Una pequeña presentación

Los Mínimos y Máximos de Félix Esteves es una casa, un hogar, construido con amor, esfuerzo, dedicación y hasta con aburrimiento. Tiene muchas puertas donde todos pueden entrar. Tiene muchas habitaciones, donde de seguro en algunas podrás sentirte cómodo, y en otras, tal vez contrariado y hasta… por qué no… molesto. Sin embargo su propósito no es agradar ni molestar, no es ganar amigos ni enemigos… de todas maneras ambos son bienvenidos; su fin es mostrar y demostrar lo variopinto de una mirada, la pluralidad de una cosmogonía a través de mi “micromundo”, de lo exterior visto y sentido desde mi interioridad… es un grito contra la discriminación, es un arrullo de amor a la diversidad, es mi tarjeta de presentación como ser humano, como hombre, como gay y miembro de la comunidad LGBT... tal vez es algo más… no lo sé… aún lo estoy averiguando.

Félix Esteves

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sábado, 16 de agosto de 2014

LA CARIDAD


¡No te he pedido caridad!
Y en mi reclamante boca
Tu helada boca posaras.
Y yo pasmado quedara
Como si le hubiese pedido a Dios
De regalo una tibia alborada.

Y entonces un fría llama
De aquel beso suplicado
Aniquilará mi alma.
Y mi corazón quedará partido
Como muere la golondrina
Despojada de su nido.

De tus labios no quiero la limosna

Ni el beso traicionero del olvido. 

Félix Esteves

viernes, 20 de septiembre de 2013

INEXCUSABLE



En este tiempo de confusión
donde el embeleco y la falsedad son signos del poder
la rebelión de los buenos se hace una quimera
y la verdad se convierte en un inalcanzable unicornio.

Busquemos a un nuevo Dios bajos las piedras
porque Buda se ha marchado con las moribundas golondrinas
Krisna se borró con los grises nubarrones
Alá se perdió entre los bombardeos
y Yahvé como Midas se ahogó con sus tesoros.

En esta época de odio
donde la maldad y la avaricia acarician los sueños
la revolución humana... la pureza de las almas 
se hace más inexcusable
únicamente falta ser valientes.

En este instante donde la duda se eterniza
y las compasivas intenciones se hacen agónicas luciérnagas
cavilamos inutilmente para después olvidar.

Por Félix Esteves

viernes, 7 de junio de 2013

WENCESLAO MALDONADO... el de las palabras brujas, el de los versos hechizados...



Conseguir escritores comprometidos con la palabra es difícil, pero no imposible, en mi búsqueda me topé por internet por simple coincidencia con el escritor argentino Wenceslao Maldonado y mi enamoramiento fue a primera vista, perdón, a la primera lectura. Y es que este poeta, ensayista, prosista y humorista sureño no escribe, su labor va más allá de la simple escritura, el teje las palabras, las borda con la intimidad del enamorado desechado, las cocina con el calor de su mano que ha tocado y trastocado el mundo de eclesiásticas paredes y de laicas murallas derribadas y nuevamente construidas. En Wenceslao cada verso, toda oración, cualquier “soflama”, es el pacto de las palabras perdidas en su interioridad.

Wenceslao es médula, dolor y desesperación cuando leemos sus poemas al hijo muerto en “Paternidad de Sombra” (Editorial Epifania, 2002); es seductor, amante profano y  “Príapo” cuando devoramos “Eros y otros deseos” (Simposio, 2010); es iconoclasta, divino fetichista, kitsch transpostmoderno al introducir nuestra mirada a “La Proctomaquia o El Cantar de los Culos” (Simposio, 2008); Wenceslao se trasmuta en Buda y en tranquilizador aroma de flor de ciruelo cuando navegamos en sus minimalistas versos de “Hexagrama, en luces y en sombras.” (Pavadit@, 2012); nuestro poeta de hace deseo y gracia, oso de circo y licántropo urbano en “Manual de osos prácticos” (Simposio, 2008).

La singularidad de Wenceslao Maldonado es única, no obstante me recuerda el homoerotismo de Constantino Cavafis, la escatológica dulzura de Paul Verlaine, el desarraigo de León Felipe, el hermetismo de Eugenio Montale… Me falta mucho por leer, por descubrir más de este talentoso hechicero de las palabras… quiero beber de sus pócimas, de sus agrios y dulces brebajes… quiero ser poseído por su coherente locura, quiero ser exorcizado por su demente y pasional cordura.

Wenceslao Maldonado… el de los vocablos brujos y perdidos… el de los pactos de los versos hechizados… Aquí les dejo algunos de sus sortilegios, algunos pactos para no ser yo el único embrujado:




LAS ÚLTIMAS COSAS

Sconto, sopravvivendoti, l’orrore
Degli anni che t’usurpo,
E che ai tuoi anni aggiungo,
Demente di rimorso,
Come se, ancora tra di noi mortale,
Tu continuassi a crescere;
Ma cresce solo, vuota,
La mia vecchiaia odiosa... (1)

Gridasti: Soffoco
GIUSEPPE UNGARETTI

Cada uno debe tener su modo
de morirse por dentro.
Y por fuera, qué frágil te sentía,
qué debilidad de pájaro que cae
sin amparo.
Aunque yo estuviera allí,
fue siempre lejos.

 “Te quiero mucho”, me decía,
lo dijo muchas veces,
lo dijo la última vez
sin poder mirarme
por la sonda que, agresiva,
le tenía fija la cabeza,
y lo repito yo otra y otra vez
como fórmula mágica
que derrote esta muerte imperfecta
de la angustia.

 No tuve la fuerza necesaria
para decirte adiós
porque al final qué sentido tenía
hablar de nada
con la muerte sentada en las rodillas
palpándote la frente,
dándome la espalda,
sin preocuparse siquiera
de acallar tus últimos quejidos.

 ¿Es algo o alguien (él o ella)
para robarme impunemente la alegría de estos años
sin que pueda defenderme?

¿Es algo o alguien (él o ella)
para que pueda matar de un solo golpe
las vigilias de afecto que he vivido?

¿Es algo o alguien (él o ella)
para arrancarme impávida ese hijo
de mi paternidad única?

¿Es algo o alguien (él o ella),
la Muerte digo,
la enemiga?

 Un grito, ay, ¡se ha muerto!
Un dolor que es para siempre.

Se llamaba Alejandro.
No ha sido mi derecho darle el nombre.
Fue el hijo que no tuve, que no tengo.
Y el último en llamarlo
antes de su noche extrema.

Se llamaba Alejandro..
Entró con la calle por mi puerta.
Traía una sonrisa contenida.
Se adaptó a mis paredes, a mis libros,
a todos los rincones de mi alma.

Se llamaba Alejandro.
Era todo lo que vive una familia.
Un hombre que soñaba con ser padre.
Con un hijo nacido de los sueños.

Un grito, ay, ¡se ha muerto!,
y el dolor que dura para siempre.

Despedida quedándome
a este lado de la vida.
No hubo tiempo siquiera para darte un beso más,
otro, el último,
rápido,
sin decirte más nada.

La única diferencia de estas lágrimas
es que puedo contar tu fin minuto tras minuto;
pero me invento el mío,
o lo dejo levemente abierto en el borde del pañuelo.

Paternidad de sombra
me resbala
de los brazos abiertos

Huérfano de mi hijo,
lloro contra mis palmas,
grito sobre la mano.

Un puñado de voces
se me escurre enseguida
de los dedos cerrados.

Hablo a fotografías
que sonríen recuerdos
de los últimos años.

¿No hay alivio posible
que me diga que vive
en medio de la ausencia?

La figura del hijo se elabora
en la entraña viva
de la tierra.
En cambio, la invención del padre
es más bien una sorpresa,
hallazgo repentino de algún sueño.

Fue la historia del niño que buscaba
un padre, y es la misma
historia del hombre que quería
ser padre
de un hijo.

No quiero nombrarte
como si te estuviera reprochando
que aquí me quedé solo,
con los pequeños trazos
de tu diminuta letra,
perdido en los olores de la ropa
que también tendrá que irse
confundida.

Sobre el hueco frío
voy poniendo recuerdos,
algún retazo, fotografías
de estos pocos años.
Cada cosa resiste,
una planta un caracol un papel,
y se acuestan solitarias.

A veces rescato una imagen,
tenue gesto de un olvido,
alguna palabra con su tono exacto.
Después se me escurre
por el ángulo del ojo,
lágrima lentísima
volviéndose agria
en plena cara.

Ingenuo fue creer
que, por ser hijo mío,
te podía sostener de la mano,
darte un beso, abrazarte,
como quien se adueña de la ropa,
de un par de anteojos y la lapicera.

Pero doblé tus camisas que temblaban,
abandoné tus cuadernos y tus notas;
cada objeto tuyo se me fue escurriendo
como un tímido pez por las barrosas
aguas del invierno.

Quizás logré atrapar algún instante
ahogado en los pliegues del último pañuelo,
esa voz diminuta, ese pequeño movimiento.
Los guardaré en la memoria de los ojos,
muy juntos al dolor que tengo.

¿Es más importante
haberte tenido
que perderte?

Jardinero de tristeza
he regado los rosales
que plantaste hace mucho
en el balcón.

¿Es más fuerte el amor
que el dolor
que estoy sintiendo?

Vuelvo del cementerio.

¡Qué oficio tan triste
el de mirar pájaros
entre las cruces!

Él no está, o a lo mejor no sé.

Quedaron las fotografías
con su sonrisa inmóvil.
En los estantes hay caracoles,
piedras, jarros, ceniceros
que reposan cansados.
El armario enmudeció vacío.
Su cama es esqueleto rígido.
Solamente, florecidos,
sus dos rosales viven
la diminuta historia del balcón.

Pero él no está,
o a lo mejor está y no sé.




Paternidad de Sombra 
(Buenos Aires : Editorial Epifania, 2002)



***

LOS DESEOS



1
deseo
del esperado
de tenerle la cabeza
apoyada sobre el pecho
y acariciarle el aire
de tranquilidad en el pelo

2
deseo
de un mar remoto y abierto
la libertad sin confines
y caminar de la mano
desnudos los dos por la arena
sin necesidad de hablarnos
mientras se escriben las huellas

3
deseo
de una palabra entredicha
no sé si el nombre en silencio
rasguido en la oscuridad
para repetir tan sólo
que lo amo y que lo sueño

4
deseo
de sus brazos extendidos
para rodearme los hombros
mientras su respiración de flores
una brisa enamorada
se va durmiendo en mi cuello

5
deseo
de estar los dos acostados
uno en otro yo despierto
y él dormido o como haciendo
que está dormido y despierto
deja que su corazón me lata
para que la piel lo sienta
como un fuego que recorre
toda mi sangre en el cuerpo

6
deseo
de recorrer con la lengua
el pabellón de su oreja
la mejilla hasta los labios
y sellarles la humedad
nada más que con un beso

7
deseo
de acariciarle la espalda
con la yema de los dedos
itinerario que sube
y repite su camino
cuando su torso me cubre
y me entrelaza las piernas

8
deseo
de penetrar el calor
del secreto entre sus nalgas
placer que tiembla y jadea
hasta el grito de victoria
bandera de haber amado
asta elevada a la gloria
los dos la misma emoción
y un mismo estremecimiento

9
deseo
de un tiempo que se detiene
de un cuerpo que no se cansa
de una cópula que vibra
de un abrazo que se extiende
de un beso que no se apaga
de un amor que se eterniza

10
deseo
del deseo de esperarlo
siempre.


















Eros y otros deseos 
(Buenos Aires : Simposio, 2010)


***

(HEXAGRAMAS)



(4)
La música danza.
El aire aletea.
Remuevo los leños.
Que el fuego no duerma.
Son horas heroicas.
Comienzo otra etapa.

(1)
El año es cambiante.
El tiempo me enseña.
Modero pasiones.
Les cierro la puerta.
Espero en silencio.
Tranquila está el agua.

(1)
Un trueno se quiebra.
La atmósfera vibra.
El valle está atento.
La lluvia sacude.
El alba despierta.
Los montes se alumbran.


















Hexagrama, en luces y en sombras 
(Buenos Aires : Pavadit@, 2012)



***

CANCIÓN DE ORFEO



Yo que he enseñado en la Tracia
A recoger tiernas flores
De la breve primavera
Desflorando culos jóvenes,

Yo que amé a tantos muchachos,
Prefiriéndolos a hombres
Cansados de amor y sexo,
Porque hay ternura en el joven,

Yo que ascendí la ladera
Pedregosa de este monte
Tomo mi lira de brisa
Para cantar esos goces
               
Amo los culos torneados,
Redondos como dos soles,
Y los que ocultan, oscuros,
Todo el vello de la noche.

Amo los culos alzados,
Orgullosos de sus dones,
Y los caídos, turgentes,
Que ríen sin pretensiones.

Amo los culos flexibles
Que abrasan con sus calores,
Y los más duros, más tensos,
Que aprietan para que goces.

¡Culos erguidos de mármol!
¡culos brillosos de bronce!
¡culos blandos de azucena!
¡culos cálidos de roble!

Culos que te están llamando,
Que te requieren a voces,
Culitos que suavemente
Te seducen y te acogen,

Culos, culos, los que fueren,
Siempre atractivos y nobles,
¡mi lira los canta a todos
sobre la cima del Ródope !

¡Los culos, todos los culos,
Acudan a mí esta noche!



















La "Proctomaquia" o "El cantar de los culos". 
Poema épico-paródico de  Aristón de Mitilene. 
(Buenos Aires : Simposio, 2008)



SOBRE EL AUTOR.
WENCESLAO MALDONADO nace en Buenos Aires en 1940. Estudia Teología en la UPS en Roma y letras en la UCA  en la ciudad de Buenos Aires y en la Università degli Studi  en Trieste.  

Wenceslao fue cura, hombre de la Iglesia Católica, pero más adelante descubre o encuentra su verdadero camino, abandona los hábitos curiales y en el nuevo trayecto se encuentra con su homosexualidad.  

Ha publicado once libros de poesía, pero también ha escrito prosa y varios ensayos. Igualmente ha incursionado en el teatro y ha dejado su increíble huella en tres guiones teatrales.

Para conocer más de este excelente escritor poder dirigirte a su página web:



Por Félix Esteves

domingo, 10 de febrero de 2013

BESO DE MAR

Beso de mar...
¡Qué bella melancolía!
Azul cielo
Azul mar
Azul de tus ojos idos
Azul de la tristeza mía...
Bésame mar
y llévala contigo.

Beso azul
y corazón herido
Azul beso
y el llanto mio 
Azul peregrinaje
de mi soledad infinita
navego en tu azul
sin rumbo ni puerto alguno.

Beso de azul mar...
llévame contigo
y hazme tu azul
azul de tu martirio. 

Por Félix Esteves

lunes, 20 de agosto de 2012

SFUMATO


Me es imposible romper el silencio
Porque mi grito es inútil en esta soledad absoluta
Mi imaginación no conoce nombres
Y los que aprendí de chico
Volaron fugaces con el olvido.
Mi jardín ya no es mi jardín
Son solo piedras donde mi respirar hace eco
Y donde el eco perfora mi alma.
Me voy limpiando las lágrimas con la menstruación de la luna
Mientras mi exterminio carcome mi poca memoria.

Ya           no                      recuerdo

Se      eclip   sa  n
                
                                           Los     prelud     i          o            s
                          
                         S       e              
                                     d  es         apa                                re                           cen   
                                      
                                  L      a                                 s                 e    v          o       c        a                                      c      i    o
                                                                                                                                                                n    e      s
                                     

Y           a    
          
                                                                                 n                                   o
                                                                       
   e        x             i          s          

 t                o


Por Félix Esteves

miércoles, 15 de agosto de 2012

ODA A LAS NALGAS.


Elevadas… creo tocar el cielo
eres tierra y carne donde me entierro.
Envidia venusiana donde Marte
sin miedo juega, sin dejar de ser guerrero.

Son olas sin ser océano
y aun así nado como en la mar abierta.
Mi miembro como Neptuno
se mece bravío como en reyerta.

Suaves glúteos, nalgas o posaderas...
Tributo de Ganimedes donde Zeus perdió su cabeza.
Nubes de sueños, jardín de Cupido
donde florece mi saeta.

Apetito… que se hace pasión
pasión que se hace viciosa querencia
que me eleva y me agota… cuando caliente
se me abren… ¡Olimpo!...  Sus puertas.


Por Félix Esteves

jueves, 9 de agosto de 2012

ECHOGRAFIA. Por Estíbaliz Espinosa... Cuando el sortilegio de las palabras nos llega de Galicia.


A Emilia


La persona que escribe esto se ve a sí misma.

Desde arriba.

Un zoom cenital.

Camina por una ciudad. Conduce un coche.
Pelo. Uñas.
Sin carne.
Esqueleto.
Su calavera acusa aún más los pómulos de actriz.
Lleva un esqueleto más pequeño colgado del abdomen.
Tampoco tiene abdomen.

Flota.

No es hermosa ni fea. Podemos decir, entonces, que es hermosísima.
El esqueleto pequeño va doblado sobre sí mismo.

Ecografía significa la escritura del eco.

El esqueleto pequeño es un eco del grande. El grande es un eco de los demás.
De toda la especie.

De eco en eco, como una sucesión de cajas chinas.
Matrioshkas sonrientes que abren su madera pintada.

¿Para qué?

La mujer esqueleto se conduce por el mundo anónimamente.
La vemos desde arriba. La vemos desde abajo.
Podemos casi tocarla.
Como en un juego virtual, podemos indicarle el camino.
A ella.
Con su pequeño esqueleto que algún día recordará la música que canta. Pero no este verso.
Indicarles el camino: a la posteridad, por aquí.

La posteridad no existe. los esqueletos caminan juntos.
Van como dentro de un pisapapeles de vidrio, protegidos del mundo.
El esqueleto pequeño copia sin descanso
las piezas diminutas de los esqueletos grandes: carpio, metacarpio, nudo de neuronas, lóbulo frontal...

Ambos son el Eco de un Narciso que se miró en la charca hace mil años.
La ecografía de un ser inconcluso, preocupado por el descolgamiento de la piel y lo que no sucede tras lo que no sucede.

El esqueleto pequeño es una metáfora en sí mismo.     Qué duro es ser metáfora. Que le pregunten a Jim Morrison o a Lao Tsé.

Pero lleva esa carga meciéndose apaciblemente. la viva imagen de las ganas de ser vida.
Le da igual el amor, ser fruto de un desliz o de una probeta.
El esqueleto pequeño empuja por este verso arriba ensayando un canal de parto.

Los vemos desde arriba. Los vemos desde abajo.

Todo termina en un punto muy pequeñito, un ombligo, un microbio, una Tierra en miniatura.
Vamos saliendo de ella en un zoom vertiginoso.

Todo termina en un punto muy pequeñito.

Pero cuando se está a la espera de algo
en tres puntos
pequeñitos...

(Inédito, embarazada de varios meses, 2006)


Por Estíbaliz Espinosa. (A Coruña, 1974)


Sobre Estíbaliz Espinoza.

Poetisa gallega nacida en A Coruña en 1974. Es licenciada en Filología Hispánica y en Sociología, además es actriz de teatro, cantante de jazz y ópera. Dirigió y fue presentadora de un programa de radio independiente, grabó un audiopoema para el Instituto Cervantes de Nueva York. La poetisa se dio a conocer en el II Certamen Francisco Añon en 1999 con  Mecánica Zelestes. 

Desde entonces  la crítica especializada la ha ubicado como una de las voces femeninas emergentes e importantes de la Literatura Gallega y de España. 

La fuerza de sus poemas reside en el juego de palabras, en la articulación mágica de su composición; Estíbaliz esta detrás de una búsqueda que sobrepasa la poética tradicional, para ella parece que lo importante es la reflexión alquimista de la palabra por la palabra, de la poesía por la poesía, donde la naturaleza discursiva es el propio poema. 

La poetisa conoce las limitaciones de las palabras y en ese sentido se vale de esa debilidad para destruir y reconstruir una nueva forma de decir, de explicar, de darse a entender, y porqué no también de confundir, de jugar, de hacer rompecabezas metafóricos, donde tanto el lector como la poesía salen igualmente ganando.  

Por Félix Esteves  




jueves, 2 de agosto de 2012

EL GENIO DE LICANTÉN... el recuerdo de Laura de Rokha en memoria de su padre Pablo de Rokha.


Pablo de Rokha representa una de las letras más importantes de la literatura hispanoamericana, no obstante su belleza lírica, a veces olvidada o desposeída de su valor por estar a la margen de otros poetas y escritores mejores comercializados, no nos deja de interesar y sorprender, personalmente a mí y más aún en este momento que acabo de “beberme” desesperadamente el emotivo libro de una parte de la vida de este insigne poeta en las manos de su hija Laura de Rokha.

Laura de Rokha en el bautizo y presentaciòn
de su libro "El Genio de Licantén".
El pequeño libro apenas fue bautizado ayer primero de agosto en la plaza de los museos en la Tercera Feria del Libro de Caracas.  Hoy, un día después, esta misma tarde lo adquirí y enseguida no pude despegar mis ojos de él. Y es que Laura al igual que su padre y su madre, la poetisa Winétt de Rokha, sabe atrapar, hechizar y enamorar con sus palabras, “divino bebedizo” de tinta oscura que baña el blanco papel, que nos hace emborracharnos de alegrías, pero también embriagarnos de tristezas, porque eso es el libro “El Genio de Licantén”, ese bebida espirituosa, ese delicioso vino tinto que nos llena de recuerdos, no nuestros, los de Laura de Rokha con su padre, pero que parecen poseer el don de adentrarse a nuestra memoria y hacerse nuestros.


Laura  de Rokha en forma de carta nos relata en destellos fugaces a veces, y en relámpagos eternos otros, las vivencias con su padre, el gigante, el hombre mandón pero cariñoso, el determinado, el que sin pensar, sólo con leer un libro de poemas “Lo que me dijo el silencio” de una señorita de la capital (Luisa Anabalón Sanderson, en ese entonces firmaba como Juana Inés de La Cruz, después Winett de Rokha) para hacerla suya, tal como nos narra Laura:

 … “y había de ser justo este libro el que vería mi padre, y que había llegado a sus manos en el sur de Chile, para que al mirar la hermosa foto de mi madre, que ilustraba el libro, dijera: ‘Iré a casarme con esta mujer’. Y así lo hizo.”  

La escritora y titiritera Laura de Rokha.
La escritora nos muestra al Pablo de Rokha “salvaje” y “exuberante” como la misma naturaleza de los ligustros que dejaba crecer sin medida en el jardín de la casa de La Cisterna, donde Laura paso parte de su infancia:

… “tenía a los costados dos ligustros, los cuales se supone que, en casa de gente civilizada, son recortados periódicamente, pero mi padre había dado orden de dejarlos crecer tranquilos”…

Laura nos reseña también al padre amoroso y dedicado, el que ama profundamente su infante hija enferma y al borde de la muerte:

“Los médicos le sugirieron a mi madre comprarme una silla de ruedas”… “pero él puso el grito al cielo: ‘¡Jamás, mi hija no es una inválida!’. Y hete aquí que, durante el tiempo que duro  mi convalecencia, me cargó en sus fuertes brazos de un lado a otro.”

Los dos poetas Pablo y Winett de Rokha.
Pintura de Abelardo Paschin Bustamante
Hay muchos recuerdos, anécdotas, pasajes de la vida de Laura y Pablo de Rokha que nos hace ver la realidad de este hombre poeta, ateo, comunista convencido,  subversivo de las letras y al mismo tiempo creador de ellas, amante de Arthur Schopenhauer y Friedrich Nietzsche; Laura nos revela al hombre interior, el alma familiar  del escritor que rompió con los paradigmas  naturalista y modernista por medio de la búsqueda de una escritura que se identificó lo más posible con los conflictos sociales e históricos de Chile y por supuesto de América Latina. Laura de Rokha nos lleva, aunque sea de forma minúscula a ese mundo de aquel poeta, que siendo fiel siempre a su ideología, fue el primer “antipoeta” y escritor de avanzada de su país.  Pablo de Rokha, quizás el más olvidado, el menos querido, el que nunca se vendió a una editorial, el que fue creyente y devoto de lo único en que podía creer: en su palabra, en su amor a Winett y a sus hijos, ahora sea elevado al puesto que le corresponde.

Pablo de Rokha muere como no podía ser de otra manera, Laura bien lo describe cuando en su corta novela en forma de epístola dice:

“Él, quien era para mí un ser indestructible, con su misma mano se destruyó.”

Gracias Laura por tan lindo regalo, por ofrecer tus recuerdos, que ahora son mios… pueden ser vuestros.

Ficha del Libro:
De Rokha, Laura.
    El Genio de Licantén / Laura de Rokha. -- Caracas : Fundación Editorial El Perro y la Rana; 2009.
    117 p.

Aquí les dejo un poema de Pablo de Rokha:

El viajero de sí mismo.

Voy pisando cadáveres de amantes
y viejas tumbas llenas de pasado,
cubierto con cabello horripilante
del gran sepulcro universal tragado.

Acumulo mi yo exorbitante
y mi ilusión de Dios ensangrentado,
pues soy un espectáculo clamante
y un macho-santo ya desorbitado.


Mi amor te muerde como un perro de oro,
pero te exhibe en sus ancas de oro.
Wínétt, como una flor de extranjería.


Porque sin ti no hubiera descubierto
como una jarra de agua en el desierto
la mina antigua de mi poesía.


Pablo de Rokha (1894-1968)
Por Félix Esteves

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