Una pequeña presentación

Los Mínimos y Máximos de Félix Esteves es una casa, un hogar, construido con amor, esfuerzo, dedicación y hasta con aburrimiento. Tiene muchas puertas donde todos pueden entrar. Tiene muchas habitaciones, donde de seguro en algunas podrás sentirte cómodo, y en otras, tal vez contrariado y hasta… por qué no… molesto. Sin embargo su propósito no es agradar ni molestar, no es ganar amigos ni enemigos… de todas maneras ambos son bienvenidos; su fin es mostrar y demostrar lo variopinto de una mirada, la pluralidad de una cosmogonía a través de mi “micromundo”, de lo exterior visto y sentido desde mi interioridad… es un grito contra la discriminación, es un arrullo de amor a la diversidad, es mi tarjeta de presentación como ser humano, como hombre, como gay y miembro de la comunidad LGBT... tal vez es algo más… no lo sé… aún lo estoy averiguando.

Félix Esteves

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viernes, 5 de agosto de 2011

EL ARTE QUE AMO: LA INFANTA MARGARITA EN AZUL DE VELÁZQUEZ.

La Infanta Margarita en Azul. 1659
Diego Velázquez  (Sevilla, 1599-Madrid, 1660)
Kunsthistoriches Museum, Viena. 
La primera vez que vi este cuadro tendría yo seis años, y fue en una colección de libros que compraron en mi casa de la editorial Salvat llamada Biblioteca Básica, en sí el libro se llama "Cien Obras Maestras de la Pintura" escrito por Marcial Olivar, hojeando con minuciosidad las páginas quede hechizado por la Infanta Margarita que con su belleza y su enigmático vestido azul me miraba fijamente y que a pesar de su extremada quietud, para mi en aquel tiempo un niño con mucha imaginación, me parecía que aquella niña quería salir corriendo.

En esta pintura la Infanta Margarita tiene apenas ocho años, y fue realizada un año antes de la muerte del artista. La estructura del cuadro y la posición de la infanta no es nada diferente a cualesquier de los retratos  de aquel entonces. Lo que hace distinto este trabajo pictórico de otra pintura  son los recursos magníficamente usados por Velázquez que lo convierten  en algo más: en una verdadera Obra Maestra del Arte.

Quizás a nivel técnico lo primero que nos impresiona es la palpitante y suelta pincelada (muy característica de Velázquez) que pareciera revolotear por todo el lienzo, dándole vida a la hierática,  rígida e inmóvil actitud de la pequeña. La bella pincelada esta plena de libertad y llena de mancha de color, al casi más puro estilo impresionista, que no nos deja ni por un segundo apartarle la vista a la protagonista del cuadro.

La luz en este cuadro es un foco único que enfatiza solamente a la niña. El Tenebrismo vuelve a los pinceles de Velázquez, oscureciendo el fondo del cuadro, el efectismo del juego de luces y sombras hace caer sobre la Infanta la luz en todo su esplendor, dando la impresión muchas veces que es ella la que emana las doradas radiaciones lumínicas.

Detalle de los azules del vestido.
El color, después de todo lo anteriormente dicho, en mi opinión es lo más importante de la obra. El azul esta lleno de intensidad, de brillo y movimiento. Las diferentes tonalidades del “azurro”, a veces fúnebre, a veces eléctrico, a veces celestial, nos seducen como un mar donde navegamos sin cansarnos y donde quisiéramos nadar.

Por otra parte el cuadro nos cautiva por su alcance psicológico. La Infanta Margarita no se muestra feliz, ni siquiera muestra aburrimiento, su actitud poco expresiva parece más de susto y resignación ante su prominente futuro: a la pobre niña se le pintaba casi cada año para mostrarle a su prometido Leopoldo I Emperador de Austria (que era su tío por parte materna) los avances en el crecimiento de la Infanta. A la niña no le quedaba otro remedio que quedarse quietecita, a pesar que según sus biógrafos e historiadores relatan que era una niña muy vivaz y alegre.

Detalle: El rostro de la Infanta.
Velázquez magistralmente no se rinde ante la detenida y paralizada Infanta, y hábilmente logra captar los encantos de la princesita en sus ojos muy abiertos, en lo dorado y agitados de sus bucles, en lo rosado de sus mejillas dándole vigor no sólo a la imagen principal si no todo al cuadro. Igualmente la precisión con que logra captar el pintor las facciones del rostro de la niña es sorprendente, dándole al cuadro una mágica humanidad, la Infanta deja de ser el personaje real y lejano y nos la aproxima convirtiéndola tal vez en nuestra hermanita, o en nuestra hija, o en la traviesa hija de nuestro vecino.

“La Infanta Margarita en Azul” del maestro español Velázquez es un cuadro elegante, majestuoso, imponente donde nos rendimos y extasiamos no sólo por lo fabuloso de su hechura y arte, sino también por la historia que aquellos ojos tristes y enormes de la Infanta nos quiere contar.

Por Félix Esteves

miércoles, 30 de marzo de 2011

"LA VENUS DEL ESPEJO" DE VELÁZQUEZ: La gran división del arte erótico español

La Venus del Espejo.
Diego Velázquez. Entre 1647 -1651.
Oleo sobre Lienzo. 122 x 177 cm. Barroco.
National Gallery de Londres, Reino Unido
La elegancia y la belleza que se desprenden de esta obra de Velázquez son indescriptibles. El autor pinta un bellísimo y sensual cuerpo en una preciosa postura sobre unas telas, blanca por debajo, y de un intenso azul oscuro casi negro por encima, contrastando con el tono níveo y nacarado de la mujer realzando su belleza. El pintor sevillano coloca a una mujer de belleza palpable, de carne y hueso que además resalta de una manera lujuriosa y carnal gracias a la gran cortina roja que le suma un fuerte erotismo a la obra. Lo único que nos indica su relación a lo mitológico es Cupido (dios del amor) que sostiene el espejo donde se contempla la modelo y en el que se aprecia su rostro algo distorsionado, produciéndose con este efecto una visión total de la diosa aunque la miremos de espaldas. Cupido tiene las manos atadas por un lazo de cinta rosa que está sobre el espejo, aludiendo tal vez a la atadura del amor que somete a la belleza.

A pesar que es un cuadro que los historiadores del arte han catalogado en el género mitológico, para mi es más que eso, es una pintura netamente erótica, la Venus recostada es una simple distracción para disfrazar el hecho venéreo o de deleite sexual implícito en la obra. La interpretación del cuadro es compleja como corresponde al gusto barroco – en el barroco todo es exquisitamente complicado - así el propio Velázquez aborda la pintura mitológica, humanizando el mito o lo que podría ser aún mejor, toma la necesidad lasciva y sensual de lo humano-erótico y lo mitifica. Velázquez disfraza a la mujer, a la sensualidad femenina de diosa para esquivar y engañar la ridícula e hipócrita censura de la época.

Autorretrato.
Diego Velázquez. 1645
Oleo/Tela. 104 x 83 cm. Barroco
Gallería degli Ufizzi, Italia.
Pero la obra “La Venus del Espejo” no sería lo suficientemente buena si sólo se queda en lo mero erótico, magistralmente el pintor nos expone la dualidad entre la realidad y la vanidad cuando descubrimos que la belleza del cuerpo se contradice con la vulgaridad real del rostro, expuesta inhumanamente por el espejo. Toda esta dual simbología ligada al Cupido atado nos narra deliciosamente la permanencia o la unión existente entre el amor, la belleza, la vanidad y la verdad.

Este hermosísimo cuadro al óleo aparece en el siglo XVII o lo que es llamado el “Siglo de Oro” en una España que a pesar de la crisis económica y política vive un periodo de esplendor cultural y artístico. Los pintores son por lo general contratados por las iglesias, ya que los nobles y la Corte española prefieren a artistas extranjeros. No obstante el talento de Velázquez es admirado en España no sólo por los curas y hombres de la Santa Iglesia si no también por la realeza, entre ellos Gaspar Méndez de Haro, Marqués de Eliche, gran coleccionista de arte erótico y quién según los teóricos y estudiosos del arte le pide al pintor el encargo de inmortalizar a una de sus amantes.

“La Venus del Espejo” es dentro de la historia del arte español una cierta anomalía, no sólo por ser el único desnudo de Velázquez, o por su original diseño y técnica, o porque es uno de los pocos trabajos eróticos que sobrevivió a la fuerte censura católica española de su época, sino que además viene a preceder a muchos otras obras de carácter erótico en el arte español, podemos decir que a partir de “La Venus del Espejo” el arte erótico de España se vio y se ve de otra forma, este cuadro viene a dividir el erotismo español en la pintura en dos grandes períodos: Antes y Después de Velázquez.

Por Félix Esteves

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