Una pequeña presentación

Los Mínimos y Máximos de Félix Esteves es una casa, un hogar, construido con amor, esfuerzo, dedicación y hasta con aburrimiento. Tiene muchas puertas donde todos pueden entrar. Tiene muchas habitaciones, donde de seguro en algunas podrás sentirte cómodo, y en otras, tal vez contrariado y hasta… por qué no… molesto. Sin embargo su propósito no es agradar ni molestar, no es ganar amigos ni enemigos… de todas maneras ambos son bienvenidos; su fin es mostrar y demostrar lo variopinto de una mirada, la pluralidad de una cosmogonía a través de mi “micromundo”, de lo exterior visto y sentido desde mi interioridad… es un grito contra la discriminación, es un arrullo de amor a la diversidad, es mi tarjeta de presentación como ser humano, como hombre, como gay y miembro de la comunidad LGBT... tal vez es algo más… no lo sé… aún lo estoy averiguando.

Félix Esteves

Amigos de Los Mínimos y Máximos

martes, 18 de marzo de 2014

EL HOMINTERN O LA CONSPIRACIÓN GAY.La historia de una ficción producto de la homofobia.


PREAMBULO

Para poder entender la ficción del Homintern es necesario conocer y relacionar el término traición con homosexualidad, o mejor dicho como la heteronormativa quiso emparejar como sinónimos ambos vocablos. Por lo tanto desde este mismo momento hemos de ver el Homintern como una palabra más producto de la homofobia y de las políticas del heterocentrismo.

La asimilación de los homosexuales a los de traidores a la nación es un argumento repetitivo del discurso homofóbico. Esta imputación, que  gravita y se fundamenta en algunos argumentos irracionales, se alimenta desde finales del siglo XIX de los escándalos políticos y militares en los que había homosexuales incriminados.

En el imaginario colectivo se suele pensar al homosexual como el otro y por lo tanto es visto como “extranjero” y es situado in o voluntariamente por la heteronorma al margen de la comunidad, ya sea familiar o nacional. Su conducta, analizada desde las mentes homofóbicas es vista en términos de placer inmediato, es además considerado egoísta y narcisista al ennoblecer una forma de sexualidad no reproductiva, por lo tanto el homosexual es considerado un peligro para la civilización del heterocentrismo.

El homosexual representa igualmente para la sociedad heterocentrista, falocéntrica y patriarcal una amenaza para el orden social, ya que el homosexual no duda en traspasar o romper las barreras de clase para encontrar nuevos compañeros, poniendo en peligro las jerarquías existentes y por lo tanto el status quo. Pero el discurso homofóbico sigue y se extiende, y proclama que el homosexual, pensado como afeminado, es o se le atribuye taras presuntamente inherentes al otro sexo: versátil, voluble, charlatán y cobarde. En consecuencia, en los períodos de crisis, dificultades, y tensiones bélicas los homosexuales son, condicio sine qua non, junto a otras minorías estigmatizadas, los chivos expiatorios de la venganza y la represalia pública.

Así, la imagen del traidor homosexual es tanto más recurrente cuanto la homosexualidad es considerada colectivamente, generalmente y siempre como una importación extranjera: en el siglo IX se trataba de una “costumbre árabe”. En el siglo XIII se convirtió en una “depravación francesa”. En el siglo XV y el subsiguiente se conoció como el “vicio italiano”, en los siglos XVIII y XIX fue el “libertinaje inglés”; el “vicio occidental” en Oriente, la “maldición de los blancos” en África negra; la “perversión gringa” en Sudamérica, etcétera, etcétera.  

ALGO DE HISTORIA.

Tanto en Inglaterra como en Francia el caso Eulemburg, a comienzos del siglo XX, contribuyó a asimilar la homosexualidad a un “mal alemán”.  El caso Eulemburg es considerado como el mayor escándalo sexual del Imperio alemán. Aunque básicamente se trataba de una pelea entre Philipp, príncipe de Eulenburg-Hertefeld, y el periodista Maximilian Harden, las acusaciones e inculpaciones extendieron el conflicto hasta el punto de que se empleaba la expresión Círculo de Liebenberg para describir el círculo de personas homoeróticas que rodeaba al emperador Guillermo II, y cito a Leopold Stape:

"El palacio de caza de Grunerwald fue el lugar elegido para la sonada orgía que hizo temblar los cimientos del imperio alemán, allí acudieron varios miembros del entorno del Emperador, el grupo conocido como ‘Círculo de Liebenberg’."
(http://leopoldest.blogspot.com/2011/04/el-caso-harden-eulenburg-la-orgia-que.html)

Durante la Primera Guerra Mundial la sospecha de homosexualidad adquirió un tono especialmente amenazador; tal como lo relata Marcel Proust en En busca del tiempo perdido:

"Desde la guerra el ambiente había cambiado. No sólo se denunció la inversión del barón sino también su supuesta nacionalidad alemana"…
(http://www.edu.mec.gub.uy/biblioteca_digital/libros/p/Proust,%20Marcel%20-%208%20El%20tiempo%20recobrado.pdf)

En Inglaterra, el diputado Noel Pemberton Billing organizó una notoria y verdadera caza de brujas contra los homosexuales, al denunciar en 1918 en un artículo llamado “El Culto al Clítoris” en su capítulo “Los primeros 47.000”, el chantaje ejercido según él por los servicios secretos alemanes sobre homosexuales británicos de alta posición. Noel Pemberton Billing consideró que la homosexualidad estaba infiltrada y corrompiendo la sociedad inglesa, y que esto estaba relacionado con el espionaje alemán en el contexto de la Primera Guerra Mundial. Pemberton en su ensayo, altamente imperialista, y basado en la información proporcionada por Harold Sherwood Spencer, que afirmaba que los alemanes estaban chantajeando a homosexuales británicos de alto rango,  para propagar el vicio de Sodoma y Lesbos. Por su parte, el periodista Arnold White afirmó que los homosexuales alemanes se entregaban fácilmente a la seducción sistemática de los jóvenes soldados británicos.

En el curso entre las dos grandes guerras las sospechas de traición se volvieron más políticas. La expansión de una subcultura homoerótica en las capitales europeas, como Berlín, Londres, Paris y hasta la misma Barcelona habían sido observadas con desconfianza por una opinión pública obsesionada con el fantasma del contagio gay, mientras que el desarrollo de los movimientos homosexuales militantes alimentaban los rumores de un complot homoerótico, supuestamente alentado y auspiciado por los comunistas.

EL HOMINTERN.


No existió nunca un grupo homosexual que conspirara cual Pinky y Cerebro para conquistar el mundo. Lo que realmente existía era una trama imaginada de ciertos grupos de psicóticos alimentados por la filosofía heterocentrista y que temían a la expansión de la influencia homosexual. Existía, eso sí, La Internacional Comunista, que fue una verdadera organización creada por Lenin en 1919 y que fue disuelta en 1943. Hay que aclarar también que muchos homosexuales fueron atraídos por el movimiento comunista, porque este proclamaba la igualdad en todos los sentidos, tanto social como de género. De ese modo, muchos políticos temieron a los homosexuales y comunistas, porque ambos estaban en contra de todo el status quo y eran según las esquizofrénicas palabras heterocentritas, algo muy preocupante:

"Como las cosas se va desarrollando la Internacional Homosexual se ha convertido en una especie de auxiliar de la Internacional Comunista. Este es más que alarmante, ya que los homosexuales se están multiplicando como la arena de la orilla del mar."
(Waldeck, R. G. Homosexual International // En : Human Events. -- Vol. XVn, No. 39 — Section II. -- September 29, 1960)

El término “Homintern” a menudo se dice que fue acuñado por Cyril Connolly o por W. H Auden, pero Harold Norse reclamó para sí mismo tal creación. Lo más probable, es que varias personas inventaran el término al mismo tiempo. La implicación humorística fue que los homosexuales constituían una red secreta en todo el mundo y que estaba destina a acabar con el poder del patriarcado y el heterocentrismo, es decir la Homintern era un “Internacional Homosexual”

Las únicas personas que alguna vez tuvieron este sencillo juego de palabras como algo serio eran los que temían la expansión de la influencia homosexual. En simples conversaciones, vieron parcelas, en grupos de amigos, las conspiraciones. Si bien es cierto que algunas personas homosexuales se convirtieron en el centro de la literatura y la cultura moderna, en general, el Homintern era sólo una forma de visibilidad del movimiento homosexual que se destacaba superficialmente.

Un grupo de intelectuales en todo el mundo fueron llamados o acusados de pertenecer al Homintern, por ejemplo en Inglaterra, W. H. Auden o Stephen Spender, junto con su club universitario el apodo de Homintern, porque simplemente simpatizaban con el movimiento comunista y no ocultaban su homosexualidad. En Francia la alianza comunismo y homosexualidad también fue tomada muy a pecho y en las ciudades portuarias y militares donde la prostitución masculina era muy frecuente se hicieron informes de vigilancia con el fin de tener una lista de los establecimiento públicos frecuentados por los comunistas, homosexuales, extranjeros y marineros gais podían conspirar con la paz francesa.

En la década de los 20 del siglo pasado, los partidos comunistas, sobre todo el KPD alemán, apoyaba las reivindicaciones homosexuales, no obstante a la hora de la verdad, sus actuaciones eran ambiguas. A partir de 1934, cuando la Unión Sovietica puso en marcha su legislación homofóbica, la nueva línea del partido asimiló la homosexualidad como una perversión fascista, porque en cierto modo algunos grupos nazis como la SA, y fascista como Las Camisas Negras, desarrollaron una estética gay u homoerótica y valoraban las relaciones viriles, pero fueron rápidamente eliminados. Los homosexuales fueron acusados de comunistas y muchos comunistas de homosexuales, y la traición era sospechada tanto por ser comunista como por ser homosexual, y tanto los nazis como los fascistas italianos vieron a ambos como un complot que impedía la expansión del pueblo alemán e italiano respectivamente.

En la “amargada cristiandad española”, que se autodestruía en una sangrienta guerra civil, muchos homosexuales declarados comunistas fueron perseguidos, apresados y ejecutados; intelectuales, escritores, poetas, cantantes, bailarines que por alguna razón mostraran en público su simpatía al movimiento comunista fueron injuriados, vilipendiados, y al mismo tiempo de ser acusados de comunistas y homosexuales, porque parecía que una cosa llevaba a la otra y más si eras artista, gran parte de estos hombres perdieron la vida, o fueron exiliados, pero todos fueron metidos en el mismo saco. Hemos de recordar al excelso Federico García Lorca que murió fusilado y al padre del decadentismo español Álvaro Retana, acusado en 1939 por “rojo y mariquita”.

En los Estados Unidos de Norteamérica, ya Tennessee Williams y Aaron Copland fueron acusados de originar “momentos raros” dentro la cultura y la sociedad norteamericana, igualmente Cole Porter por su relación homoerótica con el bailarín ruso Boris Kochno, fue sometido a cierta vigilancia.  Pero la Homintern no había impresionado tanto a los políticos estadounidenses, es después de la Segunda Guerra Mundial, que se relanzó la retórica homofóbica y anticomunista con la caza de brujas liderada por McCarthy en la parte de los rojos y por los “traidores sodomitas” orquestada por el senador de Nebraska Kenneth Wherry, que argumentaba que durante la guerra, los asuntos exteriores estaban dominados por una elite de homosexuales, abiertos al chantaje, y que eran o alcanzaban los 6000 miembros gais infiltrados en las más altas esferas del Estado. Curiosamente la mano de derecha de McCarthy era homosexual, Roy M. Cohn, y el jefe del FBI J. Edward Hoover también era homosexual.

Con la arremetida norteamericana contra los homosexuales y comunistas, muchos países, especialmente Gran Bretaña asumió el Homintern como una realidad, especialmente con el caso de  “Los Cinco de Cambridge”: grupo británico de espías reclutados por la Unión Soviética en el Trinity College de la Universidad de Cambridge que trabajó durante la Guerra Fría del siglo XX: Anthony Blunt, Kim Philby, Donald Maclean, Guy Burgess y John Cairncross. Se infiltraron en la sociedad británica como “topos”, en la jerga de los servicios secretos.anto Guy Burgess, como Anthony Blunt y Maclean eran homosexuales y eso constituyo el apogeo de la paranoia del Homintern, donde se mezclaba homosexualidad, traición, comunismo y control mundial.

En el mundo cultural fueron muchos los artistas que fueron acusados de homosexuales y comunistas; el Homintern de esa manera fue utilizado en la década de 1950 y 1960, apareciendo en un sin fin de  número de artículos de revistas de circulación masiva para referirse a lo que se creyó por muchos y por mucho tiempo como una conspiración internacional de gays influyentes que, según se afirmaba , controlaban las artes y la cultura. Estos artículos de revistas a menudo se ilustraban con el color lavanda, y por eso es también conocido a veces a la Homintern como “La conspiración de lavanda”.

Los homófobos alegaron que existía una red secreta mundial de propietarios gais de galerías de arte, directores de ballet, productores de cine, ejecutivos de sellos discográficos, editores y fotógrafos que, tras bambalinas, determinaban quien se convertiría en artistas de éxito, escritores de bestseller, bailarines, actores y modelos. Los psicóticos que veían en la homosexualidad una amenaza latente llegaron hasta asegurar que programas de televisión como Batman eran producto del Homintern y que era una forma de propagar la homosexualidad en los televidentes.

En los mediados de los años 90 el hecho de que los magnates de los medios de comunicación David Geffen, Barry Diller, y Sandy Gallin, el diseñador Calvin Klein, el pintor Ross Bleckner, y escritor Fran Lebowitz eran todos amigos cercanos dio lugar a rumores de un nuevo Homintern, pero ya sin el agregado comunista que se venía desvaneciendo o desligando ya desde los sesenta, y que termino con la caída del muro de Berlín.

Para los homofóbicos la presencia de más de una persona gay evoca la posibilidad de un golpe de estado, de un desastre cultural perverso. Podemos citar el presidente Robert Mugabe de Zimbabwe y sus partidarios que  llamaban el gabinete del primer ministro británico, Tony Blair, una “mafia gay” por el mero hecho de que solía incluir dos ministros gay.

Lo que si podemos asegurar es que los intelectuales gais son más propensos al dialogo y a las reuniones masivas, pero no para controlar al mundo, no para hacerse dueños de la tierra, en general, las masas homosexuales se están accionando para hacer respetar nuestros derechos, y para eso no se debe actuar como una conspiración o realizar un complot, aunque para la heteronormativa y sus psicóticos  piensan que cualquier encuentro gay debe inevitablemente ser pervertido o siniestro  o ambos, y cuando ven las transacciones culturales gais, ven un complot subversivo, pero tal cosa no lo es, somos más inteligentes y esperamos con la lucha pacífica que el mundo cambie a favor de todos.

Por Félix Esteves.

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