron», y «Albacea de la Angustia». 

Andrés Eloy Blanco muere trágicamente en un accidente de transito en Ciudad de México en 1955.


Sobre "Angelitos Negros".

Este poema es considerado como un himno en contra de la discriminación racial. El hermoso poema se incluyó en una obra póstuma (1959) titulada La Juanbimbada, que recoge muchas poesías dispersas de distintas épocas de su vida.

“Angelitos Negros” se hizo muy conocido en todo el mundo de lengua española a través de un bolero cuya música pertenece al actor y compositor mexicano Manuel Álvarez Maciste, interpretado inicialmente por el actor y cantante mexicano, y fue especialmente popular en España además de América Latina.

En su adaptación al ritmo de bolero, se tuvo que reducir la extensión de la poesía quitándole el diálogo inicial para hacerla más apropiada a la longitud de la obra musical. Y aunque mucha gente recuerda la canción en todo el mundo, muy pocos saben que estaba basada en un poema del insigne poeta venezolano Andrés Eloy Blanco.

Son muchos los cantantes que han versionado el poema-canción, entre ellos tenemos el dúo uruguayo “Los Olimareños” pero en forma de joropo, así mismo, tenemos una excelente versión de las cantantes norteamericanas Eartha Kitty (la Gatubela negra de Batman) y Roberta Flack, ésta última con una canción incluida en su álbum de 1969, First Take.

Por Félix Esteves



sábado, 28 de mayo de 2011

CRUZ SALMERON ACOSTA. El Poeta del Martirio.

Cruz Salmerón Acosta nació en la ciudad de Cumaná, estado Sucre Venezuela  el 3 de Enero de 1892. Su infancia transcurre siempre a la orilla del agua o mar adentro, entre botes, peces y atarrayas,  fue hecho de sal y mar, arena y sol, un niño y un joven sembrado en el mar, y un hombre a quien el mar lleno de melancolía y desconsuelo.

Salmerón Acosta fue un torturado poeta víctima del Mal de Hansen, designación romántica y casí poética de la lepra, dolencia que lo consumió desde su plena juventud hasta los 38 años de edad, cuando murió. Su enfermedad lo hizo trasladar a Manicuare, un pueblo a lo largo de la costa de la península de Araya y desde el cual se puede ver Cumaná.

Desde la postración en su cama dictó muchos de sus poemas cuando la enfermedad le impidió escribir. Su obra refleja la adversidad, la restricción y la angustia que le acompaño durante su vida. Desde el dolorido y amargado destierro  el poeta contemplaba el mar que tanto amó y que pleno sus poemas de tristeza, nostalgia, evocación, pesimismo y aflicción.

A los veinte  cuando cursaba estudios universitarios en la ciudad de Caracas le es diagnosticada la terrible enfermedad que lo postraría por  el resto de su vida. El poeta se refugia en una casa construida especialmente para él, sobre una pequeña colina a la orilla de su mar. Una casita-reclusorio, de un solo cuarto, con una sencilla cama individual y una tina de cemento para que se bañe cuando la invalidez ya no le permita hacerlo en su océano. A partir de entonces, toda su poética estará sometida al doloroso marco de su vida, al ámbito de su propio sufrimiento. Será el lugar de su destierro físico y espiritual; hoy, la casa es conservada con esmero por los jóvenes del Centro Cultural Cruz Salmerón Acosta, y tiene un museo en el lugar donde sus padres vivieron.

Cruz Salmerón Acosta muere el 30 de julio de 1929, pero de su corta vida nos lego una poesía tan hermosa como sufrida que al leerla nos inunda una desesperada y lúgubre melancolía. Su obra influenciada por  los arpegios poéticos de Rubén Darío (Nicaragua), por la pasión de José Martí (Cuba),  por los sonetos de Villaespesa y Valle-Inclán (España), por la nocturnidad de José Asunción Silva (Colombia), y a los grandes estilistas de la literatura, Rodó, Díaz Rodríguez y D’Annunzio.

Pero su exilio no lo hace un solitario generacional, su admiración por los poetas antes nombrados y su amor ferviente por la poesía medieval y de la renacentista castellana hace que su poesía no posea las características determinantes del movimiento modernista, que ya se iniciaba en Venezuela, tales como renovación métrica, léxico de efecto exotista, referencias a culturas lejanas, neologismos y la maravillosa orfebrería de la metáfora.

Su obra poética se enmarca en la etapa de la transición del clásico a la modernidad. Sencillez con dimensión mística de la palabra, recreando la belleza sonora de antiguas tradiciones rítmicas en el verso, la religiosidad y el imaginario medieval; la ingenuidad, la candidez, y el hipérbaton tan característico de la literatura española del siglo XV y del barroco, que invierte el orden normal de la frase, con armazones frecuentes cortando la frase final inacabada de un verso y continuándola en el siguiente, legado de la poesía medieval y del clasicismo renacentista.

Quizás lo que más caracteriza a la poética de Cruz Salmerón Acosta es su claridad de estilo, la plasticidad espontánea de las imágenes y la fluidez del numen en el lírico estuche del soneto. Así, como el predominio de conceptos como tormento, esperanza, amor, pesimismo y muerte, que lo acercan tardíamente con el romanticismo venezolano, siempre con la búsqueda religiosa como centro. En su poesía vemos un dolor sin agresividad, sin ironía, sin sarcasmo, sin desconfianza, sin rebeldía y sin reproche. El joven Cruz Salmerón Acosta que fue torturado por la lepra no sembró en su corazón odio y de su alma de hombre solitario y apasionado  únicamente broto una poesía que cuando se lee, “irremediablemente” ya no se puede olvidar.



Por Félix Esteves



Suplicio


Cuando vieron mis ojos tu silueta querida
acercarse a la puerta de mi eterna clausura,
me creí que volvía para mí la ventura
que perdí en los mejores abriles de mi vida.


Emoción inefable, dicha nunca sentida,
me causó la presencia de tu regia hermosura,
y tu sana alegría derramó su dulzura
en la inmensa amargura de mi alma dolida.


Ante tu despedida un dolor me exaspera;
ser para ti tan sólo un amigo cualquiera
a quien pueda olvidarse por cualquier otro amigo.


Y un profundo sollozo se me escapa del pecho,
porque en vano deseo levantarme del lecho
en que ha tiempo me angustio, para irme contigo.



Cielo y mar

En este panorama que diseño,
para tormento de mis horas malas,
el cielo dice de ilusión y galas,
el mar discurre de esperanza y sueño.

La libélula errante de mi ensueño
abre la transparencia de sus alas,
con el beso de miel que me regalas
a la caricia de tu amor risueño.

Al extinguirse el último celaje,
copio en mi alma el alma del paisaje
azul de ensueño y verde de añoranza;

y pienso con oscuro pesimismo
que mi ilusión está sobre un abismo
y cerca de otro abismo mi esperanza.


Piedad

No era ni amor lo que ella me tenía;
era tal vez piedad, lástima era,
porque mi oculta pena comprendía
y ella se compadece de cualquiera.

Hoy que voy recobrando mi alegría,
animado quizás de una quimera,
se va tornando mucho menos mía,
como si ella ya no me quisiera.

Yo sí he formado de mi amor un culto,
y en tanto aquí mi juventud sepulto
y la aureola del martirio ciño.

¡No me quites, Señor; mi sufrimiento,
si es que habré de perder con mi tormento
la conmiseración de su cariño!


Azul

Azul de aquella cumbre tan lejana
hacia la cual mi pensamiento vuela,
bajo la paz azul de la mañana,
¡color que tantas cosas me revela!

Azul que del azul cielo emana,
y azul de este gran mar que me consuela,
mientras diviso en él la ilusión vana
de la visión del ala de una vela.

Azul de los paisajes abrileños,
triste azul de los líricos ensueños,
que no calman los íntimos hastíos.

Sólo me angustias cuando sufro antojos
de besar el azul de aquellos ojos
que nunca más contemplarán los míos.

Cruz Salmerón Acosta

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