Una pequeña presentación

Los Mínimos y Máximos de Félix Esteves es una casa, un hogar, construido con amor, esfuerzo, dedicación y hasta con aburrimiento. Tiene muchas puertas donde todos pueden entrar. Tiene muchas habitaciones, donde de seguro en algunas podrás sentirte cómodo, y en otras, tal vez contrariado y hasta… por qué no… molesto. Sin embargo su propósito no es agradar ni molestar, no es ganar amigos ni enemigos… de todas maneras ambos son bienvenidos; su fin es mostrar y demostrar lo variopinto de una mirada, la pluralidad de una cosmogonía a través de mi “micromundo”, de lo exterior visto y sentido desde mi interioridad… es un grito contra la discriminación, es un arrullo de amor a la diversidad, es mi tarjeta de presentación como ser humano, como hombre, como gay y miembro de la comunidad LGBT... tal vez es algo más… no lo sé… aún lo estoy averiguando.

Félix Esteves

Amigos de Los Mínimos y Máximos

domingo, 25 de marzo de 2012

VINCENT MALLEA. Entre lo Divino y lo Esotérico... entre lo Real y lo Onírico.


Total Multiple.
Vincent Mallea nace en Menton, Alpes-Maritimes en 1974. En la actualidad vive y trabaja entre París y Niza. Durante casi una década, Vincent Mallea trabajó como fotógrafo y diseñador gráfico para varias producciones y editores de noticias. Su ecléctica carrera le ofrece la oportunidad de colaborar con muchos artistas en covers de álbum (Philippe Katerine, Marie-France, Robert, François Berléand, Zizi Jeanmaire, etc.), así como también en portadas de libros y en afiches publicitarios. 

Dragonlady.

Vedette Americaine.

Ce Matin Encore.
Fuertemente inspirado en el cine hollywoodiense y francés de los años 50 y 60, Vincent Mallea lleva más de diez años trabajando como fotógrafo y diseñador gráfico. Su recorrido profesional le ha permitido rodearse siempre con grandes artistas. Para Vincent Mallea su mejor objeto de trabajo son los cuerpos y sus expresiones, sus fotografías son como rompecabezas que el arma y desarma, las corta, las divide, las pega, las arruga y colorea, convirtiéndolos en imágenes que parecen romper la barrera del tiempo, de carteles y pinturas  pasadas o de tiempos anteriores que viajan en una máquina del tiempo y se revisten de transpostmodernidad.

Franch Touch.

Blonde Bradley.

Finocchio.
Mallea considera que sus fotografías son materia bruta que luego procesa y transforma no sólo digitalmente, como dije antes, rompe, desgarra, pinta, pega objetos diversos (piedras, textiles, etc.) sobre ellas, quizás a través de la pantalla del computador no se observa bien, pero les invito a detallar cada foto y descubrir un universo creativo.

Cada una de las obras de Vincent Mallea presume la expresión de su idiosincrasia, de su temperamento, de su personalidad. Su arte  va desde lo más puro del pop hasta lo más inverosímil o “anómalo” del mundo geek, nerd, otaku, creando una cosmogonía única y particular que lo hace reconocible en cualquier parte del mundo, Mallea es inconfundible.
   
D'Esprit & de Sang.
"Sands of Time".
The American Superfake.
La obra de este particularismo artista  está cargada de ilusoria melancolía, de obscena sensualidad pero al mismo tiempo ingenua y fresca, tierna y abierta que nos asombra, nos ruboriza pero no nos transgrede, no nos insulta.  Y allí reside la importancia de Vincent Mallea, que sabe comunicar la existencia de nuevos mundos, de otras formas o estilos de vida, sin maltratar o descalabrar el status quo. La obra de Mallea nos lleva al submundo o tal vez nos saca de él para regalarnos la alternativa del cambio, que tantas veces deseamos. El exuberante erotismo de sus imágenes fetichistas, freakies, extravagantes y raras nos hace curiosos sobre esos orbes que se mueven a la par de la sociedad imperante y que a veces negamos o no queremos ver.

Le Dessein du Monde.
Francois Sagat el Francesco D'Macho.

Vincent Mallea.
Su rica identidad visual maneja códigos de la propaganda y la publicidad, de los extremos existentes entre lo divino y lo esotérico, entre lo real y lo onírico. Vincent Mallea personaliza lo ya existente para crear un nuevo orden dentro lo marginal, convirtiéndolo en divino y deseable. Por eso su obra aunque no fuertemente política, tiende igualmente a dispararnos los entretelones del mundo y su moral tantas veces disfrazada e hipócrita.

Por Félix Esteves

viernes, 23 de marzo de 2012

LOS ROSTROS DEL RENACIMIENTO... Mi pequeña ilusión.


La Dama del Armiño (retrato de Cecilia Gallerani). 1489-1490.
Leonardo Da Vinci.
Desde hace tiempo me rondaba en la cabeza unas imágenes que vi aparecer por el canal de noticias Euronews de una importante exposición realizada en Berlín llamada "Los Rostros del Renacimiento"  y que causo gran algarabía en el país germano, el público se avoco a ella y eran largas colas las que se hacían para presenciar tan interesante exposición. Desde  mi alejada Caracas a esos interesantes y sabios montajes museísticos que en otrora los museos venezolanos nos tenían acostumbrados, añoraba ver dicha exposición que incluía obras tan importantes como la Dama del Armiño de Da Vinci entre otros muchos pintores del renacimiento. Soñaba con aquellos rostros de los Medicis, de los grandes inversionistas florentinos  y holandeses que hicieron posible el movimiento artístico y filosófico del Renacimiento, sin los grandes capitales hubiese sido imposible apoyar tanto talento, ellos fueron los artífices de ese mundo de luces que despojó a Europa de los clavos hirientes del Medioevo. Ya conformado con no ver nunca la exposición en persona me dedique a disfrutar por internet de aquellas caras que me quitaban el sueño y que tanta ilusión me hacia ver en persona, pero en Venezuela parece eso no ser posible. Aquí les dejo desde mi humilde blog  algunas caras de esos hombres y mujeres del Renacimiento, algunos textos que ayudaran a comprender dicho fenómeno artistico y que espero que con tanta ilusión la disfruten como yo.  


Margaret (Mujer del Pintor) 1439.
Jan Van Eyck

Retrato de una Dama. 1465-1470
Antonio del Pollaiuolo.

Autorretrato. 1439?
Jan van Eyck.

Retrato de una Dama. 1490.
Ghirlandaio.
Distintas visiones, diferentes estilos y diversos pintores aparecieron en el Renacimiento, pero un género  común a casi todos  cautivó: el retrato. Unos fueron sacudidos por esta modalidad por el mágico deseo de captar el individualismo que trajo la filosofía renacentista, otros por el dinero que les hacia ganar, ya que la nueva clase social, levantada por el comercio y que surgía como una fuerza tan importante como la Iglesia y la realeza, necesitaba ser pintada para que el pueblo viera sus rostros y su poder. Los pinceles y colores de los artistas dejaron atrás los rostros apacibles de santos y sufridos Cristo, de un Dios intocable y lejano, para pintar rostros llenos de vida, rostros con pensamientos propios, con intenciones de poder y de lujuria, los pintores llenaron sus pinceles con oleos y plasmaron en los lienzos los rostros del espíritu de nuevo hombre que el mismo ya se señalaba como el centro del universo.

Francesco Giamberti da Sangallo, Músico. 1485.
Piero di Cosimo.

Un hombre sosteniendo una moneda del Emperador Nerón. 1473-74.
Hans Memling.

Retrato de una Mujer, "La Bella", ca. 1525.
Palma Il Vecchio.

Retrato de Giovanni della Volta con su esposa e hijos. 1547.
Lorenzo Cotto.
El retrato surgió en el renacimiento como una explosión casi frenética de publicidad política como la conocemos hoy día, los grandes burgueses querían aparecer en cada edificio importante, a más retratos se le hiciera más era su poder,  y sus status necesitaban mantenerse en alto en una Europa llena de principados y ricas familias en pugnas por tener el control de las nuevas y grandes ciudades. Los retratos de los grandes banqueros, de los importantes "nuevos ricos", de los hombres de luces y conocimiento adornaron las grandes paredes de los edificios desde Flandes a Florencia, la nueva clase social tenía que hacerse sentir y para ello tuvieron a los artistas como sus aliados, el mecenazgo llego a uno de sus puntos más altos en la Historia del Arte.

Retrato de Giuliano d'Medici. 1478.
Botticelli.

Retrato de un Muchacho. 1495-1500.
Andrea d'Assisi.

Retrato de una Joven Dama, (Simonetta Vespucci). 1476.
Botticelli.

Retrato del Cardenal Ludovico Trevisano. 1459.
Andrea Mantegna.
En la Edad Media había un evidente y acusado teocentrismo y los rostros de las personas eran estándar, todos similares, y al parecer anónimos, en el Renacimiento predomina el antropocentrismo, el hombre es la medida de todas las cosas, la anatomía personal comienza a jugar importancia como parte del individualismo y esto trae que el artista se interese por investigar el cuerpo humano. Aparecen con intensidad los retratos de personajes con nombre y apellidos, el lujo se apodera de los lienzos pues no sólo es importante retratar al personaje sino también señalar su riqueza y su puesto en la sociedad.

La rostros de la realeza y de la Iglesia “cedieron” sus puestos a los burgueses, ya que estos descubrieron el placer de dejar su efigie para la posteridad y de paso verse a sí mismos, como seres humanos individuales, a través de los diestros ojos de genios de la pintura como Botticelli, Lippi o Mantegna, capaces de desvelar y dejar en evidencia los más ocultos aspectos del carácter y el espíritu. Pero más allá del retrato de un individuo, estos cuadros suponen la expresión de una nueva forma de ver el mundo, un gran ejemplo es que la mujer empieza a ser retratada como individuo, en coincidencia  con el momento en que empiezan a tener dinero e influencia en la sociedad. La belleza entonces exigía contención y distancia, por eso el ojo se convirtió en el órgano privilegiado. El mundo renacentista se había convertido en un objeto de la empresa humana, un objeto de conquista, en una transformación y conocimiento. El mundo dejó de ser ese lugar mágico del Medievo, cuya naturaleza era inabarcable. Por primera vez, el hombre se considera maestro y dueño de sí mismo y del mundo.

Retrato de Federico Gonzaga.
Francesco Francia.

Retrato de Dama.
Ambrogio de Predio.

Doble retrato.
Filippo Lippi.
El rostro tardaría todavía más de 500 años en democratizarse. Hasta la llegada de la fotografía y del espejo como objeto de uso doméstico habitual, en pleno siglo XIX, las caras públicas eran propiedad de los potentados, pero eso es otra historia. En el siglo XV, la pintura todavía no había fracasado como mímesis ni como valla publicitaria. Las grandes verdades todavía se copiaban y eran las que aparecían coloreadas con delicadeza en las tablas. 

El Renacimiento – traducido como "nuevo comienzo" - se asocia hoy con el auge del individualismo, la auto-conciencia y el arte que celebra estas cualidades, junto con la belleza y la plenitud de la naturaleza. El período se produjo la inclusión de la perspectiva geométrica en la pintura y un renacimiento del retrato, un género que apenas había jugado un papel en el arte desde la antigüedad tardía. Los comerciantes, los príncipes, banqueros, clérigos, académicos y artistas comenzaron a hacer cola para inmortalizarse en el lienzo, Dios dejo de ser retratado, el Hombre le ganaba su puesto aquí en la tierra.

Autorretrato.
Alberto Durero.

Retrato de Balduino de Borgoña. 1530-40.
Jan Gossaert.

Martin Lutero.
Lucas Cranach El Viejo.
La gente se ganó el derecho a aparecer en un retrato a través de hechos excepcionales o en la luz de una ocasión en particular, como un matrimonio. Las mujeres jóvenes siguen en busca de un pretendiente de clase apropiada, estas se muestran en imágenes estilizadas como virtuosas, puras y equipadas con una  rica dote. Vestian prendas suntuosas acorde con su origen noble y a sus riquezas. Parejas de recién casados fueron pintadas rodeados por completo de la grandeza de su dote, dándole al espectador a reconocer rápidamente el significado de su nuevo lazo de riqueza entre las dos familias involucradas. En ocasiones, el escudo de la familia se introdujo en la misma foto.

Los primeros retratos del Renacimiento se iniciaron simplemente con la cara; a continuación, se mueve hacia abajo, los artistas incluyeron  los hombros. Más tarde, “ma non troppo”, los artistas comenzaron a darse cuenta de que la inclusión de las manos y los gestos, el movimiento de un brazo, la sugerencia de la inclinación de la cabeza, pues todo eso sugería o comunicaba la personalidad  del retratado. Además que incluía la vestimenta y esto su riqueza en el mundo.

Retrato de Dama.
Filippo Lippi.

Cardenal. 1510-11.
Rafael Sanzio.

Lorenzo de Medici, Duque de Urbino. 1516
Rafael Sanzio.
El Renacimiento Italiano tuvo a sus grandes mecenas que fueron también los más retratados, la familia Medici fue un ejemplo de ello. Los Medici ganaron  su riqueza a través de las transacciones bancarias internacionales. Rápidamente alcanzaron la preeminencia en Florencia y regiones importantes de la Toscana, la expansión de su poder fue impresionante y de maneras diversas e ingeniosas a menudo. La promoción del arte y los artistas fue uno de sus objetivos. Y tanto el Arte como los artistas se rindieron a sus rostros.

En general, en el Renacimiento los artistas hicieron retratos precisos más de las riquezas y del poderío político que de los propios rostros; se añadieron más pestañas de las existentes, más cabellos de los que existieron, se duplicaron las telas, los brocados y las sedas en los vestuarios, con el propósito de impactar y de engrandecer la imagen. Tal como lo afirma el curador de Arte Stefan Weppelmann:

"Let's say you had a young woman who was supposed to look virtuous, then you would paint her skin whiter than it was and her hair lighter. Even if she was very much a brunette, suddenly she became a blond because lightness in the skin and hair was supposed to reflect inner purity, according to Renaissance ideals,"[1]

Francesco Sassetti con su hijo.
Ghirlandaio.

Retrato de una Dama con ardilla y estornino. 1526-8
Holbein El Joven.
Retrato de Muchacho sosteniendo un dibujo infantil. 1515.
Giovanni Francesco Caroto.

En el retrato del renacimiento las deformidades fueron suavizadas, muchas curvas enderezadas y muchas líneas suavizadas, todo con la intención de sugerir  las cualidades que el artista ha querido poner de relieve; el  ideal de belleza de la época era el clásico grecolatino, así que los pintores quitaron el exceso de peso, alargaron los cuellos de las damas, afinaron rostros, pero no sólo para falsificar la realidad un poco y para mejorar la imagen de su patrón. Dentro de tanto retocamiento se vislumbraba el espíritu de la filosofía humanista de aquel entonces, el hombre a par de Dios, tan bello y poderoso como él.

Al plasmar los rostros de la gente, el artista debía provocar en el espectador un sentimiento de veneración por la persona representada. Según Stefan Weppelmann  … “en el Renacimiento se puso mayor énfasis en las caras de las personas, porque se consideraba que eran el medio de comunicación del alma. No se retrataba a cualquiera.”[2]

Pasaría mucho tiempo para que el retrato se democratizase, aunque muchos pintores pintaron al pueblo común y corriente, pero su principal motivo no eran ellos, tuvo que llegar la fotografía en el siglo XIX para retratar la realidad de la gente tal y como era y para que los comunes y el vulgo pudieran ser protagonista de un retrato.


Andrea Odoni. 1526.
Lorenzo Lotto.

Por Félix Esteves

miércoles, 21 de marzo de 2012

LA NORMA MORAL, LA IGLESIA Y LA HOMOSEXUALIDAD. Valores morales occidentales y la homosexualidad.


La norma moral viene proporcionada por las costumbres. Los aspectos morales de la homosexualidad están emanados de la legislación, la psiquiatría y la vida social. Cuando la ley juzga como delito la relación homosexual entre adultos libres y conscientes de sus actos, está claro que no intenta proteger la moral pública ni la seguridad de sus individuos, sino que tiene una finalidad moralizadora. La actual cultura, sigue todavía una línea represiva de la sexualidad en general. Las leyes sobre conducta sexual, son clara prueba de ello. Hemos visto que la mayoría de las leyes que prohíben la homosexualidad, prohíben también otros tipos de conducta heterosexuales. Se considera todavía que la sexualidad es algo básicamente “malo” y que sólo se justifica cuando es “natural”, es decir  cuando esta es heterosexualidad, genital, y procreativa.

Al definir la conducta heterosexual como “normal” y la homosexual como “anormal”, se parte de un juicio de valor previo. Este valor previo es el de la procreación, que a través de la heterosexualidad permite la conservación de la especie humana. Nuestra cultura estimula la heterosexualidad desde muchos ángulos. Desde la publicidad hasta la exaltación del matrimonio.

Según muchos estudiosos la homosexualidad priva del gozo de la complementariedad que se da entre hombre y mujer, pero esta complementariedad viene adscrita  a la tradición bíblica, que nos dice que el hombre fue creado “a imagen de Dios los creó, hombre y mujer los creó”. (Gen 1, 27). Está claro que este axioma moral se fundamenta en la teoría creacionista o creacionismo, de lo cual sabemos es obsoleta y alejada de la realidad científica.

Muchos son las investigaciones y estudios que desde los más diversos campos se han realizado sobre la homosexualidad en sus más variados aspectos en los últimos años. Se ha de reconocer que las ciencias (la psicología, la sociología, la medicina, etc.) han contribuido a tratar el tema de la homosexualidad de un modo preciso, a eliminar injustas discriminaciones y a acercarse a los homosexuales con la comprensión que merece su dignidad de personas humanas, sin el aditamento  de enfermos mentales, desequilibrados o desviados sexuales. En el debate sobre la valoración de la condición homosexual, aunque no son pocos los autores, mayormente psicólogos, que defienden que “la homosexualidad es un desorden sólo cuando no es querida por la persona.”[1]

Partiendo que la homosexualidad no es un desorden y que cada vez somos más, según datos experimentales podemos llegar al 5% de la población mundial, enfoquemos este artículo en los cambios que se han producido a lo largo de la historia humana rápidamente, al principio éramos aceptados en la antigüedad clásica, después vino el monoteísmo judío y el cristiano para tacharnos de delito luego a pecado (vitium nefandum), más tarde en una sociedad más moderna trastocada por el racionalismo nos estigmatizaron como “enfermos”, vinieron los nazi y nos pusieron unos singulares triángulos rosados por “débiles mentales”, en los cincuentas hasta bien entrados los setenta llegamos a “condición”, para que a principio de los ochenta por supuesto del siglo pasado el SIDA nos volviera a estigmatizar y la sociedad neófita nos viera de nuevo como enfermos contagiosos, después de esto yo aseguraría que somos más del 5% como lo indican las estadísticas, pues este triste historial hace que muchos sigan en el closet y se nieguen a contestar con la verdad las encuestas. Lo que si podemos asegurar es que la homosexualidad hoy día es una opción libremente elegida del autodescubrimiento de nuestra sexualidad. ¿Cómo pasa esa autodeterminación y autodescubrimiento? Cada quién tiene su historia, lo importante es que es un ejercicio de la libertad humana por elegir lo que queremos ser.

VALORACIÓN DE LA HOMOSEXUALIDAD EN LA MORAL OCCIDENTAL.

Los valores éticos y morales de las sociedades occidentales están fundamentados
en los enunciados básicos del cristianismo y en especial de la Iglesia Católica.
La moral de la sociedad occidental esta cimentada en la tradición cristiana, por eso es necesario hacer reseña clara a la valoración de la homosexualidad desde un punto de vista religioso, pero especialmente en la moral impuesta por la educastradora iglesia católica.

La valoración de la homosexualidad por parte de la Iglesia Católica, aún cuando el Concilio Vaticano II[2] supuso un cambio en la valoración de la sexualidad, hasta 1975 no se originó una nueva declaración oficial sobre la homosexualidad, Declaración Persona humana de la Congregación para la Doctrina de la Fe, donde se afirma:

"Según el orden moral objetivo, las relaciones homosexuales son actos privados de su regla esencial e indispensable. En las Sagradas Escrituras están condenados como graves depravaciones e incluso presentados como la triste consecuencia de una repulsa de Dios"[3]

La Iglesia, no obstante, diferencia entre la maldad objetiva de la actividad homosexual y la responsabilidad subjetiva de quien la realiza. En esa misma declaración antes citada se nos enseña que:

"Este juicio de la Escritura no permite concluir que todos los que padecen de esta anomalía son del todo responsables, personalmente, de sus manifestaciones; pero atestigua que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados y que no pueden recibir aprobación en ningún caso"[4]

Esto no quiere decir que los individuos que obran en estos actos siempre sean subjetivamente excusables, sino que a veces la ignorancia, el abuso de otras personas, las influencias ambientales muy fuertes, entre otras cosas, pueden conducirlas a realizar actos no totalmente libres. Sin embargo, tales actos son gravemente malos en sí mismos, pues ofenden a Dios y van en contra del bien auténtico de la persona humana. Es decir que para los Padres de la Iglesia Católica existe una homosexualidad "adquirida"  que considera como "transitoria y curable", y otra producida por "cierto instinto innato", que "se supone incurable". En consecuencia se concluye que no puede afirmarse que "todos cuantos padecen esta anomalía son personalmente responsables de ella". Tal como lo afirma Gafo en la siguiente cita:

“Al tratar este último tema, el documento hace una distinción «que aparece con algún fundamento» entre dos tipos de homosexualidad: ‘la que procede de una falsa educación, de falta de desarrollo sexual normal, de hábito adquirido, de mal ejemplo y otras causas semejantes’, a la que califica de ‘transitoria o, al menos, curable’ y, por otra parte, la homosexualidad definitiva ‘a causa de cierto instinto innato o constitución patológica que se suponen incurables’. Por eso no puede decirse que ‘todos cuantos padecen esta anomalía son personalmente responsables de ella’. Según la Declaración Persona humana, al referirse a esa homosexualidad definitiva, es donde surgen voces que justifican las relaciones homosexuales ‘dentro de una sincera comunión de vida y amor análoga al matrimonio, en la medida en que estos homosexuales se sienten incapaces de soportar una vida en soledad’.”[5]

Once años despues, en 1986, la misma Congregación para la Doctrina de la Fe volvió a tratar el lema de la homosexualidad en la Carta a los Obispos de la Iglesia Católica sobre la atención pastoral a las personas homosexuales para salir al paso de "interpretaciones excesivamente benévolas de la condición homosexual" surgidas a partir de la Declaración Persona humana de 1975, afirmando que:

...“la particular inclinación de la persona homosexual, aunque en sí no sea pecado, constituye sin embargo una tendencia, más o menos fuerte, hacia un comportamiento intrínsecamente malo desde el punto de vista moral. Por este motivo la inclinación misma debe ser considerada como objetivamente desordenada”[6]

En todo caso, la Carta deplora que las personas homosexuales hayan sido objeto de expresiones malévolas y de acciones violentas, afirmando que la dignidad propia de toda persona siempre debe ser respetada en las palabras, en las acciones y en las legislaciones.

Después en 1992, el Catecismo de la Iglesia Católica nos dice:

“2357 La homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo. Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado. Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves (cf Gn 19, 1-29; Rm 1, 24-27; 1 Co 6, 10; 1 Tm 1, 10), la Tradición ha declarado siempre que ‘los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados’ (CDF, decl. “Persona humana” 8). Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso.
2358 Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales instintivas. No eligen su condición homosexual; ésta constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición.
2359 Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana.”[7]

Las consideraciones anteriormente referidas o citadas la doctrina oficial de la Iglesia católica en su debate teológico actual pone de manifiesto la existencia en el seno de la Iglesia cuatro posturas o istmos sobre la homosexualidad:

Primero: los que rechazan la orientación y el comportamiento homosexual.

Segundo: los que rechazan las acciones y el estilo de vida homosexual, pero no la orientación (el tener la condición homosexual) y apoyan incondicionalmente a la persona homosexual.

Tercero: los que, no sólo no descalifican la orientación homosexual, sino que aceptan éticamente el mismo comportamiento homosexual cuando se dan las mismas condiciones que legitiman el comportamiento heterosexual.

Cuarto: los que no descalifican la orientación homosexual, pero sin ponerla al mismo nivel que la heterosexualidad, y afirman una aceptación ética, aunque matizada, del comportamiento homosexual.  Esta cuarta postura a su vez tiene dos vertientes:

 Primera Vertiente: la del teólogo P.S. Keane que acepta que en las acciones homosexuales de una persona gay que obra responsablemente y en las medidas de sus posibilidades hay un mal “óntico” pero no necesariamente un mal moral. Al fundamentar esa posición, Keane subraya que existen muchas acciones humanas que no llegan al nivel de su pleno potencial de bien, ya que el quehacer humano nunca puede actualizar la plenitud de sus potencialidades existentes. Por ello, el mal óntico significa que el mal forma parte del ser de una acción, pero sin que sea posible una condena moral. Es lo que otros autores califican como mal pre-moral o no-moral, planteamiento que fue rechazado por la Encíclica Veritatis Splendor.[8]

Segunda Vertiente: El teólogo Charles Curran llega a afirmar que considera moralmente justificadas las acciones homosexuales para el homosexual irreversible en el contexto de una relación amorosa que aspira a la estabilidad. Tal como se establece en la siguiente cita:

“Formula una «teoría del compromiso» entre las dos afirmaciones siguientes: “Todos los actos homosexuales son objetivamente malos”… “los actos homosexuales son neutros.”… “Sin duda, las relaciones heterosexuales matrimoniales constituyen el ideal. Pero, dado que el homosexual no es responsable de su orientación, de que no es posible el cambio hacia la heterosexualidad y que la sublimación celibataria no es siempre posible”… “las relaciones homosexuales estables, que proporcionen plenitud y satisfacción, son mejores que la promiscuidad sexual”. [9]

El empuje de los teólogos que hacen una reevaluación de la homosexualidad y el interés de la Iglesia Católica por evaluarla no es más que un reconocimiento de la práctica de la homosexualidad como una variante legítima de la experiencia del hombre desde el primer momento que piso la tierra, sea este primer momento por “Evolución” o por “Creación”. La Iglesia por lo tanto considera la homosexualidad como un hecho, que claro no repercute en la procreación de la raza humana, pero hay mecanismos científicos que abren el camino de la evolución humana.

La prohibición de los actos homosexuales por parte de la moral existente en Occidente y casi todo el mundo, por no decir todo, es más que la interpretación de una norma puramente eclesiástica, religiosa, que no obedece al deseo individual de autodeterminación sexual y a la cual todos tenemos el derecho de elegir. De esta manera, la inversión de la tradición bíblica y teológica sobre la moral, pierde fuerza al actual espíritu de los tiempos de la transpostmodernidad que abre un mundo de posibilidades a la libertad de autoexpresarse según nuestra identidad sexual. La homosexualidad es una variante de la naturaleza, pero lo que es mejor aún una variante del deseo por expresarnos como lo que queremos ser.

Hay una importante distinción entre el ámbito jurídico y el nivel de conducta moral. No podemos negar que la moral y de la ética basada en la religión como “No matarás”, “No robarás”, entre otros muchos son de gran importancia para el mantenimiento sano de la sociedad, porque dichos lemas están subyugados o amarrados al hecho de no hacer daño al prójimo. 

El “Amor Homosexual” es un amor que no se diferencia de otro “Amor”, con él no le hacemos daño a nadie. El “Amor Homosexual”, al igual que nosotros como individuos no le hacemos daño a nadie y no se puede estigmatizar nuestra conducta o nuestro simple obrar como amoral. El Estado debe proteger por ley los valores que garantizan el mantenimiento de la ley y la política con respecto a los fundamentos de la sociedad, al respeto ciudadano, a las libertades. Los delitos de matar, violar, robar, seducción de menores de edad, todos aquellos que vienen a dañar al otro son cometidos por un variante tipo de personas, entre heterosexuales y homosexuales, pero les aseguro que las estadísticas son mayores en los casos de los heterosexuales, lo que pasa que cuando son cometidos por algún miembro de nuestra comunidad LGTB son más sonados por los medios de comunicación, debido a que estamos tachados por la moral de una sociedad que desde hace tiempo pero mucho tiempo nos ha llamado y acusado de “Amorales”.


[1] American Psychiatric Association, Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, Third edition, A.P.A., Washington D.C., 1980. p. 281-282.
[3] Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF), Declaración "Persona humana" sobre algunas cuestiones de ética sexual, 29 de diciembre de 1975, número 8.
[4] Ibídem.  
[5] Gafo Fernández, Javier, Cristianismo y homosexualidad. En La homosexualidad: Un debate abierto (J.Gafo ed.), Desclée de Brouwer, Bilbao, 1987. p.196
[6] Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF), Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre la atención pastoral a las personas homosexuales, 1ro. de octubre de 1986, número 3.
[9] CURRAN, Ch. E. «Homosexuality and Moral Theology, methodological and substantive Considerations», en The Tomist 35 (1971) 447-481; Catholic Moral Theology in Dialogue, University of Notre Dame Press, Notre Dame 1976, 184-219.

Por Félix Esteves

martes, 20 de marzo de 2012

AMORES BUENOS NO VUELVEN...


Ya no importan las palabras
ni los escudos que nos fabricamos
mentiras que salieron de nuestras bocas
para aplacar la maldad de los extraños.
Ahora ya no importa que mi llanto me delate
ni que mi gemido sea tu nombre
ahora es vano mi grito que al cielo implora
por tu alma que el cielo me arrebata.
Quizás la vida se me hará más corta
si a tus labios sin miedo me acercara
y besará de una vez la huella de la muerte
que dejo la Parca sobre tu boca.
Ya ni importan las palabras
ni las miradas de desprecio que me arropan
dejare las marcas de mis manos en la tierra
que ahora estéril cubren tu descanso.
Gritare lo mucho que te amo
pero en vano desaparecerán con el viento
parece tarde mi fatua valentía
cuando te ofrezco mi pasión después de muerto.
Ahora ya nada importa
porque mi amor no te devolverá la vida
y los amores buenos solo vuelven
para desaparecer como el brillo de la espuma
del mar que se viste con la aurora.

Por Félix Esteves

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