Una pequeña presentación

Los Mínimos y Máximos de Félix Esteves es una casa, un hogar, construido con amor, esfuerzo, dedicación y hasta con aburrimiento. Tiene muchas puertas donde todos pueden entrar. Tiene muchas habitaciones, donde de seguro en algunas podrás sentirte cómodo, y en otras, tal vez contrariado y hasta… por qué no… molesto. Sin embargo su propósito no es agradar ni molestar, no es ganar amigos ni enemigos… de todas maneras ambos son bienvenidos; su fin es mostrar y demostrar lo variopinto de una mirada, la pluralidad de una cosmogonía a través de mi “micromundo”, de lo exterior visto y sentido desde mi interioridad… es un grito contra la discriminación, es un arrullo de amor a la diversidad, es mi tarjeta de presentación como ser humano, como hombre, como gay y miembro de la comunidad LGBT... tal vez es algo más… no lo sé… aún lo estoy averiguando.

Félix Esteves

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sábado, 12 de enero de 2013

TENNESSEE WILLIAMS: El Deseo Homoerótico Atrapado en su Período Pre-Stonewall.


Pequeño Preámbulo.


Thomas Lanier Williams, mejor conocido como Tennessee Williams, nació el 26 de marzo de 1911 en Columbus, Mississippi. Su madre Edwina Dakin, era una maestra de piano, hija de un ministro de Prim; su padre Cornelius Coffin Williams, un vendedor de zapatos,  alcohólico, que maltrataba a su esposa e hijos y que llamaba a Tennessee en forma de burla “Miss Nancy” debido al amaneramiento del niño. Tennessee pasó así sus años de formación en St. Louis, Missouri.

Tennessee tuvo una hermana, Rose, un año mayor que él, y fue muy importante en la formación psicológica del escritor, tal como nos señala la escritora Eunice Castro Orchillés en su reseña biográfica  novelada “Tennessee Williams. Las pasiones y amarguras del gran dramaturgo”:

“A principios del año 1906, Rose tenía 6 años de edad, Thomas casi 5 y eran tan unidos, que actuaban como si fuesen gemelos. La afinidad psicológica entre ambos era tan intensa, que cuando Rose tenía gripe, amigdalitis o paperas, Thomas estaba convencido de que él también estaba enfermo.” (Castro: 2012)

Tennessee Williams de pequeño con su madre y su hermana.
El escritor pasó su infancia y pubertad entre el amor de una madre sobreprotectora y una hermana que lo guiaba en todos su pasos, bajo el maltrato de la figura paterna y las enseñanzas religiosas episcopales de sus abuelos, además de oír las canciones, leyendas y cuentos de Ozzie, la sirvienta negra. Tal vez esa forma de vida excesivamente amorosa entre las faldas de su madre, hermana y criada, ayudaron a Tennessee a decidir sobre su sexualidad, pues era homosexual, pero siempre estuvo en el closet debido a los parámetros sociales existentes en una época homofóbica y una sociedad que aunque abierta a los cambios no se deslastraba de su puritanismo religioso que condenaba a los gays que llevaban una vida abierta.

Su vida como estudiante pasó de las letras al periodismo, pero su pasión oculta era escribir. Con varias obras escritas desde su temprana adolescencia, desde que su madre le regalara su primera máquina de escribir,  a los 29 años pudo tener su primer éxito en Broadway con “Batalla de ángeles” de  1940, pero el fracaso lo persiguió inclementemente. No obstante, durante los años que duró la Segunda Guerra Mundial, maduró su espíritu y su estilo, en un entorno atemorizado y angustiante como el que se vivía en gran parte de los Estados Unidos. Tras ese clima bélico, recién empezó a ser visto y reconocido por el público y la crítica, lo que le dio valor para probar nuevamente suerte en Broadway  y en 1945 se estrena “El zoológico de cristal”, teniendo la obra un éxito total.

Tennessee supo filtrar sus temores y miedos de su infancia y de su primera juventud y toda la imperfección del sur norteamericano con su belleza y también sus injusticias sociales en su obra, como ningún autor y dramaturgo ha hecho:

“El sur estadounidense donde creció y empezó a amasar sus temores, se convirtió en el escenario perfecto para descubrir lo imperfecto en una sociedad cuyas marcas de soledad, miedo y violencia se habían acumulado con los años en una especie de olla de presión. Él, un autor prolífico, fue uno de los artistas que supo abrir esa olla y hallar en ella la manera de expresar ese concentrado humano y explosivo.”  (Batalla: 2011)

La obra de Williams se pobló de conflictos humanos, de monstruos, pero no seres de deformaciones físicas sino emocionales y psíquicas, de seres solitarios, fracasados, corrompidos y decadentes. Nacieron así en el más puro ambiente escatológico, lleno de dolor y de frustraciones humanas obras como “Un tranvía llamado deseo” (1947), “La gata montada sobre el tejado caliente” (1954), “La rosa tatuada” (1952), y “De repente, el último verano” (1958) entre otras muchas.

En conflicto sobre su propia sexualidad, en decir o callar sobre su homosexualidad, Tennessee Williams escribió directamente sobre el mundo gay en sus cuentos y poesías, pero sólo rara vez en sus obras teatrales. Aquí no haremos un análisis muy profundo ni muy extenso de sus escritos, sin embargo, en general, señalaremos puntos importantes sobre cómo es tratada la homosexualidad en sus obras de teatro, cuentos y poesía, y en especial en aquellas obras más conocidas por el público en general asiduo y fanático del teatro y el cine; de igual manera señalaremos aquellos cuentos o relatos que enmarcan la época homosexual pre-Stonewall.

Tennessee Williams: sus formas de ver y sentir sobre la homosexualidad.


Homosexualidad en la Obra Teatral


La homosexualidad de Tennessee Williams era un secreto a voces,  que fue públicamente confirmada hasta la era post-Stonewall cuando los críticos gay le reprendieron por no salir del closet, lo que hizo que el dramaturgo declarará en sus “Memorias” de 1975 su homosexualidad. A partir de entonces su obra teatral comienza a tocar la homosexualidad de una manera más directa y ser la protagonista. Sin embargo, cualquiera que hubiera leído sus cuentos y poemas, en los que Williams podría ser más sincero de lo que podía estar en las obras escritas para un público de Broadway, tuvo una amplia evidencia de su homosexualidad.

La obra de Tennessee Williams plantea problemas interesantes para el lector gay. En su mejor momento, Williams escribió algunas de las más grandes obras americanas, no obstante los homosexuales que se mencionan en sus obras más famosas, están muertos, o encerrados en sus herméticos closets, pero nunca aparecen en escena directamente, quizás el personaje más directo que alude a la homosexualidad en su época pre-Stonewall es  Brick Pollit de “La gata montada sobre el tejado caliente”, y puede considerarse el personaje más atormentado de todos los de la producción  literaria de Williams; este joven deportista, perteneciente a una familia adinerada del sur y casado con una bella mujer que lo ama, no es feliz aunque aparentemente lo tenga todo, y es que su principal problema está en lo más profundo de su interior, en algo muy íntimo que sólo  él sabe, su homosexualidad, y que si se descubre supone el escandalo social y su ruina como deportista, como marido y como hijo.

Brick Pollit está enamorado de su compañero de universidad Skipper aunque él “no lo sabe”, Skipper se suicida, y esto lo hunde en una depresión lo que hace tambalear su ya falso matrimonio.  Skipper era un homosexual que vivía su sexualidad abiertamente y poco antes de suicidarse le confiesa a Maggie (esposa de Brick) sus sentimientos hacia Brick, una realidad que atormenta al protagonista pues toma conciencia de su propia sexualidad gay, pero a diferencia de Skipper, que se atreve a reconocer su identidad, Brick no es capaz de asumir su condición, En este caso, el personaje no sufre tanto porque la sociedad critique y desapruebe su comportamiento, sino porque sabiendo la respuesta de su entorno, no puede permitirse asimilar la realidad  y,  mucho  menos,  comunicarla.  Brick  tiene  miedo  de  reconocerse  a  sí mismo pues en su mente no cabe otro comportamiento que no sea el heterosexual y, además, su posición social se lo impide. Esto lo lleva en caer en la falsedad, el disimulo, y en la mentira, ese concepto que él tanto critica, y a no poder evitar rechazar a su esposa a la que desprecia porque considera responsable de la muerte de su amigo.

Si en “En el zoológico de cristal” el  centro era la castración materna, en  “La gata montada sobre el tejado caliente” el eje simbólico es la amistad homoerótica. Skipper y Brick componen un marco de  solidaridad y amor que  rompe  la  imagen  femenina,  pero  en  el  subconsciente  de Brick, ahora alcoholizado,  queda  una  deuda  hacia  su amigo muerto,  de  tal modo que  no  puede  realizar  ninguna  intimidad  sexual, ni siquiera con su esposa.  Brick el homosexual vivo vive reprimido, Skipper, el homosexual “liberado por si mismo” de las cadenas de la sociedad puritana, sin embargo está muerto.

Aunque Tennessee no plantea una solución efectiva al problema de Brick, le va dando  en la medida que la obra avanza  la  posibilidad  de  reconciliarse  con  su  entorno  para poder llevar una vida más fácil, pero no más placentera. Desde el principio, él está siempre desaliñado, en pijama, recluido en su habitación debido al reposo que tiene que guardar tras una fractura que le ha ocasionado una lesión en la pierna, no obstante el yeso en su pierna no es más que el símbolo de la  mutilación  sexual  que  padece,  de  la  que  sólo  puede  reponerse bebiendo  alcohol,  una  forma  de  evadirse  de  la  realidad  que  no  le  reporta  la felicidad, pues le da pánico reconocer su homosexualidad.

En “De repente, el último verano”, quizás su obra más dura y cruda, se aborda igualmente la homosexualidad, pero desde un punto altamente homofóbico. La homosexualidad de Sebastián (personaje muerto pero que sin embargo mueve y origina la trama) es algo más que claro; según el personaje de su madre Violeta, era completamente casto pero las revelaciones que hace su prima Katherine permiten que esto se ponga en duda. Y muy en duda en cuanto que utilizaba a las mujeres de su entorno (su madre y prima) para atraer hacia sí jóvenes muchachos de los que rápidamente se cansaba y a los que tenía que sustituir por otros platos del menú (así se expresaba Sebastián respecto a las personas). Así, homosexualidad y canibalismo, dos elementos de la obra que supusieron un gran escándalo en su época, no son más que metáforas del mundo de Sebastián. Este joven es un hombre que se cree “Dios”, es rico, hermoso, maneja a su antojo a todos, claro él es producto de su madre. Sebastián posee a los hombres y los “devora” metafóricamente, es el gay insaciable, cruel y promiscuo, el prototipo de la imagen hecha por la heteronormativa para descalificar la homosexualidad masculina.

“De repente, el último verano”, vale la pena señalar que Sebastián tiene tendencias de mártir al igual que su tocayo (San Sebastián, siendo por supuesto el santo gay por excelencia). Pero esto no impide en absoluto que su muerte sea el resultado de la homofobia. Si la sociedad hubiera sido más abierta, Sebastián podría haber encontrado el amor en la puerta de su casa en Nueva Orleans, y a lo mejor no se habría convertido en el gay neurótico autodestructivo, y tal vez la última jugada repente en ese último verano no existiría. En su lugar, es asesinado por caníbales heterosexuales que son simplemente el símbolo de las tendencias homofóbicas del heterosexismo, a la cual Tennessee Williams siempre se vio sometido, como todos los homosexuales de su época. Recordemos que Tennessee sufrió del maltrato homofóbico desde muy pequeño, y en especial por parte de su propio padre.

Estas contradicciones (siendo gay y sin embargo creador del “bad gay”) es el producto de la homofobia interiorizada, no podemos condenar a Williams por no tener una sensibilidad gay contemporánea, pero podemos decir que su actitud hacia su propia homosexualidad refleja la época en que vivió. A fines de 1940 y principios de 1950, la era de McCarthy, en la que Williams escribió su mejor obra, la homosexualidad era rechazada, era la marca de traidor y la imagen de la “degeneración”.

En “Un tranvía llamado deseo” Blanche Dubois se presenta como una mujer soltera, no obstante es una mentira, pues ella se casó con Allan Grey. Este personaje, el cual nunca aparece en escena, sólo es nombrado, es un personaje gay, y explico el por qué: en 1947, hubiera sido mucho más cómodo, respetable, ir con el sello de viuda. Sin embargo Blanche prefiere omitir ese pasado, Allan Grey se suicida porque no soporta la presión homofóbica de la sociedad y se mete un tiro cuando Blanche lo enfrenta con su homosexualidad. Al final de la primera escena, cuando Stanley pide a Blanche confirmar que se casó una vez y pregunta lo que pasó, ella responde angustiada por revelar su pasado que  “El muchacho: el muchacho murió”. En 1947, una viuda simplemente no llama a su marido muerto un “muchacho”. Esta palabra es evidentemente contraria a la palabra esposo u hombre. Así que puede significar una o ambas de estas dos cosas: primero, que era muy joven cuando murió, en efecto, no estaba aun completamente desarrollado, por decirlo así, y en segundo lugar, era menos que un “hombre”.  Esto ayuda a desarrollar la oposición que Tennessee Williams logra entre antagonizar el muertos Allan “Homosexual” y el vivo Stanley “Macho” u “Hombre”.

Más adelante Stella, la hermana de Blanche y mujer de Stanley, le dice a este: “La gente como tú abusó de ella y la obligó a cambiar”… “Allan, también, era una criatura frágil”. Su fragilidad, claramente femenina al ser análoga con la de Blanche, se opone a la fuerza brutal y masculina de Stanley. En otra escena, Stanley se apodera de un fajo de papel que pertenece a Blanche. Blanche le dice: "Estas son cartas de amor” pero nunca se dice que son de ella, simplemente que son del muchacho, cuestión que sugiere que son cartas de amor de Allan dirigidas a otro hombre, o poemas escritos por Allan a su amor masculino. Aquí Williams utiliza el recurso, muy utilizado en toda su obra literaria la ecuación: poeta/artista/creador = monstruo/freak o estrafalario/hombre gay/ Mujer extraña. Stanley es sinónimo de normalidad en comparación con el refinamiento o extravagancia de Allan (y de Blanche).
Stella prosigue también con su discurso:

“Se casó con un muchacho que escribía poesía” ... “Era muy guapo” … “Creo que Blanche no sólo le encanta, adoraba el suelo que pisaba!”… “Pero luego descubrió” …  “que este joven hermoso y talentoso era un degenerado” (A Streetcar Named Desire. New York: Signet, 1972. p. 189-190)

Stella, en contraposición a Blanche, le gustan los hombres, los machos, como su marido Stanley, ella es, en todo caso, una mujer machista y su elección de adjetivo (degenerado al referirse a Allan) muestra sus tendencias homofóbicas, y en la  práctica, la homofobia es una de las mejores maneras de hacer respetar el patriarcado, de fomentar el machismo.
Blanche se refiere a Allan de esta manera:

Él era un niño, sólo un niño, y yo era una muchacha muy joven. Cuando yo tenía dieciséis años, hice el descubrimiento del amor”… “Era como si de repente se convirtiera en una luz cegadora algo que siempre había sido mitad sombra, así es como golpeó el mundo para mí. Pero no tuve suerte. Estaba cegada… fui engañada. Había algo diferente en el niño, un nerviosismo, una suavidad y ternura, que no era como la de un hombre, aunque él no era afeminado, existía algo, esa cosa estaba allí”... (Ibídem, 182-183)

Claramente, la homosexualidad está presente en la obra teatral de Tennessee Williams sin embargo, sería simplista ver a Williams como una especie de militante gay. Él mismo tiempo sufría de un caso severo de la homofobia internalizada. En la mayoría de los casos, incluido el suyo, él se mantuvo virgen hasta los 26 años (1937), y después de algunos asuntos heterosexuales cedió a sus deseos homosexuales de mala gana, de manera progresiva y tardía, posiblemente a partir de 1939. Salió del clóset muy lentamente, y sólo salió públicamente en el Show de David Frost a la avanzada edad de cincuenta y nueve años, a raíz de Stonewall, por entonces, su sexualidad era prácticamente un secreto a voces.

Homosexualidad en los cuentos o relatos cortos.


Si bien Tennessee Williams es conocido por su obra teatral, fue un escritor prolífico que no sólo indago y creo excelentes obras para el teatro, su talento le hizo crear innumerables cuentos, no obstante estos relatos son pocos conocidos y sólo se han editado pocas veces. Muchos de estos cuentos fueron escritos entre 1941 y 1953; es decir, en el plazo o ínterin en que el escritor pasaba de ser un autor de piezas de Broadway a un popular y solicitado adaptador de su propias obras para el cine hollywoodense. 

Estos relatos, son obras “terriblemente” autobiográficos donde Tennessee recorre de cabo a rabo los vericuetos de sus vivencias y de la sociedad para la cual escribió. Así vemos una jauría de personajes que caminan en la delgada línea de la desesperación, personajes que se encuentran en los límites de la “normalidad” y la “locura”. Los personajes de estas nueve historias cortas viven atrapados en las lacradas y obtusas normas sociales que los rechazan, los marginan y los atormentan, pero aún a pesar del panorama cernícalo y gris en que se encuentran no dejan de vivir apasionadamente, de reírse de sus fracasos, de sus miedos y de sus mortificadas vidas. Personajes que ríen y ríen a carcajadas excéntricas, trastornadas y frenéticas, que se entregan sin medir a la poca alegría que les ofrece las mezquinas formas de la normativa social tal vez para no llorar y sucumbir en el dolor.

Por ejemplo en el relato corto “Fiesta para dos” Tennessee nos entrega dos personajes que viven al límite donde su única analogía es la misma desesperación que nos trae la soledad, el miedo de no tener a nadie: Billy y Cora, un matrimonio integrado por un fracasado escritor homosexual y su esposa  una mujer alcohólica quince años mayor que él. Estos personajes son “nómadas”, que viven de hotel en hotel, de ciudad en ciudad, entregados a la vida sibarita, compartiendo amantes, y ahogando sus penas en los “whiskeys on the rocks”, tratando de borrar el pasado lejano y el pasado reciente, sin ver atrás para no tener que pensar en el futuro.  


En dos historias de la década de 1940, Tennessee Williams presenta imágenes “subversivas” del deseo homoerótico. Tanto en “Un brazo” y “El deseo y el masajista negro”, revela el deseo homosexual a través de la agresión, la violencia, la muerte, e incluso el canibalismo. Estos relatos de veinte años antes de Stonewall, Williams tuvo la valentía de presentar el deseo entre hombres en un lenguaje semicodificado. Él utiliza metáforas, tropos, y un conjunto muy particular de imágenes y símbolos. Su lenguaje figurativo en estas historias se refleja el impacto de estas relaciones limitadas por la sociedad, pero que sin embargo las planteas como  opciones románticas. El resultado es una articulación de la homosexualidad que revela la caída de los marginados personajes, personajes que sucumben y son derrotados debido a las limitaciones de la sociedad y el desprecio por la intimidad homoerótica.

La relación entre el cuerpo y el dolor es el significante predominante gótico en “Un brazo” y “El deseo y el masajista negro”. Del mismo modo, algunas de las obras de Williams, como “Un tranvía llamado deseo” y “De repente, el último verano”, revelan una relación entre el deseo y violencia: sólo a través del contacto físico intenso y doloroso, son posible las conexiones emocionales, el dolor lleva al placer y viceversa, el dolor-sexo-placer son el camino a la culminación erótica orgásmica que tiene como fin la liberación que no es más que la muerte. 

En ambos cuentos o relatos Williams utiliza la semiótica gótica, especialmente en las significaciones de la oscuridad, la desesperación y la violencia a través del lenguaje figurado. “Un brazo” y “El deseo y el masajista Negro” están cargados con modernos adornos góticos: el ajuste como un lugar alejado de la luz del día y la convención social, un humor siniestro con un entorno de suspenso y la reestructuración dinámica de la relación amo-esclavo que prevalece en muchos textos góticos del siglo XIX. En estas historias, a través de personajes que se esconden en los refugios subculturales de Nueva Orleans, Williams revela las problemáticas del deseo sexual erótico entre hombres. De alguna manera estos personajes y sus deseos a veces “grotescos” pueden ser leídos como monstruosos, anormales, según los estándares convencionales, ya que se apartaban de los estándares de la sociedad. Para muchos escritores de las décadas de la posguerra, las historias de atracción del mismo sexo son inevitablemente historias de decepción y desastres, Williams no se separó de esa visión, lo que implica un fuerte temor cultural de la homosexualidad masculina en sus mundos contemporáneos. Muchos escritores hacen este tipo de asociaciones a través del uso de tropo gótico. Al igual que el vampiro o cualquier monstruo de la novela gótica clásica, en estas historias los personajes de Williams existen en los márgenes donde la muerte sólo proporciona una liberación.

Junto con el erotismo que domina la mayor parte del texto del relato “Un brazo”, la obra de Williams revela un discurso homofóbico imperante a mediados del siglo XX en la sociedad. La homosexualidad se explica como un cambio de estado, desde una posición adecuada en la sociedad a una inadecuada. El protagonista, Oliver,  un joven y hermoso granjero de Arkansas se casa con una mujer después de un escándalo sexual, se mete en la marina y comienza a trabajar como boxeador logrando el campeonato, pero un accidente automovilístico  lo desfigura, pierde su brazo, no obstante aquel defecto lo hace más hermoso y deseable, y empieza su periplo como un prostituto masculino como una forma de ganarse la vida. Pero Oliver ve el accidente más como un regalo, ya que puede disfrutar de su homosexualidad, pues siendo prostituto se gana la vida y al mismo tiempo disfruta de su verdadera sexualidad. Oliver es apresado, y desde  la celda de los condenados a muerte, oficia como un semidiós del deseo y de la derrota para cientos de admiradores, que lo cortejan por carta como a una estrella de cine, al final muere en la silla eléctrica. “Un brazo” marca el paradigma del reconocimiento, el deterioro y la destrucción del deseo hombre-hombre en una sociedad intolerante. Williams combina lenguaje gótico y el estigma cultural para enfatizar la percepción destructivas del deseo homoerótico. Al igual que el monstruo gótico del siglo XIX, el homosexual es creado, reconocido, temido, perseguido o condenado al ostracismo, y finalmente destruido. Oliver-desviado, deformado y loco-representa el deseo homosexual como enfermo y destructivo.

En “El deseo y el masajista negro”, el protagonista, un hombre blanco llamado Anthony, sólo puede cumplir su deseo a través del desarrollo de una identidad alternativa. Él vive dos vidas: en primer lugar como un empleado de cuello blanco que sufre “de una especie de vago dolor cerca de la base de su espina dorsal” y en segundo lugar como el hombre gay deseoso de ser poseído en una relación interracial sadomasoquista. En “El deseo y el masajista negro”, donde el terror se define y se limita a la intimidad homosexual de una forma brutal y sadomasoquista, en los baños subterráneos, donde las barreras sexuales no existen y los limites morales son desafiados a través de la violencia. Este relato, además de desafiar los convencionalismos de la heteronormativa también planteaba las relaciones interraciales cuando aún era o existía una separación o racismo en los Estados Unidos y más en los estados del sur.   
Anthony y el masajista ilustran un complejo engranaje de los opuestos. Anthony subvierte su deseo y expresa sus necesidades físicas a través de su fetiche oral, el masajista representa el deseo, pero no pueden expresar el deseo de sexo, sino sólo como violencia. En cierto sentido, los dos están perfectamente sincronizados: Anthony le gusta ser golpeado, y su masajista le encanta golpearlo, es la única manera de ser ganador en una sociedad que margina a los negros. Al final el masajista mata de placer (golpes) a Anthony y lo devora.

Otras dos historias merecen atención, “Caramelos duros” y “Los misterios del Joy Rio”. Los dos relatos son una variación sobre el mismo tema y emplean el mismo decorado, el Joy Rio, un teatro venido a menos y reconvertido en cine, en cuya parte superior mantenían encuentros esporádicos los hombres de la época. Tennessee retrata la homosexualidad de manera muy abierta. Aparece el deseo y ciertas vías y decorados en los que se materializa de una forma llamativamente evidente (en las obras de teatro y otros relatos las referencias suelen ser más veladas). En este sentido, son novedosas. Un deseo que aparece a la vez como nefasto, con consecuencias que se relacionan con la enfermedad y la muerte.

En “Caramelos duros”, un anciano se llena el bolsillo todas las mañanas con caramelos que más tarde cambia por favores sexuales, hasta un día en el que todo se tuerce. En “Los misterios del Joy Rio”, nos cuenta la relación de amor entre un relojero casi anciano y un jovencito mexicano, que, poco a poco, irá convirtiéndose en una réplica de su mentor. En ambos relatos celebran la búsqueda de placer, en ruinosas salas cinematográficas, de homosexuales algo o excesivamente viejos, que surgen como espectros de su propia soledad, para alcanzar los grandes sueños de sus vidas durante los minutos de sensualidad fugitiva, de placer efímero en las movedizas sombras de las butacas, arriesgándose a la violencia y a la policía.

En “La similitud entre una funda de violín y un féretro” se narra la llegada a la adolescencia de de una niña, su despertar sexual de ella y su hermano menor con la llegada de un joven que ensaya el violín con la chica, ya que mientras la joven tiene su primer enamoramiento adolescente, el chico descubrirá y explorara sus primeros instintos homosexuales. Un relato hermoso que muestra el amor filial y lo efímero de la belleza.
“The Knightly Quest” de 1966,  quizás uno de los mejores relatos de Tennessee Williams, esta hilvanado durante los duros años cuarenta y concluido a mediados de la turbulenta década de los sesenta, la obra es un mezcla de ciencia ficción y literatura gótica, donde el escritor no solo nos revela su percepción ideológica sobre el papel de resistencia política del “gay” en un sistema totalitario, sino que muestra algunas de sus estrategias contra-narrativas en la lucha contra el orden heterosexista y su heteronormativa. Williams al  optar el desenlace típico de la ciencia ficción del desastre total,  subvierte o contrapone la lógica del género popular favorito de la Guerra Fría. La amenaza ya no procede de marcianos u otros alienígenas o el ataque nuclear de los soviets, sino del propio sistema americano como el Estado que aniquila cualquier forma de “Ser Otro” o diferente, su disidencia o disconformidad. De igual manera, al convertir al homosexual, que representaba la “pureza del perverso multiforme” en el inconsciente colectivo de aquel entonces, en el superhombre éticamente superior de un mundo agónico y en el superviviente de una incierta utopía futura, Tennessee Williams concede un rol preponderante al “Monstruo” (el homosexual) como libertador del sueño americano de una independencia individual sin demarcaciones o límites.

Los Poemas de Tennessee Williams


Williams escribió desde el armario durante muchos años, con su homofobia interiorizada, con su deseo erótico por los hombres, y por los monstruos que poblaron su existencia marginalizada por el heterosexismo. Tennessee escribió así una profunda poesía llena de miedo y de dolor, de desesperación, que se balancea entre el deseo carnal y el amor puro, entre el odio por sentir ese deseo prohibido y por el placer de ser poseído u amado por aquellos jóvenes que buscaba en las zonas de cruising de mala muerte, su poesía está llena de metáforas que nos sugieren imágenes varoniles homoeróticas que se retuercen  entre las sabanas sucias de moteles y cuartuchos oscuros, entre subterráneos malolientes y bajo los puentes de las ciudades noctambulas, de hombres que se venden, de hombres que se entregan, de hombres que aman con miedo y aun así aman bajo la mirada inquisidora de una nación en una época ultrahomofóbica. Aquí les dejo algo de las bellas composiciones poéticas de este Caballero de las letras que marcó un hito en la forma de hacer teatro, de escribir los sentimientos humanos y de enfrentar al mundo pre-Stonewall – aunque sea con un tono homofóbico – sobre la realidad del mundo gay.



Por Félix Esteves

sábado, 9 de julio de 2011

MARLON BRANDO: cuando la actuación se lleva y se hace con pasión.

Marlon Brando (1924-2004)
Marlon Brando nació en Omaha, Nebraska, el 3 de abril de 1924. Su madre era actriz y durante su niñez vivió en varios lugares, hasta que su familia se instaló en Libertyville.  Allí pasó su adolescencia, en la que se dedicó muchas horas al deporte. Comenzó con el atletismo y se destacó como jugador de rugby, pero una lesión de menisco le llevó abandonar el deporte.

Por mucho tiempo Marlon Brando fue el actor fetiche de Elia Kazan
Más tarde es expulsado de la Universidad e ingresó en la Academia Militar de Shattuck, donde no duro mucho tiempo. Antes de ayudar a su padre en la fábrica de insecticidas de la que era propietario, se trasladó a Nueva York para probar suerte en la actuación. En la escuela dramática de Piscator entró en contacto con el cine. Fue entonces cuando aprendió las técnicas de la interpretación, mediante el famoso método de Stalinslavski.

Aquí lo vemos cuando filmó "Un tranvía llamado deseo".

Marlon Brando fue un actor que convino su fuerte personalidad con sus rasgos de chico "malo" y sensual.
Un actor que no transó nunca su forma ser y de actuar por complacer el "stablishment"  de Hollywood.
En 1944, comienza su carrera en Broadway. Con apenas 19 años, ya había logrado un gran éxito, gracias al magnetismo de su varonil rostro.

Entre sus primeras películas sobresale “Un tranvía llamado deseo” de Elia Kazan, basada en la obra teatral de de Tennessee Williams. A finales  de los años cuarenta se traslada a vivir a Hollywood, donde protagoniza “La ley del silencio” (por el cual recibe su primer premio de la Academia), “¡Viva Zapata!”, “Rebelión a bordo” y “Julio Cesar” entre otras muchas. Su prestigio como actor fue en aumento y continuó rodando con los mejores y más renombrados directores de la época, como Joseph L. Mankiewiecz, además de trabajar con los grandes actrices y actores de aquel entonces.


En la década de los sesenta empezó a perder popularidad entre el público. A esta época pertenecen cintas como “La jauría humana”, antes de que el director Francis Ford Coppola le diera la oportunidad de lucirse en el papel de Vito Corleone en “El Padrino” (1972), basado en el libro de Mario Puzzo del mismo nombre. En dicha cinta , Marlon Brando demuestra una vez más su calidad interpretativa, ganándose su segundo Oscar. Coppola además impresionado por el actor volvió a contar con él para “Apocalypse Now” de 1979, donde interpretó al megalómano coronel Kurtz.

En el personaje de Kurt en "Apocalypsis Now" de Coppola.

Con María Schneider en "El último tango en París".
Otro de los filmes que rodó en esa época y provocó una fuerte controversia entre el público fue “El ultimo tango en París” (1972) junto a María Schneider y dirigida por Bernardo Bertolucci.

Al llegar la década de los ochenta anunció su retiro de la gran pantalla. No obstante apareció en algunas producciones esporádicas. Su última película fue “Un golpe maestro” junto a Robert de Niro y Edward Norton.

Un personaje mítico que le valió su segundo Oscar:  Don Vito Corleone
en "El Padrino".
Marlon Brando muere el 1 de julio del 2004 en un Hospital de la ciudad de Los Ángeles por dificultades respiratorias. En los últimos años su salud se vio mermada por problemas familiares, debido al suicidio de su hija y el encarcelamiento de su hijo por asesinato. El actor que vivió los últimos años recluido en su casa, y a pesar de haber llegado a la cima del éxito, estaba en bancarrota y con muchas deudas al momento de su muerte.

En "La ley del silencio". Uno de los personajes más dramáticos y hermosos que interpretó en la gran pantalla.
Un merecido primer Oscar para Brando en una cinta que causo furor en los Estados Unidos.
Por Félix Esteves

miércoles, 23 de marzo de 2011

ELIZABETH TAYLOR: La Mítica Estrella ahora Brillará desde el Cielo.

Elizabeth Taylor (1932 - 2011)
La última leyenda femenina de Hollywood, la actriz Elizabeth Taylor, famosa por sus deslumbrantes ojos violetas y su brillante carrera cinematográfica, murió hoy miércoles a los 79 años dejando atrás una carrera de más de medio siglo.

Elizabeth Taylor nació en Londres el 27 de febrero de 1932. Sus padres eran estadounidenses dedicados al comercio del arte, negocio que les ocupaba en la capital inglesa. En 1939 cuando comenzaba la Segunda Guerra Mundial se trasladó a California (oeste de EEUU) con sus padres. No pasó mucho tiempo hasta que fue descubierta por la novia del presidente de Universal Studios en la galería de arte de su padre.

"Lassie Come Home"

"National Velvet"
Liz Taylor, como también era conocida, debutó en 1942 en "There's One Born Every Minute" , luego vino la “Lassie come home” y “Jane Eyre”, en 1944 ya se había convertido en una estrella infantil con "National Velvet", la historia de una niña que se disfraza de varón para montar su caballo en un importante concurso nacional.

Taylor ganó dos premios Oscar como mejor actriz: el primero por su retrato de una joven de clase alta en "Butterfield 8" (Una mujer marcada, 1960), una película que se dice que Taylor odiaba. El segundo, por "Who's Afraid of Virginia Woolf?" (¿Quién teme a Virginia Woolf?, 1966), considerada su mejor obra y uno de los numerosos filmes que interpretó junto a Richard Burton. Pero también la podemos recordar en la obra teatral llevada al cine de Tennessee Williams “Cat on a Hot Tin Roof” junto con Paul Newman en 1958 y “Cleopatra” en 1963. La mítica actriz trabajo con los grandes actores de su época como Montgomery Cliff, Robert Taylor, Rock Hudson, James Dean, Marlon Brandon, Rexx Harrison, Roddy McDowell y otros muchos.

Con Paul Newman en "La Gata sobre un Tejado Caliente".

"Gigante" con su amigo de toda la vida Rock Hudson.
La belleza de Elizabeth Taylor era única y, probablemente, la actriz que ha sido declarada «la más hermosa del mundo» en más ocasiones que ninguna otra, incluso superando al llamado «animal más bello del mundo», Ava Gardner. Su rostro se convirtió en símbolo de perfección durante décadas, desde los años 40 hasta bien entrada la década de los 70.

Tan famosa por su carrera cinematográfica como por su vida sentimental, Liz Taylor ha sido objeto de la prensa rosa por sus constantes divorcios y matrimonios y por sus problemas de salud: consumo excesivo de alcohol, una lesión de columna que ha requerido diversas operaciones y un tumor cerebral. Desde hace años acude a actos públicos en silla de ruedas.

Su primer Oscar conseguido con "Butterflield  8".

 Como "Cleopatra".
Elizabeth Taylor era célebre también por sus labores humanitarias en la lucha contra el sida desde la muerte de su amigo Rock Hudson, colaboró desde hace años con una sociedad dedicada a la lucha y la investigación de este grave síndrome. Fue por este motivo galardonada con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 1992. Además ese mismo año participó en el concierto en tributo a Freddie Mercury, hablando acerca de la prevención necesaria para combatir el SIDA.

"Quién Teme a Virginia Woolf?", su segundo Oscar.
Taylor llevaba seis semanas ingresada en el hospital Cedars-Sinai de Los Ángeles por una insuficiencia cardíaca, que ya padecía desde hace tiempo y que se complicó recientemente, informó un comunicado de la familia. Al momento de su muerte "estaba rodeada por sus hijos: Michael Wilding, Christopher Wilding, Liza Todd y Maria Burton", dice la nota, donde la familia precisa que le sobrevivieron además 10 nietos y cuatro bisnietos.

Junto a Michael Jackson, su gran amigo.
Se alejó de la mirada de los focos en los últimos años, cuando su salud comenzó a fallar, pero hizo una notoria aparición pública cuando asistió en 2009 al funeral de su viejo amigo Michael Jackson.

Liz Taylor en todo su esplendor... como siempre la recordaremos.
Por Félix Esteves

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