Una pequeña presentación

Los Mínimos y Máximos de Félix Esteves es una casa, un hogar, construido con amor, esfuerzo, dedicación y hasta con aburrimiento. Tiene muchas puertas donde todos pueden entrar. Tiene muchas habitaciones, donde de seguro en algunas podrás sentirte cómodo, y en otras, tal vez contrariado y hasta… por qué no… molesto. Sin embargo su propósito no es agradar ni molestar, no es ganar amigos ni enemigos… de todas maneras ambos son bienvenidos; su fin es mostrar y demostrar lo variopinto de una mirada, la pluralidad de una cosmogonía a través de mi “micromundo”, de lo exterior visto y sentido desde mi interioridad… es un grito contra la discriminación, es un arrullo de amor a la diversidad, es mi tarjeta de presentación como ser humano, como hombre, como gay y miembro de la comunidad LGBT... tal vez es algo más… no lo sé… aún lo estoy averiguando.

Félix Esteves

Amigos de Los Mínimos y Máximos

lunes, 9 de abril de 2012

LITERATURA Y SIDA: El SIDA como Musa de Negro Velo.


Desde la primera aparición del SIDA, tanto como fenómeno social y de salud, generó un estado de tensión en el mundo, esto a su vez compuso un rechazo a la comunidad LGBT y dentro del microcosmos de la comunidad de ambiente gay suscito igualmente otra tensión que no sólo afecto a los enfermos sino también a los familiares y amigos que se vieron sumergidos por el VIH. Esta terrible tirantez arrojo una oleada de creatividad literaria que le quería contar al mundo su realidad, así el SIDA, agente asesino y criminal, truncador de sueño, se convirtió en un objeto de creación, en otra Musa, pero de velo oscuro que hizo de su inevitable mundo de muerte un “paraíso” para que nacieran nuevas letras, nuevos escritores, tal como lo aseguro Carlos Monsiváis:

“El surgimiento del Sida como epidemia mundial aparejó la llegada de una literatura con tonos de elegía, muy cercana al modelo clásico de León Tolstoi en “la Muerte de Iván Ilich, con vocación de testamento mediante una fuerza narrativa enorme.”[1]

El periodista y crítico teatral venezolano Edgard Moreno Uribe en su libro “El Arte del Sida” llama al flagelo del VIH “una nueva musa para las artes”[2], además afirma que el SIDA se ha convertido en un nuevo agente inspirador:

“Tras la irrupción del Sida”… “de esa epidemia que ha causado insospechados estragos en todos los niveles de la vida social mundial”… “surgió y se consolidó un movimiento artístico en torno a la enfermedad que incluye todas las formas de expresión, surgiendo así un Arte del Sida, un arte creado por los infectados de HIV o por aquellos artistas que sin seropositivos, no podían permanecer impávidos ante la desaparición de sus mejores amigos.”[3]

Así, a pesar de su corto periplo como pandemia el SIDA ha generado en los Estados Unidos y gran parte de Occidente una enorme cantidad de literatura gay enmarcada en los ideales, sufrimientos y aventuras de los hombres gays y mujeres lesbianas que padecieron y padecen el mal. Estas letras o libros han ayudado en gran parte a reflejar la epidemiología de la enfermedad, los hechos que padecen los familiares y amigos, el dolor de quien sufre el VIH en carne propia, pero también a traer conciencia política, como la  disposición a aceptar el problema, y ​​en parte en dar a conocer el estado de marginación en que se vieron los enfermos  y la estigmatización que sufrieron y que aún sufren muchos hombres y mujeres con VIH.

A pesar de que la infección por VIH está aumentando proporcionalmente más rápido ahora en otros grupos de riesgo, como las mujeres heterosexuales y usuarios de drogas, sigue siendo la comunidad gay la que produce la mayor literatura sobre SIDA.

La literatura u obras literarias que ha generado el SIDA,  incluso en sus ejemplos más intimistas, ha sido inevitablemente una literatura social. Común a todos ha sido un deseo de "hablar" de lo “inexplicable”, de lo “innombrable”, de lo que muchas veces es difícil de expresar sobre el SIDA, lo que quiere esconder la sociedad no por miedo sino por hipocresía, con el propósito que el público entre en más en "contacto" con el tema y su terrible realidad. Algunos autores  tienen como prioridad  exponer a los lectores lo más cerca posible a la emergencia de la epidemia y el sufrimiento de las personas afectadas. En sus más crudos ejemplos, este tipo de literatura imita a un asalto frontal a la negación de la sociedad mayoritaria, empujando a los lectores en un encuentro directo y crudo, encuentro que no se alivia, imaginativo con la devastación del SIDA.

Al mismo tiempo, la literatura del SIDA también ha tenido o generado una forma ligera y hasta cómica, muchas veces irónica, de presentar la realidad, así el autor convierte el SIDA y quienes la padecen en el payaso triste (pero al fin y al cabo payaso) del circo (circo que no es más que la sociedad) donde todos se ríen de su fatalidad,  pero que al final llegan a comprender y entender la verdad de una enfermedad cruel más por la discriminación y la estigmatización que conlleva.

A pesar que una cierta escritura del SIDA había aparecido antes, no fue sino hasta 1985 que el SIDA se convirtió en un reconocido fenómeno literario, especialmente en Estados Unidos de Norteamérica, con el éxito de dos  obras de teatro de Nueva York, una de William M. Hoffman “As is” y una obra de Larry Kramer  “The Normal Heart”.

En “As is” Hoffman retrata a Rich, un joven escritor que está empezando a encontrar el éxito, y que trata de romper con su pareja Saúl, un fotógrafo profesional. La separación es particularmente difícil para Saúl, quien todavía ama profundamente rica Rich, quién tiene otro amante. Sin embargo el idilio de Rich con su nuevo amante es de corta duración cuando se entera que tiene SIDA y vuelve a la de buen corazón de Saúl. La enfermedad va evolucionado lenta y horriblemente. A partir de entonces la acción se compone de un mosaico escenas cortas, algunas profundamente conmovedoras, otras con brillante humor, que captan  la relación de Rich con amigos y familiares, y la fría impersonalidad de los médicos y enfermeras que lo cuidan, asimismo se trasluce los diversos aspectos de la comunidad gay de Nueva York. Al final, el efecto de la obra es emocionalmente abrumador, un examen honesto y despiadado de una relación profundamente humana destrozada por una fuerza ciega y destructiva que no puede ser modificada o dejada de lado.

En “The Normal Heart” nos muestra cuando el SIDA se extendió por Nueva York y existía mucho desconocimiento acerca de una enfermedad que se tildó como "el cáncer gay". El argumento de la obra desgrana la forma en la que la sociedad estadounidense asimiló la llegada de la gran epidemia. La obra es de carácter autobiográfico y cuenta la historia de un activista gay que lucha por encontrar la verdad de la nueva enfermedad mientras ve desvanecer a su amante, un periodista que lleva su homosexualidad muy bien guardada en el closet. Una obra teatral que desnuda la crudeza de la discriminación en los primeros años del mal.

En 1985 apareció en “The Fligth from Nevèrÿon” del escritor afroamericano Samuel R. Delany  la historia corta " The Tale of Plagues and Carnivals” (El cuento de las plagas y carnavales). En el cuento noveno de la serie (una novela en sí misma), una enfermedad relacionada con el  sexo estalla en Nevèrÿon, y es más frecuente entre los homosexuales. En esta historia  el paralelismo entre Nevèrÿon y la ciudad de Nueva York en el segundo año de la epidemia del SIDA es muy parecida, el escritor en su ciencia ficción maneja los mismos códigos que se manejaron en aquel entonces en la Gran Manzana, mezclando magistralmente la realidad con una narración acerca de una plaga similar en su reino de fantasía.

En 1986 el escritor y activista negro Joseph Beam recopila o crea una antología homoerótica del hombre negro “In the Life: A Black Gay Anthology” donde aparece una obra de Craig G. Harris “Cut Off from Among Their People”, un retrato temprano del SIDA entre los afroamericanos, sobre un hombre que es rechazado por la familia de su amante en el funeral de su amado.

En Francia en 1987 aparece el intenso “Corps à Corps”, en español “Cuerpo a Cuerpo y traducido al inglés como  “Mortal Embrace”, de Emmanuel Dreuilhe. Alain Emmanuel vive con el SIDA. Escribe un diario, un diario de su enfermedad, a través de él reflexiona sobre su dolencia, es un grito de vida: el rechaza el veredicto de muerte, pero es imposible, la obra se vuelve todo un testimonio sobre la intimidad del quién padece el SIDA y de todos quienes lo rodean. “Cuerpo a Cuerpo” es el relato de una lucha cotidiana consigo mismo, donde se alternan las esperanzas y las derrotas, las victorias y las caídas de un hombre y su lucha contra el mal. Lo más interesante del libro es que el escritor convierte el recurso literario en un arma contra el SIDA.

Ese mismo año aparece de Randy Shilts “And the Band Played On” un libro que retrata los por menores del descubrimiento del SIDA por parte de la comunidad científica en Estados Unidos y Francia, asimismo nos cuenta la forma en que la sociedad internacional aborda el tema como una forma de discriminación contra los homosexuales y la lucha de la comunidad gay que enfrenta una nueva estigmatización. Exitosa novela que fue llevada a la televisión en 1993 y que conquisto numerosos premios.[4]

En Venezuela surge como una bomba la obra teatral de Amado Naspe “Síndrome”, desde entonces un grupo de artistas y escritores teatrales se unen para llevar a escenarios caraqueños y del país obras que hablen sobre SIDA, a veces son acogidos con entusiasmo otras veces son ignorados por el público, sin embargo su esfuerzo no es en vano, en una sociedad caraqueña que evita hablar aún del tema.

En 1988 aparecen dos clásicos revolucionarios de Paul Monette “Borrowed Time: An AIDS Memoir” y “Love Alone: Eighteen Elegies for Rog”, en el primero Monette (libro escrito en prosa) traza el sufrimiento y la muerte de su amante, Roger Horwitz Monette de SIDA entre 1985 y 1986, en este libro se abarca al mismo tiempo, las luchas de los afectados y amigos de la comunidad gay en todo el país (USA). En el segundo, “Love Alone”, Paul Monette  habla de la pérdida, el luto, la ira, la incredulidad. Las emociones se encuentran en abundancia cuando un ser querido muere. La gente tiene que encontrar una manera de hacer frente a las situaciones y, a menudo necesitan expresar por escrito sus sentimientos con el fin de sacarlos. Esto es exactamente lo que Paul Monette hace en su libro de poesía. A través de escribir su poesía Monette describe sus emociones y los acontecimientos que tuvieron lugar durante la batalla de su compañero de vida Rog con el SIDA.

Igualmente ese mismo año George Whitmore nos regala el testimonio Someone Was Here: Profiles in the AIDS Epidemic”, que informa sobre una clase media blanca gay  en Nueva York, un hombre de clase trabajadora chicana gay en las zonas rurales de Colorado, y el servicio del SIDA en el Hospital Lincoln en el Bronx del Sur, cuyos pacientes son mayoritariamente pobres, afro-americanos o hispanos, heterosexuales usuarios de drogas. “Someone Was Here” es un retrato documentado de las comunidades más marginales y su padecimiento frente a los poderes de una sociedad que los rechaza primeramente por gays, portadores de SIDA y por pertenecer a las razas minoritarias.

Tres libros aparecen en 1988, todos de escritores varones homosexuales, y todos los libros señalan la fuerza de la lucha contra el SIDA. La novela “Second son” de Robert Ferro, Las historias cortas “Darker Proof: stories from a crisis” por Adam Mars-Jones y Edmund White, y de Andrew Holleran el ensayo “Ground Zero”. Todas revisan, exploran, cuentan una realidad estremecedora, con finales trágicos e irreversible, “Second son” quizás la más optimista y rosa de todas propone un final feliz en una estrella imaginaria “Sirio” donde los protagonistas en su alucinante y conmovedor drama concluyen o se imaginan encontrarse después de muerto y formar una colonia espacial.
En Venezuela aparece el libro “Jeremías El Replicante” de José Vicente de Santis, el primer caso documentado de un seropositivo en Venezuela y activista por los derechos de los infectados por VIH. El libro conmocionó a la sociedad venezolana, que al parecer vivía aislada o con los ojos vendados a la realidad del VIH.

En 1989 crece la intensidad, y muchas novelas y libros que aparecen ese año llenan sus páginas con una crudeza incontenible, Larry Kramer regresa con “Reports from the Holocaust: The Making of an AIDS Activist. Kramer dice lo que es ser un hombre gay durante la epidemia de SIDA, y narra su experiencia de cómo va observando a sus amigos morir uno tras otro. Ese sentido, es un libro extremo pero muy franco,  documentado con cartas, discursos e informes médicos. Kramer es muy crítico con el gobierno de Reagan, los Institutos Nacionales de Salud y la FDA, y con todos los que acusa de inercia burocrática para hacer frente a la crisis del SIDA. También arremete contra alcalde de Nueva York Ed Koch, a quien acusa de ignorar la pandemia. Nos narra la lucha personal como activista gay contra el SIDA y la lucha de toda la comunidad LGBT. Una excelente obra que conmueve, personalmente me hizo arrancar lágrimas de tristeza pero también otras de rabia e impotencia. Además el ensayo de Kramer, paralelamente nos cuenta el genocidio nazi, haciendo una comparación con la opresión gay por el SIDA.

Aparece ese mismo año   “Poets for Life: Seventy-Six Poets Respond to AIDS” editado por Michael Klein, que incluye obras de poetas homosexuales y heterosexuales, las personas con SIDA, y los seres queridos y cuidadores. Entre sus muchas contribuciones notables son obra de grupos que han estado poco representadas en la literatura del SIDA: como Melvin Diaz (Afroamericano) Marilyn Hacker y Adrienne Rich, ambas lesbianas.

En Italia irrumpe “Camere separate” de Pier Vittorio Tondelli, una novela de duelo profundo y sagrado que repasa la historia de amor de los jóvenes Leo y Tomás y traza la búsqueda de la intensidad de auto-examen. “Camere separate” según Javi en su blog “Se trata de una obra un tanto desoladora, muy romántica, en el que el personaje principal rememora su convivencia con su antigua pareja, ya muerto.”[5]

David B. Feinberg publica su primera novela en 1989, “Eighty-Sixed”, en esta obra ingeniosa Feinberg hace contrasta a la época pre-SIDA 1980, con la época post-SIDA de 1986, iluminando los cambios que se han producido en la comunidad gay. En 1980, la mayor preocupación de BJ Rosenthal es encontrar un novio estable, ya que pasa de una pareja sexual a otra, pero en 1986 su atención se centra en la ansiedad del SIDA y la muerte dolorosa de los amigos. El trabajo de Feinberg mezcla generosas dosis de humor con una creciente sensación de patetismo, trayendo a la mente las obras de Harvey Fierstein. Para evocar el estado de ánimo de cada año, Feinberg inyecta una cadena de distracción de referencias a la cultura pop, pero en general, se trata de una novela apasionante y honesta. Una obra diferente llena de frescura y buen humor a pesar de la triste realidad.

John Weir escribe ese mismo año “The Irreversible Decline of Eddie Socket”, el libro Cuenta la historia de Eddie Socket, un joven gay de 28 años de Nueva Jersey que se muda a Manhattan, tratando de huir de la sobreprotección de sus padres, después de su lucha para sacar sentido a la vida, se encuentra con una ciudad sitiada por el SIDA. A pesar de que Eddie contrae el virus, este libro se distingue de los demás escritos durante este período porque va contra de la tendencia de centrarse únicamente en la muerte y la pérdida. A pesar del sombrío telón de fondo sin lugar a dudas, los personajes en el libro de Weir se centran en la vida. La realización de Weir es que se las arregla para forjar una novela sensible, optimista y con buen humor.

La década de los noventa comienza con nuevos avances médicos, nuevos medicamentos retrovirales mejoran las condiciones de los enfermos de SIDA, sin embargo la epidemia crece y la discriminación aumenta con ella a pesar de los esfuerzos de la comunidad LGBT. En el campo de las letras Norteamérica sigue repuntando como el país donde más se escribe sobre el SIDA, no sólo como ficción sino también como propias historias intimas de los mismos enfermos.

La más puntiaguda ficción americana del SIDA aparece en 1990  “The Body and Its Dangers” por Allen Barnett, cuatro de las seis historias de la colección son sobre SIDA. Su pieza central, "The Times As It Knows Us", contrapone la representación estereotipada de los medios de los gays con SIDA con un complicado grupo de amigos que comparten una casa de verano.

Cabe destacar también el drama televisado del SIDA que apareció en 1990, “Andrew’s Mother”, una  adaptación para televisión de la obra de 8 minutos para el teatro de Terrence McNally. “Andrew’s Mother” es un conmovedor  duelo documentado de un hombre gay  y su acercamiento con la madre de su amante muerto de SIDA, el rechazo de esta con el hombre que nunca acepto y su duelo interno por la muerte de su hijo y con su propia madre que no le reprochaba a su nieto su condición de homosexual. Una obra dura, pero real, que nos habla de la homofobia de los padres hacia sus hijos gays.

Desde Francia nos llega en 1990  “A l'ami qui ne m'a pas Sauvé la vie” de Hervé Guibert. Esta novela autobiográfica se centra en un joven escritor que, obsesivamente, se enfrenta a la "calamidad" de su enfermedad y, al mismo tiempo busca la salvación de una vacuna milagrosa prometida por un amigo americano que nunca llega.

En 1991 nos sorprende “Close to the Knives: A Memoir of Disintegration” por   David Wojnarowicz que incluye "Postcards from America: X-Rays from Hell"[6], un ensayo que provocó la oposición de Jesse Helms y el Fondo Nacional de las Artes dirigida por John Fronmayer,  que presentó el catálogo de 1989 de la muestran de Arte y SIDA “Witnesses: Against Our Vanishing” en Artist’s Space de la ciudad de New York.

De Paul Gervais nos llega “Extraordinary People” (1991), una novela en forma de relatos cortos enlazados alrededor de dos hermanos disímiles homosexuales y sus familias. El narrador y su amante regresar a Boston para estar con su hermano mayor y su amante, el SIDA y los problemas de su infancia son el marco de una familia disfuncional. Una novela algo estereotipada.

1991 es el año de la literatura gay afromericana al aparecer “Brother to Brother”, editado por Essex Hemphill bajo la concepción de Joseph Beam. Más de una cuarta parte del libro es dedicada al SIDA, a partir de poemas de gran agitación de Melvin Dixon, David Frechette, y Craig G. Harris, y la autobiografía sin adornos "The scarlet Leller Revisited "de Walter Rico Burrell que murió en 1990, donde el autor presenta las reflexiones sobre el ser diagnosticado con SIDA, la aceptación del diagnóstico, los efectos secundarios de los medicamentos que se toman para el tratamiento de la enfermedad, su relación con su padre y la respuesta positiva al tratamiento, la consideración del autor sobre la posibilidad de que él no va a morir de SIDA. Tristemente Rico Burrell no ve su historia publicada. “Brother to Brother” un libro que debe ser leído por todos a pesar de lo desesperanzador de sus páginas.

Un extraño pero excelente volumen nace en 1991 en manos de Rachel Hadas “Unending Dialogue: Voices from an AIDS Poetry Workshop” que incluye cuarenta y cinco poemas de  ocho miembros de un taller de poesía realizado por Hadas en el  New York's Gay Men's Health Crisis desde 1989 a 1991. Cuenta con los extraordinarios trabajos poéticos de Charles Barber con"Thirteen Things About a Catheter", Glenn Philip Kramer con "Pantoum for Dark Mornings", Glenn Besco  nos traé "Vernon Weidner Visits in a Dream", y Dan Conner  con "Retinitis".

En Venezuela 1990 tiene sus representantes en Elio Palencia, Marcos Purroy y Johnny Gavlovski, y David Osorio Lovera, en 1991. Los cuatro autores decidieron llevar a las tablas sus respectivas piezas de personajes afectados por el VIH. Moreno Uribe nos dice:

… “coincidieron, sin previo acuerdo entre si, llevar al teatro como elementos dramáticos de sus respectivas piezas a personajes afectados por “el mal del siglo” o sea infectados por un virus extraño que vino de lejos, el tristemente famoso Síndrome de la Inmunodeficiencia. En síntesis , esos cuatro venezolanos, preocupados ante el peligro que se cierne sobre la libertad de los seres humanos para amar en toda intensidad posible, se fijaron en ese tema del Sida, lo amaron y optaron por escribir sus textos: Anatomía de un viaje, Habitación independiente para un hombre solo, Hombre y El ultimo brunch de la década. Añadieron, pues, a la larga de personajes del prototipo venezolano, a seres nunca antes vistos en la escena, homosexuales, bisexuales o heterosexuales infectados por virus del Sida, el cual pone en peligro a la humanidad entera, sin distingos de costumbres amatorias, y/o sexuales. Y eso es precisamente una novedad en el teatro de Venezuela, para no citar al de otros países, el que sus dramaturgos escriban sobre el temible Sida.”[7]

“Falsettos”, obra de carácter gay y sobre SIDA de 1992 recibe elogios tanto de la crítica especializada como por el público: “March of the Falsettos” y “Falsettoland”, sus autores William Finn and James Lapine reciben el premio Tony por sus libretos para un musical.

En  el 92 Thom Gunn nos ofrece  “The Man With Night Sweats”, una colección de poemas referentes al SIDA, notables elegías e igualmente desgarradoras para y por los amigos perdidos por el mal, tal como se lee en la siguiente cita: 

“Gunn restores poetry to a centrality it has often seemed close to losing, by dealing in the context of a specific human catastrophe with the great themes of life and death, coherently, intelligently, memorably. One could hardly ask for more”[8]

En 1993 de la mano Jameson Currier nos llega “Dancing on the Moon: Short Stories About AIDS”. En este libro que contiene doce cuentos el autor nos habla del desgarro emocional y vivencial de hombres que padecen SIDA, sus relaciones amorosas, familiares y su enfrentamiento a la sociedad, una obra de ficción que se convierte en un testimonio de la realidad tal como lo explica Robert Drake:

“Some people may refrain from reading Dancing on the Moon out of a discomfort with AIDS. That would be a shame. As the band plays on, AIDS spirals deeper into our lives. To ask fiction to ignore what it has always done best: mirror the times in which we live, and the ways in which we survive, Dancing on the Moon reaches to fulfill that obligation with an effort of the first order. For that reason, and for the sheer good talent of Jameson Currier, this collection deserves a wide readership.”[9]

“Scissors, Paper, Rock” aparece ese mismo año; su autor Fenton Johnson utiliza el realismo para contar la historia de un joven con SIDA que regresa a su hogar de clase obrera de Kentucky para morir. Un libro interesante que nos hace pensar sobre el verdadero significado de la familia natural y aquella que escogemos.

Nuevamente la voz gay afroamericana hace su aparición con un libro poderoso “Sojourner: Black Gay Voices in the Age of AIDS. En este libro se mezcla diferentes materiales literarios como entrevistas, ensayos, ficción, confesiones y poesía, todos conjugados en dar a conocer la realidad del mundo gay bajo el manto oscuro del VIH/SIDA.

Otras obras sobre el SIDA de 1993 fue “Such Time” de Christopher Coe, en su novela nos narra las aventuras amorosas de un joven gay frívolo durante los salvajes años setenta. Obra cruda, real, que nos lleva a pensar sobre la promiscuidad en el mundo gay de los años en que se desarrolla la novela. Interesante propuesta aunque a veces peca de moralista.

James Robert Baker antes de su suicidio en 1997 nos regala su maravillosa novela “Tim y Pete” en 1993. Una picaresca sobre la sexualidad gay de California, una parodia que causo revuelo en aquel entonces. La novela contiene una buena dosis de humor negro que intenta ocultar la omnipresente destrucción causada por el sida: el libro está poblado por los fantasmas y los recuerdos de los personajes muertos, mientras que los que sobreviven encuentran el virus moviéndose con sigilo en cada conversación.[10]

El Pulitzer en 1993 es otorgado a “Angeles en América” o en su título original Angels in America: A Gay Fantasia on National Themes de Tony Kushner, igualmente ganó el Tony en su representación en Broadway. Este drama fue llevado a la televisión por los productores de HBO con actores de primera como Meryl Streep, Emma Thompson, Patrick Wilson y Al Pacino, llevándose también grandes premios como los Globos de Oro y Emmy. “Angeles en América” es una obra poderosa que nos narra la homofobia de los años 80 y la crisis de los hombres gays y sus familiares y amigos, la intolerancia de la religión, en este caso la mormona, también toca el caso de las mujeres heterosexuales contagiadas por sus esposos que son homosexuales de closet. Imperdible tanto en su libro como en su forma de DVD.

En 1994 aparece la novela desgarradora de Rebecca Brown, “The Gifts of the Body”. El libro está dividido en diez historias cortas, los títulos relacionados con "regalos" que son las diversas funciones del cuerpo, tanto físico como emocional. Estos dones son (en orden de las historias) el sudor, la integridad, las lágrimas, la piel, el hambre, la movilidad, la muerte, el habla, la vista, la esperanza y el luto. Cada uno de estos "regalos" son experimentados por la enfermera o enfermero (en el libro no se da el sexo del enfermero, aunque se supone es una mujer joven y lesbiana) con varios pacientes que tienen SIDA, y muestra las diferentes relaciones que comparten, ya sean buenas o malas. Los propios pacientes son diferentes el uno del otro en términos de edad, situación económica, la actitud hacia la enfermedad, etc.[11]

1995 a 1997 son los años de la poesia, nace la  antología “Things Shaped in Passing: More ‘Poets for Life’”. Miguel Algarín nos ofrece su poemario “Love Is Hard Work” sobre  los hombres gay VIH positivos hispanos; Rafael Campo nos regala su The Other Man Was Me” y Mark Doty nos llega con el poemario “ Atlantis”, un hermoso trabajo donde se mezcla sutileza y crudeza al mismo tiempo bajo construcciones literarias de gran valor artístico, tal como nos dice la crítica especializada:

“In Atlantis, Mark Doty uses the power of natural metaphor as a backbone for each poem in the collection. He touches on topics of loss, beauty, life, and courage, addressing each of them with an air of relaxed reflection.”… “Though the collection is primarily acknowledged as a description of and response to the AIDS induced death of Doty’s lover, Wally Roberts, Doty writes in what has been hailed as the tone of a “privileged observer.” The book maintains a generally detached and ultimately neutral position, neither optimistic nor pessimistic, though heartbreaking at times, and always stunningly vivid.”[12]

Novelas notables hacen su aparición, de Alfred Corn “Part of His Story” en 1997. La novela de Corn nos narra los detalles del duelo de un escritor que, después de que su amante ha muerto, se traslada a Londres con el pretexto de investigar sobre su nuevo libro, pero en realidad llega a un acuerdo con el pasado. El escritor escribe con una belleza tranquila que permite a las emociones de su personaje y su vida interior se desarrolle con dignidad e inteligencia. Si bien parte de su historia gira en torno a una complicada trama - el narrador encuentra un nuevo amor conectado con la lucha por la independencia de Irlanda - la novela es, en esencia, una meditación sobre la pérdida, el SIDA y el renacimiento en el medio de la muerte y la violencia.

Edmund White escribe “The Farewell Symphony”  (1997). The Farewell Symphony es una semi-autobiografía, y es el tercer libro de una trilogía de novelas, siendo precedido por  “A Boy's Own Story” (1982) y The Beautiful Room Is Empty” (1988).) En la tercera novela o libro, el autor representa  la edad adulta de su protagonista y  su experiencia como homosexual desde 1960 hasta la década de 1990.

En 1999 aparece “Las Horas” de Michael Cunningham, y aunque la importancia de la novela  reside en la parte de la aceptación lésbica y su invisibilidad, el personaje de Richard Brown (renombrado poeta que sufre de SIDA), es muy bien tratado como personaje y merece mi mención.
En el 2001 Tom Spanbauer escribe “In the City of Shy Hunters”, Novela iniciática que redescubre la sexualidad de los 80 en Nueva York. En España Maria Antonia Oliver escribe “Tallats de lluna”, historia de amor de dos homosexuales mallorquines, uno de los cuales muere de SIDA: 

“La historia está narrada por un homosexual que padece el sida y que ha sufrido la muerte de su pareja como consecuencia de la misma enfermedad. Tomeu, Tomeva para los íntimos, pone negro sobre blanco ‘sus sentimientos y su relación con la vida y la enfermedad’”[13]

Se me han pasado muchos libros, poemarios, novelas, obras de teatros y otros textos importantes, esta investigación merece más de lo que yo les puedo ofrecer en este momento. Prometo seguir leyendo e investigando, quizás pronto haga una nueva entrega.

El SIDA es un mal que acecha a todos, y todos estos libros asi lo confirman, pero también el SIDA, algo bueno tenía que salir de este terrible mal, ha ofrecido a muchos la oportunidad de contar sus historias, sus sufrimientos, sus padecimientos, sea desde el punto de vista de aquellos que la observaron desde lejos... en un hijo, en un amante, en un amigo, o los que vivieron la enfermedad en carne propia, como es el caso de la mayoría de los escritores aquí señalados, y en su mayoría ya fallecidos. Así el VIH/SIDA es un agente hacedor de metáforas... de una cruel realidad puede nacer una flor... un deseo... una ficción... un hermoso testimonio.

Espero que hayan disfrutado mi investigación, tengo aún mucho por leer, deseo que Ustedes también me acompañen en esta hermosa aventura, por eso aquí les dejo otros libros que pueden ser leídos y consultados por ustedes:


BELLATIN, MARIO
Salón de belleza, (Tusquets, 2000).
En una gran ciudad fulminada por cierta peste innominada, un peluquero crea un refugio para moribundos.

BERGER, JOHN
Hacia la boda, (Alfaguara, 1995).
El novio de una joven que se descubre seropositiva la convence para que no anule por ello su compromiso matrimonial.

COLLARD, CYRILL
Las noches salvajes, (Tusquets/Columna, 1993).
Jean, seropositivo, se acuesta con una chica de 17 años sin advertirle, pero luego se enamora de ella.

COMMERÇON,  MARKUS
Sida, mi camino en la vida, (Lóguez, 1996).
Vida y reflexiones de un joven panadero alemán, homosexual y enfermo de SIDA.

DAVIS, CRISTOPHER
Philadelphia, (Plaza & Janés, 1995).
Un abogado lucha por sus derechos tras ser despedido  por su condición de enfermo de SIDA.

DUSTAN, GUILLAUME
En mi cuarto; Esta noche salgo, (Mondadori, 1999/La Tempestad 2001).
Polémicos descensos a la noche gay de París en los que el autor reivindica el sexo sin control para los portadores del VIH.

GUDULE (Anne Karali)
La vida hacia atrás, (Lóguez, 1995).
Una chica de 4º inicia un flirteo con un compañero. Un profesor advierte a sus padres que el chico es seropositivo (juvenil).  

HUMPHREYS, MARTA.
Hasta lo que sea, (Anaya/Barcanova, 1996).
Una alumna enferma de SIDA convulsiona un instituto (juvenil).

KEARNS, MICHAEL
Cèl lules T i simpatia, (Llibres de l’Índex, 1997).
34 monólogos reivindicativos sobre SIDA de este actor gay y seropositivo.

PIASSA POLIZZI, VALERIA.
¿Por qué a mí? (Alfaguara, 2001).
La autora, una joven brasileña, viaja a EE UU para encontrarse a sí misma tras un diagnóstico de SIDA.

TÓIBÍN, COLM 
El faro de Blackwater, (Edhasa, 2002).
La secreta situación terminal de Declan reunirá a la conflictiva familia irlandesa de los Devereux.

VALLEJO, FERNANDO
El desbarrancadero, (Alfaguara, 2002).
El digresivo alter ego del autor regresa a Medellín para velar la agonía de su hermano enfermo de SIDA. 

Por Félix Esteves



[3] Ibídem.

domingo, 1 de abril de 2012

EL MARQUÉS DE SADE... Una defensa muy personal.

Donatien Alphonse François fue el nombre de pila del Marqués de Sade, cuyo título heredó de su padre. Este autor maldito del siglo XVIII, pasó prácticamente la mitad de su vida entre rejas. Tres distintos regímenes lo tuvieron encerrado: primero la Monarquía, luego la Revolución y para finalizar el imperio napoleónico. Durante mucho tiempo su leyenda negra fue aumentando y su obra no circulaba más que en ediciones clandestinas. Tuvo que llegar el siglo XX para que el mundo conociera a Sade en plenitud.

El Marqués de Sade nació en 1740, en el seno de una familia de la nobleza provenzal. Participó, muy joven, en la guerra de los Siete Años (1756-1763) como capitán de caballería. Regresado a París, donde se casó en matrimonio arreglado por su padre con Renée-Pelagie de Montreuil. El joven Sade con veintres años, recién casado, ya se vio envuelto en varios escándalos, pero nada que por entonces no fuese casi habitual en algunos sectores de la alta nobleza, como escándalos en fiestas, prostíbulos y exceso de alcohol.

Su primera detención que ocurre el 15 de octubre de 1763, se desconoce los motivos últimos de este arresto; en todo caso el arresto está relacionado con una o varias jornadas de desenfreno y un misterioso manuscrito. En el año 1965, el poeta surrealista y biógrafo de Sade, Gilbert Lely, recibió de un bibliófilo un documento policial de una prostituta que, con fecha de 19 de octubre de 1763, denunciaba a un cliente que por la apariencia bien podría ser el Marqués de Sade. El historial policial  incluye las blasfemias y los sacrilegios que el supuesto Marques de Sade profirió y describe una cámara dedicada a la práctica del sadismo. La declarante se llama Jeanne Testard:

“October 15, Sade returns to Paris alone on business, but on October 18 hires a prostitute, Jeanne Testard, who the next day complains to the police about his sacrilegious conversation. She did not claim to have been assaulted in any other way but verbally.”[1]

En la cita anterior el autor Neil Schaeffer declara que Jeanne Testard acusa a Sade de sacrilegio y blasfemia más no de tortura o asalto, igualmente el texto policial que fue entregado a Gilbert Lely solo describe los actos contra la religión obrados por Sade y las características de la habitación donde fueron ocurridos los actos sacrílegos. Jamás se le acusa de violencia física.[2]

Su segunda detención ocurre el tres de abril de 1768. Sade tenía un apartamento en Arcueil, donde llevaba a las prostitutas y amantes. Los hechos supuestamente suceden así: Sade recoge a una prostituta, Rose Keller, que declara estar mendigando en la plaza las Victorias de París (en aquel tiempo lugar frecuentado por prostitutas para vender sus servicios); al llevarla a su casa  de Arcueil, pasadas unas horas, la mujer vestida se lanza por una ventana del primer piso y trepa por la lata valla de la finca. saltandola, produciendose varios arañazos en los brazos y desgarrándose el vestido. La mujer es ayudada por unas vecinas que inmediatamente son informadas de la versión de Rosa Keller, quién les dice que fue martirizada, y que Sade le sajó reiteradamente la espalda con algún objeto cortante y de otros muchos abusos; éstas vecinas declaran atrocidades contra Sade, y el médico, en primera instancia, al día siguiente de los hechos, certifica heridas en la espalda de la mujer.

La denuncia sigue su curso y los hechos se han convertido en un escándalo que recorre París, se conocen por la versión de Rose Keller. Cuatro días después, el 7 de abril, la familia Sade se dispone a hacer frente al escándalo: el que fuera preceptor de Sade, el Padre Amblet y el maestro Sohier se desplazan a Arcueil donde se encuentra Rosé Keller, se entrevistan con ella para intentar que retire la denuncia. Rosé Keller pide 3.000 libras y, al final, llegan a un acuerdo y se le entrega 2.400 libras, que para la época era una importantísima suma de dinero, para que retire la denuncia. Pero la rumorología ya ha hecho efecto y las acciones  de la familia no impiden que el escándalo continúe extendiéndose y al día siguiente, el 8 de abril, apenas cinco días después de los sucesos, llega la carta de detención del rey ordenando su encierro.  Al día siguiente Sade ingresa en el castillo se Saumur. El escándalo es tal que el parlamento francés ordena a la justicia local que se inhiba, pasando el proceso a la jurisdicción de la Cámara de lo criminal del Parlamento de París.

La Cámara de lo criminal del Parlamento de París inicia el proceso con inusual rapidez. El 19 de abril Rose Keller es inspeccionada sin que se le encontraran las heridas descritas en el informe médico. Al día siguiente se realiza un minucioso registro en el domicilio de Sade, igualmente se registra la casa alquilada por el marqués en Arcueil, sin que, en ningún caso, se encuentre algo destacable fuera del uso cotidiano. El 21, otro día después, testifican Rose Keller y las vecinas que la atendieron reafirmándose en las acusaciones, también lo hacen testigos a favor de Sade.
El 23 de abril es el médico que redactó el informe, quien declara bajo sospecha: Se le pregunta si observó heridas que hubiesen podido ser causadas por bastonazos, respondiendo que únicamente vio dos huellas por encima de la región lumbar y sobre la espina dorsal, sin sangrado y sólo con coloración roja.

Se le pregunta sobre cuántos cortes observó y su forma, respondiendo que observó una docena de excoriaciones de forma redonda y del tamaño de una moneda que no iban más allá de la epidermis. Se le advierte sobre la contradicción entre el informe y las presentes declaraciones. En el informe se describen cortes fuertes y largos en la espalda. Alega que el calificativo de fuerte y larga se refería a una contusión. Para culminar todo lo declarado primeramente en la denuncia es rechazado por el mismo declarante. Y en segundo término la mujer no presento cicatrices de alto impacto, los raspones y moretones lo más seguro es que se los haya hecho cuando se lanzó del primer piso y cuando trepó la alta verja en la huída. Tercero y con respecto a la cicatrices de Rose Keller, si fue atacada el 3 de abril y ella es inspeccionada 16 días después por el tribunal, y no presenta cicatrices de gran magnitud como fueron primeramente declaradas como laceraciones importantes, cómo puede ser posible que hayan cicatrizado tan rápidamente en una época donde los avances médicos eran paupérrimos.

Entre tanto, el Marqués de Sade recorre varias cárceles (Saumur, Pierre-Encize y la Conciergerie) sin poder declarar y responder al tribunal que lo reclama en dos ocasiones. El 10 de junio presta declaración, asegurando que Rose Keller sabía que se trataba de un encuentro sexual a cambio de dinero, aunque no habían convenido una cantidad en concreto, admitiendo que la había azotado con una cuerda anudada. La familia Sade consigue una carta de abolición del rey y la cámara ratifica la decisión del rey e impone a Sade una multa de cien libras que irán destinadas a la alimentación de los presos. Sade todavía permanecerá en la cárcel hasta el 16 de noviembre de ese mismo año.[3]

La tercera detención del Marqués de Sade es conocida como caso de Marsella, porque los hechos  ocurrieron en la ciudad del mismo nombre el 23 de junio de 1772, cuatro años después del escándalo de Arcueil. Sade se desplaza a Marsella en compañía de su sirviente Latour. El 27 de junio solicita los servicios de cuatro prostitutas y pasan, él y su criado, el día en su compañía en la casa de una de ellas. A la mañana siguiente una de las muchachas y pasados unos días otra, las dos sufrieron una indisposición. Desde un principio se investigó como un supuesto envenenamiento. Se sospechó de unos caramelos que Sade ofreció a las mujeres, se analizaron y no se descubrió rastro de veneno; también, pasados los días las muchachas se repusieron de su indisposición. El proceso continuo y los rumores se extendieron por toda Francia. Sade y su criado, iniciado el proceso, huyeron a Italia siendo condenados en rebeldía a la pena de muerte por sodomía y envenenamiento.
Ciertamente Sade y su criado pasan ese día y esa noche con cuatros prostitutas que se enferman por consumir caramelos de anís, que ligadas al alcohol pudieron producir la indigestión, todos sabemos como se siente el cuerpo cuando se abusa.

El proceso se inició, aun sin conocerse el análisis de los caramelos, el 4 de julio se decreta el arresto de Sade y su criado, pero ambos advertidos huyen a Italia. El 11 de julio los alguaciles se presentan en su castillo de La Coste, Sade y su criado ya no se encuentran allí. Los bienes del Márquez  son embargados  y a partir de entonces, Renèe, su mujer, asume su defensa.

Las jóvenes son indemnizadas por Renèe y las denuncias son retiradas. Pero el proceso continúa y a pesar de los esfuerzos familiares Sade es condenado a dos penas de muerte una por envenenamiento y otra por sodomía; y su criado a otra por sodomía. El tribunal de Marsella dictó sentencia el 3 de septiembre, siendo ratificada el día 11 por el parlamento de Aix de Provenza. Al día siguiente, día 12, esta sentencia se cumple en rebeldía, siendo quemados en efigie en una plaza pública. Aunque la ejecución de la sentencia fue un acto simbólico, las consecuencias para Sade fueron importantes, ya que desde ese momento dejaba de existir para el estado francés, perdía todos sus bienes, que pasaron a ser propiedad de Renèe, así como la patria potestad de sus hijos.[4]
Desde que se dicta sentencia, Renèe recurre a todas las instancias tratando de que la causa contra su marido sea revisada. En 1778 consigue que se reabra la causa y demostrándose numerosas irregularidades en el proceso, la sentencia es anulada. 

La historia junto con documentos señalan que este juicio fue más una maniobra política contra el suegro de Sade y su padre. Sade pudo verse envuelto en una lucha entre los nuevos poderes provinciales y el nacional de París. También se ha especulado sobre la posible injerencia de personajes públicos (el canciller Maupeou), por entonces enemigos declarados de su padre, Jean-Baptiste de Sade, como consecuencia de su actividad diplomática, o enfrentados a su suegro el presidente Montreuil.

SADE Y SU ÉPOCA.

El siglo XVIII francés se caracterizó por una moral pía y revolucionaria pero muy hipócrita y a su vez por una sociedad muy libertina y entregada excesivamente a los placeres. La aristocracia no se mostraba interesada en acrecentar la productividad de la nación, su único propósito era buscar nuevas formas de entretenimiento mientras la mayoría de la población luchaba por sobrevivir. Lo distintivo y admirable del comportamiento de Sade  es su falta de hipocresía y en su radical ateísmo. Y ese obrar distinto le produjo muchos enemigos en una sociedad que por un lado tiraba la piedra y por otro lado escondía la mano, y que además refugiaba todos sus desmanes y pecados detrás del poder de la religión y la iglesia.

La leyenda del Marqués de Sade crece con el puritanismo del siglo XIX, acrecentándose como un  monstruo solitario, un hombre muy desequilibrado, quien escribió la más sucia especie de erotismo extremo producto de sus aventuras, cosa que no fue así.  Sade vivió en una Europa, y en una Francia de agitación social y de la decadencia de una sociedad ultra corrompida. Donde la clase campesina sufrió la insensatez y desvaríos de toda la clase privilegiada que tenía como único leit  motiv “un plaisir tout prix”: el placer a cualquier precio.

Por el ejemplo el rey de Francia, Luis XV (1710 - 1774), era famoso por su extraordinario número de amantes, yendo tan lejos como para haber construido sus propios burdeles privados en su Parc-aux-cerfs (Parque de los Ciervos) donde niñas de doce a dieciséis  años eran desfloradas por el monarca, y donde una serie de sirvientes se encargaban de prepararle a las adolescentes más pobres de Francia –que compraban por una ínfima cantidad de dinero a sus familias–, hasta que llegara el gran día en que el Borbón decidiera robarles su virginidad. Se calculó más tarde que el mantenimiento de cada niña costaba una fortuna al erario público. Y en promedio llegaban  dos niñas a la semana (una estimación baja), esto equivale a casi 1000 en el transcurso de diez años, por lo que el costo total para el público durante este período se calculaba de más de mil millones de libras.

El Rey, incluso tenía un ministro específico, los Intendente De Menus-Plaisirs (el Ministro de los Placeres Dainty), cuyo único deber era organizar orgías del rey en los burdeles en el Parque de los Ciervos. Se dice que estos eventos superaban los Saturnales romanos, incluso aquellos bajo los auspicios de decadentes como Nerón y Calígula.

El rey era el que tenía que poner la pauta moral y las tendencias sociales de su país, todo lo que él hizo, la nobleza lo siguió como ejemplo. Después de la nobleza, la clase de los comerciantes hicieron lo que pudieron imitar y así sucesivamente. El final del siglo 18 en Francia, fue una época de libertinaje extrema - una sociedad fascinada, o mejor aún, obsesionado con el sexo. Hay informes de puestos de libros y librerías inundados de literatura erótica.

Igualmente el arte durante este período fue fascinado con el cuerpo humano, y la sensualidad. Moda y vestido también había ido a su forma extrema, y la escena que el Marqués de Sade describe en Juliette, en el que se recomienda que la protagonista se mostrase semidesnuda en las calles al público si quería eliminar los últimos vestigios de su modestia , está lejos de ser ficción. Durante el año quinto de la Revolución, dos mujeres desfilaban arriba y abajo de los Campos Elíseos, completamente desnuda excepto por una gasa fina.

Ni siquiera los clérigos estaban exentos de la corrupción de la época. Contemporáneo registros de la policía de París muestran numerosos (cientos) los arrestos de los monjes, curas y otros trabajadores religiosos atrapados en actos de indecencia. Un ejemplo promedio de este tipo de delitos se ilustra a través de la confesión firmada de un Honoré Regnard de 1765:

“October 26, 1785: ‘I, the undersigned, Honoré Regnard, 53 years old, canon of the Holy Augustine Order, procurator, House of St. Catherine, confirm that inspector Marais found me at the St. Louis, rue du Figuier, to wich I went yesterday of my own desire, in order to satisfy myself with Félix. I had her undress and caressed her with my hand cancealed under the cloak. And today I played with Félix and her friend Julie, who took off my vestment and dressed and painted me as a women. The inspector surprised me in this condition. I declare that I have had this desire for many years but which I have never been able to satisfy until today. As proof of authenticity I sign the following declaration, which contains the whole truth and nothing but the truth, with my name Honoré Regnard.’ Com. Mutel, etc.”[5]

Durante el reinado de Luis XV, la prostitución alcanzó una enorme popularidad y la tolerancia fue  generalizada en París. Muchas de los prostíbulos  estaban bajo la protección policial directa. Sin embargo, hay leyes en los libros que rigen estas actividades, y hubo casos de prostitutas detenidas que se enviaron a las colonias de ultramar, especialmente Nueva Orleans. A pesar de ello, se estimó que había más de 20.000 prostitutas en París, en una población de 600.000 (3,3%) .
La prostitución entró en su "época dorada" en el inicio de la Revolución Francesa en 1789. Durante este tiempo, se estima que el número de prostitutas aumentó a 30.000. En 1791, todas las reglas y reglamentos relativos a la prostitución fueron eliminados, quedando reconocida como una empresa que todo el mundo tuvo el privilegio de la práctica y sostuvo que las restricciones acto seguido sería una afrenta a la libertad personal.

El menú de delicias disponibles en los burdeles parisinos, como  describe el Marqués de Sade en cada uno de sus libros parecen bastante extremo, sin embargo la realidad no distaba dela ficción o imaginación del marqués, no hay duda, hay que consultar y leer  otras fuentes de la época en que estas actividades clasificadas estaban disponibles y que se ofrecían con bastante frecuencia por todo París.

A Sade le perseguirá toda su vida y hasta ahora después de muerto la fama que cosechó tras el escándalo de Arcueil y de Marsella. Como consecuencia de aquellos escándalo, Sade adquiriría fama de loco aristócrata, monstruo cruel,  preocupado en experimentar el dolor y la tortura. No podemos negar que el Marqués de Sade fue un hombre promiscuo, libertino al extremo y algo tocado de la cabeza, pero tal comportamiento era muy típico de la época y más en la aristocracia francesa.

Sade durante unos años, fugitivo, vivió escondiéndose entre Francia e Italia. En 1777 fue detenido y recluido sucesivamente en Vincennes y en la Bastilla. En realidad, era ahora cuando comenzaba el mito: imposibilitado de experimentar sus deseos eróticos, se dedica a imaginar y por supuesto a escribir. Y aunque en 1790 fue liberado (la revolución había estallado en 1789), pronto se lo volvió a encarcelar, nuevamente es liberado,  y ya en 1801, Napoleón lo mandó arrestar, pasando sus últimos años en el manicomio de Charenton.

Pero el autor maldito renació en el siglo XX. Por una parte, a la sombra de los campos de concentración y la zozobra moral que significó la Segunda Guerra Mundial, en una reflexión general sobre el concepto del mal, muchos filósofos y escritores de fijaron en Sade. Algunas de sus conclusiones fueron llamativas, viendo en Sade un hijo de la Ilustración tan legítimo como el propio Kant.

LA IMPORTANCIA DEL MARQUÉS DE SADE.

Marqués de Sade. Man Ray. 
La imaginación de Sade a menudo vista como escandalosa, es el deseo de liberar a la gente de sus limitaciones. Se puede considerar como uno de los grandes escritores franceses y un filósofo que va hasta el final de sus pensamientos y los límites de sus consecuencias lógicas.

El que quiera leer puramente pornografía del siglo XVIII y los desenfrenos típicos de la sexualidad francesa durante ese período puede encontrar en la obra de Sade grandes satisfacciones. Pero Sade fue más allá: fríamente  desnudo el comportamiento erótico de una época, logró plasmar el clímax sexual y el clímax del crimen en una sola acción. Esta unión de sexo, crimen y del destructivo proceso por el cual pasan los humanos entregados a sus placeres como uno fin va mas allá de la mera pornografía o erotismo. En su obra no sólo se describe el acto o la acción erótica, él siempre interrumpe la acción o se rompe el clímax erótico  con largas discusiones filosóficas y diálogos que invitan a la reflexión, reflexión a menudo más horrible en sus efectos que las acciones que escribía.

Sade para lograr el efecto de asco y terror erótico se valió una y mil veces de su inigualable imaginación, pero esta imaginación no era producto absoluto de su mente, aquel cerebro estaba alimentado por la sociedad que le toco vivir, y por el aprendizaje que tuvo en su formación educativa católica de sus preceptores y maestros que fueron tan promiscuos y terribles como él. Quiero dejar claro,  que hubo hombres peores que él, porque de seguro sus acciones descritas en su obra son productos más de su infatigable imaginación que de hechos.

El Marqués de Sade baso su peculiar filosofía en una simple y natural premisa, nadie ni nada hay más importante que uno mismo. Es absurdo e irracional pues negarse ningún placer, ninguna experiencia, ninguna satisfacción. Mientras nos sintamos satisfechos y complacidos ya sea en nuestros sentidos como en nuestras ideas, todo nos es válido. Nada de buscar escusas en la moral, la religión, o las costumbres. Solo disponemos de esta vida para complacer nuestros deseos y no es cuestión de desaprovecharla, en aras de los deseos o necesidades ajenos. Seguir los dictados de la moral establecida, si esta no coincide con nuestros deseos, no es más que actuar de manera hipócrita hacia nosotros mismos. Sade nunca llego a vivir de manera plena de acuerdo con todas sus teorías, como ser social hubo de limitarse a plasmarlas en sus escritos.

Así el pensamiento sadiano irrumpe en la historia y marca un neologismo influenciado no solo por su situación personal, sino también por el pensamiento intelectual de aquella época. Como lo indicamos Sade es un pensamiento, un lenguaje, el cual se ubica del lado opuesto de la ley, o al menos intenta negarla. La ley de Sade da paso a la ley de la naturaleza al afirmar que sólo nos debemos a nuestros impulsos. Sade intenta matar la ley impuesta o símbolo (Ley de los Hombres y Dios), abolir lo existente, pero lo hace igualmente a través del símbolo y en ese intento crea y causa un lenguaje infinitesimal de combinatoria erótica.

Las obras de Marqués de Sade son muy importantes e instructivas para la historia y la cultura de la raza humana. Sin embargo, siguen siendo repugnantes y repulsivas para un grupo de personas, no obstante mucha de sus obras no superan la violencia que vemos por ejemplo en el cine o la televisión de hoy día, o lo que es peor aun la violencia real en que viven muchos países y culturas.
Por ejemplo la ablación femenina que se sigue practicando en la actualidad en muchos países me parece más horrible que las aventuras sexuales de Justine y Juliette. O la violencia contra las mujeres en ciudad Juárez en México y de muchas mujeres de la Europa Oriental que son llevadas por engaño a España y Francia para trabajar como prostitutas y someterlas a las más bajas vejaciones.

Marqués de Sade fue el primer filósofo de los vicios. Pero su importancia va más allá de eso. Sus trabajos analizan detenidamente todo en la vida que se relaciona con los instintos sexuales que, como se ha demostrado con claridad evidente, influye de alguna manera u otra, en todos los asuntos humanos. Pero la gran virtud de Sade reside en haber dicho su verdad, de haberse confesado cual es a la sociedad, y el haber elegido vivir sin hipocresías. Contra la abulia y pereza de muchos coetáneos frente a la sociedad, Sade prefirió la maldad y el horror para descuartizar su mundo y su entorno que tanto amaba y al mismo tiempo odiaba, a ese mundo que lo hizo sufrir pero que él sin embargo supo disfrutar y hacerlo un placer. Pero tal vez lo que intento explicar se pueda entender mejor bajo las palabras sabias de Simone de Beauvoir:

“El mérito de Sade reside no solamente en haber gritado lo que cada uno se confiesa vergonzosamente, sino en no haber elegido esa actitud. Contra la indiferencia, prefirió la crueldad. Por eso sin duda encuentra hoy tanto eco, en momentos en que el individuo se sabe menos la víctima de la maldad de los hombres que de su conciencia limpia. Es acudir en su socorro el herir a ese terrorífico optimismo. En la soledad de los calabozos, Sade tuvo también su noche ética parecida a la noche intelectual con que se envolvió Descartes. No logró el surgimiento de una evidencia, pero por lo menos discutió todas las respuestas demasiado fáciles. Si es posible superar la soledad de los individuos es a condición de no desconocerla. En el caso contrario, las promesas de dicha y de justicia envuelven las peores amenazas. Sade ha vivido hasta las heces el momento del egoísmo, de la injusticia, de la desdicha y clama por la verdad. Lo que constituye el valor supremo de su testimonio es que nos inquieta. Nos obliga a volver a plantearnos el problema esencial, que bajo otras apariencias obsesiona nuestro tiempo: las verdaderas relaciones del hombre con el hombre.”[6]

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