Una pequeña presentación

Los Mínimos y Máximos de Félix Esteves es una casa, un hogar, construido con amor, esfuerzo, dedicación y hasta con aburrimiento. Tiene muchas puertas donde todos pueden entrar. Tiene muchas habitaciones, donde de seguro en algunas podrás sentirte cómodo, y en otras, tal vez contrariado y hasta… por qué no… molesto. Sin embargo su propósito no es agradar ni molestar, no es ganar amigos ni enemigos… de todas maneras ambos son bienvenidos; su fin es mostrar y demostrar lo variopinto de una mirada, la pluralidad de una cosmogonía a través de mi “micromundo”, de lo exterior visto y sentido desde mi interioridad… es un grito contra la discriminación, es un arrullo de amor a la diversidad, es mi tarjeta de presentación como ser humano, como hombre, como gay y miembro de la comunidad LGBT... tal vez es algo más… no lo sé… aún lo estoy averiguando.

Félix Esteves

Amigos de Los Mínimos y Máximos

lunes, 10 de diciembre de 2012

PROSTITUCIÓN MASCULINA Y HOMOSEXUALIDAD.


Antes de comenzar a teorizar, discernir y analizar la Prostitución Masculina es necesario conceptualizar el término Prostitución,  debido a lo ambiguo de la palabra y a las diferentes connotaciones dadas; por ejemplo el Diccionario de la Real Academia Española en su segunda acepción la define como la  “Actividad a la que se dedica quien mantiene relaciones sexuales con otras personas, a cambio de dinero”, y la Enciclopedia Británica como la “Práctica indiscriminada de una actividad sexual  por lo general con una persona que no sea el cónyuge o un amigo, a cambio de un pago inmediato en dinero u otros valores”; la Wikipedia nos la explica como “el acto de participar en actividades sexuales a cambio de dinero o bienes.”

Como vemos, en estas pequeñas disquisiciones no hay nada que impida que  oferentes o demandantes sean alternativamente mujeres u hombres, aunque en lo coloquial o en la vida diaria cuando hablamos de prostitución lo primero que se nos viene a la mente es a la mujer como la oferente y al hombre como demandante; no obstante la prostitución masculina está presente y mucho más de lo que las personas piensan y es tan antigua como la prostitución femenina.

Algunos autores como Christine Overall ven como adecuado que las definiciones refieran  a personas que intercambian sexo o favores sexuales por dinero, drogas u otros bienes transables; y otros como Maggie O’Neill señalan que el sexo comercial  constituye meramente una forma de empleo, o una actividad generadora de ingreso.

Para algunos estudiosos es imperiosa la figura de  paga monetaria, no obstante para otros autores, plantean una definición más amplia donde basta que esté presente algún tipo de ganancia o recompensa  como regalos, comida, bebida, drogas, etc. También se discute sobre  qué es lo que  define a la oferta en un acto de prostitución: simplemente el coito o debe involucrar  una gama más amplia de servicios de la industria sexual como el baile, masajes, líneas telefónicas, u otra actividad que no necesariamente incluyen el coito.

Por otro lado, se tantea la diferencia entre el término  prostitución que refiere a la idea de la persona de comportamiento promiscuo que “se venden”  solo por el hecho placentero y el término menos estigmatizado o denigrante de trabajo sexual que refiere al proceso de venta de sexo por necesidad económica o por forzamiento como la esclavitud sexual.

La concepción o percepción de prostitución, según la configuración de los hombres que la ejercen, no está asociado con las categorías “modalidad de explotación” y “expresión de poder”, al menos que esta sea ejercida por menores de edad obligados por una mafia o red delictiva. En la prostitución masculina se reconoce la decisión voluntaria por asumir este tipo de actividad, por lo tanto el vínculo o la vinculación potestativa  indica  dos aspectos al ejercerla que son el gusto y placer de la actividad y a la búsqueda de una opción económica que reemplace algunas de sus necesidades. Esta posterior permite deliberar la apreciación de los supeditados frente a su decisión, porque están sobreentendidos factores externos al sujeto que motivan esa decisión.

Cuando nos acercamos o logramos identificar a la población masculina que ejerce la prostitución, vemos que existe una relación prostitución masculina y homosexualidad; la mayor parte de los individuos u hombres que ejercen la prostitución son homosexuales. Esta condición, según la percepción de esta población, los hace inermes a situaciones como la no aceptación, el rechazo, la discriminación por parte de la sociedad. Muchos de estos hombres señalan que al no ser admitida su condición de homosexual, se ven obligados a entrar en la prostitución. Son el caso de jóvenes que al no ser aceptados en sus hogares y echados de sus casas se ven presionados a ejercer la prostitución como medio de sustento y supervivencia, igualmente, muchos gays al ser rechazados en los sitios de trabajo por su condición de transexuales o travestidos se ven obligados en ejercer la profesión más antigua del mundo. Es decir, o explicado más académicamente, en esta terrible circunstancia o realidad, el maltrato físico y psicológico, en que se ven sometidos algunos homosexuales, componen los transcendentales factores para salir del ámbito familiar y laboral en búsqueda de otros espacios de reconocimiento a la identidad sexual y a la exploración de oportunidades económicas para la sobrevivencia.

Unido a lo antepuesto, el ejercer en la prostitución forja o causa restricciones para desarrollarse en el medio social imperante, ya que es claro  que las sociedades de la heteronormativa y en especial las altamente homofóbicas no permite posibilidades de desarrollo personal para estos individuos, y los escasos espacios para ejercer una actividad laboral y las escasas y casi nulas alternativas educativas que encuentran, contribuyen de manera directa al ingreso a la actividad de la prostitución. En afinidad, existe también la percepción de que situaciones como éstas, frenan que puedan ejercer derechos como el reconocimiento de la identidad, el trabajo, la educación y la aceptación. De esta manera, derechos como la libertad, protección, dignidad y libre desarrollo de la personalidad, son vulnerados fundamentalmente por instituciones de salud y la Policía, lo cual evidencia una discriminación social por su orientación sexual.

Donald J. West, en su libro “Male Prostitution” (1993), afirma que “las ideas populares acerca de la prostitución masculina son confusas y contradictorias, mal informadas y generalmente más preocupadas en condenar moralmente que entenderla con humanidad”. Y eso que como dije antes la prostitución masculina es tan antigua como la prostitución femenina; pues fue conocida entre los griegos y regulada con impuestos durante la Roma de Augusto, y aun así, la prostitución masculina se mantiene oculta y llena de estereotipos acerca del prostituto masculino.

En una investigación realizada en los estados Unidos entre los prostitutos o “trabajadores masculinos sexuales”  se encontró la presencia de muchachos de clase media, que escogían esta profesión por voluntad más que por necesidad. En un estudio de investigación realizado en Gran Bretaña, ha mostrado la gran variedad de servicios de prostitución masculina en Inglaterra, que incluye a hombres de distintos grupos sociales. Y en una importante investigación de D. West rompe con los mitos que todos los prostitutos son jóvenes homosexuales, delincuentes y de hogares rotos. Encuentra, por el contrario, muchachos de clase media, heterosexuales y bisexuales, desde analfabetos hasta hombres con dinero y con casas de lujo, no obstante es una investigación realizada en un país más permisivo a las “nuevas” entidades o géneros sexuales.
 
Sin embargo, en muchos países de América Latina donde si bien la homosexualidad dejo de ser un crimen, sigue siendo estigmatizada, y es tal el grado de homofobia de la sociedad que muchos de los prostitutos homosexuales ejercen su profesión no por una simple elección placentera sino por una necesidad imperiosa a sobrevivir.

Por otro lado está el espacio donde es ejercida la prostitución masculina, si bien existen los espacios reales abiertos como las plazas, parques, calles, y centros comerciales, entre otros muchos, donde el contacto de la transacción se hace directamente entre el oferente y el demandante o consumidor. Después de conocerse las dos partes (oferente y demandante) y llegar a un acuerdo el acto se realiza en el mismo lugar del trance o en un hotel, baño, apartamento o casa de alguno de los involucrados o en el auto, que por lo general es el del demandante, especialmente cuando el prostituto es recogido en las calles donde merodean para ser vistos por los autos que circulan en busca de actividad sexual; en Caracas es muy conocido el circuito de transformistas en la Avenida Libertador y de chaperos de la Avenida Solano.

También existen los espacios virtuales como el internet, la prensa, donde se consiguen avisos comerciales sexuales o se ofrece el servicio sexual y donde el primer contacto y el proceso de oferta-demanda se hacen virtualmente y cuando se llega a un acuerdo se ubica el lugar del consumo o donde se va a realizar el acto sexual. Igualmente, existe como medio de prostitución el chat, donde el prostituto o trabajador masculino sexual vía internet no solo transa el precio de su servicio, sino también el medio donde se realiza el servicio sexual, es decir que el acto de consumo se hace por medio de esa vía, es decir, el oferente ofrece su servicio por chat o internet, el demandante paga el servicio con tarjeta de crédito vía chat para que el oferente se masturbe, baile, haga un striptease o cualquier actividad acordada por medio del chat o la pantalla del computador. Es conocido los casos de niños y jóvenes que se prostituyen por esta vía con el fin de conseguir productos o servicios que venden por internet y que son comprados por los demandantes a sus oferentes, como es el caso de videojuegos entre otros. Por ejemplo, el joven o niño quiere obtener el nuevo juego de computadora y cuesta bajarlo de internet 80 dólares, el oferente ofrece su servicio al demandante con la condición de que este pague con su tarjeta de crédito dicho juego.

También existes lugares cerrados o locales donde la oferta y la demanda van exclusivamente a realizar su actividad, por ejemplo discotecas, bares, saunas y prostíbulos; y donde ejercicio de la prostitución va unido el significado que cada prostituto le da o concede  a su propio cuerpo como medio para la consecución de recursos económicos. En los espacios físicos cerrados existe una presión grupal que favorece la competitividad y que fomenta el culto al cuerpo y a la imagen a través, por ejemplo, de la vestimenta y complementos de firmas.

En las discotecas, bares o locales de copas, el que vista más lindo y con ropa más vistosa y de marca tiende a ser más llamativo, igualmente el que baila mejor también logra acaparar la atención, produciendo toda una gama de competencia entre los trabajadores sexuales. No obstante, en espacios como el  sauna donde está prohibido el uso de ropa es más indiscutible la competencia en relación a cuerpos musculados, depilados, miembros sexuales más voluptuosos. De este modo quedan fuera de la competencia o se les hace más difícil el sustento a aquellos prostitutos o trabajadores sexuales que carezcan de los medios económicos para permitirse cierta ropa elitista o poseer un cuerpo fuerte y musculado, al menos que tengan un miembro sexual (pene y nalgas) muy apetecibles y buscados por los clientes.

En los prostíbulos o locales privados como casas o apartamentos que están agenciados por un trabajador sexual o prostituto que decide realizar los servicios sexuales en su propia casa o compartir con compañeros un piso alquilado para tal efecto ganando cada uno la totalidad del servicio llevado a cabo. O bien apartamentos o casas gestionados por la figura de un proxeneta, que es el propietario o el arrendatario del espacio físico, y que por cada servicio sexual que un trabajador del sexo realice el proxeneta o administrador del local recibe un porcentaje de la cantidad que el cliente paga y que puede variar desde un 50% o más. Mucho de los prostitutos o trabajadores sexuales viven en dichos locales sin necesidad de pagar alquiler alguno durante la estancia ya que pactan o transan con el gerente o propietario.

Existen burdeles o prostíbulos masculinos donde muchos de los prostitutos o trabajadores sexuales masculinos empiezan desde muy temprana edad y en su mayoría son chicos de bajos recursos económicos que son acogidos por el proxeneta y que por cambio de tener un lugar donde vivir y comida estos chicos aprenden el oficio y trabajan prostituyéndose. En el caso de América Latina, es muy conocido el caso de “La Casa de Lila” (1997), un prostíbulo en San José de Costa Rica y que fue motivo de investigación por parte de Jacobo Schifter y donde los jóvenes que se prostituyen oscilan entre los diez y veinticinco años:
“Los muchachos que acuden a la casa tienen, con algunas excepciones, de 10 a 25 años. La mayoría vienen del barrio, aunque también de vecindarios más alejados. Esto es importante porque no existe otra razón para haber establecido la casa que la oportunidad de pagar un alquiler bajo. Lila no escogió un barrio en particular y pudo haberlo hecho en cualquier otra zona de clase media baja de San José: ‘Uno hubiera encontrado muchachos dispuestos a prostituirse en cualquier zona del país’…” p. 20.                                                                                                                                            

Uno de los problemas más graves a los cuales se enfrentan los prostitutos o trabajadores sexuales masculinos es la estigmatización. Según Erving Goffman el estigma es un término que define “un atributo profundamente desacreditador” pero no sólo es una propiedad, también envuelve una serie de relaciones entre el individuo estigmatizado y los otros. Estos vínculos y paralelismos ponen en funcionamiento mecanismos estigmatizadores como la discriminación, el rechazo y el aislamiento entre otros muchos, y a su vez activan estrategias que permiten al individuo manejar el estigma intentando reducir sus efectos negativos.
Los prostitutos o trabajadores sexuales masculinos  se encuentran doblemente estigmatizados, ya que por una parte su actividad laboral como la prostitución está considerada como ilegítima  y al mismo tiempo por tratarse de sexo entre hombres cuando la regla y la pauta imperante es la heteronormativa. Es decir son estigmatizados por prostituirse y por ser homosexuales.

El nivel de vivencia del estigma de la homosexualidad se prorroga en función del prostituto, su cultura de origen y su proceso de socialización, pero no cabe la duda, que el de la prostitución es albergado o sentido con verdadera angustia por la mayoría de ellos y por lo tanto, la invisibilidad es una de las tácticas que utilizan para resguardarse del rechazo social. Por ejemplo, un joven que es rechazado por sus familiares por ser homosexual y que acude a la prostitución como medio de supervivencia, se le hace más difícil admitir o declarar que se prostituye a sus seres queridos que ya lo rechazaron por ser gay.

La variedad de los hombres que trabajan vendiendo sus servicios sexuales es amplia, van desde aquellos que se venden a los propios hombres por su exacerbada masculinidad como aquellos que son altamente femeninos como por ejemplo los transformistas, existen también los muchachos u hombres híbridos que se acercan más a la visión social del gay moderno, Néstor Perlongher en su investigación y luego libro “La prostitución masculina” (1993) y que fue realizada en Brasil nos emite el siguiente discurso:
“la noción de prostitución viril para diferenciar la prestación de servicios sexuales llevada a cabo por el miché - que hace gala, en su presentación ante el cliente, de una exacerbada masculinidad-, de otras formas vecinas de prostitución homosexual, protagonizadas, en primer lugar, por el travesti -que cobra al macho por su artificiosa representación de la femineidad, a la que no le son ajenas las turbadoras turgencias del fetiche - y, en segundo lugar, por otros dos géneros francamente minoritarios en el ambiente brasileño: el homosexual afeminado"... "que vende su cuerpo y otro tipo híbrido, que parece estar emergiendo aun tímidamente: el miché gay.”  p. 6-7.

La prostitución masculina y su colectivo son desconocidos para la gran mayoría, no solo por la sociedad sino también por la comunidad científica. Los trabajadores sexuales masculinos o prostitutos, chaperos, prepagos, michés, hustlers, chulos, gigolós, taxiboys, gatos, putos, chanceros o como se les quiera llamar forman un  grupo complejo, heterogéneo y poco visible ya que no existe un arquetipo conocido o bien definido.

Las informaciones, reseñas o datos existentes sobre esta comunidad en el ámbito sanitario muestran una prevalencia del VIH muy elevada que oscila entre el 19 al 21 por ciento en comparación con otros colectivo como las mujeres que ejerce prostitución que van al 1 por ciento en países desarrollados como España, Gran Bretaña y Estados Unidos, no me quiero imaginar el caso de América Latina y de otras zonas del tercer mundo donde las estadísticas sanitarias son casi nulas o inventadas y donde los controles de salud pública son casi inexistentes.

Por otra parte la prostitución masculina varía mucho de país en país, los trabajadores sexuales de España tienen unas características muy distintas a los de Venezuela, o de los trabajadores sexuales de la India, y eso responde a las diferentes concepciones de la sexualidad de cada país, como es visto el sexo, la homosexualidad y por supuesto la prostitución.

Por ejemplo en la India existen aldeas completas dedicadas a la prostitución masculina, pero en un 99,9% de sus trabajadores u oferentes por no decir todos son travestidos, eunucos y son conocidos con Hijras, este colectivo que no se asumen ni como hombres ni como mujeres y rechazan ser identificados como transexuales o eunucos; son casi 1 millón en la India que vive de la mendicidad o la prostitución. Estos individuos visten ropas femeninas y están castrados. Son discriminados tanto por la población en general como por sus familiares y tienden a abandonar la escuela y no son aceptados en hospitales gubernamentales. Muchos de los Hijras fueron vendidos por sus padres y son castrados entre los 10 y 14 años en un acto ritual; pero no siempre es así, algunos deciden convertirse en la edad adulta, incluso después de haber tenido esposa e hijos.

El caso de los trabajadores sexuales masculinos españoles son  considerados invisible. En un estudio realizado por Iván Zaro Rosado, María Peláez Murciego y Alejandra Chacón García bajo el patrocinio de Ministerio de Sanidad y Consumo, la Comunidad de Madrid y la Fundación Triángulo, de los 101 hombres encuestados el 12,9% eran españoles y el 87,1% inmigrantes. De estos últimos el mayor número proviene de Brasil (55,4%), seguido de Venezuela (6,9%) y Bulgaria (5%). Un alto porcentaje de los inmigrantes no europeos carecen de permiso de residencia (56,4% versus el 22,8% que sí lo tienen). El porcentaje de individuos empadronados fue del 68,3% versus el 39,7% que no lo estaban. Respecto a la tarjeta sanitaria un 57,4% declaraba poseerla frente al 40,6% que no la tenía. La edad media de los encuestados fue de 20 a 43 años siendo la mediana 25 años. En cuanto a la orientación sexual el 46,5% se declaró homosexual, un 30,7% heterosexual y un 22,8% bisexual. El 50,5% de los encuestados afirmó haber compaginado la prostitución con otra actividad en los últimos seis meses, frente al 49,5% que solo se dedicaba a la prostitución.

En América Latina son pocas las investigaciones o estudios exhaustivos y  serios, por ejemplo en Venezuela son pocos los trabajos realizados a este colectivo, no tenemos estadísticas ni datos concluyentes, lo que si podemos asegurar que este colectivo en su mayoría son homosexuales y como tales están discriminados y la sociedad ve a estos  trabajadores sexuales masculinos como promotores de la violencia nocturna en Caracas, no obstante, más bien, son receptores de ésta.

En Venezuela es palpable, aunque la sociedad no los quiera ver, la prostitución masculina, especialmente en las grandes ciudades como Caracas, Valencia y Maracaibo y  en las zonas turísticas, especialmente en la Isla de Margarita. La situación económica de estos últimos diez años ha llevado a muchos hombres a este oficio, y cada vez son más los jóvenes homosexuales  que tienen la esperanza de encontrar un turista que se enamore de ellos y que se los lleven  a emigrar a Europa o América del Norte. Es común ver en los grandes hoteles de los grandes orbes a chicos y muchachos en busca de clientes extranjeros con dólares y como dije antes, se hacen a la ilusión de ser sacados del país.  Este tipo de relaciones son iniciadas por los turistas, que se detienen a charlar con los chicos en los lobbies de los hoteles, en las piscinas o en las  playas, entonces los invitan a comer y demás, y poco a poco se enmarca como un “romance”.

En Caracas, existen circuitos nocturnos donde los prostitutos circulan por las avenidas y calles, es bien conocido el circuito de la Av. Libertador, Av. Francisco Solano, la Av. Casanova, donde la mayoría de los prostitutos lo constituyen travestis, en la Av. Francisco de Miranda a la altura de la Urbanización Altamira es más común ver chanceros masculinos gays en busca de clientela claramente homosexual.

Bibliografia.

Allen, D. Young Male Prostitutes: a psychological study. // En: Archives of sexual behavior, 9, 399 - 426, 1980.

Carrier, J.M. Mexican Male Bisexuality // En: Two Lives to Lead. Bisexuality in Men and Women.—New York :  Harrington Park Press, 1985.

Caukins, S.E. y Cooms M. A. The psychodynamics of male prostitution // En:  American Journal of Psychotherapy, Nº 30, 441-451, 1976.

Foucault, Michel. Historia de la Sexualidad. 1 - La voluntad del saber / México, Siglo XXI, 1977.

Goffman, Erving. Estigma. La identidad deteriorada / Buenos Aires : Amorortu, 2003.

Perlongher, Néstor. La prostitución masculina / Buenos Aires : Ediciones de la Urraca; 1993.

Schifter, Jacobo. La casa de Lila. Un estudio sobre la prostitución masculina / San José de Costa Rica : ILPES, 1997.

Schifter, Jacobo.  La Formación de una contracultura. Homosexualismo y SIDA en Costa Rica / San José de Costa Rica : Editorial Guayacán, 1989.

West, Donald J.  Male Prostitution / New York : Harrington Park Press, 1993.

Zaro Rosado, Ivan. TMS. Trabajadores masculinos del sexo: Aproximación a la prostitución masculina en Madrid / Iván Zaro Rosado, María Peláez Murciego y Alejandra Chacón García. – Madrid : Ministerio de Sanidad y Consumo, la Comunidad de Madrid y la Fundación Triángulo, 2006.

Fuentes de Internet.

- Diccionario de la Real Academia Española. Prostitución.

- Encyclopedia Britannica. Prostitution .

- Marín Hernández, Juan José. Perspectivas y problemas para una historia social de la prostitución.

- Ming, Yeung. Gay life of a male prostitute.
http://www.chinadaily.com.cn/hkedition/2010-08/28/content_11217634.htm

- Musto, Clara. Prostitución y trabajo sexual: el estado de arte de la investigación en Uruguay / Clara Musto y Nico Trajtenberg

- O’Neill, Maggie. Prostitute Women Now.

- Overall, Christine. What's Wrong with Prostitution? Evaluating Sex Work.

- Sau, Victoria. Sobre la prostitución.

- Scott, John. A Prostitute’s Progress: Male Prostitution in Scientic Discourse

- Wikipedia. Prostitución.

12 comentarios:

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