Una pequeña presentación

Los Mínimos y Máximos de Félix Esteves es una casa, un hogar, construido con amor, esfuerzo, dedicación y hasta con aburrimiento. Tiene muchas puertas donde todos pueden entrar. Tiene muchas habitaciones, donde de seguro en algunas podrás sentirte cómodo, y en otras, tal vez contrariado y hasta… por qué no… molesto. Sin embargo su propósito no es agradar ni molestar, no es ganar amigos ni enemigos… de todas maneras ambos son bienvenidos; su fin es mostrar y demostrar lo variopinto de una mirada, la pluralidad de una cosmogonía a través de mi “micromundo”, de lo exterior visto y sentido desde mi interioridad… es un grito contra la discriminación, es un arrullo de amor a la diversidad, es mi tarjeta de presentación como ser humano, como hombre, como gay y miembro de la comunidad LGBT... tal vez es algo más… no lo sé… aún lo estoy averiguando.

Félix Esteves

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domingo, 10 de febrero de 2013

BESO DE MAR

Beso de mar...
¡Qué bella melancolía!
Azul cielo
Azul mar
Azul de tus ojos idos
Azul de la tristeza mía...
Bésame mar
y llévala contigo.

Beso azul
y corazón herido
Azul beso
y el llanto mio 
Azul peregrinaje
de mi soledad infinita
navego en tu azul
sin rumbo ni puerto alguno.

Beso de azul mar...
llévame contigo
y hazme tu azul
azul de tu martirio. 

Por Félix Esteves

jueves, 23 de junio de 2011

EL VIEJO PELÍCANO.

El seco pasto baila al compas de la música del viento, el sol los colorea de naranjas y extraños malvas, la tarde cae, refresca el mar con su vaivén y en silencio la aves se disputan un lugar en las secas ramas de los cujíes, mientras las más suertudas se acurrucan en sus paupérrimos nidos entre los cactus y las dormidas rocas, otras se refugian en las ruinas de la Nueva Cádiz que otrora tiempo fue la primogénita de Venezuela y América del Sur, y que los incrédulos y equivocados peninsulares ibéricos creyeron que eran las Indias Occidentales.

Entre las piedras que fueron colocadas para una atalaya que elevara una sonora campana a la gloria de los reyes católicos y a la empresa colonizadora precedida por  ambicioso hombres que no tenían nada que perder, un viejo pelícano ve pasar sus últimas horas como el marinero ciego por la sal, y mira aciago y triste como los más jóvenes felices y con sus buches llenos siguen dibujándose en el cielo.

Recuerda los tiempos en que acompañado únicamente con sus ganas de vuelo remontaba el firmamento azul, profundo, y el mar quieto o tormentoso, azurro a veces, celeste y cristalino en otros. En sus acuosos ojos se refleja la caída del astro y así el sol se dejar dormir viéndose él en la melancólica ave que desde tan lejos lo observa y que sabe que al despertar ya no le vera, ni entre las rocas, ni entre las ruinas, ni cuando sus rayos peinen la blanca arena de la nueva mañana.

Y pensar que él ya estaba allí, antes que los invasores europeos, antes que los gigantes Guaqueríes,  y mucho antes que la misma tierra emergiera de los mares y formaran este paraíso agreste pero abundante de peces. El sobrevivió a la furia del mar, a las rabietas de los nubarrones, a los terremotos y los corsarios que no dejaron huellas humanas sino estas únicas ruinas que ahora pareciera ser su último descanso.

Poco a poco grises nubes bajan y se confunden con la bruma, la mar empieza una lucha con la otra mar que parece caer desde arriba, se confunden, parecen amantes que se aman y se odian y se vuelven amar, sólo era un preludio de bienvenida a la selenita de la noche que cubre con su manto el viejo pelícano, dulcemente el ave se deja caer del campanario y el agua de la lluvia lo guía a la orilla donde poco a poco se hunde en el azul marino, aplomado por la nocturnidad y sus monstruos.

¡Qué suerte tuvo el viejo pelícano que murió en la noche y que en el silencio puro pudo llegar al mar! La mañana se vistió de brillantes amarillos y terracota, blanca y pulcra arena que desde el cielo los jóvenes pelícanos, las ruidosas gaviotas  y hasta un extraviado albatros lo ven como si fuera de cristal. Se elevan y se zambullen en juego que no parece terminar. No conocen su destino, ni les parece preocupar, están allí, y vuelan y se dejan por el viento llevar… solo a la hora de sus muertes quieren dormirse arropados por las olas de la eterna mar.

El viejo pelicano aún vive en el azul del cielo y en el azul profundo del mar.

Por Félix Esteves
Pámpatar, 23 de Junio del 2011

miércoles, 25 de agosto de 2010

EL MAR Y MIS PENAS / LA MER ET MES CHAGRINS

Bailando en silencio con las olas
ungido con su espuma mi alma soñadora
voy dándome a ti...
a tu profundidad liberadora.
Soltando amarguras y tristezas
despojando la ira y la furia
desatando cada nudo
como miles de nudos marineros
que se engancharon a mi dolor
que amarraron mis penas.
Y voy desasiendo en llanto
mi sufrimiento y mi dolencia
en la barca de mi piel
que flota tranquila sobre ti
sobre tu inmensidad.
Y abro los brazos a tu grandeza
agradeciendo tu limpieza
a tu purificación salada... salada como mis lágrimas
que van juntándose, reuniéndose
con las de todos... que como yo a ti
he venido llorando
y suplicando tu perdón... mar...
tu benevolencia.

LA MER ET MES CHAGRINS

Danser en silence avec les vagues
oint avec ses embruns rêveur mon âme
Je me donne à toi ...
Si vous retirez votre profondeur.
Libérer l'amertume et la tristesse
décapage de la colère et la fureur
déliement de chaque nœud
Comme des milliers de marins noeuds
qui est accroché à ma douleur
Ils ont attaché mes chagrins.
Et je suis laisser aller dans les larmes
ma souffrance et ma douleur
dans la barque de ma peau
calme flottant sur vous
sur votre immensité.
Et ouvrir les bras à votre grandeur
remerciant de nettoyage
votre purification du sel ... mes larmes salées
qui vont ensemble, la réunion
avec tous les ... vous que je
J'ai pleuré
et je vous demande pardon ... mer ...
votre bienveillance.


Por Félix Esteves

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