Una pequeña presentación

Los Mínimos y Máximos de Félix Esteves es una casa, un hogar, construido con amor, esfuerzo, dedicación y hasta con aburrimiento. Tiene muchas puertas donde todos pueden entrar. Tiene muchas habitaciones, donde de seguro en algunas podrás sentirte cómodo, y en otras, tal vez contrariado y hasta… por qué no… molesto. Sin embargo su propósito no es agradar ni molestar, no es ganar amigos ni enemigos… de todas maneras ambos son bienvenidos; su fin es mostrar y demostrar lo variopinto de una mirada, la pluralidad de una cosmogonía a través de mi “micromundo”, de lo exterior visto y sentido desde mi interioridad… es un grito contra la discriminación, es un arrullo de amor a la diversidad, es mi tarjeta de presentación como ser humano, como hombre, como gay y miembro de la comunidad LGBT... tal vez es algo más… no lo sé… aún lo estoy averiguando.

Félix Esteves

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jueves, 26 de abril de 2012

HOMOSEXUALIDAD. El interminable debate de la Ley Natural y el Constructivismo Social de la Sexualidad.


La palabra “homosexualidad” fue utilizada por primera vez a mediados del siglo XIX. Etimológicamente homosexualidad proviene  del griego μο, homo “igual”, y del latín sexus “sexo”. La homosexualidad es una orientación sexual y se define como la interacción o atracción sexual, afectiva, emocional y sentimental hacia individuos del mismo sexo.[1] El término homosexual nació de Karoly M. Benkert en 1869, pero fue el libro Psychopathia Sexualis de Richard Freiherr von Krafft-Ebing el que popularizó el concepto en 1886.

Aunque el término  y  la misma homosexualidad han generado muchos debates y estudios, entre ellos médicos, antropológicos y sociales, han ocasionado un debate filosófico que va desde “El Simposio” de Platón hasta la “teoría queer”[2] contemporánea. La historia de las formas en que cada cultura o pueblo intenta comprender la atracción del mismo sexo es importante para los temas filosóficos suscitados por esas mismas formas de comprender; por lo tanto, es necesario reseñar brevemente algo de la historia social de la homosexualidad.

Un poco de Historia Reciente.

En los siglos XVIII y XIX el sello claramente teológico ya no era dominante para el discurso sobre la atracción del mismo sexo. En su lugar se volvieron cada vez más comunes los argumentos e interpretaciones seculares. El siglo XVIII nos trajo la Era de la Razón o Las Luces y con ella un nueva forma de ver la vida, ya Dios ni el pensamiento religioso era importante para determinar la sexualidad, así el dominio secular que probablemente tuvo más importancia en el discurrir sobre homosexualidad fue la medicina, que incluía a la psicología.

Las cortes convocaban a médicos para examinar a los acusados de crímenes sexuales, no se buscaba el juicio divino, la ciencia y la razón eran los nuevas herramientas de los juzgados. Al mismo tiempo, el incremento en las tasas de escolaridad y en el promedio de tiempo que se pasaba en la escuela redujo el contacto intergeneracional y esto supeditó también la reducción de la frecuencia del sexo intergeneracional y se hizo más habitual que las relaciones del mismo sexo se dieran entre personas de aproximadamente la misma edad.

El aumento de la reputación de la medicina arrancó en parte de que la ciencia se hizo cada vez más capaz de explicar los fenómenos naturales a través del “mecanicismo”.[3] La aplicación de este pensamiento a los seres humanos condujo a explicar la sexualidad como algo innato o impulsado biológicamente. Desde ese punto la sodomía, como se le decía en aquel entonces, no se observo como una conducta amoral,  y se dejó paso a la idea “mecanicista” de que la homosexualidad es una característica profunda y no elegida de las personas, y que obedece a la biología. En lugar de defender que los actos específicos concretaban a la persona, como lo hacía la visión medieval, a la categoría moderna de “homosexual” se le adscribió una dotación íntegra de rasgos físicos y mentales, generalmente descrita como en cierto modo defectuosa o patológica.

Aunque había precursores históricos de estas ideas como Aristóteles que le dio una explicación  fisiológica de la homosexualidad pasiva:

“En uno de los problemas atribuidos a Aristóteles se pregunta por las razones del placer sexual experimentado por algunos hombres en las relaciones pasivas. Rápidamente aflora que estos individuos sufren un defecto congénito en los órganos sexuales: su esperma, que no puede ser expulsado debido a la atrofia de los órganos, se concentra en la región del ano, como les ocurre a las mujeres; y esta concentración provoca el deseo de gozar en relaciones pasivas.”[4]

La medicina de aquel entonces  les dio mayor exposición y credibilidad públicas a estas teorías y como se creyó que la homosexualidad  no es elegida, tenía menos sentido criminalizarla. Pero no todo fue color de rosa, pues la homosexualidad se empezó a ver como un estado mental enfermo o patológico. Como secuela los médicos, especialmente los psiquiatras, hicieron campaña por la derogación de las penalizaciones criminales en relación con la sodomía homosexual consensual y al mismo tiempo intervinieron para “rehabilitar” a los homosexuales.

En el siglo XX los roles sexuales fueron redefinidos una vez más. Las relaciones premaritales lentamente se volvieron más comunes y eventualmente llegaron a ser aceptables. Con la declinación de las prohibiciones al sexo por placer, incluso fuera del matrimonio, se hizo más difícil construir argumentaciones contra el sexo gay. Estas tendencias fueron especialmente fuertes en la década del sesenta y fue en este contexto que el movimiento de liberación gay comenzó su arduo viaje. Los grupos de derechos gays y lésbicos ya llevaban décadas de existencia, ya desde finales del siglo XIX habían ciertos grupos que manifestaban su compromiso social y médico sobre el tema, no obstante la Segunda Guerra Mundial opaco y desintegro a estos movimientos y los que se dieron inmediatamente después de 1945 no dieron frutos inmediatos.

Fue solo hasta el 28 de junio de 1969, cuando los clientes de un bar gay del Greenwich Village de Nueva York, el Stonewall Inn, iniciaron una revuelta después de una incursión policial. Como consecuencia de ese evento comenzaron a organizarse grupos gays y lésbicos en toda Norteamérica y el mundo. Las grandes comunidades gays urbanas se volvieron habituales en las ciudades. La homosexualidad dejó de ser una enfermedad y la Asociación Psiquiátrica Norteamericana (American Psychiatric Association, APA) borró a la homosexualidad de su listado oficial de desórdenes mentales:

“En 1973 la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) decidió eliminar la homosexualidad del ‘Manual de Diagnóstico de los trastornos mentales’ (DSM) y urgió a rechazar toda legislación discriminatoria contra gays y lesbianas. La acción vino motivada tras una completa revisión científica sobre el tema. Éste sólo fue el primer paso de un lento proceso de cambio que tardaría en llegar al resto del mundo, pues hubo que esperar aún dos décadas, hasta 1990, para que la Organización Mundial de la Salud (OMS), retirara la homosexualidad de su lista de enfermedades mentales.”[5]

La visibilidad incrementada de gays y lesbianas se ha vuelto un rasgo permanente de la vida, cada vez son más los países que legalizan la homosexualidad y la comunidad LGBT gana terreno en la búsqueda de sus derechos civiles. En muchos países se acepta el matrimonio gay y las familias homoparentales. No podemos negar que la epidemia del SIDA trajo algún retroceso, pero el movimiento gay ha dado grandes pasos a finales del siglo XX y este nuevo siglo ha abierto muchas puertas a los homosexuales, falta mucho por lograr y por que luchar, como derogar las leyes antisodomítas y garantizar la igualdad legal en relación con gays y lesbianas en muchos países.

La Homosexualidad y Ley Natural.

En la actualidad la teoría de la ley natural ofrece el resguardo y la defensa intelectual más habitual y usual que se utiliza para demostrar y justificar el dar tratamiento diferencial a gays y lesbianas. El desarrollo de la ley natural es una historia extensa y compleja, por lo tanto se nos hace necesario abrir el tema con su concepto:
“La ley natural es un orden normativo armónico (o sistemático) y unas relaciones de interdependencia derivadas de él, a los que todos los seres visibles están ligados por el mero hecho de existir. Dentro de este encontramos las nociones de orden, interrelación y armonía. Una ley natural también se puede definir como la ley que crea la naturaleza de cualquier cosa para protegerse de lo que amenace su tranquilidad en su entorno.”[6]

Para Francisco-Manuel Nácher la ley natural es:

… “la existencia de una sucesión de hechos, entrelazados, en series sucesivas, de modo que unos siguen a otros inevitablemente. Al no ser un mandato, la Ley Natural no castiga, ni su infracción es delito. Y, al no ser humana, no se puede infringir. Y, al no prever castigos, no hay que considerar como tales los efectos de su no observación. Porque, la Ley Natural, o se observa y todo va bien, o se infringe, y acaecen los efectos previstos por ella para esa no observación, y entonces surgen el dolor, el sufrimiento, las desgracias, las enfermedades, etc. Pero, no como castigo previsto, sino como consecuencia inevitable, incluída ya en su semilla, que era el quebrantamiento de la ley.”[7]

No obstante podemos discernir mejor sobre Homosexualidad y ley natural partiendo de los Diálogos de Platón, porque es allí donde resultan moduladas y enunciadas por primera vez algunas de sus ideas medulares y lo que es muy significativo se las emplea y designa incontinenti al dominio sexual.

Para los sofistas, el mundo humano es el reino de la conformidad y el cambio, y no la verdad moral inmutable. En oposición, Platón deducía y alegaba que las verdades inmutables subyacen en el flujo del mundo material. La realidad, incluyendo las verdades morales eternas, es asunto de physis. Aunque es evidente que hay un grado amplio de variedad en las convenciones de una ciudad a la otra, sigue todavía existiendo un estándar no escrito, o ley, bajo el cual deben vivir los seres humanos.

En las Leyes, Platón aplica al sexo la idea de una ley natural fija, y adopta una línea de pensamiento mucho más severa que la que sigue en el Simposio o el Fedro. En el Libro Primero escribe que los actos sexuales del sexo opuesto causan placer por naturaleza, en tanto que la sexualidad del mismo sexo es “antinatural”:

“A la naturaleza femenina y a la varonil parece haberles sido entregado un placer natural para que se unan para la generación, pero la unión de los varones con los varones y de las mujeres con las mujeres es la primera osadía por la incontinencia del deseo”[8]

En el Libro Octavo, se considera que se dicte legislación que prohíba los actos homosexuales, la masturbación y el sexo procreativo ilegítimo. Después afirma que esta ley está de acuerdo con la naturaleza. Probablemente el mejor modo de entender el modo de discurrir de Platón aquí es en el contexto de su interés general por la parte apetitiva del alma y por averiguar cuál es el mejor modo de controlarla. Platón ve con claridad que las pasiones del mismo sexo son especialmente fuertes y por lo tanto particularmente problemáticas. Pero Platón parece contradecirse porque en el Simposio esa atracción erótica puede ser la base de una vida dedicada a la filosofía:

“Por lo que sé, no hay mayor bendición para un hombre joven que está empezando a vivir que un amante virtuoso, o para un amante que un joven amado. Por principio, digo que ningún lazo, honor, riqueza ni ninguna otra cosa es digno de implantarse como el amor. ¿De qué estoy hablando? Del sentido de honor y del deshonor, sin el cual ningún estado o individuo podría haber hecho alguna labor buena o grande... Y si pudiera inventarse algo para que un estado o un ejército se compusiera de los amantes y sus amados, serían los mejores gobernantes de sus ciudades, corrigiéndose sus defectos y emulando sus virtudes, y es una exageración pequeña decir que si lucharan los unos junto a los otros, aunque fuera solo con las manos, conseguirían conquistar el mundo.”[9]

Otros personajes jugaron un papel importante en el desarrollo de la teoría de la ley natural. Aristóteles, con su énfasis en la razón como la función distintiva del ser humano, y los estoicos, con su énfasis en que los seres humanos son parte del orden natural del cosmos, ayudaron ambos a dar forma a la perspectiva de la ley natural que dice que la verdadera ley es la justa razón en acuerdo con la naturaleza. Aristóteles admitía que el cambio se producía en concordancia con la naturaleza y por lo tanto el modo mismo en que se corporizaba la ley natural podía cambiar con el tiempo; más tarde Santo Tomás de Aquino incorporó esta idea en su propia teoría de la ley natural. Aristóteles no escribió mucho sobre temas sexuales, porque estaba menos preocupado que Platón con los apetitos. Probablemente la mejor reconstrucción de sus ideas lo coloca dentro de la opinión dominante y aceptada de la sociedad griega; el tema principal es el del rol activo versus el rol pasivo y solamente este último era problemático para los que o bien ya son ciudadanos o bien llegarán a serlo.

Zenón, el fundador del estoicismo, de acuerdo con sus contemporáneos, solamente se sintió atraído por los hombres, y su pensamiento no incluyó prohibiciones contra la sexualidad del mismo sexo. En contraste, Cicerón, un estoico posterior, era desdeñoso en relación con la sexualidad en general y reservaba algunas observaciones más ásperas para el interés por el propio sexo.

La más prestigiosa formulación de la teoría de la ley natural fue la de Santo Tomás de Aquino (siglo XIII) que constituyó el abordaje aristotélico con la teología cristiana y así enfatizó la centralidad de ciertos bienes humanos. Sin bien Santo Tomás no escribió mucho sobre las relaciones del mismo sexo, sí lo hizo extensamente sobre varios actos sexuales que consideraba pecados.

Para Santo Tomás, la sexualidad que se da dentro del casamiento y que ayuda a suscitar lo que él discurre como los bienes distintivos del casamiento, que son el amor, la compañía y la descendencia legítima, era permisible e incluso buena. Santo Tomás no argumentó sobre si la procreación era una parte necesaria de la moral o si era simplemente sexo; para este filosofo cristiano las parejas casadas podían disfrutar del sexo sin tener como motivo principal el tener hijos, y el sexo en los matrimonios donde un integrante es estéril, también es potencialmente justo, pues el motivo esencial es expresar amor. Tal como lo afirma la siguiente cita:

“San Agustín es consciente no sólo de la ordenación procreativa del matrimonio, sino también de su valor unitivo”… “La bondad y valor de la fidelidad es obvio. ‘Tú eres único para mí’: es la primera afirmación verdaderamente personalizada del amor conyugal, que es un eco de las palabras que Dios dirige a cada hombre”... “La bondad y valor del vínculo indisoluble resulta también claro: poseer un hogar y un refugio estables; saber que el mutuo pertenecerse ha de durar toda la vida. Todo esto resulta natural y altamente atrayente para la persona humana”…[10]

En este contexto Santo Tomás no descarta necesariamente el sexo homosexual. Por ejemplo, si un tomista tomara partido por el casamiento del mismo sexo, podría después aplicarle el mismo razonamiento, simplemente considerando que la pareja es reproductivamente estéril, pero que sigue siendo una unión plena de amor y compañerismo.

Pero Santo Tomas sólo habla de la copulación vaginal y del sexo generativo. La secuela de esta adición es descartar la posibilidad de que el sexo homosexual pudiera en ningún caso ser moral, incluso si se hiciera dentro de un casamiento amoroso, además de prohibir a las parejas casadas de sexos opuestos cualquier sexo no vaginal. No obstante Santo Tomás admite que las reglas morales son muy amplias y que, al aplicarse a los individuos, pueden variar considerablemente, ya que también la naturaleza de las personas varía hasta cierto punto. Es decir que, como Santo Tomás admite que las naturalezas de los individuos varían, puede simplemente argüir que uno está, por naturaleza, emocional y físicamente atraído a personas del mismo género que uno y que por lo tanto buscar relaciones del mismo sexo es “natural”. Desgraciadamente, Santo Tomás no describe cuál es la justificación de su requerimiento generativo.

Para algunos filósofos actuales, que defienden el requerimiento del “tipo generativo” hecho por Santo Tomás, han intentado seguir un par de líneas de demonstración diferentes. La primera es aseverar que los actos sexuales que implican o bien homosexualidad o sodomía heterosexual o que usan la contraconcepción frustran el propósito de los órganos sexuales, que es el reproductivo. Este argumento es llamado el “argumento de la facultad pervertida” según John Finnis. Tal argumentación  explica:

…“visión monolítica donde hay acciones malas simplemente porque no son naturales, entendiéndose por no natural lo que viola los principios del funcionamiento biológico humano. Por ejemplo, sin vida biológica no hay ser humano, por tanto cualquier interferencia al curso libre de la vida biológica humana -matar a alguien con electroencefalograma plano, abortar- sería malo se mire como se mire. Otro ejemplo parecido es sobre la conducta sexual: aunque la conducta sexual pueda dar placer no sería para el placer, sino una forma de llevar a la procreación humana que, según esta posición, sería el objetivo de la conducta sexual. Por tanto, el sexo solo podría ejercerse para la procreación. Pero esta forma de entender el Derecho natural hace depender la conducta ética del aspecto biológico cuando, en sus orígenes, la teoría del Derecho natural subrayaba la racionalidad humana por encima de la biología.”[11]

Sin embargo los mejores defensores recientes del abordaje tomístico de la ley natural están intentando superar esa visión monolítica. Pero, si sus argumentaciones fallan estos estudiosos deberán admitir que algunos actos sexuales homosexuales son moralmente permisibles, incluso positivamente buenos, aunque todavía tendrán recursos para argumentar en contra del sexo gay o heterosexual casual.

La segunda argumentación que ofrecen varios teóricos contemporáneos de la ley natural varían, pero los elementos comunes son fuertes. Como todos son tomistas, también son católicos y su tesis se apoya en gran medida en una enumeración de los bienes humanos. Los dos que más importan para argumentar contra el sexo homosexual (aunque no contra la homosexualidad como orientación a partir de la cual no se actúa; por tanto, en esto tales teóricos siguen la doctrina oficial católica) son la integración personal y el casamiento. La integración personal, en esta visión, es la idea de que los seres humanos, como agentes, necesitan integración entre sus intenciones en cuanto agentes y sus yos corporizados. Por esto, usar el cuerpo de uno u otro como un mero medio para el propio placer, como argumentan que sucede con la masturbación, causa “desintegración” del yo. Esto es, la intención de uno entonces es solamente usar un cuerpo (el propio o el de otro) como medio para el fin del placer y esto va en detrimento de la integración personal.

No obstante, se podría objetar fácilmente que dos personas del mismo sexo envueltas en unión sexual no implican necesariamente ningún tipo de “uso” del otro como mero medio para el propio placer. Por lo tanto, los teóricos de la ley natural responden que la unión sexual en el contexto de la realización del casamiento en cuanto importante bien humano es la única expresión permisible de la sexualidad. Sin embargo, este razonamiento requiere especificar cómo y por qué el casamiento es un bien importante de un modo tan particular, ya que pone la procreación en el corazón del casamiento, afirmando que es su “completitud natural”.

Los teóricos de la ley natural, si quieren dar bases a su objeción contra el sexo homosexual, tienen que enfatizar la procreación. Si, por ejemplo, colocaran en el centro del casamiento el amor y el apoyo mutuo para el florecimiento humano, resulta claro que muchas parejas del mismo sexo cumplirían con este requisito. Por lo tanto, sus actos sexuales serían moralmente justos.

Pero existen varias objeciones que se presentan contra esta explicación, que sostiene que el casamiento es un bien humano central. Una es que al colocar la procreación como la “completitud natural” del casamiento, los casamientos estériles quedan por ello denigrados.

El sexo en un casamiento entre sexos opuestos donde los integrantes saben que uno es estéril o que ambos lo son no se ejecuta para la procreación. Y sin embargo con certeza no es malo. ¿Por qué, entonces, el sexo homosexual en el mismo contexto de largo tiempo estaría mal?

La respuesta de la ley natural es que mientras la relación vaginal es un acto sexual potencialmente procreativo, considerado en sí mismo, aunque se admite la posibilidad de que pueda ser imposible para una pareja en particular, los actos sexuales orales y anales nunca son potencialmente procreativos, sean homosexuales o heterosexuales.

¿Pero es esta distinción biológica también relevante en lo moral y del modo que los teóricos de la ley natural presumen que lo es?

Los teóricos de la ley natural, en sus lidias sobre estos temas, parecen fluctuar entre dos posturas. Por un lado, quieren defender un ideal de casamiento como unión amorosa donde dos personas se comprometen a su florecimiento mutuo y en la que el sexo es un complemento de ese ideal. Sin embargo esto abre la posibilidad de sexo gay permisible, o de sodomía heterosexual, y ellos desean oponerse a ambas cosas. Así que tienden a defender una explicación de la sexualidad que parece ser crudamente reduccionista, en la que se acentúa la procreación hasta el punto de que literalmente resulta imposible permitir un orgasmo de varón en cualquier lado excepto en la vagina de la propia cónyuge amorosa.

En la actualidad, la teoría de la ley natural ha hecho consentimientos y aprobaciones significativas al pensamiento liberal aceptado por la mayoría. La mayoría de los teóricos contemporáneos de la ley natural argumentan en favor de poner límites al poder gubernamental y no creen que intentar prevenir todos los hechos moralmente malos deba ser interés del estado. Pero a pesar de todo, ellos siguen argumentando contra la homosexualidad y contra las protecciones legales de gays y lesbianas en términos de empleo y alojamiento e incluso llegan al punto de prestar testimonio como testigos expertos en casos judiciales o ayudar a redactar informes de amicus curiae[12] y también argumentan en contra del casamiento del mismo sexo.

La Construcción Social de la Sexualidad y la Teoría Queer.

Con el fenómeno del movimiento de liberación gay en los setenta del siglo pasado, comenzaron a exponerse en la política, la filosofía y la teoría literaria, perspectivas abiertamente gays y lésbicas. Originalmente a menudo estaban explícitamente vinculadas con los análisis feministas del patriarcado o con otros abordajes teóricos más tempranos. Sin embargo, en los últimos años de la década de 1980 y en los primeros de la década del noventa se desarrolló la teoría queer, aunque existen antecedentes obviamente importantes que hacen difícil fecharla con precisión.

La teoría queer es una hipótesis sobre el género que afirma que la orientación sexual y la identidad sexual o de género de las personas son el resultado de una construcción social y que, por lo tanto, no existen papeles sexuales esenciales o biológicamente inscritos en la naturaleza humana, sino formas socialmente variables de desempeñar uno o varios papeles sexuales.[13]

Esta transpostmoderna teoría difiere  de la teoría de liberación gay temprana en varios aspectos, pero se puede percibir una importante diferencia inicial en las razones por las que se elige el término queer como alternativa a “gay y lésbico”. Por ejemplo, algunas versiones de la teoría lésbica retrataban la esencia de la identidad y sexualidad de las lesbianas en términos muy específicos: se la pintaba como no jerárquica, consensual, y, en términos específicos de sexualidad, como no necesariamente enfocada en los genitales.

Las lesbianas que construían sus argumentaciones a partir de este marco teórico, por ejemplo, muy bien podrían haber criticado a los teóricos de la ley natural por inscribir en la propia “ley de la naturaleza” una sexualidad esencialmente de varón, concentrada y centrada en los genitales, la penetración y el estatus del orgasmo varonil, ya que los teóricos de la ley natural nunca mencionan los orgasmos de la mujer.

Este abordaje, basado en caracterizaciones de la identidad y la sexualidad “lésbica” y “gay” presenta sin embargo tres dificultades.

En primer lugar, es evidente que aunque la meta sea criticar al régimen heterosexista porque excluye y marginaliza a aquellos cuya sexualidad es diferente, cualquier explicación específica o “esencialista” de la sexualidad gay o lésbica surte el mismo efecto. Si nos quedarnos con el ejemplo presentado más arriba acerca de la conceptualización específica de la identidad lésbica, vemos que denigra a las mujeres que sexual y emocionalmente se sienten atraídas a otras mujeres, pero que no encajan en la descripción.
Un segundo problema es que al colocar tal énfasis sobre el género de la propia pareja sexual o parejas, se marginalizan otras importantes fuentes de identidad, tales como la raza y la etnicidad. Por ejemplo, para una lesbiana negra lo que tiene máxima importancia es su lesbianismo y no su raza. Muchos gays y lesbianas de color atacaron este abordaje, acusándolo de reinscribir una identidad esencialmente blanca en el centro mismo de la identidad gay o lésbica.

El problema tercero y final que enfrenta el abordaje de la liberación gay es que a menudo parece tomar la propia categoría de “identidad’” como algo no problemático y no histórico. Sin embargo, esta visión, en gran parte a causa de los argumentos desarrollados dentro del pos-estructuralismo, parece ser cada vez más insostenible. La figura clave en el ataque contra la identidad en cuanto ente ahistórico es Michel Foucault.

Foucault en una serie de obras se dedicó a analizar la historia de la sexualidad desde la Antigua Grecia hasta la edad moderna y en dichos estudios ataca la idea de que identidades sexuales tales como la homosexualidad, la heterosexualidad o la bisexualidad tengan cualquier existencia objetiva. Dice, en su lugar, que son construcciones sociales. Un argumento frecuente es que la homosexualidad premoderna era diferente de la homosexualidad moderna, pues era estructurada por edad, por sexo o por clase, en vez de igualitaria. No obstante, los críticos contestaron que, aunque la homosexualidad de épocas distintas haya tenido rasgos distintos, el fenómeno básico ha existido siempre y no es una creación de la sociedad actual.

El trabajo de Michel Foucault fue segado trágicamente por su muerte en 1984 por complicaciones surgidas del SIDA, pero Foucault hizo una pronunciada formulación que mostró qué intensamente pueden variar las formas de comprender la sexualidad a lo largo del tiempo y el espacio, y sus argumentos e hipótesis han resultado tener mucha influencia en la teorización gay y lésbica en general, y en la teoría queer en particular.

Pero ¿Qué es la Construcción Social de la Sexualidad? Según Jeffrey Weeks:

"Las posibilidades eróticas del animal humano, su capacidad de ternura, intimidad y placer nunca pueden ser expresadas ‘espontáneamente’, sin transformaciones muy complejas: se organizan en una intrincada red de creencias, conceptos y actividades sociales, en una historia compleja y cambiante".[14]

Las prácticas sexuales constituyen un producto histórico y social, y son un producto altamente específico de nuestras relaciones sociales, mucho más que una consecuencia universal de nuestra biología común. La sociedad opera como el principio indispensable de producción de conductas sexuales, y de las significaciones que les están ligadas.

La experiencia subjetiva de la vida sexual es un producto de los significados y símbolos intersubjetivos, asociados con la sexualidad en diferentes situaciones sociales y culturales. De este modo, la sexualidad es una experiencia histórica y personal, a la vez. 

La fisiología y la morfología del cuerpo proporcionan las condiciones previas para la sexualidad humana. La biología condiciona y limita lo que es posible: pero no es la causa de las formas de vida sexual. Así las diferencias fisiológicas entre hombres y mujeres son importantes; pero en sí mismas, ellas no determinan qué o quién seremos, tanto en nuestra identidad personal como social excepto por el hecho de que las sociedades tienen tradiciones e instituciones que imponen conformidad. Los cuerpos y la sexualidad no tienen significados intrínsecos sino que se debe concebir como un conjunto de creencias, relaciones e identidades históricamente conformadas y socialmente construidas. Las culturas han creado un lazo entre la identidad genérica y la sexual, pero este lazo es histórico.

Weeks dice además:

No quiero negar la importancia de la biología. La filosofía y la morfología del cuerpo proporcionan las condiciones previas  para la sexualidad humana. La biología condiciona y limita lo que es posible. Pero no es la causa de las formas de vida sexual. No podemos reducir la conducta humana al funcionamiento misterioso del ADN o a lo que dos escritores contemporáneos recientemente denominaron ‘la danza de los cromosomas’. Prefiero ver en la biología una serie de potenciales que se transforman y adquieren significado sólo en las relaciones sociales. La conciencia y la historia humanas son fenómenos muy complejos.”… “Ya no podemos hablar de ‘el sexo’ y ‘la sociedad’ como si fuesen  campos separados.”[15]

Pero veamos de nuevo un poco de historia y para no prejuzgar en el tema de socio-construccionismo versus esencialismo tenemos que evitar aplicar el término “homosexual” a las eras antigua o medieval. En la antigua Grecia el género de la pareja o parejas de uno no era importante, y en cambio sí era importante determinar si uno tomaba el papel activo o el pasivo. Más adelante, en la visión medieval, un “sodomita” era una persona que sucumbía a la tentación y se veía envuelto en ciertos actos sexuales no procreativos. Aunque el género de la pareja era más importante que en el enfoque de la Antigüedad, el señalamiento teológico acentuaba énfasis en la dicotomía pecado versus abstenerse-del-pecado.

Con la llegada de la idea de “homosexualidad” en la era moderna, una persona es ubicada en una categoría específica incluso si uno no actúa siguiendo esas inclinaciones. Entonces, ¿Qué es la sexualidad común, natural, expresada a lo largo de estas tres muy diferentes culturas?

La respuesta del socioconstruccionismo es que no existe sexualidad “natural”; todas las comprensiones del sexo se construyen dentro de y son mediadas por comprensiones culturales. Los ejemplos pueden ser llevados mucho más lejos al incorporar datos antropológicos ajenos a la tradición occidental.

Al decir que la sexualidad es una construcción social, estos teóricos no están diciendo que estas comprensiones no sean reales. Como las personas también son construcciones de sus culturas, en esta perspectiva, se nos construye en estas categorías. Por lo tanto hoy en día las personas por supuesto se entienden a sí mismas como héteros o gays o quizás bisexuales, y es muy difícil salirse de estas categorías, incluso cuando uno llega a verlas como las construcciones históricas que son.

La teoría gay lésbica fue así comparada y cotejada con tres problemas indicadores, todos los cuales involucran conflictos con la noción de “identidad”. La teoría queer por tanto nació en parte como un intento de superarlos. En discordancia con gay o lesbiana, “queer”, según se arguye, no se refiere a una esencia, sea de naturaleza sexual o no. En lugar de eso, es puramente relacional, ya que se postula como un término indefinido que recibe su significado justamente de ser lo que está fuera de la norma, sea como sea que pueda detallar esa norma misma. Como dice David Halperin:

“Queer is … whatever is at odds with the normal, the legitimate, the dominant. There is nothing in particular to which it necessarily refers. It is an identity without an essence”[16]

“Queer es… cualquier cosa que vaya o sea contrario a lo normal, lo legítimo, lo dominante. No hay nada en particular a lo que se refiera necesariamente. Es una identidad sin una esencia”.[17] Entonces podemos decir que al faltarle toda esencia, lo queer no marginaliza a aquellos cuya sexualidad está fuera de las normas gays o lésbicas, tales como los leather, los sadomasoquistas, las camioneras, bears,  transexuales, es decir entra todo aquello que la norma heterosexual a marginado:

… “la teoría queer rechaza la clasificación de los individuos en categorías universales”… “las cuales considera que están sujetas a restricciones conceptuales propias de la cultura heterosexual y sostiene que éstas realmente esconden un número enorme de variaciones culturales, ninguna de las cuales sería más fundamental o natural que las otras.”[18]

Como lo “queer” evita las conceptualizaciones específicas de la sexualidad, permite mucha más libertad de autoidentificación para que así, por ejemplo, las lesbianas negras se identifiquen con su raza tanto o más que con el lesbianismo, o que los hombres bears se identifiquen más con su contextura que con su homosexualidad y esto se aplica a todo otro rasgo. En conclusión, incorpora las ideas base del post-estructuralismo sobre las dificultades de anexar, adjuntar y abscribir cualquier esencia o aspecto no histórico a la identidad.

Esta hecho básico de los teóricos queer que las categorías e identidades son todas construcciones sociales y no entes dados a nosotros por natura, abre una cantidad de posibilidades de análisis. Los teóricos queer creen que al poner etiquetas tales como gay, hétero, cómo las ideas fundamentales del género y del sexo, que parecen tan naturales y evidentes por sí mismas son construidas y reforzadas a través de las acciones cotidianas, y muestran que esto ocurre en modos que privilegian a la heterosexualidad. Para los “queer” todas las identidades son anómalas y construcciones sociales.

Como la suma de los argumentos anti-gay y anti-lésbicos se fundamentan sobre la hipotética naturalidad de la heterosexualidad, los ideólogos queer tratan de mostrar cómo estas categorías en sí mismas son construcciones profundamente sociales. Por ejemplo, en un ensayo contra el matrimonio gay, “Against Homosexual Marriage”[19] de James Q. Wilson, el sociólogo sostiene que los hombres gay tienen una gran tendencia a ser promiscuos. En contraste, presenta al casamiento monógamo y amoroso como la condición natural de la heterosexualidad.
En su retrograda argumentación, Wilson, requiere una disyunción radical entre la heterosexualidad y la homosexualidad. Si la “gaytud” (gayness) es radicalmente diferente, es legítimo suprimirla. Wilson tiene la audacia de ser directo en este elemento de su argumentación; se manifiesta en contra de “la imposición política de la tolerancia” en relación con gays y lesbianas.

En defensa, los ideólogos o filósofos  queer suspenden la consideración, al menos temporariamente, de la verdad y la falsedad. En su lugar, el análisis se encauza en la función social del discurso. Este enfoque revela que ocultada debajo de la obra de Wilson y otras obras anti-gays hay una significativa jugada epistemológica. Como la heterosexualidad es la condición natural, es un lugar sobre el que se habla, pero sobre el que no se indaga. En contraste con ello, la homosexualidad es la aberración y por tanto necesita ser estudiada, pero no es un lugar de autoridad desde el que uno pueda hablar. En virtud de este privilegio hétero, a Wilson se le confiere la voz del experto imparcial y de espíritu justo.

No obstante, como lo demuestra la  historia, hay suspensiones sorprendentes en las formas de comprender la sexualidad, y esto es verdad hasta el punto de que, de acuerdo con los teóricos queer, no deberíamos pensar que la sexualidad tienen ninguna naturaleza en particular. El teórico queer va deshaciendo el enamoramiento con cualquier concepción específica de la sexualidad, y así abre paso a las forma marginalizadas.

La teoría queer ha sido criticada en una infinidad de modos. Un conjunto de críticas viene de teóricos que sienten simpatía por la liberación gay concebida como proyecto de cambio social radical. Una crítica inicial y más importantes es que precisamente porque “queer” no se refiere a ningún estatus sexual o elección de objeto genérico específicos, les quita a gays y lesbianas la distintividad que los hace marginales.

La teoría queer también recibe críticas de parte de los que rechazan la deseabilidad del cambio social radical. Por ejemplo, los gays y lesbianas conservadores han criticado al abordaje queer argumentando que sería desastrosamente contraproducente. Si “queer” sigue teniendo su connotación de algo perverso y a contramano de la mayoría de la sociedad, que es precisamente lo que desean la mayoría de los teóricos queer, parecería que solamente sirve para dar validez a los ataques contra gays y lesbianas montados por los conservadores.

Para Terminar…

Los debates sobre la homosexualidad tienden a mostrarse agudamente polarizados. Las personas que más se ocupan de la homosexualidad, positiva o negativamente, son también las más comprometidas con el tema, y de un lado están los teóricos de la ley natural, que argumentan a favor de que se mantenga a gays y lesbianas en un estatus legal reducido, y del otro los teóricos queer, que emprenden la crítica y reconstrucción de lo que ven como un régimen heterosexista.

Sin embargo, unos y otros no dialogan lo suficiente, y cuando lo hacen parece que solo arguyen se gritan pero no llegan nunca a acuerdos o similitudes teóricas.

En lo personal creo que todos tenemos el “Derecho Natural” de amar y elegir como objeto de nuestro afecto y de deseo a la personas que queremos. Desgraciadamente, la norma, la moral y la ética en la actualidad están hechas y sostenidas sobre la heterosexualidad. Pero creo profundamente que las relaciones gay y lésbicas pueden hacer reales los mismos bienes que se hacen reales en las relaciones heterosexuales.

Todos somos humanos, ciudadanos del mundo, tenemos las mismas necesidades, y por lo tanto debemos ser tratados como iguales, sin discriminación.  Todos tenemos el derecho a la plena igualdad legal, lo que es bueno para los heterosexuales es bueno para los gays y lesbianas. Sin embargo, como lo anterior lo muestra claramente, los combates políticos y legales que rodean a la homosexualidad involucran temas fundamentales de moralidad y justicia, y muchas veces sus teorías y discusiones están llenas de identidad e historias personales que envuelve todo en polarizaciones muy profundas que a veces no llegan a nada.

Por Félix Esteves

[3] Sistema biológico y médico que pretende explicar los fenómenos vitales por las leyes de la mecánica de los cuerpos inorgánicos.
[4] Calame, Claude. Eros en la Antigua Grecia / Madrid: Ediciones Akal, 2002. — p. 143.
[8] Platón. Las Leyes. Tomo I, 636c
[9] Platón. El banquete / Madrid: Gredos, 1989.
[14] Moncrieff, Henry. Sexualidad y sociedad moderna: el saber de que aún no somos del todo “libres” / En : A parte reí, Revista de Filosofía. Marzo 2007. – p. 1,2.
[15] Weeks , Jeffrey. La invención de la sexualidad / En: Sexualidad. – México: Paidos-UNAM, 1998.—p. 63.
[16] Halperin, David M. Saint Foucault: Towards a Gay Hagiography / New York: Oxford University Press, 1995.—p. 62
[17] Traducción del Autor.

miércoles, 28 de marzo de 2012

LA INVISIBILIDAD LÉSBICA... Un arma de doble filo.


En estos días en una reunión de la junta de condominio del edificio donde vivo, un trió de señoras “muy aseñoradas”  hablaban muy educadamente de la cantidad de vecinos gays (hombres homosexuales) que viven en nuestro querido conjunto residencial, y de su capacidad en la colaboración a cuanta decoración amerite la zona en cualquier evento o fiesta nacional, además de su disposición para ayudar en cualquier guateque, comilona, verbena o zafarrancho bailable u acto cultural. Yo muy calladito, y haciéndome el suizo, pues no soy muy dado a confraternizar con las vecinas ni a las decoraciones navideñas, ni de altares a la virgen ni nada de eso, a pesar de mi condición gay, quería sólo escuchar y aprender de la naturaleza humana, cuando una de las damas repentinamente dice: ¿No han notado que casi no hay “chicas con chicas”?

En eso me entusiasme y les pregunte a las señoras, que cuantos homosexuales famosos conocían, enseguida saltaron y salieron a relucir una cantidad de nombres que hasta yo desconocía, luego les pregunte por lesbianas famosas en el mundo… el silencio se hizo, pusieron cara de incógnita y al rato una nombro a Martina Navratilova, otra vez el silencio y al rato se escucho el nombre de Frida Kahlo y la de una política venezolana del gabinete nacional, allí en ese momento las señoras cambiaron repentinamente la conversación hacia lo que realmente estábamos reunidos en ese momento y que era solucionar los problemas que tiene la comunidad.

Pero aquella conversación me dejo como preocupado, porque yo veo todos los día en mi comunidad a muchas parejas lésbicas, sólo en mi piso a una familia homoparental conformada por dos chicas, en el piso de arriba igualmente existe una pareja lésbica, tres pisos más abajo viven una pareja de muchachas lésbicas que le alquilan una habitación a una chica estudiante también lesbiana, y me pregunto ¿será que las lesbianas tienen el don de la invisibilidad o se hacen notar menos que los hombres gays? Yo las veo todos los días, en el ascensor, en los pasillos de las áreas comunes, en el supermercado, muchas de ellas son mis amigas. ¿Será que la gente no las quiere ver y niegan su existencia?

En muy disímiles culturas y diferentes épocas, ha habido mujeres que se relacionan sexualmente, tanto amorosamente o afectivamente con otras mujeres. La historia da testimonio del amor lésbico, empezando por Safo de la isla de Lesbos, Virgina Wolf, Audre Lorde, Frida Kahlo y Navratilova como dijeron las señoras, Ellen Degeneres, Florence Nightingale, Rosie O’Donnell, Sor Juana Inés de la Cruz, Chavela Vargas, Susan Sontag, entre otras muchas.

Hay una larga lista de mujeres lesbianas vivas y muertas, pues el amor lésbico y la identidad o el género lésbico han existido toda la vida. En la India en la época pre-védica, se encuentran mitos que hablan del amor entre las mujeres y existen esculturas muy explícitas de relaciones sexuales entre mujeres (1). En Zimbabwe, esta Tsitsi Tiripano (2) que es una prueba indudable de que el lesbianismo existe en culturas africanas. También sabemos que en las culturas prehispánicas como las de ahora (claro ya disminuidas) existe la noción de personas de “doble espíritu”, que a menudo tienen poderes mágicos-chamánicos y cuyo comportamiento sexual podría ser visto como homosexual en el marco de las concepciones occidentales de hoy día. (3)

No obstante, cada sociedad o cultura  interpreta las prácticas sexuales y amorosas lésbicas de forma diferente, y su visibilidad y legitimidad varían enormemente según la concepción que cada sociedad tiene de lo que es lo femenino y lo masculino, lo que es ser mujer u hombre, lo que es ser gay y ser lesbiana.

En medio de esta “maraña compleja” de los arreglos culturales en torno al sexo, al género y a la sexualidad, no es tan simple definir, ni lo que es una mujer, ni aún menos lo que son entonces la heterosexualidad y la homosexualidad. Lo que sí es cierto y seguro es que en la mayoría de las culturas hoy por hoy conocidas y existentes, dominan arreglos sociales netamente patriarcales y basados en la heterosexualidad como norma imperativa.

Igualmente sabemos muchas religiones se encargan además de condenar absolutamente todo lo que no sirve explícitamente a la reproducción. Por tanto, las relaciones sexuales y amorosas entre mujeres son casi siempre a la vez tabúes, severamente condenadas e invisibilizadas. Todavía hoy día en muchos países y estados occidentales la mujer lesbiana se enfrenta a la “no existencia” en la sociedad como tal.

LA INVISIBILIDAD LÉSBICA.

El querer negar y ocultar la no existencia de las lesbianas y por lo tanto del amor lésbico son pautas que han marcado el mundo homosexual femenino a lo largo de la historia. Y a pesar que su existencia están antigua como lo es cualquier deseo sexual ha existido un tupido velo y impenetrable silencio en torno al lesbianismo. A veces por no decir siempre, es difícil encontrar datos y casos documentados sobre relaciones lésbicas.

A la Historia y a la Sociedad le costó mucho admitir que  las mujeres pudieran sentirse efectivamente atraídas por otras mujeres. Lo normal era reflexionar que nada en una mujer podría despertar los deseos sexuales de otra. Por lo tanto la ciencia, las leyes y la misma sociedad ignoraron las relaciones sexuales lésbicas, al contrario de las relaciones entre hombres.

Se sabe históricamente que muchas mujeres en la Edad Media fueron acusadas de herejía, brujería, por presentar rasgos masculinos o porque simplemente vivían juntas, pero no se nombra la palabra “amantes” u otro adjetivo o nominal que sugiriera amor, en todo caso se explicaba que dichas mujeres formaban aquelarres y que el diablo las hacia pecar entre ellas mismas.

No obstante, en las leyes medievales se estipulaba la tortura, el desmembramiento y la quema a las prácticas homosexuales incluyendo las realizadas entre mujeres, como se afirma en la cita siguiente:

“Cil qui sont sodomite prové doivent perdre les testicule”… “et set il le fet segonde foiz, il doit perdre menbre. Et se il le fet la tierce foiz, il doit estre ars. Feme qui le fet doit á chescune fois perdre menbre, et la tierce doit arsse”(4)(5)

Muchas mujeres lesbianas fueron condenadas a la hoguera
pues se creía que era signo de brujería auspiciado por
el mismo diablo.
En primer plano vemos que hasta las leyes de castigo estaban sujetas a las masculinas, porque para la sociedad la sexualidad femenina no era relevante, y por lo tanto todo lo que fue sexo femenino se borro de la conciencia colectiva.  Como vemos no fue una cuestión de ignorancia, de falta de conocimiento de la existencia de mujeres lesbianas, se trato más bien, de una cuestión a la que no se quería dar crédito.

Este fenómeno se debe principalmente a que la mujer siempre fue considerada inferior al hombre, puede ser que hoy día este lema no se tome como verdad, pero dicho pensamiento está muy enraizado en la estructura social de muchos pueblos y culturas. Las mentes de los individuos relegan todo lo femenino y por lo tanto no tiene trascendencia. Lo que ocurre entre las mujeres tiene menos importancia y no se puede tomar en serio. Todavía aún en la cultura occidental se piensa muchas veces que las prácticas lésbicas son simplemente un ensayo sexual de las chicas por aprender a satisfacer los deseos masculinos.

Por otra parte la invisibilidad lésbica es consecuencia del estricto modelo heterosexual, que se impone como norma social, un chico con una chica, una mujer con un hombre, es decir la heterosexual como una norma de convivencia amorosa y como deseo sexual. Otras combinaciones son vistas como anormal.

Otra causa de la negación lésbica en la sociedad es que la sexualidad gira en torno al hombre y el único con derecho a la búsqueda del placer, es decir, la facultad y la posibilidad sexual autónoma de la mujer es negada, por lo tanto el placer existente de la mujer no existe. La filosofía anteriormente expuesta es llamada Androcentrismo y proviene del griego Andros (Hombre) y define la mirada masculina en el centro del Universo, como medida de todas las cosas y representación global de la humanidad.

La mirada androcéntrica provocó que en la Francia del siglo XVIII, durante la Revolución francesa, se defendiera la libertad y el derecho de ciudadanía para los hombres olvidando la defensa de los mismos derechos para las mujeres. Olympia de Gouges (6), se atrevió entonces a levantar la voz y reclamar a través de su texto: Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana los mismos derechos para las mujeres. La pobre mujer termino en la guillotina.

Hoy por hoy el androcentrismo invade los variados espacios públicos y privados en nuestra sociedad y es necesario una fuerte educación para erradicar del subconsciente colectivo tal pensamiento, que no sólo esta arraigado en las mentes masculinas sino también en las mentes femeninas, tal como declara Xosé R. Fernández Vázquez:

“La perspectiva androcéntrica se connota por la ausencia de referencias de lo femenino como agente cultural”… “aparece impregnando el pensamiento científico, filosófico, religioso y político desde hace milenios”. (7)

Por terminar, aunque les aseguro que hay más, el falocentrismo (8) y la falocracia son otras de las causas de que el amor lésbico sea imperceptible.  El pene es lo más importante en esta sociedad hecha por los hombres. Es común escuchar los siguientes enunciados: “¿qué hacen dos lesbianas juntas?" “¿Cómo pueden hacer el amor dos mujeres?, esta clara demostración de prejuicio, sintetiza a la perfección el pensamiento masculino retrograda  y también de muchas mujeres: si la relación entre dos mujeres falta  lo importante, que según el falocentrismo imperante es el pene,  entonces el lesbianismo no es una sexualidad completa, por lo tanto será como mucho el preludio de algo hasta que lo importante aparezca, es decir el pene. No puede haber tanta misoginia y homofobia junta en este obcecado y reaccionario pensamiento, y que desgraciadamente sigue imponiéndose en muchas sociedades.

Todavía, claro en menor medida, estas absurdas ideas se combinan para relegar a las lesbianas y el amor lésbico a la invisibilidad. En la medida en que socialmente y psicológicamente no se rompa la idea de la sexualidad heterosexual y androcéntrica, las mujeres lesbianas permanecerán bajo el manto de la ignorancia y el oscurantismo. Tendremos que buscar más referentes y modelos, e insistir en estudios sociales y científicos sobre la homosexualidad femenina, pues el lesbianismo es menos conocido y menos estudiado que la homosexualidad masculina y se le sigue dando menos importancia que a la sexualidad entre hombres.

Este hecho, erróneamente  lleva en muchos casos a especular que es más cómodo y llevadero ser lesbiana que  gay, porque de alguna manera lo que no se conoce no existe y pasa más inadvertido, por lo tanto se omite y desaparece, sin embargo por esto mismo muchas lesbianas se ven empujadas a hacer de su orientación sexual una práctica más oculta, a vivirlo en secreto o de forma más privada que los gays.
Las familias homoparentales conformada por lesbianas es más común de lo que
muchas personas creen, pues muchas se esconden bajo una parentela ficticia para
no ser juzgadas por la sociedad.

Para terminar, en muchas sociedades se cree que si una lesbiana es violada por varios hombres es curada… (9) ya veo porque muchas mujeres lesbianas buscan también la invisibilidad, pues si ese es el remedio, es mejor vivir en el más absoluto anonimato. Pero esto no puede seguir sucediendo… todos tenemos Derecho a la libertad sexual… el mundo tiene que cambiar.

Por Félix Esteves

(1) Thadani, Giti. Sakhiyani. Lesbian desire in Ancient and Modern India. London : Cassell, 1996.
(2) Hawthorne, Susan. The butterfly efect. Melbourne : Spinifex Express, 2005. p. 28
(3) http://www.glbtq.com/arts/native_am_art,2.html
(4) Dinshaw, Carolyn. Getting medieval: sexualities and communities, pre- and postmodern. p. 90.
(5) Traductor del autor: Si se demuestra la sodomía perderá los testículos”… y la segunda vez el miembro, la tercera vez ardera en fuego. La mujer que lo haga perderá cada vez un miembro”
(6) http://thales.cica.es/rd/Recursos/rd99/ed99-0257-01/olimpia.html
(7) Fernández Vázquez, Xosé R. Educación e igualdad de oportunidades entre sexos. p. 36
(8) http://www.tuanalista.com/Diccionario-Psicoanalisis/5115/Falocentrismo.htm
(9) http://www.ambienteg.com/integracion/en-sudafrica-violan-a-las-lesbianas-para-curarlar

miércoles, 21 de marzo de 2012

LA NORMA MORAL, LA IGLESIA Y LA HOMOSEXUALIDAD. Valores morales occidentales y la homosexualidad.


La norma moral viene proporcionada por las costumbres. Los aspectos morales de la homosexualidad están emanados de la legislación, la psiquiatría y la vida social. Cuando la ley juzga como delito la relación homosexual entre adultos libres y conscientes de sus actos, está claro que no intenta proteger la moral pública ni la seguridad de sus individuos, sino que tiene una finalidad moralizadora. La actual cultura, sigue todavía una línea represiva de la sexualidad en general. Las leyes sobre conducta sexual, son clara prueba de ello. Hemos visto que la mayoría de las leyes que prohíben la homosexualidad, prohíben también otros tipos de conducta heterosexuales. Se considera todavía que la sexualidad es algo básicamente “malo” y que sólo se justifica cuando es “natural”, es decir  cuando esta es heterosexualidad, genital, y procreativa.

Al definir la conducta heterosexual como “normal” y la homosexual como “anormal”, se parte de un juicio de valor previo. Este valor previo es el de la procreación, que a través de la heterosexualidad permite la conservación de la especie humana. Nuestra cultura estimula la heterosexualidad desde muchos ángulos. Desde la publicidad hasta la exaltación del matrimonio.

Según muchos estudiosos la homosexualidad priva del gozo de la complementariedad que se da entre hombre y mujer, pero esta complementariedad viene adscrita  a la tradición bíblica, que nos dice que el hombre fue creado “a imagen de Dios los creó, hombre y mujer los creó”. (Gen 1, 27). Está claro que este axioma moral se fundamenta en la teoría creacionista o creacionismo, de lo cual sabemos es obsoleta y alejada de la realidad científica.

Muchos son las investigaciones y estudios que desde los más diversos campos se han realizado sobre la homosexualidad en sus más variados aspectos en los últimos años. Se ha de reconocer que las ciencias (la psicología, la sociología, la medicina, etc.) han contribuido a tratar el tema de la homosexualidad de un modo preciso, a eliminar injustas discriminaciones y a acercarse a los homosexuales con la comprensión que merece su dignidad de personas humanas, sin el aditamento  de enfermos mentales, desequilibrados o desviados sexuales. En el debate sobre la valoración de la condición homosexual, aunque no son pocos los autores, mayormente psicólogos, que defienden que “la homosexualidad es un desorden sólo cuando no es querida por la persona.”[1]

Partiendo que la homosexualidad no es un desorden y que cada vez somos más, según datos experimentales podemos llegar al 5% de la población mundial, enfoquemos este artículo en los cambios que se han producido a lo largo de la historia humana rápidamente, al principio éramos aceptados en la antigüedad clásica, después vino el monoteísmo judío y el cristiano para tacharnos de delito luego a pecado (vitium nefandum), más tarde en una sociedad más moderna trastocada por el racionalismo nos estigmatizaron como “enfermos”, vinieron los nazi y nos pusieron unos singulares triángulos rosados por “débiles mentales”, en los cincuentas hasta bien entrados los setenta llegamos a “condición”, para que a principio de los ochenta por supuesto del siglo pasado el SIDA nos volviera a estigmatizar y la sociedad neófita nos viera de nuevo como enfermos contagiosos, después de esto yo aseguraría que somos más del 5% como lo indican las estadísticas, pues este triste historial hace que muchos sigan en el closet y se nieguen a contestar con la verdad las encuestas. Lo que si podemos asegurar es que la homosexualidad hoy día es una opción libremente elegida del autodescubrimiento de nuestra sexualidad. ¿Cómo pasa esa autodeterminación y autodescubrimiento? Cada quién tiene su historia, lo importante es que es un ejercicio de la libertad humana por elegir lo que queremos ser.

VALORACIÓN DE LA HOMOSEXUALIDAD EN LA MORAL OCCIDENTAL.

Los valores éticos y morales de las sociedades occidentales están fundamentados
en los enunciados básicos del cristianismo y en especial de la Iglesia Católica.
La moral de la sociedad occidental esta cimentada en la tradición cristiana, por eso es necesario hacer reseña clara a la valoración de la homosexualidad desde un punto de vista religioso, pero especialmente en la moral impuesta por la educastradora iglesia católica.

La valoración de la homosexualidad por parte de la Iglesia Católica, aún cuando el Concilio Vaticano II[2] supuso un cambio en la valoración de la sexualidad, hasta 1975 no se originó una nueva declaración oficial sobre la homosexualidad, Declaración Persona humana de la Congregación para la Doctrina de la Fe, donde se afirma:

"Según el orden moral objetivo, las relaciones homosexuales son actos privados de su regla esencial e indispensable. En las Sagradas Escrituras están condenados como graves depravaciones e incluso presentados como la triste consecuencia de una repulsa de Dios"[3]

La Iglesia, no obstante, diferencia entre la maldad objetiva de la actividad homosexual y la responsabilidad subjetiva de quien la realiza. En esa misma declaración antes citada se nos enseña que:

"Este juicio de la Escritura no permite concluir que todos los que padecen de esta anomalía son del todo responsables, personalmente, de sus manifestaciones; pero atestigua que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados y que no pueden recibir aprobación en ningún caso"[4]

Esto no quiere decir que los individuos que obran en estos actos siempre sean subjetivamente excusables, sino que a veces la ignorancia, el abuso de otras personas, las influencias ambientales muy fuertes, entre otras cosas, pueden conducirlas a realizar actos no totalmente libres. Sin embargo, tales actos son gravemente malos en sí mismos, pues ofenden a Dios y van en contra del bien auténtico de la persona humana. Es decir que para los Padres de la Iglesia Católica existe una homosexualidad "adquirida"  que considera como "transitoria y curable", y otra producida por "cierto instinto innato", que "se supone incurable". En consecuencia se concluye que no puede afirmarse que "todos cuantos padecen esta anomalía son personalmente responsables de ella". Tal como lo afirma Gafo en la siguiente cita:

“Al tratar este último tema, el documento hace una distinción «que aparece con algún fundamento» entre dos tipos de homosexualidad: ‘la que procede de una falsa educación, de falta de desarrollo sexual normal, de hábito adquirido, de mal ejemplo y otras causas semejantes’, a la que califica de ‘transitoria o, al menos, curable’ y, por otra parte, la homosexualidad definitiva ‘a causa de cierto instinto innato o constitución patológica que se suponen incurables’. Por eso no puede decirse que ‘todos cuantos padecen esta anomalía son personalmente responsables de ella’. Según la Declaración Persona humana, al referirse a esa homosexualidad definitiva, es donde surgen voces que justifican las relaciones homosexuales ‘dentro de una sincera comunión de vida y amor análoga al matrimonio, en la medida en que estos homosexuales se sienten incapaces de soportar una vida en soledad’.”[5]

Once años despues, en 1986, la misma Congregación para la Doctrina de la Fe volvió a tratar el lema de la homosexualidad en la Carta a los Obispos de la Iglesia Católica sobre la atención pastoral a las personas homosexuales para salir al paso de "interpretaciones excesivamente benévolas de la condición homosexual" surgidas a partir de la Declaración Persona humana de 1975, afirmando que:

...“la particular inclinación de la persona homosexual, aunque en sí no sea pecado, constituye sin embargo una tendencia, más o menos fuerte, hacia un comportamiento intrínsecamente malo desde el punto de vista moral. Por este motivo la inclinación misma debe ser considerada como objetivamente desordenada”[6]

En todo caso, la Carta deplora que las personas homosexuales hayan sido objeto de expresiones malévolas y de acciones violentas, afirmando que la dignidad propia de toda persona siempre debe ser respetada en las palabras, en las acciones y en las legislaciones.

Después en 1992, el Catecismo de la Iglesia Católica nos dice:

“2357 La homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo. Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado. Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves (cf Gn 19, 1-29; Rm 1, 24-27; 1 Co 6, 10; 1 Tm 1, 10), la Tradición ha declarado siempre que ‘los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados’ (CDF, decl. “Persona humana” 8). Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso.
2358 Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales instintivas. No eligen su condición homosexual; ésta constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición.
2359 Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana.”[7]

Las consideraciones anteriormente referidas o citadas la doctrina oficial de la Iglesia católica en su debate teológico actual pone de manifiesto la existencia en el seno de la Iglesia cuatro posturas o istmos sobre la homosexualidad:

Primero: los que rechazan la orientación y el comportamiento homosexual.

Segundo: los que rechazan las acciones y el estilo de vida homosexual, pero no la orientación (el tener la condición homosexual) y apoyan incondicionalmente a la persona homosexual.

Tercero: los que, no sólo no descalifican la orientación homosexual, sino que aceptan éticamente el mismo comportamiento homosexual cuando se dan las mismas condiciones que legitiman el comportamiento heterosexual.

Cuarto: los que no descalifican la orientación homosexual, pero sin ponerla al mismo nivel que la heterosexualidad, y afirman una aceptación ética, aunque matizada, del comportamiento homosexual.  Esta cuarta postura a su vez tiene dos vertientes:

 Primera Vertiente: la del teólogo P.S. Keane que acepta que en las acciones homosexuales de una persona gay que obra responsablemente y en las medidas de sus posibilidades hay un mal “óntico” pero no necesariamente un mal moral. Al fundamentar esa posición, Keane subraya que existen muchas acciones humanas que no llegan al nivel de su pleno potencial de bien, ya que el quehacer humano nunca puede actualizar la plenitud de sus potencialidades existentes. Por ello, el mal óntico significa que el mal forma parte del ser de una acción, pero sin que sea posible una condena moral. Es lo que otros autores califican como mal pre-moral o no-moral, planteamiento que fue rechazado por la Encíclica Veritatis Splendor.[8]

Segunda Vertiente: El teólogo Charles Curran llega a afirmar que considera moralmente justificadas las acciones homosexuales para el homosexual irreversible en el contexto de una relación amorosa que aspira a la estabilidad. Tal como se establece en la siguiente cita:

“Formula una «teoría del compromiso» entre las dos afirmaciones siguientes: “Todos los actos homosexuales son objetivamente malos”… “los actos homosexuales son neutros.”… “Sin duda, las relaciones heterosexuales matrimoniales constituyen el ideal. Pero, dado que el homosexual no es responsable de su orientación, de que no es posible el cambio hacia la heterosexualidad y que la sublimación celibataria no es siempre posible”… “las relaciones homosexuales estables, que proporcionen plenitud y satisfacción, son mejores que la promiscuidad sexual”. [9]

El empuje de los teólogos que hacen una reevaluación de la homosexualidad y el interés de la Iglesia Católica por evaluarla no es más que un reconocimiento de la práctica de la homosexualidad como una variante legítima de la experiencia del hombre desde el primer momento que piso la tierra, sea este primer momento por “Evolución” o por “Creación”. La Iglesia por lo tanto considera la homosexualidad como un hecho, que claro no repercute en la procreación de la raza humana, pero hay mecanismos científicos que abren el camino de la evolución humana.

La prohibición de los actos homosexuales por parte de la moral existente en Occidente y casi todo el mundo, por no decir todo, es más que la interpretación de una norma puramente eclesiástica, religiosa, que no obedece al deseo individual de autodeterminación sexual y a la cual todos tenemos el derecho de elegir. De esta manera, la inversión de la tradición bíblica y teológica sobre la moral, pierde fuerza al actual espíritu de los tiempos de la transpostmodernidad que abre un mundo de posibilidades a la libertad de autoexpresarse según nuestra identidad sexual. La homosexualidad es una variante de la naturaleza, pero lo que es mejor aún una variante del deseo por expresarnos como lo que queremos ser.

Hay una importante distinción entre el ámbito jurídico y el nivel de conducta moral. No podemos negar que la moral y de la ética basada en la religión como “No matarás”, “No robarás”, entre otros muchos son de gran importancia para el mantenimiento sano de la sociedad, porque dichos lemas están subyugados o amarrados al hecho de no hacer daño al prójimo. 

El “Amor Homosexual” es un amor que no se diferencia de otro “Amor”, con él no le hacemos daño a nadie. El “Amor Homosexual”, al igual que nosotros como individuos no le hacemos daño a nadie y no se puede estigmatizar nuestra conducta o nuestro simple obrar como amoral. El Estado debe proteger por ley los valores que garantizan el mantenimiento de la ley y la política con respecto a los fundamentos de la sociedad, al respeto ciudadano, a las libertades. Los delitos de matar, violar, robar, seducción de menores de edad, todos aquellos que vienen a dañar al otro son cometidos por un variante tipo de personas, entre heterosexuales y homosexuales, pero les aseguro que las estadísticas son mayores en los casos de los heterosexuales, lo que pasa que cuando son cometidos por algún miembro de nuestra comunidad LGTB son más sonados por los medios de comunicación, debido a que estamos tachados por la moral de una sociedad que desde hace tiempo pero mucho tiempo nos ha llamado y acusado de “Amorales”.


[1] American Psychiatric Association, Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, Third edition, A.P.A., Washington D.C., 1980. p. 281-282.
[3] Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF), Declaración "Persona humana" sobre algunas cuestiones de ética sexual, 29 de diciembre de 1975, número 8.
[4] Ibídem.  
[5] Gafo Fernández, Javier, Cristianismo y homosexualidad. En La homosexualidad: Un debate abierto (J.Gafo ed.), Desclée de Brouwer, Bilbao, 1987. p.196
[6] Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF), Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre la atención pastoral a las personas homosexuales, 1ro. de octubre de 1986, número 3.
[9] CURRAN, Ch. E. «Homosexuality and Moral Theology, methodological and substantive Considerations», en The Tomist 35 (1971) 447-481; Catholic Moral Theology in Dialogue, University of Notre Dame Press, Notre Dame 1976, 184-219.

Por Félix Esteves

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