Los Mínimos y Máximos de Félix Esteves es una casa, un hogar, construido con amor, esfuerzo, dedicación y hasta con aburrimiento. Tiene muchas puertas donde todos pueden entrar. Tiene muchas habitaciones, donde de seguro en algunas podrás sentirte cómodo, y en otras, tal vez contrariado y hasta… por qué no… molesto. Sin embargo su propósito no es agradar ni molestar, no es ganar amigos ni enemigos… de todas maneras ambos son bienvenidos; su fin es mostrar y demostrar lo variopinto de una mirada, la pluralidad de una cosmogonía a través de mi “micromundo”, de lo exterior visto y sentido desde mi interioridad… es un grito contra la discriminación, es un arrullo de amor a la diversidad, es mi tarjeta de presentación como ser humano, como hombre, como gay y miembro de la comunidad LGBT... tal vez es algo más… no lo sé… aún lo estoy averiguando.
Para poder entender la ficción
del Homintern es necesario conocer y relacionar el término traición con
homosexualidad, o mejor dicho como la heteronormativa quiso emparejar como
sinónimos ambos vocablos. Por lo tanto desde este mismo momento hemos de ver el
Homintern como una palabra más producto de la homofobia y de las políticas del
heterocentrismo.
La asimilación de los
homosexuales a los de traidores a la nación es un argumento repetitivo del
discurso homofóbico. Esta imputación, que gravita y se fundamenta en algunos argumentos
irracionales, se alimenta desde finales del siglo XIX de los escándalos políticos
y militares en los que había homosexuales incriminados.
En el imaginario colectivo se
suele pensar al homosexual como el otro y por lo tanto es visto como “extranjero”
y es situado in o voluntariamente por la heteronorma al margen de la comunidad,
ya sea familiar o nacional. Su conducta, analizada desde las mentes homofóbicas
es vista en términos de placer inmediato, es además considerado egoísta y
narcisista al ennoblecer una forma de sexualidad no reproductiva, por lo tanto
el homosexual es considerado un peligro para la civilización del
heterocentrismo.
El homosexual representa
igualmente para la sociedad heterocentrista, falocéntrica y patriarcal una
amenaza para el orden social, ya que el homosexual no duda en traspasar o
romper las barreras de clase para encontrar nuevos compañeros, poniendo en
peligro las jerarquías existentes y por lo tanto el status quo. Pero el
discurso homofóbico sigue y se extiende, y proclama que el homosexual, pensado
como afeminado, es o se le atribuye taras presuntamente inherentes al otro
sexo: versátil, voluble, charlatán y cobarde. En consecuencia, en los períodos
de crisis, dificultades, y tensiones bélicas los homosexuales son, condicio
sine qua non, junto a otras minorías estigmatizadas, los chivos expiatorios de
la venganza y la represalia pública.
Así, la imagen del traidor
homosexual es tanto más recurrente cuanto la homosexualidad es considerada colectivamente,
generalmente y siempre como una importación extranjera: en el siglo IX se
trataba de una “costumbre árabe”. En el siglo XIII se convirtió en una “depravación
francesa”. En el siglo XV y el subsiguiente se conoció como el “vicio italiano”,
en los siglos XVIII y XIX fue el “libertinaje inglés”; el “vicio occidental” en
Oriente, la “maldición de los blancos” en África negra; la “perversión gringa”
en Sudamérica, etcétera, etcétera.
ALGO DE HISTORIA.
Tanto en Inglaterra como en Francia
el caso Eulemburg, a comienzos del siglo XX, contribuyó a asimilar la
homosexualidad a un “mal alemán”. El
caso Eulemburg es considerado como el mayor escándalo sexual del Imperio
alemán. Aunque básicamente se trataba de una pelea entre Philipp, príncipe de
Eulenburg-Hertefeld, y el periodista Maximilian Harden, las acusaciones e
inculpaciones extendieron el conflicto hasta el punto de que se empleaba la
expresión Círculo de Liebenberg para describir el círculo de personas
homoeróticas que rodeaba al emperador Guillermo II, y cito a Leopold Stape:
"El palacio de caza de
Grunerwald fue el lugar elegido para la sonada orgía que hizo temblar los
cimientos del imperio alemán, allí acudieron varios miembros del entorno del Emperador,
el grupo conocido como ‘Círculo de Liebenberg’."
Durante la Primera Guerra Mundial
la sospecha de homosexualidad adquirió un tono especialmente amenazador; tal
como lo relata Marcel Proust en En busca
del tiempo perdido:
"Desde la guerra el ambiente había cambiado. No sólo
se denunció la inversión del barón sino también su supuesta nacionalidad
alemana"…
En Inglaterra, el diputado Noel
Pemberton Billing organizó una notoria y verdadera caza de brujas contra los
homosexuales, al denunciar en 1918 en un artículo llamado “El Culto al Clítoris”
en su capítulo “Los primeros 47.000”, el chantaje ejercido según él por los
servicios secretos alemanes sobre homosexuales británicos de alta posición. Noel
Pemberton Billing consideró que la homosexualidad estaba infiltrada y
corrompiendo la sociedad inglesa, y que esto estaba relacionado con el
espionaje alemán en el contexto de la Primera Guerra Mundial. Pemberton en su
ensayo, altamente imperialista, y basado en la información proporcionada por
Harold Sherwood Spencer, que afirmaba que los alemanes estaban chantajeando a
homosexuales británicos de alto rango,
para propagar el vicio de Sodoma y Lesbos. Por su parte, el periodista
Arnold White afirmó que los homosexuales alemanes se entregaban fácilmente a la
seducción sistemática de los jóvenes soldados británicos.
En el curso entre las dos grandes
guerras las sospechas de traición se volvieron más políticas. La expansión de
una subcultura homoerótica en las capitales europeas, como Berlín, Londres, Paris
y hasta la misma Barcelona habían sido observadas con desconfianza por una
opinión pública obsesionada con el fantasma del contagio gay, mientras que el desarrollo
de los movimientos homosexuales militantes alimentaban los rumores de un
complot homoerótico, supuestamente alentado y auspiciado por los comunistas.
EL HOMINTERN.
No existió nunca un grupo
homosexual que conspirara cual Pinky y Cerebro para conquistar el mundo. Lo que
realmente existía era una trama imaginada de ciertos grupos de psicóticos
alimentados por la filosofía heterocentrista y que temían a la expansión de la
influencia homosexual. Existía, eso sí, La Internacional Comunista, que fue una
verdadera organización creada por Lenin en 1919 y que fue disuelta en 1943. Hay
que aclarar también que muchos homosexuales fueron atraídos por el movimiento
comunista, porque este proclamaba la igualdad en todos los sentidos, tanto
social como de género. De ese modo, muchos políticos temieron a los
homosexuales y comunistas, porque ambos estaban en contra de todo el status quo
y eran según las esquizofrénicas palabras heterocentritas, algo muy
preocupante:
"Como las cosas se va desarrollando
la Internacional Homosexual se ha convertido en una especie de auxiliar de la
Internacional Comunista. Este es más que alarmante, ya que los homosexuales se
están multiplicando como la arena de la orilla del mar."
(Waldeck, R. G. Homosexual
International // En : Human Events. -- Vol. XVn, No. 39 — Section II. -- September
29, 1960)
El término “Homintern” a menudo
se dice que fue acuñado por Cyril Connolly o por W. H Auden, pero Harold Norse
reclamó para sí mismo tal creación. Lo más probable, es que varias personas
inventaran el término al mismo tiempo. La implicación humorística fue que los
homosexuales constituían una red secreta en todo el mundo y que estaba destina
a acabar con el poder del patriarcado y el heterocentrismo, es decir la
Homintern era un “Internacional Homosexual”
Las únicas personas que alguna
vez tuvieron este sencillo juego de palabras como algo serio eran los que
temían la expansión de la influencia homosexual. En simples conversaciones,
vieron parcelas, en grupos de amigos, las conspiraciones. Si bien es cierto que
algunas personas homosexuales se convirtieron en el centro de la literatura y
la cultura moderna, en general, el Homintern era sólo una forma de visibilidad
del movimiento homosexual que se destacaba superficialmente.
Un grupo de intelectuales en todo
el mundo fueron llamados o acusados de pertenecer al Homintern, por ejemplo en
Inglaterra, W. H. Auden o Stephen Spender, junto con su club universitario el
apodo de Homintern, porque simplemente simpatizaban con el movimiento comunista
y no ocultaban su homosexualidad. En Francia la alianza comunismo y
homosexualidad también fue tomada muy a pecho y en las ciudades portuarias y
militares donde la prostitución masculina era muy frecuente se hicieron
informes de vigilancia con el fin de tener una lista de los establecimiento
públicos frecuentados por los comunistas, homosexuales, extranjeros y marineros
gais podían conspirar con la paz francesa.
En la década de los 20 del siglo
pasado, los partidos comunistas, sobre todo el KPD alemán, apoyaba las reivindicaciones
homosexuales, no obstante a la hora de la verdad, sus actuaciones eran
ambiguas. A partir de 1934, cuando la Unión Sovietica puso en marcha su
legislación homofóbica, la nueva línea del partido asimiló la homosexualidad
como una perversión fascista, porque en cierto modo algunos grupos nazis como
la SA, y fascista como Las Camisas Negras, desarrollaron una estética gay u
homoerótica y valoraban las relaciones viriles, pero fueron rápidamente
eliminados. Los homosexuales fueron acusados de comunistas y muchos comunistas
de homosexuales, y la traición era sospechada tanto por ser comunista como por ser homosexual, y tanto los nazis como los fascistas italianos vieron a ambos como
un complot que impedía la expansión del pueblo alemán e italiano
respectivamente.
En la “amargada cristiandad
española”, que se autodestruía en una sangrienta guerra civil, muchos
homosexuales declarados comunistas fueron perseguidos, apresados y ejecutados; intelectuales,
escritores, poetas, cantantes, bailarines que por alguna razón mostraran en
público su simpatía al movimiento comunista fueron injuriados, vilipendiados, y
al mismo tiempo de ser acusados de comunistas y homosexuales, porque parecía que
una cosa llevaba a la otra y más si eras artista, gran parte de estos hombres perdieron la vida, o fueron
exiliados, pero todos fueron metidos en el mismo saco. Hemos de recordar al excelso
Federico García Lorca que murió fusilado y al padre del decadentismo español Álvaro
Retana, acusado en 1939 por “rojo y mariquita”.
En los Estados Unidos de
Norteamérica, ya Tennessee Williams y Aaron Copland fueron acusados de originar
“momentos raros” dentro la cultura y la sociedad norteamericana, igualmente
Cole Porter por su relación homoerótica con el bailarín ruso Boris Kochno, fue
sometido a cierta vigilancia. Pero la
Homintern no había impresionado tanto a los políticos estadounidenses, es después
de la Segunda Guerra Mundial, que se relanzó la retórica homofóbica y
anticomunista con la caza de brujas liderada por McCarthy en la parte de los
rojos y por los “traidores sodomitas” orquestada por el senador de Nebraska
Kenneth Wherry, que argumentaba que durante la guerra, los asuntos exteriores
estaban dominados por una elite de homosexuales, abiertos al chantaje, y que
eran o alcanzaban los 6000 miembros gais infiltrados en las más altas esferas
del Estado. Curiosamente la mano de derecha de McCarthy era homosexual, Roy M.
Cohn, y el jefe del FBI J. Edward Hoover también era homosexual.
Con la arremetida norteamericana
contra los homosexuales y comunistas, muchos países, especialmente Gran Bretaña
asumió el Homintern como una realidad, especialmente con el caso de “Los Cinco de Cambridge”: grupo británico de
espías reclutados por la Unión Soviética en el Trinity College de la
Universidad de Cambridge que trabajó durante la Guerra Fría del siglo XX:
Anthony Blunt, Kim Philby, Donald Maclean, Guy Burgess y John Cairncross. Se
infiltraron en la sociedad británica como “topos”, en la jerga de los servicios
secretos.anto Guy Burgess, como Anthony Blunt y Maclean eran homosexuales y eso
constituyo el apogeo de la paranoia del Homintern, donde se mezclaba homosexualidad,
traición, comunismo y control mundial.
En el mundo cultural fueron
muchos los artistas que fueron acusados de homosexuales y comunistas; el Homintern
de esa manera fue utilizado en la década de 1950 y 1960, apareciendo en un sin fin
de número de artículos de revistas de
circulación masiva para referirse a lo que se creyó por muchos y por mucho
tiempo como una conspiración internacional de gays influyentes que, según se
afirmaba , controlaban las artes y la cultura. Estos artículos de revistas a
menudo se ilustraban con el color lavanda, y por eso es también conocido a
veces a la Homintern como “La conspiración de lavanda”.
Los homófobos alegaron que
existía una red secreta mundial de propietarios gais de galerías de arte,
directores de ballet, productores de cine, ejecutivos de sellos discográficos, editores
y fotógrafos que, tras bambalinas, determinaban quien se convertiría en
artistas de éxito, escritores de bestseller, bailarines, actores y modelos. Los
psicóticos que veían en la homosexualidad una amenaza latente llegaron hasta
asegurar que programas de televisión como Batman eran producto del Homintern y
que era una forma de propagar la homosexualidad en los televidentes.
En los mediados de los años 90 el
hecho de que los magnates de los medios de comunicación David Geffen, Barry
Diller, y Sandy Gallin, el diseñador Calvin Klein, el pintor Ross Bleckner, y
escritor Fran Lebowitz eran todos amigos cercanos dio lugar a rumores de un
nuevo Homintern, pero ya sin el agregado comunista que se venía desvaneciendo o
desligando ya desde los sesenta, y que termino con la caída del muro de Berlín.
Para los homofóbicos la presencia
de más de una persona gay evoca la posibilidad de un golpe de estado, de un
desastre cultural perverso. Podemos citar el presidente Robert Mugabe de
Zimbabwe y sus partidarios que llamaban
el gabinete del primer ministro británico, Tony Blair, una “mafia gay” por el
mero hecho de que solía incluir dos ministros gay.
Lo que si podemos asegurar es que
los intelectuales gais son más propensos al dialogo y a las reuniones masivas,
pero no para controlar al mundo, no para hacerse dueños de la tierra, en general,
las masas homosexuales se están accionando para hacer respetar nuestros derechos,
y para eso no se debe actuar como una conspiración o realizar un complot, aunque
para la heteronormativa y sus psicóticos piensan que cualquier encuentro gay debe
inevitablemente ser pervertido o siniestro o ambos, y cuando ven las transacciones
culturales gais, ven un complot subversivo, pero tal cosa no lo es, somos más
inteligentes y esperamos con la lucha pacífica que el mundo cambie a favor de
todos.
A mediados de los años 50 y de la
década subsiguiente del siglo XX comenzaron a surgir muchos dibujos animados
que ofrecían o transmitían la convivencia de las parejas del mismo sexo. Las
relaciones entre estos personajes siempre se mantuvieron poco claras, no se
sabía si eran familias, amigos o simplemente amantes. Pero esto no era nada
nuevo, ya en el cine existían personajes de caricaturas ambiguos como Bugs
Bunny, que luego pasa a la televisión como uno de los cartoon más queridos por
los televidentes, convirtiéndose además en un icono pop gay.
Siguiendo esta tradición solapada
de la homosexualidad y el deseo homoerótico en las tiras cómicas, como también
se les conoce, surgen comiquitas como “El Oso Yogui” (y Boo-boo), “Leoncio El
León” (y Tristón), “Ren y Stimpy”, “Pinky y Cerebro”, “Bob Esponja” (y
Patricio), “Los Simpsons” y sus
personajes gays entre los que se encuentran el famoso Sr. Smithers, no nos
podemos olvidar al maestro gay de los irreverentes niños de “South Park”, el incomprendido Susana enemigo de Dexter de “El
laboratorio de Dexter” y los singulares “Padrinos Mágicos”.
La Homosexualidad en la Tierra de las Fantasías Infantiles.
La televisión siempre estuvo
polarizada y se mantuvo esencialista a la heteronormativa, presentando siempre
el deseo heterosexual como hegemónico, correcto y como la única realidad. Por
otra parte, el deseo homoerótico, y los personajes gays o con cierta ambigüedad
sexual, limpiamente castrados, aparecieron de vez en cuando sólo para que los
heterosexuales pudieran felicitarse por su tolerancia a las rarezas o como
forma de burla para justificar la heterosexualidad como norma.
El dibujo animado, sin embargo,
siempre ha sido subversivo: los personajes animados se mueven entre la fusión o
la desconstrucción, pueden ser animal/humano, pueden estar desnudo/vestido, son
niño/adulto y pueden ser masculino/femenino, y en ese juego de ambos y ninguno van
formando una historia que permite con fluidez las lecturas transgresoras de los roles de
género, que pueden ser implícitas o explícitas de la identidad del mismo sexo,
el comportamiento, y el deseo.
De esta manera cada personaje
animado es una imagen polisémica, capaz de poseer infinidad de significados,
está en el autor concretar los significados e insertar en la imagen o
“muñequito” en un contexto suficientemente explicado para delimitar los signos
o la confusión de estos. No obstante
los signos no son necesario fijarlos, sobre todo en los dibujos animados, que
se basan en la inferencia: un par de bucles y garabatos, unas pocas líneas de
diálogo, debe ser suficiente para establecer las identidades de personajes de dibujos
animados básicos, sus historias de vida. De allí la irreverencia del
cartoon.
Antes de la década del 90, era
muy raro que los animadores introdujeran deliberadamente el deseo del mismo sexo
en sus personajes o tramas. El deseo heterosexual era predominante y residió, y
en gran medida aún reside, en la construcción misma de caricaturas (ser vivo y con
cierta forma de conciencia) reflexivo con intención de desear las personas del
sexo “opuesto”, y la única forma de concebir, incluso de los gays era alinear
sus comportamientos de género con las del sexo opuesto y a su deseo, y que se
convertía indiscutiblemente en heterosexual.
Hoy día los animadores pueden
introyectar a los dibujos animados, y el público puede descodificar signos evidentes del deseo por el mismo sexo,
y los personajes, incluso específicamente aquellos identificados como
homosexuales. Pero incluso cuando el deseo debe estar sumergido en el
subconsciente, y las identidades encerradas hasta el punto de la invisibilidad,
un producto cultural sigue siendo “estructurado como un sueño, una red de
representaciones que codifica los deseos y temores, proyecciones e
identificaciones, y en el ámbito del análisis textual, podemos localizar a los
deseos y temores, las inestabilidades y las angustias que rodean el deseo del
mismo sexo y la identidad.
El Código Hays.
El código Hays fue un código de
producción cinematográfico que determinaba con una serie de reglas restrictivas
qué se podía ver en pantalla y qué no en las producciones estadounidenses.
Creado por la asociación de productores cinematográficos de Estados Unidos
describía lo que era considerado moralmente aceptable. Fue escrito por uno de
los líderes del Partido Republicano de la época, William H. Hays. Este código
se aplicó desde 1934 hasta que se abandonó en 1967, para dar lugar al nuevo
sistema de clasificación por edades. El código constituyó un sistema de
censura, que prohibía la exhibición en Estados Unidos de la mayoría de las
películas europeas o independientes que a menudo violaban el estilo de
Hollywood.
En los días anteriores al Código
Hays era poco lo que se restringían en
los temas y en las caracterizaciones posibles, los animadores presentaron con
frecuencia el deseo del mismo sexo como una parte normal de ser humano o ser sintiente, varios dibujos animados de
aquella época no se restringían en su deseo homoerótico, o eran planteados con
una ambigüedad poco solapada. Un gran ejemplo de lo anteriormente dicho fue la
tira cómica de prensa Krazy Kat, que
luego paso al cine y a la televisión. En América Latina y España Krazy Kat era conocida como “La Gata Loca”.
Krazy Kat es una tira de
prensa, creada por George Herriman, que se publicó en periódicos
estadounidenses entre 1913 y 1944. Apareció por primera vez en el diario New
York Evening Journal, propiedad del magnate de la prensa William Randolph
Hearst. Ambientada en un idealizado condado de Coconino, Arizona, habitual
lugar de vacaciones de Herriman, Krazy
Kat es una peculiar mezcla de surrealismo, inocencia y romanticismo, y está
dotada de un lenguaje tan poético y avanzado para su tiempo y su época que ha
hecho las delicias de aficionados y críticos a lo largo de más de ochenta años.
La tira se centra en las
aventuras del gato Krazy y del ratón Ignatz. Krazy es un gato de sexo
indefinido, unas veces aparece como gato y en otras como gata. Ignatz es un
ratón muy gruñón que es su amor no correspondido, que le aborrece y siempre le
lanza ladrillos a la cabeza, con una excelente puntería. Sin embargo, Krazy
interpreta los ladrillazos como actos de amor. A su vez, el ratón Ignatz tiene
que estar en la cárcel de Coconino, una prisión construida, como no podía ser
de otra manera, de ladrillos. Tanto los dos protagonistas como el resto de
personajes que pueblan el universo de la serie son animales antropomórficos.
El sexo de Krazy nunca queda
demasiado claro y varía según la historia. Muchos autores post-Herriman,
empezando por E. E. Cummings, se refirieron a Krazy, erróneamente, sólo como
hembra, pero Herriman siempre se mostró ambiguo y en varias planchas de la
serie bromea con esta incertidumbre. El examen de las primeras tiras de Krazy
Kat llevaría a pensar en que Herriman pensó inicialmente en Krazy como una gata
ya que la dibujó embarazada, y que posteriormente fue diluyendo su identidad
para crear el espíritu libre que deseaba para su personaje. Sin embargo, no
hubo dudas a la hora de definir el sexo del oficial Pupp (Cachorro) ni del
ratón Ignatz, que tiene mujer e hijos. Posiblemente, la reacción del público
ante la indefinición de Krazy como él o ella provocó que Herriman decidiera
mantener la incertidumbre y jugar con la ambigüedad.
Sin embargo, esta indefinición
sexual favoreció que la tira fuera acusada de homosexualidad latente. Si Krazy
era gata, no existía mayor problema en que el oficial Pupp la amara y que ella,
a sí mismo, amara al ratón; pero si Krazy era gato, las cosas ya resultaban muy
diferentes. Un gato, en este caso macho, enamorado de un ratón, otro macho de
una especie diferente, que además estaba casado, y que lo maltrataba (violencia
de género) era una combinación demasiado explosiva para el conservadurismo de
la época. A pesar de todo, no faltaron críticos que definieron la relación
entre los personajes como algo estrictamente amoroso, y sin ningún carácter
sexual, con lo que el sexo del gato quedaba en un segundo plano. También se
puede interpretar como una forma más del universo creado por Herriman: un mundo
propio, con un grafismo único en el que las leyes de la lógica racional son
constantemente subvertidas.
Según George Herriman, el creador
de Krazy Kat, habla del sexo de su
personaje:
“No seáis duros con Krazy. No es más que una sombra, atrapada en la
telaraña de esta madeja mortal. Le llamamos Krazy (loco o loca) Kat (gato o gata),
pero no es ninguna de las dos cosas. En alguna ocasión llegará hasta vosotros,
gentes del crepúsculo, y su contraseña será el eco de una campana que tañe a
vísperas, y su vehículo un soplo de céfiro del Oeste. Perdonadle, porque no le
comprenderéis mejor que nosotros, que nos demoramos a este lado de la valla.
Krazy es como un espíritu, como un elfo, que no tiene sexo. De modo que no
puede ser femenino ni masculino. Es un espíritu -un duende- capaz de deslizarse
en el interior de todo.” (En Historia de los Cómics, vol. I, Toutain Editor,
1982; p. 34)
Anteriormente a Krazy Kat o “La Gata Loca”, más precisamente en 1905, Winsor McCay empezó a
publicar semanalmente en el periódico The New York Herald las aventuras de
Little Nemo, Little Nemo in Slumberland.
Este cómic era muy ambicioso en cuanto a su propuesta estética, pero con una
estructura narrativa bastante simple: Nemo un niño de 5 años, vive sueños de aventuras
maravillosas que acaba abruptamente en la última viñeta cuando despierta.
Little Nemo in Slumberland tuvo un argumento maravilloso y propicio
para desplegar un gran sentido lúdico donde se mezclan las fantasías, jugando
con las leyes de la perspectiva y la gravedad. Los recuadros narrativos
abandonan su formato regular adaptándose
a lo que requiere el relato. El colorido es muy rico y matizado, pero nunca
desaparece el contorno preciso que
delimita objetos y personajes. Asimismo, el argumento permitió que el onirismo
fuera tema central casi protagonista, en una época donde la sexualidad era más
libre y no había aparecido aún en ingles el libro de Sigmund Freud “La
interpretación de los sueños” y esto le concedió al escritor una forma de jugar
con los sexos y la sexualidad de algunos de los personajes.
Aunque los personajes ambiguos
desaparecieron de la pantalla en 1935, el deseo romántico o erótico hacia el
mismo sexo está disponible para todos, a
menudo ignorados o suprimidos, y hay un sin número de formas de imaginar,
modelar del deseo del mismo sexo sin expresar identidades gays o lesbianas, de
hecho, el imperativo para presentar el deseo heterosexual como la única
posibilidad ha hecho tradicionalmente que los personajes homosexuales
aparecieran como asexuales. Sin embargo, el deseo homoerótico a menudo se
entrometió en los dibujos animados de los años 1940 y 1950, a pesar de todos
los esfuerzos para garantizar que los personajes eran “realmente” heterosexuales.
Los dibujos animados de películas
de la época fueron dominados por la productora Warner Brothers. En estos
pequeños film aparecieron personajes animados con ciertas ambigüedades de
personalidad ya su vez estos tenían una relación amor odio con sus
antagonistas, por ejemplo Bugs Bunny,
Porky Pig, el PatoLucas, el gato Sylvestre y Yosemite San
o Elmer el Gruñón. La ambigüedad en
las personalidades y relaciones llevó, a pesar del Código Hays, a los momentos
de reconocimiento del deseo homoerótico, al igual que en los ratones “A Tale of Two Mice” (1945), o el
insoportable de Pepe LePew en el romance
con una mofeta con un gato en “For
Scent-imental Reasons” ( 1949 ).
Pero el ejemplo más evidente fue el del comic “Porky Pig's Feat” de 1943, cuando Porky Pig y el Pato Lucas comparten un cuarto de hotel. Cuando se preparan para partir, se les presenta una factura de hotel muy alta, y donde se incluye servicios de “Love spot”, es decir servicios por “puntos de amor” por 10,80 dólares, ya nos podemos imaginar lo que hicieron el puerquito y el patito en el cuarto de hotel.
Se ha hablado mucho de las
incursiones de los personajes de Warner Brothers en el travestismo. Sam Abel
(1995), por ejemplo, cree que las rutinas de travestismo u homoeróticas de Bugs
Bunny y otros personajes eran “formas de abordar los problemas de la
dominación masculina” (2) y por lo tanto cuestionaban los roles de
género. Sin embargo, las escenas de travestismo u homoeróticas con frecuencia
se dedicaban a la conducta transgresora sin adaptar la fricción, por ejemplo,
después de la humillar o de eludir al enemigo, Bugs Bunny besa en los labios a
Elmer o a Yosemite Sam. Este acto no transgrede los roles de género, ya que no
existe un masculino y papel femenino en un beso. Dentro del contexto de la caricatura,
parece dar a entender que los muñequitos o personajes solo están bromeando, que no tienen malas
intenciones. Pero no siempre funciona, por supuesto : cuando Bugs Bunny, por
ejemplo le propone matrimonio, Elmer
acepta con alegría, llevando en un vestido de novia. Así Elmer se convierte en objeto
de burlas, Elmer es ineficaz como cazador y fácilmente engañado para revelar su
“verdadera” naturaleza femenina. A veces ocurre lo contrario y es Bugs Bunny
quien viste de mujer y termina asumiendo su feminidad como una forma de
supervivencia para engañar/seducir a su enemigo.
Los dibujos animados de televisión de los años 1950 y 1960.
Durante estas dos décadas
abundaron las parejas masculinas en los comics de la televisión, donde si bien
no se afirmaba directamente el deseo homoerótico, la interacción entre los
personajes permitió localizar el deseo
del mismo sexo codificado como romántico, pero como una obvia parodia de deseo
heterosexual: por ejemplo , el intercambio de un espacio de estar o una cama,
participar en actividades sociales como pareja; ser aceptado como un par por
otros; no poder dedicarse a otras relaciones sustantivas, especialmente
aquellos con el sexo opuesto; rechazando propuestas románticas de los demás.
Estos dibujos animados se
convirtió en la marca de los estudios Hanna -Barbera , que dominó los espacios
de cartoons de la televisión en los años 1950 y 1960. Fácilmente podemos
acordarnos de docenas de tales parejas,
generalmente divididas en miembros apolíneo y dionisíaco , el que inventa
esquemas salvajes y uno que expresa la voz de la razón : los ratones Pixie y Dixie en The Huckleberry Hound
Show (1958-1962); El Oso Yogui y Boo Boo
(1958-1961) , la pareja interracial de Quick
Draw Mc Graw & Baba Looey más conocido en español como Tiroloco McGraw y su compinche burro
(1959-1962) ; Leoncio el león y Tristón
( 1962-1963) . Otros estudios siguieron el ejemplo, con los residentes del
zoológico Tennessee Tuxedo y Chumley
(1963-1966), o Rocky y Bullwinkle
(1961-1963), un alce y la ardilla que, cuando no estaban involucrados en
aventuras ingeniosas, participaban como pareja en la vida civil del Frostbite
Falls, Minnesota.
¿Eran estos muñequitos o
personajes de cartoon amigos? ¿Parientes? ¿Amantes? No hay una respuesta
definitiva, ya que transgreden cada una de las constelaciones permisibles de
las conjeturas para las díadas del mismo sexo en la década de 1950 y en gran medida aún hoy en día. Ellos no
pueden ser meros compañeros, ya que comparten las casas y se van de vacaciones
juntos. No son parientes consanguíneos o compañeros de trabajo, o antagonistas.
Presentan, de hecho, los contextos contradictorios o vagos que no fijan ningún
signo particular y permiten la lectura que son ninguno de los anteriores, que
son, de hecho, parejas románticas.
Yogui Bear ilustra las tensiones
posiblemente eróticas inherentes a la diada de dibujos animados. En los primeros
dibujos animados, tales como “Pie
Pirates” y “Foxy Hound Dog”, Yogui aparece con un carácter anárquico,
principalmente para burlar la conformidad del guardabosque Smith. Boo-Boo
aparece sólo ocasionalmente para indicar la desaprobación de la comunidad de
los osos de las travesuras de Yogui. Durante la primera temporada, Ranger Smith
se degrada gradualmente a una molestia menor, y Boo-Boo se convierte en parte
integral de las líneas argumentales. Para el final de la primera temporada, en
“Lullaby – Bye Bear” y “Daffy Daddy”, Yogui y Boo-Boo son compañeros constantes
y parejas de hecho, compartiendo una cueva y una cama, podemos decir que se han
enamorado.
En la segunda temporada, como
para calmar tal lectura, los creativos hacen aparecer el personaje Cindy
Bear como la osa enamorada de Yogui. Sin
embargo, ella fue consignada en su mayoría a lanzar indirectas y pañuelos, a
pestañear sus ojos mientras caminaba Yogui, ajeno a toda relación heterosexual.
Ella, Cindy Bear, apela a Boo Boo para consejos de seducción, y mientras que el
“compañero” puede muy bien haber sabido despertar el interés de Yogui, ofreció
sólo sugerencias poco entusiastas e ineficaces. Porque él y Yogui ya estaban
involucrados, La relación del mismo sexo, sin duda triunfó sobre la incursión
del deseo heterosexual: hoy en día casi todo el mundo pueda identificar a Yogui
y Boo Boo, pero pocos han oído hablar de Cindy Bear o simplemente la ignoran.
Durante este período aparece en
la TV el cartoon Snagglepuss o “El León Melquiades”. Este Felino, es
un león montañés de color rosa, que como única vestimenta lleva un alzacuello y
puños y lazada al cuello de color negro, muy al estilo de los muchachotes chippendale.
Un Joven Chippendale y el león Melquiades... ¿ves alguna diferencia?
Melquiades es completamente
metrosexual, amanerado que llega a lo más estereotipado del gay, su postura,
habla, y gestualización, son de gran refinamiento. Su mayor empeño en la vida
es conseguir adecuar su gruta o cueva a su gusto. Es decir, arreglarla y
decorarla para vivir cómodamente con los lujos propios de los que cualquier
sibarita como el mismo que se precia, debe vivir. Tal vez, esa sinceridad
homoerótica con que fue diseñada esta caricatura no hizo que gustara en el
público de aquel entonces, el león demasiado llamativo tuvo un éxito efímero y
decayó tempranamente; si bien es cierto que el personaje quedó como un Mítico
de Hanna- Barbera.
Los dibujos animados de televisión de los años 1970 y 1980.
Durante la década de 1970, el
aumento de la visibilidad de las identidades homosexuales en la cultura externa
añadido asociaciones románticas para las codificaciones posibles de díadas del
mismo sexo, es decir, muchos de los televidentes poseían las herramientas
contextuales para especular sobre si las parejas de comics o cartoons eran
realmente gays, de esta manera los productores se vieron forzados a desactivar
la posibilidad de tal probabilidad a través de la demostración continua de los deseos
heterosexuales.
Como consecuencia, las díadas del mismo sexo, prácticamente
desaparecieron de la animación, reemplazadas por personajes involucrados en los
romances heterosexuales como Underdog,
conocido como Superperro, o por
personajes solitarios como La Pantera
Rosa, o por grupos de músicos de rock/detectives como Josie y las melódicas. Algunos comentaristas han sugerido vínculos
románticos en la larga duración de Scooby
Doo (1969-1986) entre los personajes de Daphne y Velma , o entre Shaggy y
el semi - coherente epónimo Great Dane Scooby, y la verdad que este último par cazaban
monstruos juntos, y aunque nunca compartieron un espacio de vida, dedicado a
actividades sociales como una pareja, o expresaron ningún interés romántico en
sí, solían comer juntos y saltar uno encima del otro, especialmente a la hora
del peligro, pero tal acción por lo general, es vista como un gesto de cobardía,
aunque también se puede leer como una acción de protección hacia el otro como
parte del afecto homoerótico.
En 1959 aparecen The Smurfs, mejor conocidos en español en la
TV en español como Los Pitufos (1979-1986), un grupo de pequeños humanoides
azules llamado según su característica más primaria, como Pitufo Bromista, el
Pitufo Valiente, el Pitufo Goloso, el Pitufo Gruñón, el Pitufo Manitas, y el
Pitufo Vanidoso, que era un dandy ensimismado que podría leerse como un
estereotipo homofóbico. Se puede decir que los pitufos vivian felices en una
especie de mundo homoerótico u “homotopia”, hasta que el malvado Gargamel desea
vengarse de los pitufos y para ello decide crear una pitufita, que los seduzca
y cause que se peleen por ella. Gargamel hace a la pitufita de arcilla y luego
la sumerge en una poción para darle vida. Tal vez lo más probable es que el
personaje fue introducido específicamente para proporcionar un objeto de deseo
heterosexual de los Pitufos y calmar las conjeturas de que pudieran ser realmente
gay.
Para la década de 1980, la
mayoría de los personajes de dibujos animados se habían vuelto agresivamente
heterosexuales: apareció He-Man y los Masters del universo (1983-1984) o Strawberry Shortcake (1980-1985), o GI Joe: Un héroe americano real (1985-1992).
Incluso los Chipmunks Chip 'n' Dale de
Walt Disney revividos en 1983-1991, fueron excusados de su posible
homosexualidad y enseguida le consiguieron novias.
Dibujos animados desde la década de 1990 hasta hoy día.
A principios de 1990, los dibujos
animados comenzaron a hacer referencias disfrazadas a la presencia del deseo
homoerótico. La tendencia comenzó con Ren
y Stimpy (1991-1995), una parodia evidente de dúos de dibujos animados de
la década de 1960, protagonizada por un maníaco y violento Chihuahua y un gato gordito y estúpido. Ellos reflejan la era
de Hanna- Barbera de presentar signos y sin suficientes marcadores contextuales
para fijar las diadas como amigos, hermanos o compañeros de trabajo, pero con
la salvedad que aunque posiblemete son gais, aquí la relación homoerótica es
vista desde la perversidad.
Ren y Stimpy es una pareja abiertamente romántica, comparten una
casa y una cama, sino que también recuerdan su boda, y Stimpy da a luz a un
pedo sensible, un producto de su unión sexual. En algunos episodios, Stimpy es
un estereotipo de la mujer de los años 50, pasiva, responsable de la cocina, de
la limpieza y el planchado de la ropa interior de Ren. Ren es social y el
activo en la relación, en “El Hijo de Stimpy”, Ren trata de seducir a Stimpy,
pero es rechazado por Stimpy que le dice
“estoy harto” … “¿es en lo único que
piensas?” Algunos de estos síntomas pueden adherirse a una lectura de una
relación sexual, no solamente heterosexual, incluso una relación romántica
homoerótica. Ellos están en su lugar presentando una parodia de las relaciones
heterosexuales, supuestamente divertidas porque son los dos hombres, sin
embargo, uno de ellos está actuando como una mujer.
Mientras Ren y Stimpy permitieron un conocimiento del deseo del mismo sexo e
incluso la actividad homoerótica, no es hasta que Pinky y Cerebro (1993-1999) que vemos identidades homosexuales codificadas
en el dúo de dibujos animados. Ren y
Stimpy representaron la pareja homoerótica desde la perspectiva de la
“homofobia light”, ridiculizar la díada homosexual bajo la mirada distorsionada
y “ridiculizadora” de la heteronormativa.
Sin embargo Pinky y Cerebro,
las ratas de laboratorio inteligentes que quieren adueñarse del mundo comparten
una jaula y colaboraron en los planes para asumir el control de la humanidad,
pero ellos fueron codificados como compañeros de trabajo y compañeros de
literas, no como amantes. Ambos tenían amores fuera de su relación, Pinky fue especialmente promiscuo, se
enamoró de un caballo, un león marino, y hasta de la heroína infantil Pippy
Calzaslargas.
El deseo erótico, sin embargo, en
Pinky y Cerebro es parte de su
relación desde el principio, tanto así que muchas de sus diálogos, reflexiones
o razonamientos son claramente homoeróticas,
como por ejemplo cuando se preguntaron: ¿conseguiremos chaparreras de
nuestra talla? Cuando el término chaps,
chaparreras, se refieren tanto a los pantalones de estilo occidental con la entrepierna
abierta usado muy frecuentemente en círculos de cuero de los homosexuales. De
igual manera, la mayoría de las “ponderaciones” o “¿estás pensando lo mismo que yo?” que aparecen en todas las grabaciones las
respuestas ponderan preocupaciones de travestimos, fetiche, o de evocaciones de
sentido sexual:
“¿estás pensando lo mismo que yo?
sí, cerebro , pero esta vez le pongo el tutu”… o
“Volvamos al laboratorio y prepararnos para mañana en la noche.
¿Por qué Cerebro? ¿Qué vamos a hacer mañana por la noche?
Lo mismo que hacemos todas las noches, Pinky .
(Pausa, mientras reflexionamos sobre qué es lo que hacen todas las
noches)
Tratar de dominar el mundo.”
Cuando Pinky y Cerebro empezó a tener un fuerte rating los contenidos se
volvieron más complejos; los escritores añadieron elementos familiares y
románticos. Quizás lo más importante de Pinky
y Cerebro es que su relación no está sembrada o hecha para verse como una
pareja heterosexual, sino que en definitiva está concebida y presentada para
verse como una pareja homoerótica. Por ejemplo, cuando Cerebro es interrogado
por un empleador:
“¿Está usted casado?”
Después de un breve silencio e incómoda pausa, él responde
“No, yo tengo un compañero de
piso”...
Sabemos que la respuesta
“compañero de piso” es - o era - una estrategia familiar para ocultar las
parejas del mismo sexo de los homófobos potenciales. Cerebro logra conseguir el empleo y entra en
la corporación como un hombre gay en el
closet. De igual manera Cerebro rechaza torpemente las pretensiones femeninas e
inventa explicaciones absurdas para la fotografía de Pinky en su escritorio.
Cuando los padres de Cerebro lo
visitan, Cerebro presenta a Pinky como “mi...um...
compañero de cuarto”. Los padres de Cerebro
no se comen ese cuento y muy liberales al final invitan a Cerebro y a Pinky a
pasar en familia el Día de Acción de Gracia. Ningún otro cartoon de la década
de 1990 interpretó a parejas del mismo sexo tan abiertamente como Pinky y Cerebro.
Otro de los cartoon o comiquita
que con mucha frecuencia retrata el deseo homoerótico es Bob Esponja (1999). Este cartoon, una esponja amarilla cuadrada, tiene
una amiga llamada Sandy, una ardilla en un traje de buceo, pero nadie en su ciudad
submarina de Bikini los confunde o los ve como amantes, ni nunca se hace tal insinuación.
Sin embargo, Bob Esponja tiene una
relación particular con su vecino, Patricio que es una estrella de mar, y se
emparejan con una intensidad sin duda erótica.
A pesar de que los dos no están
codificados consistentemente como parejas románticas - viven por separado e
interactúan con grupos separados de amigos - la posibilidad del deseo
homoerótico no está excluido.
Por otra parte Bob Esponja, tal vez de manera inocente, recuerda muchas veces los diferentes comportamientos juveniles de los primeros descubrimiento de la adolescencia gay, como el primer amor, las decepciones y otras situaciones afines.
Los Simpson (1989) fue la primera serie de dibujos animados
modernos que incluyó personajes abiertamente gais , y casi todos los episodios
alude al deseo por el mismo sexo, los códigos son complejos y en constante
flujo. Por ejemplo entre los personajes
abiertamente gais, se encuentra el Señor Smithers o Wuandúlo Smithers Jr, gay
de closet, y la hermana lesbiana de Marge Patty Bouvier.
El Señor Smithers Jr es un
personaje ficticio recurrente de la serie de televisión Los Simpson. Es el
ayudante y asistente personal de Montgomery Burns, dueño de la Planta de
energía nuclear de Springfield. De muchas formas, Smithers representa al
estereotipo de un homosexual en el armario. Hay varias características que
hacen que Smithers represente el estereotipo del gay enclosado, ya que no se ha
declarado homosexual, pero tiene varios amigos gais, en Springfield frecuenta
el barrio gay, colecciona muñecas Stacy Malibu y toma unas vacaciones
exclusivas para hombres. Se puso de manifiesto en un flashback que estuvo
casado brevemente con una mujer, pero los dos se separaron porque dedicaba demasiado
tiempo al señor Burns.
Se ha demostrado que Smithers
posee un profundo y apasionado amor por el Señor Burns y su orientación sexual
ha sido descrita por los guionistas de la serie como burns-sexual, es decir
aquellas personas que no se consideran gais porque solo son homosexuales cuando
están frente a su único objeto de deseo homoerótico; por ejemplo Smithers solo
es homosexual porque ama únicamente a un hombre, el Sr. Burns, y no puede
sentir ese mismo deseo o sentimiento hacia otro hombre. Esto refleja en gran
manera la conducta de la homofobia interiorizada.
El Sr. Smithers tiene fantasías
ocasionales con el señor Burns: cuando enciende su ordenador, aparece un
montaje con el señor Burns desnudo diciendo: “¡Hola Smithers! Usted sabe cómo
encenderme”... Smithers ha
declarado abiertamente su amor por Burns por lo menos en dos ocasiones, como en
el episodio “Lisa La escéptica”, cuando, creyendo que el mundo está llegando a
su fin, Smithers dice “¡Oh, qué diablos!” y besa a Burns en los labios, después
se excusa diciendo que es “simplemente un signo de mi respeto”.
En la serie Los Simpsons la
mayoría de los personajes masculinos han expresado deseos homoeróticos, y
muchos de ellos mantienen relaciones homoeróticas de closet como el caso de la
pareja interracial de Leonard "Lenny" Lenford (blanco) y Carlos "Carl" Carlson
(afroamericano), ambos compañeros de Homero en su trabajo y que frecuentan el
bar de Springfield cuyo dueño es Moe:
“Lenny y Carl son raramente visto separados y tienen
una estrecha relación, con toques de la homosexualidad, aunque ambos se han
visto salir con mujeres. Cada uno posee una maestría en física nuclear, pero a
menudo son retratados como hombres trabajadores de cuello azul.” … “Hay
insinuaciones homosexuales ocasionales en la relación de Lenny y Carl.”
También podemos decir que en la
popular serie de los muñequitos amarillos también existen los personajes
homofóbos, tal vez el único personaje abiertamente tolerante y consistente
tanto en conocimiento de la homosexualidad de forma positiva sea Lisa Simpson.
A partir de finales de los
noventa emergen muchos cartoons con personajes gays, un ejemplo es Los Padrinos Mágicos donde uno de los
amiguitos de Timmy, personaje principal es gay. Chester es un niño de 11 años
que ya presenta características homoeróticas, por ejemplo está enamorado de
otro niño A.J. también de 11 años. Además Chester es alérgico a las niñas.
En Los Padrinos Mágicos, igualmente aparecen personajes travestidos
como el caso del papá de Timmy, que gusta vestirse de mujer y así llega a
conquistar el amor de Adam West. Adam West está enamorado del padre de Timmy
(sin saber que es un hombre), aunque en un capitulo Timmy le dice que la
“mujer” que gano el concurso de belleza es su padre, y Adam West no teme en
pedirle el teléfono sabiendo ya que es un hombre.
South Park (1997), el cartoon de un grupo de niños de 3er grado,
parece abierto al amor homoerótico, no obstante las identidades masculinas gais
son retratadas intrinsicamente malignas o equivocadas, como casi todos los
personajes, pues la serie es bastante alocada, irreverente, grotesca y muy
políticamente incorrecta.
Entre los personajes gais de
South Park se encuentra el Sr. Garrison, maestro del 3er grado. En su pasado
era un hombre, pero decidió hacerse un cambio de sexo a principios de la novena
temporada para luego recuperar su pene por ayuda de un experimento por ratas y
volver a ser hombre. Los únicos cambios que tiene cuando se ve como mujer son
el maquillaje y la ropa, tiene el mismo aspecto y prácticamente la misma voz
que antes de hacerse su cirugía de cambio de sexo. El Sr. Garrison tiene
relaciones con el Señor Esclavo quien frecuentemente está en el aula de clases
y golpea para desquitar su furia.
Big Gay Al, otro personaje de South Park, es un homosexual
estereotípico. Tiene una granja de animales homosexuales que han sido
rechazados por sus dueños homofóbicos. También apareció en la película South
Park: Más grande, más largo y sin cortes, entreteniendo a las tropas
estadounidenses. También fue líder de los niños exploradores, pero le
prohibieron continuar con su trabajo por ser homosexual. Los jefes scout
contrataron en su lugar a un líder más varonil, quien finalmente resultó ser un
pedófilo que tomó fotos de los niños desnudos. En la novena temporada, terminó
casándose con el Señor Esclavo, ex-amante de Señor Garrison, este último hizo
muchas tretas para evitar esa unión de gais.
En South Park si bien la
homosexualidad y el deseo homoerótico está muy estereotipado, tanto la
homosexualidad y su deseo son aceptados como parte de la vida y muchas veces
los personajes gais son motivo de mensajes positivos. Es difícil conseguir en
este comic de televisión información netamente buena o adecuada porque su
gracia y éxito se debe, como dije antes, a su forma de ver la vida que es
políticamente incorrecta, sin embargo y aun así llega a mejorar en muchas
ocasiones otros programas altamente homofóbicos y discriminatorios en todos los
sentidos. Tal como aparece en el episodio “Dos
muchachos desnudos en una tina caliente”, donde dos de los padres deciden
masturbarse uno delante del otro. Sin embargo toda preocupación pasa en los
niños y personas del pueblo cuando Jimbo exclama: “Claro , es una actividad gay”… “pero
todo el mundo es un poco gay.”
Las caricaturas animadas, comiquitas o cartoons desde sus comienzo presentaron la homosexualidad y el deseo homoerótico, en sus comienzos están estuvieron codificadas bajo los patrones románticos de la heteronormativa, bajo la sombra de lo antropomorfo de los personajes o como una forma de burla a esa realidad que ofendia a los heterosexuales. No obstante, el deseo hacia el mismo sexo y la identidad homoerótica se hacen más manifiestas en la cultura y en la sociedad y con ella los cartoons tambien avanzan. Muchas de las relaciones homoeróticas transferidas en los personajes de las caricaturas animadas se vieron envueltas como roommate, compañeros de piso y la pregunta era ¿son realmente gay? Entrado en el universo de lo posible, el deseo homoerótico se convirtió en una caricatura, como una manera de expresar que la única necesidad verdadera era el deseo heterosexual.
Sin embargo la animación junto con sus directores y escritores empezaron a presentar las identidades de gays y lesbianas como aceptable. No todas por supuesto eligieron la realidad social, pero cada vez más la homosexualidad como su deseo son temas de discusión en estos tipos de programación televisiva.
Por ahora nos conformamos con la inocencia de Bob Esponja, con la inteligencia y gracia de Pinky y Cerebro, o con la irreverencia alocada de Mr. Garrison y Big Gay Al de South Park y sus peleas para ver quien se queda con el chico barbudo y de cuero Mr. Slave. Tendremos que soportar la homofobia light dE Los Simpsons y que Lisa llegue a ser presidenta para eliminar así la homofobia en Springfield.
Tal vez pasará mucho tiempo para que llegue un comic animado que sea supergay... pero a lo mejor ya no será tan divertido, porque quizás lo que hace reir muchas veces es lo que creemos que es lo que no es políticamente correcto... en todo caso nos burlaremos entonces de la heteronormativa, pero tampoco sería eso una bella realidad.
“La gran belleza” es una metáfora abstrusa pero al mismo tiempo
muy precisa de la decadencia. Pero no de esa decadencia que lleva a la extinción,
sino de aquella que permite la renovación, el resurgimiento, aquella que
consiente la auto-evaluación por medio de la crítica violenta y la sátira brutal. El film que tiene como
escenario una Roma antiquísima en su forma pero moderna en su energía es
simplemente el reflejo de una Europa que se renueva por la capacidad de
reconocer sus propias fallas, sus vicios y temores, pero también por la
facultad de conocer pero sobre todo de entender su propia historia. El drama se nos presenta asimismo
como un uróboros que simboliza el ciclo eterno de las cosas,
también el esfuerzo eterno, la lucha eterna o bien el esfuerzo inútil, ya que
el ciclo vuelve a comenzar a pesar de las acciones para impedirlo.
La película de Paolo Sorrentino
nos abofetea con una fauna de intelectuales y artistas, que presumen de ello, para saciarnos con su
fatua banalidad al mismo tiempo que se
anteponen, luchan y se enfrentan entre ellos mismos, y que contrastan su crepúsculo con el paisaje físico
e intelectual del arte italiano que fue,
es y será producto de esa fauna que se devora a sí misma. Gep Gambardella, protagonista de esta peculiar
película, es el motor de ese ocaso, que se resiste a morir y busca entre el
barroquismo, a veces divino y a veces petulante de las imágenes, la energía o
tal vez la musa que le devuelva las ganas de seguir adelante. Así Gambardella va
conociendo personajes que introduce en su mundo sin llegar a reivindicar su
estilo de vida o proponerle un cambio que lo saque de la desidia y el
ostracismo intelectual.
“La gran belleza”, devoto a la
historia cinematográfica italiana y en especial del cine felliniano, con el
toque existencialista de Antonioni , nos regala momentos alegóricos increíbles,
por ejemplo el turista japonés que al ver una panorámica de la ciudad eterna
muere aludiendo a la famosa frase “Roma o Muerte”, o la escena en que aparece
una añeja pero bellísima y elegante Fanny Ardant, como un fantasma en la noche
italiana, simbolizando a una Europa que a pesar de sus años sigue iluminando
todo a su alrededor y dispuesta a seguir seduciendo y seguir siendo seducida.
Se tiene que nombrar la mordaz escena del Botox, O la escena de una jirafa que simboliza un ser
superior, lo cual le hace ser más objetiva en su comprensión del mundo,
Gambardella la admira y como ella
contempla las cosas desde un ángulo de mayor visión, pero en un instante
el animal desaparece como desaparecen las ganas de seguir adelante del
protagonista en ciertas ocasiones. Es también interesante la escena de la
instalación fotográfica donde se muestra miles y miles de fotografías de una
misma persona como las millonésimas formas de ser y de existir, e invitando a
reconocer que simplemente no somos uno, sino lo variado en que nosotros mismos
nos podemos convertir, somos los artífices de nuestra propia personalidad y nos
podemos rehacer a nuestro antojo. Cabe mencionar, la escena poética de los
flamencos, símbolo de las emigraciones, que se posan en el balcón del
apartamento de Gambardella a carroñar los desperdicios de una bacanal de la
noche anterior en homenaje a una mujer santa que con su soplo sacrosanto invita
a las singulares aves poblar el cielo gris romano.
Pero el film no sólo es imagen,
aquel festín visual está acompañado de unos parlamentos y diálogos geniales, que acarician pero también hieren,
porque Gep en su decepción no tiene pelos en la lengua y entre el habla y el
pensamiento va soltando un discurso donde se mezcla la melancolía, la rabia y
la desidia acumulada, pero todo dicho o contado con y como una exquisita
reflexión.
“La gran belleza”, tal vez la mejor película
italiana de este siglo, es una cinta manierista, sarcástica, a veces simple,
aunque nunca humilde porque es pretensiosa en el buen sentido de la palabra,
así de presumida como son los romanos, que se creen, porque lo fueron, los
dueños del mundo.
El escritor inglés Edward Morgan
Forster (1879-1970) fue un viajero tanto en la realidad como en su ficción. Su
periplo va desde las hermosas arenas del desierto egipcio, las excelsas ruinas
griegas, los húmedos jardines floreados de la India, las tierras del progreso
americano y las tardes amarillas de la eterna Italia. No obstante, en su
hermosa ficción, coloreada por los profundos matices homoeróticos de su
vida, construye una bitácora diseñada
para entender la homosexualidad en la Inglaterra Eduardiana.
Los escenarios geográficos donde
se desarrollan las historias de E. M. Forster nos permite trazar un mapa que,
por un lado, evoca sus viajes durante las dos primeras décadas del siglo XX, y
por otro lado, de este mapa imaginario, es donde emergen los “Shangri La” o
“Xanadú” de los dandis u hombres ricos y
educados homosexuales británicos a finales del siglo XIX y el siglo XX. Aquellas
tierras extranjeras recorridas por Forster en su vida y con su bolígrafo eran
los llamados Paraísos Homosexuales de
aquel entonces, pero Forster al final creó un paraíso homoerótico en su propia
Inglaterra. Tal vez Forster soñó demasiado con ese ideal de país homosexual
ubicado en tierras lejanas y al final de todo, se dio cuenta que ese paraíso
podía estar más cerca de lo que él creía, como una vez dijera Terenci Moix:
“Sólo aspiro a encontrar mi
paraíso en la tierra. Y soy digno de compasión porque es posible que lo haya
conocido en varias ocasiones y no me haya dado cuenta.” (1)
Pero los paraísos gais no nacen
con Forster, la convicción de que hay un lugar extranjero lejano más adecuados
y más comprensivo para los gays se remonta a los tiempos más antiguos, tal como
lo reseña Gregory Woods en el Capítulo 2 de su libro “Historia de la literatura
gay” (1998: 27-40). Aquí dejamos una
nota que persiste sobre los lugares ideales para la vida gay de aquel entonces,
como el mito de Arcadia: “En la Arcadia,
todo está concorde con las leyes naturales, y ese todo incluye el amor entre
hombres y jóvenes.”(2). Hoy día todavía persiste la creencia de los
lugares ideales para la vida gay como lo describe Henning Bech:
“La felicidad no es ahora, en
la mayoría de la memoria existente o en el anhelo; no se encuentra aquí, pero si
en otro país, un país extranjero, un tema habitual en la experiencia homosexual”
(3)
La ubicación específica de un
país extranjero ideal para la vida gay ha cambiado con los años y depende en
gran medida de las tradiciones culturales locales o modas, por ejemplo para los
homosexuales venezolanos New York, Barcelona, París, Los Ángeles, entre otras
ciudades, serían las nuevas “Arcadias”. A finales del siglo XIX y principios del
siglo XX la geografía del deseo homosexual de los británicos ricos y educados
se concentró casi exclusivamente en dos lugares: Grecia e Italia. En aquel
entones se hablaba del “Amor Griego” y el “Divino Vicio Italiano”, y que fueron utilizadas como sinónimos populares
de la homosexualidad.
Grecia llegó a estar asociados
con el amor homoerótico debido principalmente a la antigua tradición literaria
y que fueron las obras de las cuales, como los Diálogos Platónicos, en que
fueron consideradas o su equivalente a la “literatura gay”. En el caso de
Italia también extensamente se creía que este país estaba más dispuesto a
aceptar o al menos tolerar la homosexualidad debido también a su antigua
literatura, como “El Satiricón” de Petronio. Sin embargo, también hubo quienes encontraron
la creencia popular bastante prometedora de una “Italia friendly gay” y querían
aprovechar esa oportunidad, por las narraciones victorianas de John Addington
Symonds, Frederick Rolfe (Barón Corvo) y Horacio Forbes Brown quien escribieron
acerca de sus relaciones eróticas con jóvenes italianos o se instalaron en
Italia dando motivos a la creencia de que las prácticas homosexuales eran
posibles allí en la tierra de Virgilio y Dante más que en otros países
europeos. Por otra parte, Italia pertenecía a los países del sistema jurídico que
había sido influenciado por el Código Napoleónico a principios del siglo XIX y
no penalizan la homosexualidad, que en Gran Bretaña desde la última parte del
reinado de la reina Victoria hasta la década de 1960 era considerada una ofensa
criminal.
El mito de Italia como un paraíso
homosexual también se fortaleció con las artes gráficas, especialmente las
fotografías de Wilhelm von Gloeden y sus seguidores. Los temas de las fotografías
de von Gloeden eran en su mayoría desnudos de adolescentes a menudo de Taormina
o Venecia; debe llamar nuestra atención el hecho de que la visión convencional
de la homosexualidad conectada con el Mediterráneo y también del Oriente era de
efebofilia, que es el amor de los hombres mayores para los muchachos de 15 a 19
años.
Es difícil señalar con certeza en
qué medida Forster era consciente de estos paraísos gais cuando visitó por
primera vez Italia con su madre en 1902, aunque ya con veintitrés años era muy
posible que los conociera y que también estuviera en conocimiento de su propia
sexualidad homoerótica. Es cierto, sin embargo, que sus primeras obras tales
como las dos novelas: “Donde los ángeles
no se aventuran” (1905) y “Una
habitación con vistas (1908) se caracterizan por el uso extenso de las
costumbres y valores extranjeros.
El valor real de su ficción temprana
no se limita a Italia, sobre todo en las historias cortas, donde se incluye
también a Grecia. La importancia de Grecia en estas obras es casi igual a la de
Italia y las dos influencias tienden a mezclarse por ejemplo en obras como el
relato “Albergo Empedocle” donde la
acción se lleva a cabo en Grigenti, una colonia griega en Italia y en “La historia de un pánico”, donde los
turistas ingleses encuentran el Dios griego Pan en el norte de Italia. Para ser
más precisos, uno podría decir que las dos geografías (Italia-Grecia) a veces
tienden a ser percibidas como una. Peter J. Hutchings lo ve de una manera
extremadamente simple, alegando que
“La geografía sexual de Forster
es como sigue: Italia es el romance heterosexual, Grecia por amor homosexual,
Constantinopla como puerta de entrada a la perversidad polimorfa” (4)
Robert K. Martin es más preciso y
describe el uso de Forster a la sexualidad en el mediterráneos como sigue:
“Durante la mayor parte de sus
historias, Forster se opone a un mundo griego a un mundo más moderno, Inglés, o
al mundo mediterráneo, en muchos casos el italiano, a un mundo anglosajón,
norte. Su usanza del tema italiano es casi idéntica a la de Henry James, quien
se opuso sistemáticamente a la sensualidad y la complejidad moral de Italia para
y contra el materialismo y la simplicidad moral de Inglaterra”(5)
La primera fuente de interés de
Forster por el Mediterráneo fue su preocupación con la antigüedad que comenzó
ya en la escuela secundaria y se fortaleció durante su estancia en Cambridge
donde estudio su historia y los clásicos. La influencia de personas como
Goldsworthy Lowes Dickinson o Walter Pater combinada con la lectura muy amplia
tanto en los clásicos y contemporáneos en la cultura antigua. Los viajes por el
Mediterráneo, que Forster comenzó tras su graduación en 1902 y fue hasta la
década de 1950, sólo refuerza este interés.
Aún podría ser limitante señalar
su interés en la tradición literaria clásica y viajes como las únicas fuentes
de la utilización de tales ajustes. Sería tan erróneo presentar estos intereses
a partir de un origen exclusivamente personal. La segunda mitad del siglo XIX
fue un período de creciente preocupación por la antigüedad especialmente en
Gran Bretaña. La cultura victoriana empezó a proclamar su interés a las
“culturas menores” de Europa, especialmente las del Mediterráneo, donde el
imperio británico tenía desde hace mucho tiempo intereses económicos y
geográficos, y necesitaba adaptar aquel mundo habitado por los “buenos
salvajes” a su idiosincrasia.
Además Forster fue influenciado
por los trabajos de Symonds y Lowes Dickinson, desarrollando una distinción,
que significó no sólo la libertad del alma en contraposición a la rigidez
moral, sino también la libertad sexual
en comparación con el rígido patriarcado y heterocentrismo asociado a la
religión. En este sentido, la cultura mediterránea se convierte en la ficción
de Forster en el estímulo al ser físico,
instintivo, pero al mismo tiempo cualquier intento de revelar la verdadera identidad,
donde es percibida y presentada como potencialmente peligrosas. El cura del
cuento corto “El amigo del cura” es un ejemplo perfecto de esta actitud,
como habla de su amistad con un fauno, que puede ser leído como una
presentación con velo de la homosexualidad, dice:
“Si respirará una palabra de
eso, mi vida presente, tan agradable y provechosa, llegaría a su fin, mi
congregación se desintegraría, y yo, en lugar de ser un ente activo a mi
parroquia, podría resultar un gasto a la nación.”(6)
En “El amigo
del cura”, escrito en 1907, un ligero cuento fantástico, es el encuentro
transformador de un joven clérigo con un fauno o Dios Pan, la historia en
primera lectura parece poco más que una anécdota, sin embargo, oculta bajo su
manto mitológico y de comedia el reconocimiento homosexual y la aceptación de
que es, sin duda una autobiografía.
Como resultado de su encuentro y
la aceptación de sí mismo, el protagonista se eleva más allá de conceptos tales
como la culpa, el pecado y la conformidad, sin embargo, también es consciente
del precio que la sociedad se cobrará en caso de que revelar la fuente de su
felicidad recién descubierta.
El estudioso de Forster, Robert
K. Martin nos habla de esa influencia:
… “uno reconoce fácilmente un
patrón común en la ficción temprana de Forster: un viaje simbólico a Italia o
Grecia, la realización de una identidad con el espíritu griego y una
transformación repentina, en la locura o la muerte” (7)
Esto es lo que le pasa al héroe
de la historia corta “Albergo Empedocle”
que descubre su “afinidad” (homoerótica) con un griego antiguo en Akragas
(Agrigento) y como un loco es enviado a un manicomio. Lograr la concienciación
de la homosexualidad de uno mismo a través de la influencia de un entorno
exterior se presenta así como una locura, que refleja claramente la actitud de
Forster a su situación en el período. Sin embargo el rechazo del espíritu puede
ser igualmente devastador como su aceptación. Es así que en el caso del Sr.
Lucas en “El camino de Colonus”, que
es “salvado” cuando acepta la antigua influencia sólo para sobrevivir como un
vivo muerto.
La influencia es mucho menos
peligrosa cuando se sintió fuera de Grecia como ocurre en “La historia de un pánico” (aunque en este caso el final quedo
abierto) y en “El amigo del cura”
citado anteriormente. En ambas historias los semidioses griegos (Pan y un
fauno) aparecen sin su elemento y ejercen una influencia más beneficiosa. Así,
los trabajos tempranos de la Grecia de Forster fue más bien una variación de la
Grecia ideal que sentían ya ciertos escritores de la época sobre el país real, del que tuvo tal vez una
limitada experiencia. Judith Scherer Hertz va tan lejos como para afirmar que:
… “los primeros de las
estrategias desarrollada por Forster para contener su energía sexual fue la
creación de un paisaje de fantasía. A menudo en Grecia, a veces en Italia o incluso
en una Inglaterra habitada por
semi-divinidades, es el lugar donde se encuentra su verdadera
naturaleza, donde se permite la identidad sexual real”…(8)
Forster, en sus primeras obras,
así como ama los clásicos griegos y los estudia, teme acercarse demasiado a
ellos, tal vez un temor por descubrir su realidad homoerótica, o el simple
temor de ser descubierto, Grecia es tratada entonces de lejos, someramente la
hace resonar en sus líneas; Una explicación para esa actitud puede encontrarse
en “Una habitación con vistas”, donde
el reverendo Beebe confiesa:
“No he estado en Grecia y no
quiero ir, y no me imagino a ninguno de mis amigos allí. En conjunto es
demasiado grande para nuestra pequeña porción. ¿No crees? Italia es casi tanto
como podemos manejar. Italia es heroica, pero Grecia, divinos o diabólicos”… “y
en cualquier caso absolutamente fuera de nuestro foco suburbano”(9)
Estas conclusiones pueden ser
parcialmente propias de Forster, ya que rápidamente se concentró en Italia como
un escenario más apropiado a su ficción. En este sentido pertenece nuevamente a
un establecido
"Abrazó la tradición romántica
de Italia como el hogar de la luz y la pasión, en contraposición del esnobismo
y la tenebrosidad inglesa. Como Shelley y Browning, Forster encuentra a Italia
rica en extremos morales y emocionales que hacen las cosas más melodramáticas."(10)
Por ejemplo, en su novela “Donde los ángeles no se aventuran”,
traza la autoconstrucción incipiente del protagonista Forsteriano por
excelencia, Philip Herriton, un esteta dolorosamente tímido y reprimido
sexualmente. Sin embargo, como resultado de su encuentro con Italia, Philip
madura para entender algo de la complejidad de la vida, a pesar de que no tiene
en cuenta lo que Forster informa sutilmente al lector atento: que su atracción
sexual real no es la respuesta intelectual que se desarrolla por su prójima
Caroline Abbott, sino la pasión física que siente por Gino Carelli, el guapo
joven italiano que funciona en la novela como una especie de figura griega, de
Pan, un símbolo de la sexualidad natural y la libertad de las restricciones
sociales.
Italia se convierte así para
Forster en un lugar para una “rebelión” contra las conformidades sociales y la
posibilidad de un escape contra las restricciones del puritanismo inglés de la
época. Es decir, el paraíso gay italiano es un lugar donde los amantes que ha
ofendido el sistema pueden encontrar por lo menos el refugio de su amor, como
es en el caso de “Una habitación con
vistas”.
Aunque la trama de “Un habitación con vistas” parezca
primeramente una apología al amor
heterosexual, la novela es en realidad el producto de un intento consciente de
sí mismo para descubrir su propia homosexualidad. Forster cuando escribía dicha
novela, anota en su diario una lista de
autores y artistas homosexuales famosos, como Housman , William Shakespeare,
John Addington Symonds, Walter Pater, Walt Whitman, Edward Carpenter, Samuel
Butler, Luca Signorelli, y Miguel Ángel, todos los cuales se valoran en la
novela o son de otra manera influyentes en él.
Tal vez, “Un habitación con vistas”, se pueda tomar como una autobiografía,
si entendemos que la protagonista de la novela
Lucy Honeychurch en realidad es el reflejo del mismísimo Forster cuando
viajo a Italia con su madre, Lucy al
igual que Forster se debatía entre las amenazas de romper con los parámetros de
su status social y educación, o seguir sus instintos y emociones, y descubrir
su verdadero yo. Todos los demás elementos de la trama son consecuencia de la
lucha de Lucy (Forster) para conciliar su interior y exterior. Italia con todas
sus “vistas” y “visiones” se convierte en el nuevo Jardín del Edén que hay que
alcanzar, cuando ya la (el) protagonista se despoja de sus miedos. De esta
manera, la novela maneja un código basado en la igualdad sexual y social que
está firmemente arraigado en el temprano movimiento de emancipación homosexual.
Las novelas con paisajes italianos
o que ubicaban sus historias en Italia eran en realidad bastante exitosas en aquel
entonces, lo suficiente para tener un número de sucesores como “Viento sur” de
Norman Douglas (1917), de Aldous Huxley “Esas hojas estériles” (1925) y de
Elisabeth Bowen “Hotel” (1927), y en donde en todas tanto la geografía como las
costumbres italianas ejercían una fuerza liberadora en los temperamentos
británicos. Forster cansado ya de la campiña italiana, y de la censura y la
crítica a sus dramas homoeróticos, emigra sus novelas a otros paisajes, y busca
un nuevo refugio homosexual que le llevó a Oriente, India y Egipto, como era de
esperar, como según Edward Said nos afirma:
… “el lugar donde uno
puede buscar experiencia sexual no estaba disponible en Europa. Prácticamente
ningún escritor europeo que escribió sobre o viajó a Oriente en el período
después de 1800 exentos sí mismo de esta búsqueda."(11)
De este periodo nace “Howards End”, que si bien es una
novela claramente heterosexual, su drama implica la marginación o
discriminación hacia lo que es diferente, en este caso el personaje de Helen
Schlegel, una joven idealista, feminista y a veces demasiado intransigente y
rebelde, para una Inglaterra puritana y
esclava de viejas costumbres. Por lo tanto el personajes de Helen es tratado
por la mayoría de los personajes de la novela como la “rara” o la “anormal” de
la familia, no es vista como una “oveja negra”, y allí está el punto clave pero
escondido o disimulado de la homosexualidad como anormalidad de la cual Forster
no participaba.
Esa conciencia homosexual
sutilmente presente en “Howards End”
se ve el berrinche o disgusto de Margaret Schlegel, hermana de Helen, cuando oye por casualidad a su marido y un
médico debatiendo sobre la “anormalidad” de la joven rebelde. El personaje de
Helen de esa manera y a través de su supuesta “anormalidad” amenaza a los demás
protagonistas, especialmente los masculinos, pero aún mejor es una intimidación
a los patrones sociales de la época. La indignación sin duda, reflejada en
Margaret Schlegel, no es más que el propio descontento y antipatía de Forster en
el etiquetado persistente de los homosexuales como anormales en la Inglaterra
Victoriana y Eduardiana.
De esta brillante novela,
ambientada en Inglaterra, Forster viaja a la India, no obstante, su primera
parada exótica, físicamente hablando, es
en Egipto mientras trabajaba para la Cruz Roja en los años 1916-17. En Egipto
tiene amistad con el poeta griego Constantino Cavafis y conoció en Ramleh (Alejandría)
a un joven egipcio de 17 años, llamado Mohamed el-Adl con el cual mantiene
relaciones homoeróticas. Después viaja a la India y publica “Pasaje a la India”. Estas experiencias
geográficas le permitieron descubri un
número de maneras de ser y estar, no sólo culturalmente o literariamente, sino
también a nivel físico y personal. Si bien, en Alejandría encontró su primera
experiencia sexual y luego su cumplimiento en el amor, la India le dio la
oportunidad de tener relaciones sexuales tan libremente como nunca antes.
En “Pasaje a la India” el vínculo entre Aziz y Fielding no es sexual,
pero cada vez es más íntimo, empero, esta historia se puede leer como su
historia de amor (Forster y Mohamed
el-Adl). “Pasaje a la India” nos
invita a tomar la tolerancia como una forma de vida y esto es importante, en el
sentido en que diplomáticamente Forster
educa al lector de aquel entonces en transigir, condescender, consentir
y aceptar la diferencia. La diferencia existe en que Aziz es indio y Fielding
británico, pero ambos se “desean” culturalmente, de esta manera Forster cubre
con un velo el amor homoerótico bajo los tabúes raciales y políticos:
… “Forster procuró utilizar las
prohibiciones raciales y políticas de la amistad de Fielding y Aziz para
significar la opresión más amplia del amor homosexual, los aspectos políticos
de la época resultaron ser tan poderosos
que totalmente subsumió el deseo homosexual en el texto.”(12)
Forster volvió a la configuración
o formula del mediterráneo temporalmente en 1913 cuando empieza a escribir su única novela abiertamente gay “Maurice”. La decisión de Forster escribir “Maurice” fue el resultado directo de
una visita de 1913 a Edward Carpenter en la casa que compartía con su amante de
la clase obrera George Merrill en Derbyshire. Carpenter (1844-1929) fue un
escritor, poeta y filósofo socialista, antologista y activista homosexual, que
se dio a conocer a finales del siglo XIX y principios del XX en Gran Bretaña,
siendo además una figura clave para la fundación de la Sociedad Fabiana y del
Partido Laborista. Forster había admirado a Carpenter como pionero a principios
del movimiento de liberación gay durante años y probablemente modeló al Sr.
Emerson de “Un cuarto con vistas” de él
.
Animado por el ejemplo de
Carpenter y Merrill, Forster concibió su novela pasional homosexual en un
momento de inspiración. Él escribió el primer borrador de forma violenta y eufórica, guiado por la certeza de que tenía imperativamente
que ser con un final feliz. No obstante, más que cualquier otra cosa , era el
final feliz lo que hizo Maurice no publicable,
dado que la homosexualidad fue ilegal en Inglaterra hasta 1967, y la
novela fue interpretada como la glorificación del crimen y por lo tanto fue
objeto de enjuiciamiento. Inclusive en manuscrito, Maurice tuvo una influencia
literaria importante, tal como la tuvo en aquel entonces “El amante de Lady Chatterley”, cuyo autor, D.
H. Lawrence, fue uno de los muchos de los amigos y asociados de Forster en leer
la novela en texto mecanografiado.
Sarcásticamente, cuando se
publicó Maurice, gran parte de la crítica desestimo a Maurice y muchos llamaron
la novela como un amante de Lady Chatterley “homosexualizado”; más exactamente,
la novela de Lawrence es una Maurice “heterosexualizado”.
El principio de la novela ofrece
una presentación directa de la influencia de la cultura griega clásica sobre
los héroes - los estudiantes de Cambridge Maurice y Clive. Empréstitos y
discutiendo el Simposio de Platón se convierten en los primeros signos de su homoerotismo.
Forster usa una doble estructura para
explicar la homosexualidad, la novela se divide en dos secciones paralelas, donde
se refleja o yuxtaponen una con la otra y donde se visualizan sus diferencias. La
primera mitad está dedicadas a la relación entre Maurice y Clive, su compañera
de clase de Cambridge que lo inicia en un homosexualidad elitista basado en la difidencia
en el cuerpo y en una inspiración helenista. Esta parte de la novela relata una
visión falsa de la homosexualidad como algo “superior” que se sublimiza de una
forma demasiado platónica.
La segunda mitad de la novela se
dedica a la alianza de Maurice con Alec, el empleado de la casa de campo de Clive. En esta parte,
Maurice eleva su homosexualidad como una salvación cuando conoce el amor físico
y logra rechazar las barreras sociales. Este amor entre Maurice y Alec, es un
amor real, un amor más completo y más parecido a lo que en aquel entonces era
condenado por la ley Eduardiana. Maurice llega finalmente a someterse a las
consecuencias políticas de la homosexualidad y la adopción de la configuración básica
de la sociedad que confiere la condición de proscrito del homosexual en 1913. Tal
vez la influencia literaria más importante en la novela de Forster es la obra
de Oscar Wilde; más concretamente, “De Profundis”. Los ecos frecuentes de la
carta de Wilde sirven para incorporar en el drama mismo de la novela de Forster el martirio de Wilde
como la realidad histórica, sociales y políticas de la homosexualidad y a las
cuales todo homosexual deben enfrentar. Así Forster toma de Wilde el valor
trascendente de la auto-realización y del sacrificio como la potencialidad
redentora del sufrimiento para llegar al desarrollo final del homosexual. De
esta manera el homosexual es un mártir, donde su consuelo (El Paraiso) es su
propio mundo.
Al igual que Wilde, Forster tiene
poca fe en la reforma social. Por lo tanto, al final de la novela Maurice y
Alec deben rechazar completamente la sociedad, cuyas injusticias son el resultado
de su homosexualidad. Pero a diferencia del amargo pesimismo de Wilde, la actitud
de Forster se ve atenuada por una creencia optimista en el valor de las
relaciones personales. Maurice y Alec juntos aceptan el aire y el cielo de
Inglaterra como su derecho de nacimiento, de cara al mundo sin miedo, lo que
demuestra que cuando uno ama al amado y el amado corresponde cualquier desvarió
social no amella ese amor. Forster
elimina así los Shangri La y los Xanadú impuestos por el miedo social, es decir
nos invita a disfrutar de ese amor homoerótico en nuestra propia tierra, como
una forma de existir y luchar contra la pacatería y los tabúes sociales.
Forster en su vida y su obra
comenzó trazó el mapa de destinos homosexuales de las generaciones anteriores.
Su vida y su obra, sin embargo, pertenecieron a otra generación que tenía y
tuvo que encontrar un nuevo camino para su vida y para su escritura, crear una
nueva geografía del deseo homosexual por sí mismo. Este proceso de definición
de sí mismo y sus obras le llevó a un descubrimiento sorprendente en su vida
personal y en su escritura, que si uno está dispuesto a aceptar el precio de su
homosexualidad, los lejanos paraísos no existen, y que la felicidad del
homosexual puede ser aquí o allá, ahora y después, siempre que se asuma esa
convicción de ser homosexual y luchar por ella contra los prejuicios como lo
hicieron Maurice y Alec.
Forster y Bob en 1934.
Forster lo asumió asi, y muere en
su querida Inglaterra, con su amado Bob al lado. Forster conoció al Bob Buckingham
en 1930, él era policía, pasaron un
tiempo junto, sin embargo la relación se intensifico cuando Bob tuvo que
casarse. Al principio fue difícil, pero con el tiempo lograron tranquilizar su
relación y May la esposa de Bob acepto la relación homoerótica y se hizo más
tarde amiga de Forster. Según la escritora y profesora de Literatura Inglesa
Wendy Moffat escribe sobre la relación de Forster a May, la esposa de Buckingham,
con verdadera ternura:
“Entre ellos, Morgan y May,
hábilmente tallaron un espacio íntimo
para sus respectivos matrimonios con su querido Bob, con los largos fines de
semana para May y para los fines de semana cortos para Morgan.”(13)
Referencias.
(1) Moix, Terence. Memorias.
El peso de la paja, 2013.
(2)
Woods, Gregory. A History of Gay Literature.
The Male Tradition / New Haven and London: Yale University Press. 1998.—p. 35
(3)
Bech, Henning. When Men Meet.
Homosexuality and Modernity / Cambridge: Polity Press, 1997.—p. 37
(4) Hutchings, P. J. “A Disconnected View: Forster, Modernity and Film”
// En: Tambling, Jeremy (ed.); 1995.—p.224
(5) Martin, Robert K. “Forster's Greek: From Optative to Present
Indicative” // En : Kansas Quarterly.— 1977, nº 9. – p. 70.
(6) Forster, E. M. The Machine Stops and Other Stories / London : Andre
Deutsch, 1997. – p. 74
(7) Martin, Robert K. Op. Cit. –
p. 102
(8) Herz, Judith Scherer. “The Double Nature of Forster's Fiction: A
Room with a View and The Longest Journey” // En : English Literature in Transition, 1978, 21:
255
(9)Forster,
E. M. A Room with a View. (The Abinger Edition vol. 3.) London: Edward Arnold, 1977.
– p. 177
(10) Crews, Frederick C. E. M. Forster:
The Perils of Humanism / Princeton: Princeton University Press, 1962. – p. 71
(12) Bakshi, Parmider Kaur. Distant Desire. Homoerotic Codes and the
Subversion of the English Novel in E. M. Forster's Fiction / New York: Peter
Lang, 1996. – p. 208
(13) Toibin, Colm. Lives of the Novelists: E. M. Forster.