Una pequeña presentación

Los Mínimos y Máximos de Félix Esteves es una casa, un hogar, construido con amor, esfuerzo, dedicación y hasta con aburrimiento. Tiene muchas puertas donde todos pueden entrar. Tiene muchas habitaciones, donde de seguro en algunas podrás sentirte cómodo, y en otras, tal vez contrariado y hasta… por qué no… molesto. Sin embargo su propósito no es agradar ni molestar, no es ganar amigos ni enemigos… de todas maneras ambos son bienvenidos; su fin es mostrar y demostrar lo variopinto de una mirada, la pluralidad de una cosmogonía a través de mi “micromundo”, de lo exterior visto y sentido desde mi interioridad… es un grito contra la discriminación, es un arrullo de amor a la diversidad, es mi tarjeta de presentación como ser humano, como hombre, como gay y miembro de la comunidad LGBT... tal vez es algo más… no lo sé… aún lo estoy averiguando.

Félix Esteves

Amigos de Los Mínimos y Máximos

jueves, 27 de febrero de 2014

BITÁCORA DEL DESEO HOMOERÓTICO EN LA OBRA LITERARIA DE E. M. FORSTER.


El escritor inglés Edward Morgan Forster (1879-1970) fue un viajero tanto en la realidad como en su ficción. Su periplo va desde las hermosas arenas del desierto egipcio, las excelsas ruinas griegas, los húmedos jardines floreados de la India, las tierras del progreso americano y las tardes amarillas de la eterna Italia. No obstante, en su hermosa ficción, coloreada por los profundos matices homoeróticos de su vida,  construye una bitácora diseñada para entender la homosexualidad en la Inglaterra Eduardiana.

Los escenarios geográficos donde se desarrollan las historias de E. M. Forster nos permite trazar un mapa que, por un lado, evoca sus viajes durante las dos primeras décadas del siglo XX, y por otro lado, de este mapa imaginario, es donde emergen los “Shangri La” o “Xanadú” de los dandis u hombres ricos  y educados homosexuales británicos a finales del siglo XIX y el siglo XX. Aquellas tierras extranjeras recorridas por Forster en su vida y con su bolígrafo eran los llamados Paraísos Homosexuales  de aquel entonces, pero Forster al final creó un paraíso homoerótico en su propia Inglaterra. Tal vez Forster soñó demasiado con ese ideal de país homosexual ubicado en tierras lejanas y al final de todo, se dio cuenta que ese paraíso podía estar más cerca de lo que él creía, como una vez dijera Terenci Moix: 

“Sólo aspiro a encontrar mi paraíso en la tierra. Y soy digno de compasión porque es posible que lo haya conocido en varias ocasiones y no me haya dado cuenta.” (1)

Pero los paraísos gais no nacen con Forster, la convicción de que hay un lugar extranjero lejano más adecuados y más comprensivo para los gays se remonta a los tiempos más antiguos, tal como lo reseña Gregory Woods en el Capítulo 2 de su libro “Historia de la literatura gay” (1998: 27-40).  Aquí dejamos una nota que persiste sobre los lugares ideales para la vida gay de aquel entonces, como el mito de Arcadia: “En la Arcadia, todo está concorde con las leyes naturales, y ese todo incluye el amor entre hombres y jóvenes.” (2). Hoy día todavía persiste la creencia de los lugares ideales para la vida gay como lo describe Henning Bech:

“La felicidad no es ahora, en la mayoría de la memoria existente o en el anhelo; no se encuentra aquí, pero si en otro país, un país extranjero, un tema habitual en la experiencia homosexual” (3)

La ubicación específica de un país extranjero ideal para la vida gay ha cambiado con los años y depende en gran medida de las tradiciones culturales locales o modas, por ejemplo para los homosexuales venezolanos New York, Barcelona, París, Los Ángeles, entre otras ciudades, serían las nuevas “Arcadias”. A finales del siglo XIX y principios del siglo XX la geografía del deseo homosexual de los británicos ricos y educados se concentró casi exclusivamente en dos lugares: Grecia e Italia. En aquel entones se hablaba del “Amor Griego” y el “Divino Vicio Italiano”, y  que fueron utilizadas como sinónimos populares de la homosexualidad.

Grecia llegó a estar asociados con el amor homoerótico debido principalmente a la antigua tradición literaria y que fueron las obras de las cuales, como los Diálogos Platónicos, en que fueron consideradas o su equivalente a la “literatura gay”. En el caso de Italia también extensamente se creía que este país estaba más dispuesto a aceptar o al menos tolerar la homosexualidad debido también a su antigua literatura, como “El Satiricón” de Petronio.  Sin embargo, también hubo quienes encontraron la creencia popular bastante prometedora de una “Italia friendly gay” y querían aprovechar esa oportunidad, por las narraciones victorianas de John Addington Symonds, Frederick Rolfe (Barón Corvo) y Horacio Forbes Brown quien escribieron acerca de sus relaciones eróticas con jóvenes italianos o se instalaron en Italia dando motivos a la creencia de que las prácticas homosexuales eran posibles allí en la tierra de Virgilio y Dante más que en otros países europeos. Por otra parte, Italia pertenecía a los países del sistema jurídico que había sido influenciado por el Código Napoleónico a principios del siglo XIX y no penalizan la homosexualidad, que en Gran Bretaña desde la última parte del reinado de la reina Victoria hasta la década de 1960 era considerada una ofensa criminal.

El mito de Italia como un paraíso homosexual también se fortaleció con las artes gráficas, especialmente las fotografías de Wilhelm von Gloeden y sus seguidores. Los temas de las fotografías de von Gloeden eran en su mayoría desnudos de adolescentes a menudo de Taormina o Venecia; debe llamar nuestra atención el hecho de que la visión convencional de la homosexualidad conectada con el Mediterráneo y también del Oriente era de efebofilia, que es el amor de los hombres mayores para los muchachos de 15 a 19 años.

Es difícil señalar con certeza en qué medida Forster era consciente de estos paraísos gais cuando visitó por primera vez Italia con su madre en 1902, aunque ya con veintitrés años era muy posible que los conociera y que también estuviera en conocimiento de su propia sexualidad homoerótica. Es cierto, sin embargo, que sus primeras obras tales como las dos novelas: “Donde los ángeles no se aventuran” (1905) y “Una habitación con vistas (1908) se caracterizan por el uso extenso de las costumbres y valores extranjeros.

El valor real de su ficción temprana no se limita a Italia, sobre todo en las historias cortas, donde se incluye también a Grecia. La importancia de Grecia en estas obras es casi igual a la de Italia y las dos influencias tienden a mezclarse por ejemplo en obras como el relato “Albergo Empedocle” donde la acción se lleva a cabo en Grigenti, una colonia griega en Italia y en “La historia de un pánico”, donde los turistas ingleses encuentran el Dios griego Pan en el norte de Italia. Para ser más precisos, uno podría decir que las dos geografías (Italia-Grecia) a veces tienden a ser percibidas como una. Peter J. Hutchings lo ve de una manera extremadamente simple, alegando que

“La geografía sexual de Forster es como sigue: Italia es el romance heterosexual, Grecia por amor homosexual, Constantinopla como puerta de entrada a la perversidad polimorfa” (4)

Robert K. Martin es más preciso y describe el uso de Forster a la sexualidad en el mediterráneos como sigue:

“Durante la mayor parte de sus historias, Forster se opone a un mundo griego a un mundo más moderno, Inglés, o al mundo mediterráneo, en muchos casos el italiano, a un mundo anglosajón, norte. Su usanza del tema italiano es casi idéntica a la de Henry James, quien se opuso sistemáticamente a la sensualidad y la complejidad moral de Italia para y contra el materialismo y la simplicidad moral de Inglaterra” (5)

La primera fuente de interés de Forster por el Mediterráneo fue su preocupación con la antigüedad que comenzó ya en la escuela secundaria y se fortaleció durante su estancia en Cambridge donde estudio su historia y los clásicos. La influencia de personas como Goldsworthy Lowes Dickinson o Walter Pater combinada con la lectura muy amplia tanto en los clásicos y contemporáneos en la cultura antigua. Los viajes por el Mediterráneo, que Forster comenzó tras su graduación en 1902 y fue hasta la década de 1950, sólo refuerza este interés.

Aún podría ser limitante señalar su interés en la tradición literaria clásica y viajes como las únicas fuentes de la utilización de tales ajustes. Sería tan erróneo presentar estos intereses a partir de un origen exclusivamente personal. La segunda mitad del siglo XIX fue un período de creciente preocupación por la antigüedad especialmente en Gran Bretaña. La cultura victoriana empezó a proclamar su interés a las “culturas menores” de Europa, especialmente las del Mediterráneo, donde el imperio británico tenía desde hace mucho tiempo intereses económicos y geográficos, y necesitaba adaptar aquel mundo habitado por los “buenos salvajes” a su idiosincrasia.

Además Forster fue influenciado por los trabajos de Symonds y Lowes Dickinson, desarrollando una distinción, que significó no sólo la libertad del alma en contraposición a la rigidez moral,  sino también la libertad sexual en comparación con el rígido patriarcado y heterocentrismo asociado a la religión. En este sentido, la cultura mediterránea se convierte en la ficción de Forster  en el estímulo al ser físico, instintivo, pero al mismo tiempo cualquier intento de revelar la verdadera identidad, donde es percibida y presentada como potencialmente peligrosas. El cura del cuento corto “El amigo del cura” es un ejemplo perfecto de esta actitud, como habla de su amistad con un fauno, que puede ser leído como una presentación con velo de la homosexualidad, dice:

“Si respirará una palabra de eso, mi vida presente, tan agradable y provechosa, llegaría a su fin, mi congregación se desintegraría, y yo, en lugar de ser un ente activo a mi parroquia, podría resultar un gasto a la nación.” (6)

En  “El amigo del cura”, escrito en 1907, un ligero cuento fantástico, es el encuentro transformador de un joven clérigo con un fauno o Dios Pan, la historia en primera lectura parece poco más que una anécdota, sin embargo, oculta bajo su manto mitológico y de comedia el reconocimiento homosexual y la aceptación de que es, sin duda una autobiografía.

Como resultado de su encuentro y la aceptación de sí mismo, el protagonista se eleva más allá de conceptos tales como la culpa, el pecado y la conformidad, sin embargo, también es consciente del precio que la sociedad se cobrará en caso de que revelar la fuente de su felicidad recién descubierta.

El estudioso de Forster, Robert K. Martin nos habla de esa influencia:

… “uno reconoce fácilmente un patrón común en la ficción temprana de Forster: un viaje simbólico a Italia o Grecia, la realización de una identidad con el espíritu griego y una transformación repentina, en la locura o la muerte” (7)


Esto es lo que le pasa al héroe de la historia corta “Albergo Empedocle” que descubre su “afinidad” (homoerótica) con un griego antiguo en Akragas (Agrigento) y como un loco es enviado a un manicomio. Lograr la concienciación de la homosexualidad de uno mismo a través de la influencia de un entorno exterior se presenta así como una locura, que refleja claramente la actitud de Forster a su situación en el período. Sin embargo el rechazo del espíritu puede ser igualmente devastador como su aceptación. Es así que en el caso del Sr. Lucas en “El camino de Colonus”, que es “salvado” cuando acepta la antigua influencia sólo para sobrevivir como un vivo muerto.

La influencia es mucho menos peligrosa cuando se sintió fuera de Grecia como ocurre en “La historia de un pánico” (aunque en este caso el final quedo abierto) y en “El amigo del cura” citado anteriormente. En ambas historias los semidioses griegos (Pan y un fauno) aparecen sin su elemento y ejercen una influencia más beneficiosa. Así, los trabajos tempranos de la Grecia de Forster fue más bien una variación de la Grecia ideal que sentían ya ciertos escritores de la época  sobre el país real, del que tuvo tal vez una limitada experiencia. Judith Scherer Hertz va tan lejos como para afirmar que:

… “los primeros de las estrategias desarrollada por Forster para contener su energía sexual fue la creación de un paisaje de fantasía. A menudo en Grecia, a veces en Italia o incluso en una Inglaterra habitada por  semi-divinidades, es el lugar donde se encuentra su verdadera naturaleza, donde se permite la identidad sexual real”… (8)


Forster, en sus primeras obras, así como ama los clásicos griegos y los estudia, teme acercarse demasiado a ellos, tal vez un temor por descubrir su realidad homoerótica, o el simple temor de ser descubierto, Grecia es tratada entonces de lejos, someramente la hace resonar en sus líneas; Una explicación para esa actitud puede encontrarse en “Una habitación con vistas”, donde el reverendo Beebe confiesa:

“No he estado en Grecia y no quiero ir, y no me imagino a ninguno de mis amigos allí. En conjunto es demasiado grande para nuestra pequeña porción. ¿No crees? Italia es casi tanto como podemos manejar. Italia es heroica, pero Grecia, divinos o diabólicos”… “y en cualquier caso absolutamente fuera de nuestro foco suburbano” (9)

Estas conclusiones pueden ser parcialmente propias de Forster, ya que rápidamente se concentró en Italia como un escenario más apropiado a su ficción. En este sentido pertenece nuevamente a un establecido

"Abrazó la tradición romántica de Italia como el hogar de la luz y la pasión, en contraposición del esnobismo y la tenebrosidad inglesa. Como Shelley y Browning, Forster encuentra a Italia rica en extremos morales y emocionales que hacen las cosas más melodramáticas." (10)

Por ejemplo, en su novela “Donde los ángeles no se aventuran”, traza la autoconstrucción incipiente del protagonista Forsteriano por excelencia, Philip Herriton, un esteta dolorosamente tímido y reprimido sexualmente. Sin embargo, como resultado de su encuentro con Italia, Philip madura para entender algo de la complejidad de la vida, a pesar de que no tiene en cuenta lo que Forster informa sutilmente al lector atento: que su atracción sexual real no es la respuesta intelectual que se desarrolla por su prójima Caroline Abbott, sino la pasión física que siente por Gino Carelli, el guapo joven italiano que funciona en la novela como una especie de figura griega, de Pan, un símbolo de la sexualidad natural y la libertad de las restricciones sociales.

Italia se convierte así para Forster en un lugar para una “rebelión” contra las conformidades sociales y la posibilidad de un escape contra las restricciones del puritanismo inglés de la época. Es decir, el paraíso gay italiano es un lugar donde los amantes que ha ofendido el sistema pueden encontrar por lo menos el refugio de su amor, como es en el caso de “Una habitación con vistas”.

Aunque la trama de “Un habitación con vistas” parezca primeramente una apología  al amor heterosexual, la novela es en realidad el producto de un intento consciente de sí mismo para descubrir su propia homosexualidad. Forster cuando escribía dicha novela,  anota en su diario una lista de autores y artistas homosexuales famosos, como Housman , William Shakespeare, John Addington Symonds, Walter Pater, Walt Whitman, Edward Carpenter, Samuel Butler, Luca Signorelli, y Miguel Ángel, todos los cuales se valoran en la novela o son de otra manera influyentes en él.

Tal vez, “Un habitación con vistas”, se pueda tomar como una autobiografía, si entendemos que la protagonista de la novela  Lucy Honeychurch en realidad es el reflejo del mismísimo Forster cuando viajo a Italia con su madre,  Lucy al igual que Forster se debatía entre las amenazas de romper con los parámetros de su status social y educación, o seguir sus instintos y emociones, y descubrir su verdadero yo. Todos los demás elementos de la trama son consecuencia de la lucha de Lucy (Forster) para conciliar su interior y exterior. Italia con todas sus “vistas” y “visiones” se convierte en el nuevo Jardín del Edén que hay que alcanzar, cuando ya la (el) protagonista se despoja de sus miedos. De esta manera, la novela maneja un código basado en la igualdad sexual y social que está firmemente arraigado en el temprano movimiento de emancipación homosexual.

Las novelas con paisajes italianos o que ubicaban sus historias en Italia eran en realidad bastante exitosas en aquel entonces, lo suficiente para tener un número de sucesores como “Viento sur” de Norman Douglas (1917), de Aldous Huxley “Esas hojas estériles” (1925) y de Elisabeth Bowen “Hotel” (1927), y en donde en todas tanto la geografía como las costumbres italianas ejercían una fuerza liberadora en los temperamentos británicos. Forster cansado ya de la campiña italiana, y de la censura y la crítica a sus dramas homoeróticos, emigra sus novelas a otros paisajes, y busca un nuevo refugio homosexual que le llevó a Oriente, India y Egipto, como era de esperar, como según Edward Said nos afirma:

… “el lugar donde uno puede buscar experiencia sexual no estaba disponible en Europa. Prácticamente ningún escritor europeo que escribió sobre o viajó a Oriente en el período después de 1800 exentos sí mismo de esta búsqueda." (11)

De este periodo nace “Howards End”, que si bien es una novela claramente heterosexual, su drama implica la marginación o discriminación hacia lo que es diferente, en este caso el personaje de Helen Schlegel, una joven idealista, feminista y a veces demasiado intransigente y rebelde,  para una Inglaterra puritana y esclava de viejas costumbres. Por lo tanto el personajes de Helen es tratado por la mayoría de los personajes de la novela como la “rara” o la “anormal” de la familia, no es vista como una “oveja negra”, y allí está el punto clave pero escondido o disimulado de la homosexualidad como anormalidad de la cual Forster no participaba.

Esa conciencia homosexual sutilmente presente en “Howards End” se ve el berrinche o disgusto de Margaret Schlegel, hermana de Helen,  cuando oye por casualidad a su marido y un médico debatiendo sobre la “anormalidad” de la joven rebelde. El personaje de Helen de esa manera y a través de su supuesta “anormalidad” amenaza a los demás protagonistas, especialmente los masculinos, pero aún mejor es una intimidación a los patrones sociales de la época. La indignación sin duda, reflejada en Margaret Schlegel, no es más que el  propio descontento y antipatía de Forster en el etiquetado persistente de los homosexuales como anormales en la Inglaterra Victoriana y Eduardiana.

De esta brillante novela, ambientada en Inglaterra, Forster viaja a la India, no obstante, su primera parada exótica, físicamente hablando,  es en Egipto mientras trabajaba para la Cruz Roja en los años 1916-17. En Egipto tiene amistad con el poeta griego Constantino Cavafis y conoció en Ramleh (Alejandría) a un joven egipcio de 17 años, llamado Mohamed el-Adl con el cual mantiene relaciones homoeróticas. Después viaja a la India y publica “Pasaje a la India”. Estas experiencias geográficas le permitieron descubri  un número de maneras de ser y estar, no sólo culturalmente o literariamente, sino también a nivel físico y personal. Si bien, en Alejandría encontró su primera experiencia sexual y luego su cumplimiento en el amor, la India le dio la oportunidad de tener relaciones sexuales tan libremente como nunca antes.

En “Pasaje a la India” el vínculo entre Aziz y Fielding no es sexual, pero cada vez es más íntimo, empero, esta historia se puede leer como su historia de amor  (Forster y Mohamed el-Adl). “Pasaje a la India” nos invita a tomar la tolerancia como una forma de vida y esto es importante, en el sentido en que diplomáticamente Forster  educa al lector de aquel entonces en transigir, condescender, consentir y aceptar la diferencia. La diferencia existe en que Aziz es indio y Fielding británico, pero ambos se “desean” culturalmente, de esta manera Forster cubre con un velo el amor homoerótico bajo los tabúes raciales y políticos:

… “Forster procuró utilizar las prohibiciones raciales y políticas de la amistad de Fielding y Aziz para significar la opresión más amplia del amor homosexual, los aspectos políticos de la época resultaron  ser tan poderosos que totalmente subsumió el deseo homosexual en el texto.” (12)

Forster volvió a la configuración o formula del mediterráneo temporalmente en 1913 cuando empieza a escribir  su única novela abiertamente gay “Maurice”.  La decisión de Forster escribir “Maurice” fue el resultado directo de una visita de 1913 a Edward Carpenter en la casa que compartía con su amante de la clase obrera George Merrill en Derbyshire. Carpenter (1844-1929) fue un escritor, poeta y filósofo socialista, antologista y activista homosexual, que se dio a conocer a finales del siglo XIX y principios del XX en Gran Bretaña, siendo además una figura clave para la fundación de la Sociedad Fabiana y del Partido Laborista. Forster había admirado a Carpenter como pionero a principios del movimiento de liberación gay durante años y probablemente modeló al Sr. Emerson de “Un cuarto con vistas”  de él .

Animado por el ejemplo de Carpenter y Merrill, Forster concibió su novela pasional homosexual en un momento de inspiración. Él escribió el primer borrador de forma violenta y  eufórica, guiado por la certeza de que tenía imperativamente que ser con un final feliz. No obstante, más que cualquier otra cosa , era el final feliz lo que hizo Maurice no publicable,  dado que la homosexualidad fue ilegal en Inglaterra hasta 1967, y la novela fue interpretada como la glorificación del crimen y por lo tanto fue objeto de enjuiciamiento. Inclusive en manuscrito, Maurice tuvo una influencia literaria importante, tal como la tuvo en aquel entonces  “El amante de Lady Chatterley”, cuyo autor, D. H. Lawrence, fue uno de los muchos de los amigos y asociados de Forster en leer la novela en texto mecanografiado.

Sarcásticamente, cuando se publicó Maurice, gran parte de la crítica desestimo a Maurice y muchos llamaron la novela como un amante de Lady Chatterley “homosexualizado”; más exactamente, la novela de Lawrence es una Maurice “heterosexualizado”.

El principio de la novela ofrece una presentación directa de la influencia de la cultura griega clásica sobre los héroes - los estudiantes de Cambridge Maurice y Clive. Empréstitos y discutiendo el Simposio de Platón se convierten en los primeros signos de su homoerotismo.

Forster usa una doble estructura para explicar la homosexualidad, la novela se divide en dos secciones paralelas, donde se refleja o yuxtaponen una con la otra y donde se visualizan sus diferencias. La primera mitad está dedicadas a la relación entre Maurice y Clive, su compañera de clase de Cambridge que lo inicia en un homosexualidad elitista basado en la difidencia en el cuerpo y en una inspiración helenista. Esta parte de la novela relata una visión falsa de la homosexualidad como algo “superior” que se sublimiza de una forma demasiado platónica.

La segunda mitad de la novela se dedica a la alianza de Maurice con Alec, el empleado de la  casa de campo de Clive. En esta parte, Maurice eleva su homosexualidad como una salvación cuando conoce el amor físico y logra rechazar las barreras sociales. Este amor entre Maurice y Alec, es un amor real, un amor más completo y más parecido a lo que en aquel entonces era condenado por la ley Eduardiana. Maurice llega finalmente a someterse a las consecuencias políticas de la homosexualidad y la adopción de la configuración básica de la sociedad que confiere la condición de proscrito del homosexual en 1913. Tal vez la influencia literaria más importante en la novela de Forster es la obra de Oscar Wilde; más concretamente, “De Profundis”. Los ecos frecuentes de la carta de Wilde sirven para incorporar en el drama  mismo de la novela de Forster el martirio de Wilde como la realidad histórica, sociales y políticas de la homosexualidad y a las cuales todo homosexual deben enfrentar. Así Forster toma de Wilde el valor trascendente de la auto-realización y del sacrificio como la potencialidad redentora del sufrimiento para llegar al desarrollo final del homosexual. De esta manera el homosexual es un mártir, donde su consuelo (El Paraiso) es su propio mundo.

Al igual que Wilde, Forster tiene poca fe en la reforma social. Por lo tanto, al final de la novela Maurice y Alec deben rechazar completamente la sociedad, cuyas injusticias son el resultado de su homosexualidad. Pero a diferencia del amargo pesimismo de Wilde, la actitud de Forster se ve atenuada por una creencia optimista en el valor de las relaciones personales. Maurice y Alec juntos aceptan el aire y el cielo de Inglaterra como su derecho de nacimiento, de cara al mundo sin miedo, lo que demuestra que cuando uno ama al amado y el amado corresponde cualquier desvarió social no amella  ese amor. Forster elimina así los Shangri La y los Xanadú impuestos por el miedo social, es decir nos invita a disfrutar de ese amor homoerótico en nuestra propia tierra, como una forma de existir y luchar contra la pacatería y los tabúes sociales.

Forster en su vida y su obra comenzó trazó el mapa de destinos homosexuales de las generaciones anteriores. Su vida y su obra, sin embargo, pertenecieron a otra generación que tenía y tuvo que encontrar un nuevo camino para su vida y para su escritura, crear una nueva geografía del deseo homosexual por sí mismo. Este proceso de definición de sí mismo y sus obras le llevó a un descubrimiento sorprendente en su vida personal y en su escritura, que si uno está dispuesto a aceptar el precio de su homosexualidad, los lejanos paraísos no existen, y que la felicidad del homosexual puede ser aquí o allá, ahora y después, siempre que se asuma esa convicción de ser homosexual y luchar por ella contra los prejuicios como lo hicieron Maurice y Alec.

Forster y Bob en 1934.
Forster lo asumió asi, y muere en su querida Inglaterra, con su amado Bob al lado. Forster conoció al Bob Buckingham  en 1930, él era policía, pasaron un tiempo junto, sin embargo la relación se intensifico cuando Bob tuvo que casarse. Al principio fue difícil, pero con el tiempo lograron tranquilizar su relación y May la esposa de Bob acepto la relación homoerótica y se hizo más tarde amiga de Forster. Según la escritora y profesora de Literatura Inglesa Wendy Moffat escribe sobre la relación de Forster a May, la esposa de Buckingham, con verdadera ternura:

“Entre ellos, Morgan y May, hábilmente tallaron  un espacio íntimo para sus respectivos matrimonios con su querido Bob, con los largos fines de semana para May y para los fines de semana cortos para Morgan.” (13)


 Referencias.
(1) Moix, Terence. Memorias. El peso de la paja, 2013.
(2) Woods, Gregory.  A History of Gay Literature. The Male Tradition / New Haven and London: Yale University Press. 1998.—p. 35
(3) Bech, Henning.  When Men Meet. Homosexuality and Modernity / Cambridge: Polity Press, 1997.—p.  37
(4) Hutchings, P. J. “A Disconnected View: Forster, Modernity and Film” // En: Tambling, Jeremy (ed.); 1995.—p.224
(5) Martin, Robert K. “Forster's Greek: From Optative to Present Indicative” // En : Kansas Quarterly.— 1977, nº 9. – p. 70.
(6) Forster, E. M. The Machine Stops and Other Stories / London : Andre Deutsch, 1997. – p. 74
(7)  Martin, Robert K. Op. Cit. – p. 102
(8) Herz, Judith Scherer. “The Double Nature of Forster's Fiction: A Room with a View and The Longest Journey” // En :  English Literature in Transition, 1978, 21: 255
(9) Forster, E. M. A Room with a View. (The Abinger Edition vol. 3.) London: Edward Arnold, 1977. – p. 177
(10) Crews, Frederick C.  E. M. Forster: The Perils of Humanism / Princeton: Princeton University Press, 1962. – p. 71
(11) Said, Edward. Orientalism / Harmondsworth: Penguin Books, 1991. – p. 190
(12) Bakshi, Parmider Kaur. Distant Desire. Homoerotic Codes and the Subversion of the English Novel in E. M. Forster's Fiction / New York: Peter Lang, 1996. – p. 208
(13) Toibin, Colm. Lives of the Novelists: E. M. Forster.



Por Félix Esteves 


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