Una pequeña presentación

Los Mínimos y Máximos de Félix Esteves es una casa, un hogar, construido con amor, esfuerzo, dedicación y hasta con aburrimiento. Tiene muchas puertas donde todos pueden entrar. Tiene muchas habitaciones, donde de seguro en algunas podrás sentirte cómodo, y en otras, tal vez contrariado y hasta… por qué no… molesto. Sin embargo su propósito no es agradar ni molestar, no es ganar amigos ni enemigos… de todas maneras ambos son bienvenidos; su fin es mostrar y demostrar lo variopinto de una mirada, la pluralidad de una cosmogonía a través de mi “micromundo”, de lo exterior visto y sentido desde mi interioridad… es un grito contra la discriminación, es un arrullo de amor a la diversidad, es mi tarjeta de presentación como ser humano, como hombre, como gay y miembro de la comunidad LGBT... tal vez es algo más… no lo sé… aún lo estoy averiguando.

Félix Esteves

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jueves, 16 de agosto de 2012

ELISA LERNER: "La soledad es la patria del escritor". Entrevista realizada por Viviana Marcela Iriart.


Lo dijo cuando la entrevista había finalizado y tomábamos té con masitas en la acogedora cocina de su apartamento caraqueño. “Elisa,  me acaba de regalar el titulo de la  entrevista” le dije emocionada. “Es de la novela que estoy escribiendo, pero se lo presto” respondió con una sonrisa la escritora, ensayista y dramaturga, Premio Nacional de Literatura 2000.
Pero no comenzamos hablando de su nueva novela, una hora antes, sino del elogio de Julio Cortázar a su monólogo “La mujer del periódico de la tarde” (1976):

“¿Hijos? No. No tengo. Mi negligencia, mi descuido, mi distracción no me ha permitido tenerlos. Pero, ahora, cuido de cada arruga de mi rostro como de un hijo. ¡Y en qué madre prolífica me he convertido! Por supuesto, el máximo desaliño ha sido arribar a los cincuenta. (…)  Pero, últimamente, estoy albergando la convicción de que los productos de primera, en el rostro de una mujer de cincuenta,  se vuelven  de segunda. (…)  Untándole un poco de petróleo a mi crema Ponds  me siento mucho más nacionalista. (…)  Para una, la inflación comienza después de los cuarenta.  Cómo se ponen, entonces, de caros los hombres.”

- El escritor Julio Cortázar escribió una carta elogiando este monólogo.
- Sí, en una carta que él no me envió  a mí sino a una  muchacha, Susana Castillo, que era profesora en la Universidad de California y venía mucho aquí porque escribió varios libros sobre teatro venezolano.  En el año 1979 ella le mandó  a Cortázar mi monólogo y  él le escribió y le dijo: “No dejes de decirle a Elisa Lerner que me gustó muchísimo su monólogo”.  Yo he hecho referencia públicamente a esta carta pero nunca la he publicado porque no era una carta para mí.

A los 11 años usted le dijo a su padre que quería ser escritora. ¿Cómo supo siendo una niña lo que quería ser?
- Porque a mí me iba muy bien en la escuela con las composiciones, siempre era la mejor y eso no era fácil  porque yo tenía compañeras que eran brillantes, muy inteligentes, como Marianne Khon Becker.  Por eso yo creo que la escritura es un don.

-  ¿Leía mucho de niña?
-  Sí, en  las vacaciones leía muchísimo y esas eran como mis vacaciones, la lecturas. Y por otro lado yo tenía una hermana, todavía la tengo pero está muy enferma, mayor que yo, Ruth,  que estaba llena de luz.  Ella fue una persona muy importante aquí en Venezuela, fue ministro de educación, embajadora en la Unesco… Pero continuando con el relato, lo importante para mí es que ella estaba llena de luz, de una felicidad de vida durante nuestra infancia, nuestra adolescencia, como si ella estuviera de primera en el camino.

-  ¿Su hermana también escribía?
- No, si ella hubiera querido hubiera escrito muy bien, porque yo leí un trabajo que hizo en la  primaria sobre un clásico español y era una maravilla la fluidez de su escritura. Pero ella decidió declamar porque había nacido en Europa, en cambio yo nací en Valencia y me trajeron aquí a los 3 años y nuestra mudanza coincidió con la muerte del general Gómez.  Yo me enteré esto  que le voy a contar cuando leí una larga entrevista que le hicieron a mi hermana: como ella llegó a Venezuela de 3 años y medio no dominaba el idioma y aunque era una niña preciosa supongo que las niñas le harían mofa o algo así porque no hablaba bien el español. Entonces un día ella se paró en la plaza Bolívar de Valencia y comenzó a decir poemas, ella tenía un gran talento para decir poemas de una manera especial, no de esa manera solemne como lo hacían las declamadoras profesionales de la época.  Y entonces, gracias  a mi hermana, yo escuchaba los poemas más hermosos de ese tiempo, Lorca, Antonio Machado y Rubén Darío, siempre Rubén Darío, sus largos poemas… Mi hermana también declamaba a las grandes poetas sudamericanas y como ella tenía que aprenderse de memoria cada poema, yo estaba allí y la escuchaba una y otra vez. Y entonces me acostumbre al ritmo del idioma, del castellano. Por otro lado mi madre era de lengua alemana y había hecho el bachillerato en Czernowitz, una ciudad muy importante que había sido como el último bastión del imperio austrohúngaro,  y mi padre era de Nova-Solitza, una pequeña población en la frontera que algunas veces fue rusa y cuando él vino para acá era rumana. Y mis padres nunca llegaron a hablar un español académico.  Mi madre me hablaba y cantaba canciones en alemán cuando yo era muy niña, por ejemplo para que yo me bebiera la leche que no me gustaba. Pero llegó un momento  en que dejó de hablar alemán y de cantar canciones, y eso sucedió cuando llegó el nazismo.

¿Su madre renunció a su idioma materno a causa de la guerra?
-  Sí, lo hizo por respeto a mi papá que era más religiosa que ella en el tema judío. Porque ella hablaba en alemán con otra gente, pero no en la casa. Y entonces a mí me quedó como una añoranza, una doble añoranza de haber perdido un idioma sin haberlo aprendido. Y por otro lado quería hablar un español correctísimo porque mis padres nunca llegaron a hablarlo bien. Mi madre siempre leyó la prensa venezolana y mi padre hablaba un español fluido por el mundo del trabajo, de la calle y Caracas era una ciudad muy cordial, muy abierta con los inmigrantes. Y todo eso fueron varios factores: haber perdido un idioma antes de haberlo aprendido; pensar que yo nunca iba a poder, esto fue inconsciente, manejar un idioma con la perfección que lo podían hacer otras cuyos padres siempre habían hablado español y,  al mismo tiempo, la paradoja de que yo siempre estaba escuchando el idioma a través de los poemas que declamaba  mi hermana.

¿No le producía angustia querer ser escritora si pensaba que no hablaba bien el español?
-  No, al contrario, me producía una enorme felicidad, porque a mí me iba muy bien en la escuela escribiendo y eso me producía una gran seguridad, lo que no tenía era seguridad sobre lo que iba a escribir. Y nunca me pasó por la cabeza pensar que yo no era una niña rica y que en Venezuela estaba muy claro que sólo… esa era una tradición venezolana, que cuando un escritor venía de una familia rica, o él mismo podía haber sido exitoso y había podido ganar dinero porque le había sonreído la suerte, entonces tenía como el camino abierto para dedicarse a la escritura y publicar. Ese fue un problema que a mí no se me planteó en ese momento, yo le dije a mis padres “voy a escribir” y lo hice el día en que me regalaron unos zapatos que tenían unas trencitas y me pareció que eran los zapatos de una escritora profesional. Entonces me vi como en la marcha, con esos zapatos, para un largo camino hacia la literatura.

- Usted cuenta en unas de sus crónicas que su padre le regaló una pluma Parker cuando le dijo que quería ser escritora.
-  Sí, pero eso no fue a los 11 años cuando se los comuniqué por primera vez sino en mi adolescencia.

- ¿Y su mamá que dijo?
- Mi mamá no dijo nada. Mi  mamá era la autoridad y mi papá era el sueño, la complacencia, el cariño. Mi mamá era… yo creo que pude pensar en cuartillas limpias porque tuve sabanas limpias, una lencería feliz en mi infancia, un orden, una comida.

-  Cariño.
-  Una buena comida es una forma de cariño. Las cosas que mi madre nos brindó eran muy difíciles en la Venezuela pobretona en la que yo nací, yo me di cuenta después porque de esas cosas no se hablaban, yo tenía muy poca relación con las niñas en mi escuela para saber que lo que mi madre nos daba no era tan común.

“En realidad esta cuestión de los zapatos es uno de los temas más apasionantes en una democracia: deslinda izquierdas y derechas. Zapatos de tacón bajo o sin tacón, siguen una línea izquierdista. Porque el tacón bajo, o sin tacón también, está pegado al suelo. Ahora bien, los zapatos de tacón alto, Luis XV, por ejemplo (la Bella mira con cierta inquietud sus zapatos: son de tacón Luis XV), giran hacia la derecha. Se alejan  de la realidad, del suelo. (…) Pero lo más político es ir al zoológico. Conocí a un militante que me invitó  un domingo a un zoológico que ha propiciado Pro Venezuela: todos los animales de ese zoológico son nacionales.  Allí no priva la constante universal. 
Pues bien, fue algo muy lindo: vi por igual monos y dirigentes.”   

Una entrevista de prensa o La Bella de Inteligencia, Elisa Lerner, 1960

-¿Usted era tímida?
-  No, no, yo no era tímida.

-  ¿No se relacionaba con las otras niñas porque había antisemitismo?
- ¡Para nada! Nosotras éramos las más queridas, Marianne y yo  que estudiábamos en el mismo salón y Dita, su hermana que era más joven,  era queridísima porque tenía una personalidad arrolladora, era muy simpática, tenía mucho humor, una gran vitalidad y era muy solidaria, generosa.

Como es ahora.
- Como es ahora, sí. Te voy a contar una anécdota de Dita. Nosotros recibíamos el diario El Nacional, que era un diario importante, y lo sigue siendo; era un diario muy literario, muy esperanzador, porque lo habían fundado gente que había adversado a la dictadura de Juan Vicente Gómez. Y ese era un momento en el que se estaba librando una gran batalla contra el nazismo y se pensaba que Venezuela se iba a adentrar en la democracia, era un momento en el que había fiebre de ideología en el mundo.  El Nacional estaba a favor de la república española, así que también escribían exiliados españoles que vivían aquí. Así que, junto con los libros, ese periódico me infundió a mí mucho estímulo para pensar que yo alguna vez podría escribir en algún periódico. Allí escribía una escritora joven, Ida, que escribía unos reportajes preciosos.

¿La poeta Ida Gramcko?
- Sí. Entonces yo leía los reportajes de Ida y decía: bueno, a lo mejor yo alguna vez puedo llegar a escribir…Claro, esto me lo decía en mi interior y muy dubitativamente, porque yo a nadie le decía que quería ser escritora. Se lo había dicho a mi papá y él se sonrió y pensó que era como un sueño de niña.

-  ¿Y la anécdota cuál es?
-  Todos los domingos yo recibía el diario, que lo llevaba un pregonero. En las casas del Centro, donde nosotras vivíamos,  había un zaguán y a primera hora de la mañana él dejaba allí el periódico. Los domingos el diario tenía el Papel Literario donde muchas veces, en la página central, había un reportaje de Ida Gramcko. Un día, yo tendría unos 11 años,  llegué  a la escuela llorando a lágrima viva y Dita me preguntó por qué estaba llorando de esa forma estrepitosa y yo le dije que era porque no había podido leer el reportaje de Ida porque el pregonero no me había dejado el periódico. Al día siguiente Dita se apareció con el diario y me lo regaló… ¡y ella también lo coleccionaba!

¿Pudo conocer a Ida Gramcko?
- Sí, con el tiempo yo llegué a ser como parte de su familia porque Ida escribió en  La gruta venidera, un libro que Elizabeth Schön publicó cuando yo estaba saliendo de la adolescencia. Yo quedé tan fascinada con este libro que una vez me la encontré caminando por la plaza Bolívar, ella iba con Silva Estrada y se lo dije, y Elizabeth Schön, sin ser amigas, me lo regaló. Y ese libro, igual que los reportajes y los poemas de Ida, para mí significó muchísimo, ella para mí fue una influencia.

¿Mas que Ida? ¿O diferente?
-  Diferente.  Ella fue muy importante para que yo escribiera mi primera pieza, “La bella de inteligencia” pero no sólo eso, fue una gran amiga, una gran consejera, fue como una tía joven o una hermana mayor, mayor que mi hermana Ruth. Fue una mujer muy sensible, muy sensata, muy protectora, muy prudente. Cuando yo vi a la Reina Sofía en España, la beatitud de su sonrisa,  me acordé mucho de Elizabeth porque ella tenía las maneras de una reina silvestre en su jardín de Los Rosales. Yo no sé cómo ni dónde ella, que creo que no terminó la primaria pero sí fue a unos cursos de filosofía, pudo adquirir esa sabiduría en la vida, esa diplomacia admirable. Nunca hubo quejas ni pequeñeces con ella, y lo digo porque es verdad. Ida también fue una mujer muy discreta pero Ida era más tormentosa, sus estados de ánimo.

-  ¿Cuándo conoció a Ida?
-   En mi infancia, yo era una niña de 11 o 10 años y fui con mis padres a la Unión Israelita askenazí a un agasajo a León Felipe, el poeta español. Yo no entendía nada, porque él decía sus poemas y yo veía que todo el mundo lloraba, como diciendo que era un mismo exilio y que él también, por llamarse León Felipe, también venía  del exilio judío. Allí yo vi hombres, que en el día eran duros negociantes, con lágrimas. Y cuando terminó el acto, que era en una casa, veo a Ida Gramcko en el comedor, la reconocí del periódico y le pedí un autógrafo. Ella me lo dio pero encontré como una gran frialdad, como cierta soberbia… no hubo ningún acercamiento hacia esa muchachita que la admiraba.

-   ¿Y después?
-   Después me la encontré en mi adolescencia cuando ella llegó de la Unión Soviética, en donde había sido encargado de negocios en la embajada siendo muy joven, era su momento de brillo, los 40 y 50 fueron su momento de más brillo, lo que pasa que le tocó durante una dictadura militar. Yo iba al Venezolano-Francés, muchas veces con Román Chalbaud y a veces sola porque me quedaba cerca de mi casa… bueno, no tan cerca, porque yo vivía en la zona alta de San Bernardino. Pero bueno, era una adolescente y tomaba un autobús  y caminaba hasta Los Caobos y Caracas era una ciudad segura, era una ciudad más pequeña, y encontraba allí a Ida. Y ahí comencé un diálogo con ella, le dije que yo guardaba sus artículos y ella me dijo que era una cursilería, o algo así. Pero después se fue creando una especie de amistad no pactada, y cuando ella publica Poemas, que es su gran y famoso libro, yo me la encuentro un día en un autobús en San Bernardino, porque ella vivía en la parte de abajo, entonces me ofreció su libro. Lamentablemente yo tontamente le dije que me lo había regalado una amiga y ella quedó fascinada porque yo estaba encantada con su libro.

“La muerte soporta todas las indiscreciones, todos los detalles. Es la forma que tiene de añorar, de nuevo, la vida."
La envidia o la añoranza de los mesoneros, Elisa Lerner, 1974


¿Por qué dice que Elizabeth Schön fue su influencia teatral?
-   Porque ella escribe La Gruta venidera, que fue un libro que me gustó muchísimo y después escribe Intervalo, que es una pieza de teatro y ella me leyó trozos y yo creo que eso… claro, también leía a Beckett. También me influenció que yo no sabía que cuando escribí La Bella de Inteligencia había escrito una pieza de teatro. Yo me acababa de graduar de abogado, nunca tuve una gran vocación, pero pensé  que si estudiaba Letras… la escuela de Letras no tenía el prestigio que tenía la escuela de Derecho cuando yo comencé a estudiar. Y yo sentía que lo mío no era la docencia sino la escritura, no me equivoqué, no me gusta la docencia. Yo sé que a veces cuando hablo me pueden suceder cosas que sólo me suceden cuando escribo,   pero también me puede suceder que cuando hablo puedo caer en el error de que estoy escribiendo, me puedo estar como traicionando.

¿Pudo vivir de la literatura?
-  Nadie vive de la literatura, al menos en un país como Venezuela es muy difícil. Pero sí puedo decir que en un momento dado mis piezas de teatro, sobre todo Vida con Mamá, que tuvo bastante éxito, me produjeron algún dinero,  y  mis artículos me los pagaban. Pero claro, yo tengo que reconocer que soy una escritora de la periferia, que me ha tocado ser una escritora de estas tierras.

¿Y en estas tierras cómo hacía para vivir y poder seguir escribiendo?
-   Bueno, mira, hice muchas cosas, mi primer trabajo fue en una revista pero me pagaban muy poco entonces mi madre se fastidió mucho y no quiso que yo siguiera, mi hermana se disgustó porque había dejado pero no seguí. Después hice un trabajo ad honorem en la Casa de Observación que dirigía la Dra. Renée Hartman, eso me sirvió mucho porque pude irme a Estados Unidos con una beca muy modesta. Escribía también para Radio Nacional, aunque ese  me lo quitaron al año de haberme ido, y la mitad de lo que ganaba se lo daba a mi mamá que había quedado viuda. Trabajé en el Ministerio de Relaciones Exteriores y en Madrid fui consejera de cultura. En mi vida a veces tuve más suerte, a veces menos suerte, pero siempre tuve que trabajar.

¿Le resultó fácil que le montaran sus obras de teatro?
-  Fue muy fácil que montaran mi primera pieza y la montaron muchas veces, lo que fue difícil fue que montaran El vasto silencio de Manhattan,  es una obra que nadie quería montar en Venezuela, que le gustaba a los argentinos pero a los venezolanos no, decían que había muchos personajes. Me acuerdo que Cipe Lincovsky le habló muchísimo a Carlos Giménez para que montara la pieza con ella pero Carlos era un hombre un poco complicado, tenía muchos compromisos y él parece que quedó hechizado con la obra pero por fin no la montó, pero sí supervisó un montaje de Vida con Mamá que yo no vi porque vivía en España. Finalmente después de muchos años la pieza la montó Gustavo Tambascio, con el que tengo una amistad preciosa porque después se fue para España cuando yo estaba allá, y con su hermana también, que ya murió lamentablemente, fue una gran amiga.


“Como dijo José Balza, la madre y la hija de Vida con Mamá soy yo.”

"Hija:
Asistí a una fiesta donde tocaba Billo´s Happy Boys.
La gente engullía mucha ensalada rusa.
Madre:
Por un exclusivo afán de conocimiento.
Stalin, el marxismo.
(…)
Madre:
Acaso venga un refugiado político.
(Se escucha un entrecortado tiroteo).
Hija:
Oigo disparos. Otra vez, la policía de esta ciudad.
Madre:
Es la verja del edificio. Al abrirse, suena como un disparo.
¡El refugiado debería ya estar aquí!
Hija:
Continúan los disparos. De noche, en las calles,
hay más policías que prostitutas. Pronto los tipos que se acostaban
con las putas, tendrán que hacerlo con policías.
(…)
Madre:
Esos carteros fueron como honestos críticos literarios:
comentaban las cartas que traían, como si las hubiesen leído. ”

Vida con Mamá, Elisa Lerner,  1975



-     ¿Vio Vida con Mamá su mamá?
-      La vio, sí,  estaba encantada.  Mi mamá fue tan feliz durante los montajes de mis piezas que hubo en ella un gran cambio, una gran cercanía, aunque ella me compraba la revista Billiken en mi infancia,  pero hubo una afectuosidad enorme a partir de que mi madre vio los montajes que hicieron de mis obras.

-  Alguna gente piensa que Vida con Mamá es su vida.
-  Para nada. Tú sabes que una pieza o un libro pueden producir admiración pero también cierta forma de admiración anómala que es la comidilla y la envidia. Si fuera mi vida yo no hubiera podido irme a España, no hubiera podido seguir escribiendo, no podría vivir sola en un apartamento, no podría luchar sola contra un problema de salud terrible que es mi lucha contra la ceguera, que me viene desde muy joven. Pero en realidad ese no es mi problema, mi problema hubiera sido casarme con un señor venezolano  y que yo tuviera que salir a trabajar como una loca y no poder seguir escribiendo. Y tuve la suerte que desde el liceo me encontré con gente muy gentil, con poetas, que me dijeron, incluso mi profesor el Dr. Caldera, que yo era una escritora. El Dr. Velásquez también. Siempre. Yo quería trabajar para la cultura. En los años que estuve en el Ministerio de Relaciones Exteriores, en  Caracas, trabajé con Eugenio Montejo,  nuestro insigne poeta,  en una revista que iba al exterior y también lo hice en Radio Nacional. Y yo no hubiera podido escribir si me hubiera casado. ¿Tú sabes lo que hubiera sido terrible para mí? Ocuparme de tener dos o tres hijos, de dar clases o de ser abogada en un ministerio o en un bufete para el cual yo no tenía especial talento ni vocación y además ir a por lo menos tres Bar Mitzvah semanales y una boda los sábados, ¿cuándo iba a pensar, cuándo iba a escribir?

-  ¿A su madre y a su  padre no les preocupaba que usted no quisiera casarse?
-  Mira, te diré que  finalmente a mi mamá no le preocupó, finalmente mi mamá entendió que lo mío era la escritura y que yo era muy particular.  Si yo hubiera conseguido un hombre que me apoyara como escritora, como Virginia Woolf que tuvo un marido que hasta le aceptaba sus supuestas aventuras lesbianas, aunque ese no es mi caso, porque no soy lesbiana, hubiera sido estupendo. Siempre me han gustado los hombres pero no hasta el sacrificio de mi escritura, no como una pasión malsana.

¿Usted es religiosa?
- En mí está muy presente la herencia judía pero esta se expresa a través de mi escritura. Yo no soy de mucho hablar.


“Escribir es a veces como un navío que se nos escapa… 
Una victoriosa botella de vino que estalla en pedazos y que no mancha manteles sino algo más arduo e intenso con lo cual nacimos.” 

El país odontológico, Elisa Lerner, 1966
¿Está escribiendo ahora?
- Sí, estoy escribiendo algo.

¿En qué  genero?
- No sé cuál es el género, tú sabes que ahora los géneros… (Duda si contarlo o no). Es prosa.

¿Cuándo lo podrá mostrar al público?
- No, no sé porque no sé cuando lo voy a terminar porque el año pasado estuve muy mal de salud y este año… ojalá lo pueda terminar. Tengo varios años en eso y me doy cuenta que había fallado mucho, que estos años no lograba como la tersura, tú sabes, como si tú te pusieras unas cremas en el cutis y ese no es el tratamiento adecuado.

- ¿Escribe todos los días o cuando se siente inspirada?
- No, escribo cuando la vida me lo permite, porque tengo muchas cosas que a veces que me lo impiden.

- ¿Le cambió la vida ganar el Premio Nacional de Literatura?
-   No, para nada.

- ¿No se le abrieron puertas para publicar más, para que le montaran más obras de teatro?
-   No, no creo. Pero Blanca Pantin  reeditó Carriel por tercera vez, y prácticamente escribí un nuevo libro desde su primera edición que tuvo un prólogo muy lindo de Ramón J. Velásquez. Monte Ávila, que dirigía Alexis Márquez, me publicó un libro de crónicas y después publiqué un pequeño libro con los relatos que escribí en Madrid,  Homenaje a la Estrella y  la novela De muerte lenta, que la terminé en el 2005 pero salió a comienzos del 2007. Pero no creo que nada de esto tenga que ver con haber ganado el premio.

- ¿Con qué genero se siente más identificada?
-  Mira, te voy a decir lo que dice de mí Carmen Ruiz Barrionuevo, que es la directora de la cátedra Ramos Sucre de la Universidad de Salamanca, una mujer sumamente humana y muy sabia, entrañable, ella escribió un ensayo y dice que en mí hay un plural asedio a la literatura que desborda los géneros. La gente no sabe que yo a los 16 años escribí varios poemas en prosa, no muchos, unos tres y uno salió en El Heraldo, que era un periódico con mucho prestigio en ese momento. Entre los 16 y los 23 años escribí un libro de relatos pero en el camino se perdió. Y comencé a escribir crónicas y teatro y tenía una novela que se desarrollaba en Nueva York. Cuando conocí a Emir Rodríguez Monegal él se interesó en la novela,  yo le leí unos capítulos y me dijo que ahí había una novela estupenda. Pero cometí el error de leérsela a otra persona, porque era como un elogio desmesurado ese comentario viniendo de Rodríguez Monegal para una joven venezolana, y la respuesta no fue buena, entonces me desanimé, no seguí el libro y eso me apartó de la narrativa.  Después, quizá por la muerte de mi mamá, la enfermedad, los cambios en el país, me fui  hacia la narrativa. He publicado un libro de relatos breves y una novela. Hace poco publiqué una crónica de un recuerdo de juventud, de cuando conocí a Ruiz Pineda por casualidad en casa de mi hermana, que era un líder, un hombre muy sacrificado por la dictadura de Pérez Jiménez, un tesoro de nobleza, y esa crónica tuvo un gran impacto. Pero ahorita estoy escribiendo este libro  que se podría decir que es una novela, un relato, una simulación de memoria, no sé lo que es.

- Y no quiere adelantar nada.
- Es que no puedo adelantar nada porque no sé si lo termine, veo que  lo anterior no fluía como  yo quería, en fin, tengo mucha inseguridad. Y tú sabes que los adelantos…

- Siempre son malos.
- Bueno, me fue mal con mi primera novela que quedó trunca.

Usted fue detenida durante la dictadura de Pérez Jiménez.
- Sí, pero eso fue una cosa como accidental, realmente la que fue una gran luchadora contra la dictadura fue mi hermana Ruth y mi cuñado, que murió en diciembre. Pero lo mío fue un accidente: yo había recibido unas cartas que eran muy graves para el régimen, porque un amigo nuestro, desesperado en su lucha contra Pérez Jiménez, no midió que mi casa estaba muy  vigilada. El Dr. Ramón J. Velásquez siempre me dijo: usted de opiniones pero no se complique porque su mamá no está bien y papá estaba enfermo, murió al poco tiempo, y Ruth estaba afuera. Pero sin darme cuenta me compliqué, esas cosas como de locuras de la juventud, pero fue una experiencia tremenda.

- ¿La encarcelaron?
-  ¡No, no! Estrada… yo no sé cómo le hable a Estrada con mucha soltura.

-  ¡¿Pedro Estrada fue el que la interrogó?! (El temido y sanguinario jefe de la Seguridad Nacional)
- Sí y cuando yo vi que el interrogatorio era con Estrada me dije: aquí no me va a pasar nada.

- ¿Por qué?
-  No sé por qué tuve esa intuición. Yo sabía que la casa estaba vigilada hacía tiempo, sentía que algo pasaba con el teléfono, que me seguían unos tipos, fue terrible, terrible, y la noche anterior no pude dormir, fue algo terrible. Y Estrada me dijo: cómo una muchacha bonita, de una familia judía, se  junta con esa gente, los adecos, unos ladrones, no la quieren, cómo va a estar en esto. Y yo tenía un libro de un amigo mío, del grupo de la revista Sardio donde yo comencé a escribir, Adriano González León, que se llamaba Las Hogueras más altas y con ese nombre y con la carátula que era  un poco naranja se podía pensar que era un libro comunista. Y entonces él me dijo: ¿Qué opina usted de Adriano el escritor? Y yo le dije: y bueno, quién va a hablar sobre  las autopistas y yo pienso ser escritora, ¿qué le parece señor Estrada? Y así se mantuvo el diálogo.

- ¿Y la soltaron?
- Me soltaron.

¿Y nunca más la molestaron?
-   Por teléfono me fastidiaban mucho, en la noche sobre todo. Pero afortunadamente me detuvieron en julio  del 57 y ellos cayeron en enero del 58.

-  ¿Quedó aterrada después de eso?
-  Quedé aterrada, sí, por un tiempo nada más, me encerré un poco, no presenté todas las materias ese año. Y yo había recibido  esas cartas porque era difícil decir que no porque la situación del país era difícil y porque tú en la juventud no mides, no haces cálculos porque crees que tienes todo el tiempo a tu favor.
-  Ahora cuando mira a este régimen, ¿hace cálculos?
- Es que me ha tocado de otra forma.
- ¿Cómo se siente con esta realidad?
- De esta realidad lo que más me ha tocado es la enfermedad de mi hermana.
- ¿Y la situación política?
-  Mira… es poco lo que te puedo decir.  Cuando me dieron el Premio Nacional, tengo el orgullo, eso sí, de que dos de los jurados fueron  Eugenio Montejo, uno de nuestros grandes poetas, y Salvador Garmendia, uno de nuestros grandes prosistas, que murieron poco tiempo después, entonces es un premio nacional muy grande para mí. Pero mira, sobre esto…yo prefiero que la gente lea lo que yo escribo.

¡Extraño día que me despoja de los puentes de la ciudad mientras los 
árboles de primavera, todavía, no despiertan el cielo!” 
El vasto silencio de Manhattan, Elisa Lerner, 1963-64

Caracas 13 de mayo 2012
Todos los textos extraídos del libro: 

lunes, 21 de noviembre de 2011

VIVIANA MARCELA IRIART: LA CASA LILA. Dos Fragmentos de Recuerdos aún no olvidados... de una desesperación.



Capítulo VII
(...) Me alejo y me siento en un sillón. Qué placer poder mirar sin consecuencias. Me gusta observar a la gente, adivinar sus vidas por sus gestos, un gesto dice más que mil palabras.
En este país las personas, en general, tienen la mala costumbre de vivir no como quieren sino como deben, siguiendo normas que nadie sabe quién ni cuándo creó. El uso de la libertad es un derecho duramente castigado. Es como si dijeran: si yo me someto, todos deben someterse.
Siempre que regreso siento que me colocan un corsé, y encima de una talla más pequeña del que me corresponde.
No encajo, nunca encajé.
Quizá por eso me fui.
Porque a una extranjera se le tolera que no conozca las reglas, simplemente está fuera de ellas.
Una extranjera, además, nunca encaja, desde el exacto momento en que abre la boca y un acento extraño golpea los oídos nacionales, molestando.
Pero duele menos ser extranjera en país ajeno que ser tratada como extranjera en tu propio país.
Ninguna diferencia se perdona, racial, sexual, religiosa, pero la diferencia que menos se perdona es el ejercicio de la libertad. Por ella supuestamente matamos pero por sobre todo, nos matan. (...)


Capítulo XI
Pasan tres niños pequeños montados en un viejo caballo grande.
Pasa la niña que fui yendo a la escuela en sulky.
Los niños ríen, son felices.
También yo lo era, entonces.
Se paran delante de una mora rozagante de frutos y las manitas revolotean en el aire, desesperadas.
El caballo pasta, tranquilo, indiferente a sus brincos.
La mora baja sus ramas para amamantar a los niños con su leche negra.

Viviana Marcela Iriart
La Casa Lila (Novela: Fragmentos)


Palabras del escritor y crítico literario Ángel Brichs para Viviana marcela Iriart: 

"Iriart es el vivo ejemplo de esa mujer suramericana rebelde y culturalmente activa que presagiaron algunos de los grandes nombres de la política y la cultura hispanoamericanas de la segunda mitad del siglo pasado.

Su prosa es objetiva, salvaje y "rápida". Gracias a la objetividad que le ofrece su oficio de periodista, esquematiza los hechos que pueden acolchar magníficamente desde un artículo hasta una obra de teatro. Unas cualidades que no son ajenas para ese mundo tan disperso como difuso, por no decir marginal, que, frecuentemente, entendemos, y conocemos con letras de oro mayúsculas, denominándolo ALTA LITERATURA".

Ángel Brichs
escritor y crítico literario
Colaborador de El País. com
Miembro de AELC
Literatura del Mañana©

Fuente:




Una Impresión muy personal sobre "Vivi"

Viviana Marcela Iriart nace en La Plata, a mediados del siglo pasado, cuando Argentina crecia vertiginosamente y se deslumbraba como una de las grandes naciones del mundo, pero Vivi como le decimos los amigos, poco disfruto de esa riqueza, como mucho de los argentinos, que vieron quebrantados sus sueños de libertad por las duras y demoníacas dictaduras que ensombrecieron la pampa, el esterero, el majestuoso Aconcagua, los suelos de hielo de la Antártida albiceleste.

Buscada y encarcelada en su tierra por mostrar manos al cielo, por gritar libertad, y escribir con mordacidad e inteligencia los hechos erróneos y horrores de la dictadura, tiene que exiliarse a otros mundos: abandona tristemente el cielo sureño y su vista se dirige al norte, a un poco más de la línea ecuatorial, pisando tierras venezolanas, aunque dejo su pensamiento y su corazón – como diría Eladia Blazquez- … “mirando al Sur”.

Poco a poco se abre camino en el mundo cultural en Venezuela ejerciendo diferentes cargos en el mundo teatral y periodístico. Viviana se adapta rápidamente al mundo de una Venezuela pujante y saudita, sin olvidar sus raíces, sin desmemoriar su pasado. Todavía en sus letras se oyen altos ecos de aquella rebeldía de su juventud, Viviana cambia su exterior como los arboles en el tiempo, pero que aún sin hojas, que aún sin flores, que aún sedientos en verano, siguen dando frutos: sus frutos son sus cuentos, sus novelas, su esplendida prosa.

La sombra de un gobierno dictatorial y los viejos temores regresan a ella cuando se monta al poder un militar en Venezuela, la escritora y periodista vuelve su mirada al Sur, y sin casi avisar, como hacen las aves migratorias retorna su viaje al frio… a la aciaga tierra de Storni, Cortázar y Gardel. Desde City Bell nos llegan sus trabajos, sus letras bañadas de “Oro y Plata”.

Me imagino a Vivi, como la María de Aníbal Troilo y Cátulo Castillo “como el paisaje de la Melancolía, que llovía...llovía, sobre la calle gris”... escribiendo ahora con sus pies y su mente en su tierra azul, con su cabello negro ahora teñido de blancos y grises pensamientos y recuerdos, pero de seguro con su corazón mirando al azul venezolano de un Mar Caribe.

Por Félix Esteves

martes, 17 de mayo de 2011

BEATRIZ IRIART: Poeta del Ostracismo por Viviana Marcela Iriart, City Bell diciembre 2010

Cuando era niña Beatriz comenzó a escribir poemas con el mismo talento, también llamado genio,  con el que escribe ahora. Su temática era la misma: la muerte. Apenas dejando la adolescencia comienza a publicar y a ganar premios y menciones en su país, Argentina, y en el extranjero. Rápidamente se convirtió en una estrella ascendente que encandilaba todo a su paso. Su talento, aunado a su belleza, puso a los círculos literarios del poder a sus pies. Beatriz iba camino a convertirse en una poeta famosa y, trabajadora desde los 14 años para ayudar a su madre, a poder vivir de su poesía.
Pero las grandes editoriales  seguían esquivas cuando   una extraña enfermedad  la puso al borde de la muerte: Lupus.  Beatriz recibió la extremaunción y cuando todo el mundo esperaba la muerte de la poeta, la poeta revivió. Nadie sabe que diálogo tuvo en ese encuentro cara a cara con la muerte, pero la poeta se alejó para siempre de los círculos literarios, dejó de publicar, de participar en concursos,  pero  nunca dejó de  escribir.
La estrella en ascenso se convirtió en guerrera solitaria. Pasó muchos años luchando contra el lupus, trabajando  en lugares infames, sufriendo por la falta de dinero que impedía que tuviera un mejor tratamiento; viviendo  en apartamentos alquilados y la mayor parte en oscuras habitaciones de pensiones. Pasó por muchas universidades, derecho, letras, filosofía, sicología, de cada una aprendió lo que quería y no se quedó en ninguna. La enfermedad iba siempre con ella quitándole casi todo, desde el cabello a la vista, desde la posibilidad de tener a hijos a caminar, de tomar sol (enemigo mortal) a comer lo quería, pero ella nunca se dio por vencida. Y siempre le dio un chance al amor aunque con el amor le pasaba lo mismo que con el dinero: cuando creía que era bueno, resultaba ser falso. Sin embargo, Beatriz amó y fue amada. Vivió intensamente en medio de la guerra por salvar su  vida que era su día a día.
Después de una década  Beatriz le ganó al Lupus y se curó de una enfermedad considerada crónica. Beatriz ganó y quedó entera, sin rastros ni secuelas de la enfermedad,  quizá porque esa no había sido su primera batalla ni su primer encuentro con la muerte. La muerte la acompañaba desde la adolescencia cuando era su invitada permanente, su  sombra amante que no la abandonaba por más desplantes que le hiciera la poeta.  La muerte queriendo arrastrarla con ella a los 15, a los 16, a los 18 años… La muerte.
 Y la poeta siguió escribiendo con una genialidad tal que, cuando hace unos años atrás decidió volver a publicar,  en Europa y Estados Unidos la comparan con  Sylvia Plath, Goethe, Alejandra Pizarnik, Novalis.
En su país la ignoran y a ella no le importa, sigue alejada de los círculos literarios.
Ojalá que con Beatriz Iriart no pase lo mismo que con Alejandra Pizarnki, que  sufrió la indiferencia de las grandes editoriales y tuvo que  trabajar duramente para subsistir. Alejandra muerta se convirtió en un gran negocio editorial: produce grandes dividendos.
Ojala que las editoriales no hagan lo mismo con Beatriz Iriart porque van a salir perdiendo: la poeta tiene pensado vivir por lo menos 200 años. Publicando, claro.


DECRETO
Cuando partas
los cipreses no llorarán
sobre tu tumba
porque no habrá tumba 
sólo recuerdos.

 ©Beatriz Iriart


Este año te cambiaste tu apellido, dejaste el López Osornio con el que se  te conocía y adoptaste el “Iriart”, ¿por qué?
Es un homenaje tardío a mi mamá a la cual le debo el haberme introducido en el mundo del arte y la cultura, tomada de su mano como si fuera un juego, cuando apenas comenzaba a caminar.

¿Cuándo comenzaste a escribir?
En la primaria. Escribía composiciones que siempre ganaban felicitaciones y premios por parte de las maestras y la escuela. Mi primera poesía la escribí un día que mamá, yo tenía unos 10 años, me dijo que me portaba tan mal como "Pepita La Pistolera". No sabía quién era ese personaje pero escribí mi primer poema que llevaba ese nombre.

¿Tu madre lo leyó?
No recuerdo, creo que no, y el “poema” se perdió. A partir de ese momento, sin ser conciente de ello, escribir poemas se convirtió en parte de mi cotidianeidad.

¿Hay poemas tuyos que leemos hoy que escribiste siendo niña?
Sí. Decreto es un poema que escribí a los 11 o 12 años.

¿Se lo diste a leer a alguien?
No, recién al final de mi adolescencia comienzo a mostrar mis poemas cuando me relacionó con el movimiento de cultura underground, en cuyas revistas me publican por primera vez a los 19 años más o menos. 

¿Cuándo publicaste tu primer libro y cómo se llamaba?
Perspectivas y lo publiqué en forma independiente en 1977. Era un libro pequeño, muy sobrio, que fue muy bien recibido por el medio. Me convirtieron en una poeta de culto en mi ciudad, porque decían que mi poesía no se parecía a la de nadie.  Pero a pesar de ese buen recibimiento, las editoriales siempre fueron esquivas hasta el día de hoy: tengo tres libros publicados y los tres son ediciones independientes.

¿Había algún poeta, hombre o mujer,  que te influenciara?
No. Cuando era niña leía la poesía obligatoria en la escuela, pero si bien era una gran lectora de leyendas y cuentos, no lo era de poesía.  Admiro a dos o tres poetas, pero no siento que me hayan influenciado y nunca quise escribir como ellos: Julio Cortázar, más conocido como escritor que como poeta, de quien amo todo; Sylvia Plath y Alejandra Pizarnik.

Es curioso porque en el prólogo de tu último libro, “La Muerte Quiere...”, la profesora chileno-estadounidense Sonia M.Martin te compara con ambas poetas.
Sí, a mí me llamó mucho la atención cuando lo leí, porque nunca sentí que mi poesía se pareciera a la de ellas… ¡ellas son sublimes!  Así que recibí esa apreciación de la profesora Martin con mucho agradecimiento, y como una gran distinción  a la que tengo que hacerle honor.

Las poesías que escribiste en tu adolescencia tienen una profundidad que sólo te da haber vivido mucho.  ¿De dónde sacabas tú esa profundidad?
Los sacaba de la vida, de la vida que nunca me mostró su cara más bella. Mi niñez y juventud fueron una pesadilla de la cual todavía no puedo despertar.

¿Por qué?
Mi vida fue muy difícil desde niña, había mucho amor por parte de mi madre pero poca alegría, aunque suene contradictorio. A los 10 años yo ya era una anciana. Escribir poesía fue una manera de transmutar ese dolor. Y si mi poesía de hoy es tan dolorosa como la de entonces, es porque mi dolor fue y es tan leal  que por decreto de vida  no me abandona

¿Escribes porque tu  vida es dura?
No. Yo creo que el camino ya estaba marcado. Escribo porque simplemente la poesía surge, nace, jamás me pongo a pensar porqué.

¿No recibiste la influencia de los años ´70 cuando se endiosaba a los poetas de vida trágica, los suicidas?
No, para nada. Yo leía a Cortázar, y él no sólo estaba vivo sino que estaba lejos de ser un “poeta maldito”. Y cuando me relacioné con el movimiento de cultura underground encontré que allí había un canto a la vida, no a la muerte.

Llama la atención que tu poesía no refleja nada de tu vida.
No, mi poesía es independiente de mi vida, no me preguntés por qué  porque no lo sé. Cuando escribo yo me siento un puente entre la vida y la muerte.

¿Sientes que la poesía te salvó de tanto dolor?
Sí, ahora siento que me salvó y me salva del dolor, antes no.

¿Por qué te alejaste de los círculos literarios?
Abandoné todo porque me sentía como esos caballos que están muy bien cuidados pero encerrados y yo necesitaba salir a campo abierto. Sentí que necesitaba estar sola y busqué la compañía de otros poetas solos, en el sentido de no pertenencia a ningún grupo literario, como yo.

¿No te afectó perder la temprana “celebridad”?
Mirá,  los años me enseñaron que este es el juego que me tocó en suerte.

¿No te molesta que las editoriales de tu país no te publiquen?
No. Simplemente aguardo. Sé que el día llegará cuando Céfiro me entregue el beso fugaz del reconocimiento.

Además de “aguardar”, ¿llamas a las puertas de las editoriales?
No.

¿No te interesa publicar?
No. Creo en el destino y creo en el día en que mis poemas hallaran la luz en muchas partes… tal vez yo ya no esté, pero sé que eso va a pasar.

¿No te importa que no vayas a estar?
No. Porque  yo  no escribo para disfrutar ni para que me reconozcan. Yo escribo porque no puedo dejar de hacerlo. Sé que está predestinado que mi  poesía se conozca, el cuándo no tiene importancia.

¿No crees que a veces al destino hay que ayudarlo?
No.

¿Te consuela el reconocimiento en el extranjero por la indiferencia que recibes en Argentina?
Fagocito, celebro y agradezco a los dioses que mi poesía haya cruzado fronteras.

¿Vives de tu poesía?
No. Trabajo desde los 14 años,  porque aunque   mi mamá  trabaja más de doce horas diarias, el dinero que ganaba no era suficiente para pagar el alquiler de la casa y criarnos a mis dos hermanas y a mí. Conseguir  dinero para vivir siempre fue una tarea muy ardua, fui desde vendedora de comercio hasta empleada pública, secretaria de un fiscal de estado y de una clínica, pasando a ser cuidadora de enfermos terminales. La poesía nunca me ha dado para vivir pero estoy viva porque escribo.

¿Trabajabas y estudiabas al mismo tiempo?
No.  Cursé un año y tuve que abandonar. Terminar la secundaria fue una materia pendiente en mi vida, me sentía muy mal porque la sociedad era muy cruel, me marginaba, pero a los 30 años, estudiando de noche y teniendo dos empleos,  me gradué con honores. Y el mayor honor fue haberme graduado a pesar de que me enfermé de lupus y estuve a punto de morir varias veces.

¿Te sigue costando conseguir “el pan tuyo de cada día”?
(Risas) Sí. Vivo muy pero muy austeramente. Me jubilé por la enfermedad antes de los 40 y mi jubilación es mínima. Pero me acostumbré. La falta de dinero no impide que disfrute cada día plenamente como si fuera millonaria.

¿Qué esperas ahora de la vida?
Sigo atenta a los mandatos de Tánatos, Gnomos,  Sílfides, Anubis, Salamandras, Dríade y Ondinas que marcan el sendero que transito.

Beatriz, muchas gracias por la entrevista. Espero que pronto te descubra una gran editorial y tengas el éxito, y el dinero, que te mereces.
 Muchas gracias, que así sea.

© viviana marcela iriart
City Bell, diciembre de 2010

FUENTE:

lunes, 12 de julio de 2010

PUERTA ABIERTA AL MAR. Fragmento. Por Viviana Marcela Iriart.

Rosalinda Serfaty y Fedra López en PUERTA ABIERTA AL MAR. 2007
Fotografia de Roland Streuli


SANDRA
Si yo fuera hada... (Pausa. Alegre). Y entonces serás como el Ave Fénix, pura pluma y fuego.
DUNIA (Conmovida, casi sin poder creer lo que escucha)
Fuego que crece sin llamas, pluma que vuela sin alas.
El fuego crece en la pluma, la pluma vuela en su llama.
Sueña que sueña la llama, que ya es pájaro y que vuela.
Sueña que vuela por ríos, vuela que sueña por mares.
SANDRA
Mece que se mece un niño amamantado con llamas.
El niño que es pura agua, el fuego que es pura lágrima.
DUNIA
Pura lágrima que ríe correteando entre las llamas.

La risa no tiene dientes, la llama no tiene alma.
SANDRA
Alma que corre tras la luna mientras las piedras persiguiendo al río andan.
La luna no quiere alma y el alma que se desangra.
DUNIA
Desangrándose está el alma en la punta de una estrella.
La luna le guiña un ojo, el alma le guiña un beso.
SANDRA
Le guiña un beso el alma y la luna se desploma.
El alma no ve en la noche, la luna no ve sin alma.
DUNIA
La luna se está escapando y el alma se va con ella.
La noche quedó sin luna, el mundo quedó sin alma.
SANDRA
Pero no vos.
DUNIA
Pensé que no lo recordarías.
SANDRA
Sería como haberme olvidado de mí.

Dunia, melancólica, se acerca al ventanal con pasos lentos, pesados. Todo se está poniendo oscuro. Una extraña calma parece haber paralizado la escena. Desde muy lejos se escucha un suave murmullo de pájaros acomodándose en sus nidos. Dunia aspira profunda y lentamente, como si todo, cualquier gesto, le costara enormemente. Sandra parece haber perdido toda su vitalidad y su aplomo. El presente ha caído sobre ellas.
PUERTA ABIERTA AL MAR. Fragmento.
Viviana Marcela Iriart, 1992
SOBRE LA OBRA "PUERTA ABIERTA AL MAR"
Esta pieza teatral de Viviana Marcela Iriart nos presenta el encuentro entre dos amigas separadas por la dictadura argentina, el dolor de esa separación, las heridas que nacieron con el fascismo y las diferencias que se crearon al separarse el pueblo argentino en dos: los que se quedaron soportando el proceso dictatorial y los que se fueron, convirtiéndose en la diáspora y que sufrieron el exilio. No obstante podemos decir que Dunia y Sandra son personajes universales, pueden ser españolas separadas por la dictadura franquista, o italianas separadas por Mussolini, pueden ser alemanas, colombianas, cubanas, chilenas, chinas… y muchos más nacionalidades ya que muchos pueblos han sufrido el exilio y el horror de los dictadores.
Pero la obra también nos presenta como estas dos mujeres empiezan a crear un nuevo nexo a partir de los recuerdos, a través de abrir las heridas cicatrizadas y de cerrar aquellas que quedaron abiertas. Un texto dramático donde el dolor de la expatriación y la culpa del exilio interior del alma son los protagonistas principales.
Por Félix Esteves

jueves, 20 de mayo de 2010

SANDRA MIHANOVICH. Una Entrevista de Viviana Marcela Iriart.


Sandra Mihanovich nació en Argentina el 24 de abril de 1957, es hija de Iván Mihanovich y de Mónica Cahen D’Anvers. Desde muy pequeña siente inquietud por la música y hereda del abuelo paterno el gusto al género del Jazz, sin embargo en su repertorio podemos encontrar una variedad de estilos como el rock, el pop, baladas y jazz todos ejecutados con gran excelencia por su potente y afinada voz.
Esta vocalista comenzó su carrera discográfica con “Pienso en Vos” (1977), que incluyó temas en castellano y en inglés. Sandra había sido intérprete de jingles publicitarios. El éxito llegó con “Puerto Pollensa”, de su segunda producción (1982) y terminó de confirmarse con “Soy lo que soy” (1984). “Como la primera vez” (1985), grabado en Brasil, se muestra más madura musicalmente. En 1988 graba junto con su amiga Celeste Carballo uno de las canciones a dúo más escuchadas de finales de los ochenta “Somos mucho más que dos”, para repetir en 1990 otra vez con celeste otro éxito “Mujer contra Mujer”. En el año 2003 es editado su disco número 15 “Sin tu amor” en el cual se incluye un tema de su autoría “Qué va a ser de mi”. Luego en el 2005 se graba en vivo su producción Creciendo durante los conciertos dados en el teatro de la Opera, donde comparte con varios invitados. A finales del 2009 presento con gran éxito “Honrar la Vida”, un emotivo homenaje a la gran Eladia Blázquez que falleció en el 2005.
Pero Sandra no solo se ha dedicado a la música y el canto su trabajo artístico la ha llevado al cine, televisión y teatro, en 1995 trabaja en una obra infantil de la legendaria María Elena Walsh “El país de no me acuerdo”. En el Séptimo Arte en 1979 forma parte del elenco de “La Isla” una película de Alejandro Doria y bajo las órdenes del mismo director filma en 1980 "Los miedos" junto a Soledad Silveira entre otros. Y en televisión es muy recordado su programa “Latin Music”, además de trabajar junto con Andrea del Boca en “Gladiadores de Pompeya” en 2006 entre otros.
A continuación se presenta una extraordinaria entrevista realizada por la escritora y periodista argentina-venezolana Viviana Marcela Iriart a Sandra Mihanovich.

Sandra Mihanovich: la leyenda, por Viviana Marcela Iriart

Sé que a Sandra no le va a gustar este título. Le va a dar pudor. Lo sé porque en la entrevista mostró una humildad que se agradece ante tanto ego desbordado que sofoca. Sandra, cantante, compositora, actriz, talentosa y exitosa en todo lo que emprende, es la protagonista de muchas de las más importantes páginas de la historia musical argentina de los últimos treinta y cuatro años. Y no se la cree. Ni siquiera porque en 1982 se convirtió en la primera cantante de Argentina, y no sé si de América Latina, en presentarse en un estadio y llenarlo… dos veces.
Tenía apenas 25 años y, al hacerlo, abrió un camino hasta entonces vedado para las intérpretes femeninas.
Abrir caminos, ser una innovadora, adelantarse a su época, no encasillarse en ningún género musical, ser osada, valiente, es algo que hace con tanta naturalidad que cuando se lo digo, se sorprende.

V.M.: Ciento que tú siempre has ido a contramano, abriendo siempre caminos. Empezaste cantando en inglés, jazz, justo cuando en Argentina los grupos de rock comenzaban a cantar en español. ¿No te sentías un poco sola?
S.M.: No creo haber ido a contramano. Creo que pude hacer lo que quería. Canté primero en inglés porque fue lo que mas fácil me salía. Tuve que aprender a cantar en castellano. Siempre me sentí un poco "afuera", eso es verdad. No era rockera, ni cantante romántica, ni cabía en ningún rótulo. Pero fue bueno ya que pude armarme una identidad como cantante.

V.M.: ¿Por qué te resultaba más fácil cantar en inglés?
S.M.: Creo que por una cuestión de la fonética del idioma….nuestras consonantes a veces son difíciles a la hora de emitir la voz, matizar, afinar, dicción, etc.

V.M.: No entiendo, ¿tu idioma materno fue el inglés? ¿Cuando eras chicas cantabas el 'Arroz con leche' en inglés en vez de en español?
S.M.: ¡Tal cual!!! Mi vieja me hablaba en inglés todo lo que se les dice a los bebés; pensaba, con razón, que así lo iba a aprender mas rápido y fácilmente; hablé inglés casi antes que castellano o al mismo tiempo. Me resulta absolutamente fluido.

V.M.: Tú siempre estás diez pasos más adelante que todo el mundo, ¿esto te genera angustia, sentimiento de incomprensión, dudas?
S.M.: No me considero, para nada, una adelantada. Sólo una privilegiada que tuvo, y tiene, la oportunidad de hacer lo que le gusta. Y claro que alguna vez tuve esos sentimientos… ¿quien no?

V.M.: Primer camino abierto. Debutaste rompiendo moldes: cantaste El Día que me quieras de Gardel… ¡quince años antes de que Luis Miguel lo convirtiera en himno de la juventud!
S.M.: Las cantaba en vivo en el lugar donde debuté… me las propusieron y acepté hacerlo porque me parecían bellas.

V.M.: ¿Cómo fue tu debut? ¿Tú con la guitarra solita o ya tenías grupo? ¿Estabas nerviosa?
S.M.: Debuté el 20 de mayo de 1976 en un lugar que se llamaba La Ciudad. Era un café-concert muy elegante y yo formaba parte de un show donde había grandes artistas…‘Jaime Torres', 'Buenos Aires 8', 'Roberto Catarineu', un 'Ballet de Beatriz Ferrari' y mi madre oficiaba de presentadora. Cantaba 2 canciones en inglés y 2 en castellano, 'El día que me quieras' y 'Aquellas pequeñas cosas'. Me acompañaba una banda de 6 músicos con arreglos de 'Baby López Furst' y estaba absolutamente aterrada porque no estaba sentadita con mi guitarra….debía desplazarme… caminar, bajar escaleras….todo muuuuy nuevo para mí.

V.M.: ¿Cómo te llegó la invitación para debutar en la Ciudad?
S.M.: Me convocó Blakie -Paloma Efrom-, que era quien regenteaba ese lugar. Vino una noche a mi casa, me escuchó cantar….debo haberle recordado a ella misma cuando era más joven, y me ofreció debutar. A mí no me daban las patas… como te imaginaras… fui muy feliz haciéndolo.

V.M.: ¿Había algún cantante que te influenciara? ¿A quién te querías parecer?
S.M.: Siempre admiré mucho a 'Bárbara Streisand', pero no siento que haya querido parecerme a ella.

V.M.: ¿Tus comienzos fueron difíciles?
S.M.: La verdad es que no fue difícil. Todo fluyó muy naturalmente, supongo que el hecho de ser la 'hija de Mónica' abrió las puertas. (Se refiere a la famosa y respetada periodista Mónica Cahen D'Anvers). Siempre hubo un carácter transitivo en el afecto de la gente.

V.M.: Segundo camino abierto: en 1982 fuiste la primera cantante en actuar en un estadio y llenarlo dos veces. ¿Qué recuerdos tienes de esas noches? ¿Imaginaste cuando comenzaste que eso te iba a suceder siendo tan joven?
S.M.: Noches explosivas, únicas, cargadas de adrenalina y emoción. Nunca me las imaginé.

V.M.: Eras joven, bella, exitosa, ¿se te subió la fama a la cabeza? Porque siempre diste la impresión de ser muy humilde en el exacto significado de la palabra.
S.M.: Me parece que en esa época, 83, 84, estaba un poco imbancable. (NdR: insoportable)

V.M.: Tercer camino: en una sociedad antisemita como la argentina te atreviste a grabar la canción Seré judía, un rock rabioso y burlón. ¿Qué te llevó a grabar ese tema?
S.M.: Me encantó esa canción y me parecía una buenísima metáfora que aludía a cualquier tipo de persecución. De cualquier época. La grabé en el 85.

V.M.: Cuarto camino: En 1984 grabaste un disco maravilloso, 'Soy lo que soy'.
La canción que le da nombre alude a la libertad sexual, pero en una Argentina que salía de la dictadura representaba a todas las libertades.
S.M.: Yo creo que si esa canción se convirtió en un clásico es porque trascendió el significado de representar una minoría. Todos queríamos decir 'soy lo que soy'.

V.M.: Quinto camino y paro aquí porque no terminaría nunca: en los momentos de mayor éxito tuviste la generosidad de compartir el escenario con otros artistas a los que, dicen, ayudaste en sus carreras. Así como cuando Joan Báez era la reina del folk e invitó a un desconocido Bob Dylan a cantar con ella.
S.M.: Gracias por la comparación….me queda un poco grande. Siempre sentí que sumando talento en el escenario, y en la vida, se crece másese disfruta más. Tuve la suerte de estar bien acompañada.

V.M.: Me llama la atención que tú nunca levantas ninguna bandera. Pero toda tu vida artística es una bandera de libertad.
S.M.: Yo creo que esa fue siempre mi intención, poder hacer lo que quería, y que las conclusiones estuvieran dadas por una actitud consecuente y coherente, nada mas.

V.M.: ¿No levantas ninguna bandera porque tú misma eres una bandera? Y ésta es una afirmación mía, así es como te veo: un ejemplo para todas las generaciones, cuando comenzaste y ahora.
S.M.: ¡Puff! -sonríe y se sonroja-. ¿¿¿No será mucho???? Me suena fuerte eso de "ser una bandera"….soy una persona consecuente, privilegiada y feliz.

V.M.: ¿Mucho por qué?
S.M.: Porque me da vergüenza tanta ponderación.

V.M.: Actúas poco en el extranjero. ¿No te interesa o soñaste con ser como Madonna y te faltó el apoyo discográfico?
S.M.: Siempre me interesó actuar en otros países. Quizás no hice lo correcto para lograrlo, quizás me faltó apoyo discográfico… Pienso que siempre hay varios motivos para que las cosas sucedan o no sucedan. A lo mejor no lo desee lo suficiente.

V.M.: ¿Sandra Mihanovich no le tiene miedo a nada porque es Tauro, porque es argentina o porque es judía?
S.M.: No se porqué. Creo que porque creo profundamente en lo que hago. Lo hago convencida. A full. Feliz de mi elección.

V.M.: Antes cantabas en grandes teatros; ahora en salas pequeñas. ¿Es una elección tuya o es la decisión del mercado?
S.M.: Por suerte he podido ir variando de escenarios. En 2007 presenté Creciendo con dos 'Óperas'… (NdR: un gran teatro). Luego hice el 'Maipo'….también canto en pubs. Me encanta la diversidad y trato de adecuarme a los momentos, y los proyectos.

V.M.: ¿Cómo viviste la dictadura argentina del 76?
S.M.: Con asombro, incredulidad, tristeza.

V.M.: ¿Eres religiosa?
S.M.: Tengo fe.

V.M.: ¿Pacifista?
S.M.: ¿Existe otra opción?

V.M.: ¿Es una broma? La violencia tiene muchos más seguidores y éxito que el pacifismo: guerras civiles, guerras entre países, guerras…
S.M.: No existe otra opción, para mí al menos. Me parece que la violencia no sirve, no es buena, no arregla, no resuelve, no enriquece, no ayuda…

V.M.: ¿Optimista o pesimista?
S.M.: Optimista 100x100.

V.M.: ¿Crees que el ser humano es bueno por naturaleza o por las leyes que controlan su maldad?
S.M.: Creo que el ser humano tiene todas las posibilidades, pero se enferma. Con sus miedos, fundamentalmente. Miedo a ser uno mismo, a ser diferente, a fracasar, a perder, a enfermarse físicamente,…..¡¡¡tantos miedos!!!

V.M.: ¿No te da rabia que con tanto éxito todavía no te hayan premiado con un Grammy cuando hay tanto idiota sin talento que se lo ha ganado?
S.M.: No debo ser muy conocida… o no lo mereceré… no sé de qué depéndeme encantaría recibir uno, ¡obvio!

V.M.: Sin lugar a dudas eres, en ese ámbito de la canción en donde no se te puede encasillar, la mejor cantante argentina del siglo XX y del presente. Y apenas tienes 50 años. ¿Te sientes una ídolo?
S.M.: Me siento una afortunada, que hace lo que le gusta y recibe el afecto de mucha gente. Gracias por tanto piropo.

V.M.: ¿Cómo te ves tú cuando te levantas a la mañana y te miras al espejo mientras te lavas la cara?
S.M.: Jajajajaja… no me miro mucho….a veces estoy bien, otras no tanto, pero siempre me reconozco, por suerte.

V.M.: Y ahora, ¿con qué nos vas a sorprender en el futuro cercano, Sandra?
S.M.: Estoy pensando un nuevo CD con canciones inéditas, un poco más movido en cuanto al ritmo y al estilo….más R&B…..veremos que sale. Sí me gustaría que fuera un disco potente, con movimiento, mas cercano al R&B.

V.M.: ¿Nunca pensaste en hacer un disco con composiciones tuyas solamente?
S.M.: No sé si me voy a animar alguna vez. Me da pudor, me siento muy en evidencia, como desnuda si querés.

V.M.: ¿Más desnuda de lo que estabas en la portada de "Soy lo que soy"?
S.M.: Obviamente. Desnuda de adentro.

V.M.: ¿No me puedes contar ni siquiera una frase de alguna de esas canciones?
S.M.: Ya he grabado un par de canciones mías….las primeras en 'Soy lo que soy' (1984): 'Se metieron con todo', letra de Adela Gleijer, música mía y 'Vivir de nuevo', letra de Debora Céspedes, música mía. En 'Todo tiene un lugar' (2000) grabé 'Estás ahí' letra y música mía y en 'Sin tu amor' (2003) "Que va a ser de mi", letra y música mía.

V.M.: ¿En qué género musical te ubicas? ¿Pop? ¿Rock? ¿Ninguno?
S.M.: Creo que ninguno… quizás la que mas me pega es Pop, ya que por ahí se mezclan los géneros un poco… baladas, boleros, canciones fusionadas del folclore, etc.

V.M.: Sandra, ¿cómo te imaginas dentro de 20 años?
S.M.: Enamorada, feliz, cantando y pasando mucho tiempo en el campo.

V.M.: ¿Sembrando canciones en vez de papas?
S.M.: Sembrando de todo un poco, rodeada de amigos, familia, animales y mucha música.

V.M.: Gracias por la entrevista.
S.M.: No hay de qué, fue un placer.


El placer, obviamente, fue mío. Pocas veces se tiene la suerte de entrevistar a alguien que, estando donde estuvo y, está, sea al mismo tiempo tan humilde y tan franca en sus respuestas. Así es Sandra Mihanovich, 'la leyenda'. O como ella preferiría, simplemente Sandra.
Viviana Marcela Iriart
http://escritorasunidas.blogspot.com/

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