Una pequeña presentación

Los Mínimos y Máximos de Félix Esteves es una casa, un hogar, construido con amor, esfuerzo, dedicación y hasta con aburrimiento. Tiene muchas puertas donde todos pueden entrar. Tiene muchas habitaciones, donde de seguro en algunas podrás sentirte cómodo, y en otras, tal vez contrariado y hasta… por qué no… molesto. Sin embargo su propósito no es agradar ni molestar, no es ganar amigos ni enemigos… de todas maneras ambos son bienvenidos; su fin es mostrar y demostrar lo variopinto de una mirada, la pluralidad de una cosmogonía a través de mi “micromundo”, de lo exterior visto y sentido desde mi interioridad… es un grito contra la discriminación, es un arrullo de amor a la diversidad, es mi tarjeta de presentación como ser humano, como hombre, como gay y miembro de la comunidad LGBT... tal vez es algo más… no lo sé… aún lo estoy averiguando.

Félix Esteves

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sábado, 8 de octubre de 2011

EL DESCENDIMIENTO DE ROGIER VAN DER WEYDE. Las diversas caras del Dolor humano.


El Descendimiento. 1436.
Rogier Van Der Weyden (1399/1400-1464)
Oleo sobre Tabla.
Museo del Prado, Madrid.

El Descendimiento de Rogier Van Der Weyden es sin lugar a dudas y sin miedo a equivocarme como una de las mejores obras de carácter religioso y de la Historia de la Pintura. Todo elogio y glorificación sobre esta obra se queda corto cuando contemplamos el excelente trabajo de este pintor flamenco que desplegó en esta patética y triste escena toda una gama de exquisitos matices y de doloridas expresiones.

Pintado al óleo sobre tabla hacia 1436 para el gremio de los ballesteros de Lovaina, fue creado como un tríptico, del que faltan  los paneles laterales, no obstante el extenso panel central (2,2 metros de ancho y 2,6 de alto) es una  muestra sublime de la capacidad y del talento del artista, al colocar los diez personajes de tamaño casi natural en dicho espacio, logrando una composición asfixiante, pero conmovedora, donde el espectador no tiene opción de desviar su atención a otra cosa que no sea el sufrimiento representado en la obra.

La pintura representa un tema clásico en la iconografía de Cristo: el Descendimiento de Jesús y la Quinta Angustia de María. Tiene forma rectangular, con un saliente en el centro de la parte superior, en el que se encuentra la cruz y un joven encaramado en la escalera, que ha ayudado a bajar el cadáver.


Rogier Van Der Weyden nos presenta en el centro de la escena una cruz vacía, de la que se está bajando el cadáver de Jesús, sostenido por un joven moro que se encuentra alzado sobre una escalera al fondo, y por Nicodemo y José de Arimatea. Al mismo tiempo los hombres que lo sostienen inician el proceso de envolverlo en el sudario, mientras otra figura masculina, a nuestra derecha, lleva un frasco de ungüentos. Este lateral de la tabla se concluye con el llanto doliente de María de Magdala, mejor conocida como María Magdalena.

En el lateral izquierdo o en el otro extremo del cuadro, se encuentra la Virgen María desmayada por la visión del cuerpo muerto de su hijo. El cuerpo de la madre de Jesús es sostenido apenas por San Juan y una de las santas mujeres, mientras, al fondo, otra santa mujer llora, reproduciendo los rasgos de pesar y dolor de la Magdalena. El cuerpo de María está en la misma posición que el cuerpo del Cristo muerto, representando un claro alineamiento, a modo de diagonales curvadas que atraviesan la obra y dan un ritmo específico a la composición, pero al mismo tiempo tratando de simular o darnos a entender que el dolor de ambos es el mismo.


Hay un detalle importante y que muchas veces se escapa del análisis de los espectadores, la posición o forma que toman los cuerpos de la Virgen María y de Jesucristo imitan al de las ballestas, queriendo el pintor así homenajear a los sponsor o patrocinadores del cuadro (Gremio de Ballesteros de Lovaina). A su vez la forma de los brazos de María Magdalena imita igualmente aquella forma.

El pintor  presenta las diez figuras colocadas sobre un fondo dorado, terminado con formas góticas en los extremos superiores. En la parte inferior de la obra hay un atisbo de naturaleza, un suelo real en el que aparece una calavera (símbolo de la muerte) y junto a ella algunas plantas que crecen y que quizás predestinan o nos profetizan la resurrección del señor.

Otro de los elementos hermosos del cuadro es la capacidad del artista para manejar la paleta de colores, así vemos como dispone del rojo escarlata en contraposición   a los azules del traje de María junto con el verde oliva de la Santa mujer de atrás. El contraste de los colores se une a las sombras y luces que le dan una profundidad y relieve virtual que nos parece en ciertos momentos que estamos frente a una escultura.

De igual manera, la minuciosidad en los detalles, como el brocado en el traje de José de Arimatea, y el cinturón de María Magdalena son de gran perfección, sin embargo es en los rostros de los personajes donde el pintor hace alarde de su talento en reflejar y pintar las variadas formas del dolor humano: la angustia, la muerte, el llanto, la pena, la desesperación, la tristeza, el desasosiego o la incertidumbre. El Dolor es representado en todas sus constelaciones, a veces contenido en otros  casos  explícito, en unos es dolor místico y  espiritual en otros parece incluso dolor físico, pero en definitiva Weyden nos plasma magistralmente las caras del dolor humano.


Por Félix Esteves

lunes, 26 de septiembre de 2011

LA MUERTE DE MARAT. Por Jacques-Louis David. Una pequeña aproximación crítica...


LA MUERTE DE MARAT. 1793
Jacques-Louis David.

Jacques-Louis David, el pintor de este cuadro, no era sólo un artista, sino además el creador de las celebraciones revolucionarias, las cuales tenían como  propósito servir como instrumentos de difusión de la ideología de la revolución francesa o mejor dicho como propaganda del nuevo régimen. El estilo de David estaba marcado por el Renacimiento, pero su mayor  influencia estaba dictada por la Antigüedad Romana. El artista tenía una predilección por los temas antiguos ya antes de la Revolución.

Todo lo que Jacques-Louis David había ejercitado con los temas antiguos o clásicos, lo utilizó y aprovechó en 1793 con la representación de la muerte del diputado Marat. Este revolucionario francés fue asesinado en una bañera por la joven Carlota Corday, a partir de ese hecho concibió un cuadro inigualable y extraordinario tanto por su calidad artística como por su efecto propagandista. Jean- Paul Marat, un jacobino obsesivo con la Revolución Francesa, sufría una enfermedad de la piel que le obligaba a realizar la mayor parte de su trabajo político en las calmantes aguas de su bañera. El 13 de julio de 1.793, Carlota Corday, una adepta de sus enemigos políticos, los girondinos, consiguió entrar en su casa y matarle con un cuchillo de carnicero.

La muerte violenta de Marat  convirtió al criticado y malmirado revolucionario en un héroe del pueblo. David en su obra le da un rostro dulce, nada se aprecia de la pasión del demagogo,  otorgándole al filósofo lo que el artista quiere reflejar para su propaganda: revelar y exponer los rasgos sublimes del heroísmo y la virtud. Cuando Marat fue asesinado, era un hombre enfermo, sufría  de constante fiebre y se sentía acosado por una erupción de la piel que hoy día es conocida como    Dermatitis Herpetiforme. Por tal razón permanecía largas horas del día sumergido en su bañera, el agua le aliviaba un poco de los picores de las pústulas , y llevaba la cabeza muchas veces envuelta con paños empapados en vinagre.

Jacques-Louis David tenía que idealizar al enfermo de Marat que en la realidad se había convertido en un desecho humano para que el público pudiera admirarlo. Exceptuó todos ls desperfectos, manchas y llagas de la piel y situó el cuerpo en un espacio imaginario. Dejó el plano de fondo en la oscuridad, sugiriendo no sólo a la austeridad, sino que además coloca al personaje histórico en un espacio indefinido que se puede entender como la eternidad.

Al mismo tiempo David coloca en el cuadro objetos como una carta y un billete (no existentes en la realidad o en el hecho del crimen). La carta en cuestión dice: “Entregue este billete a la madre de cinco hijos, cuyo marido ha muerto por defender la patria”. Como se pudo demostrar estos dos objetos son una invención de David que lo usa para manifestar o proclamar a Marat como un amigo y defensor del pueblo. De igual manera David elige para Marat la pose  que evoca la imagen que durante siglos se empleó para representar a Cristo tras el descendimiento de la cruz: brazo colgando, la cabeza inclinada, sostenida únicamente por el hombro y los paños blancos.

El artista no hace referencia iconográfica a Carlota, la única alusión es el cuchillo tirado en el suelo y la carta que tiene Marat en la mano que dice: “El 13 de julio de 1793. Marie-Anne Charlotte Corday al ciudadano Marat. Es suficiente que me sienta tan desdichada para tener derecho a vuestra benevolencia”. Jean Paul Marat nunca recibió dicha carta, pero al ser apresada  Carlota Corday encontraron en su poder una carta igual pero sin la palabra “benevolencia”.

El estilo es el del Neoclasicismo o lo que muchos críticos o historiadores del arte han llamado "Clasicismo revolucionario". Jacques-Louis David concierta la habilidad para la estilización y la simplificación que su aprendizaje clásico le había enseñado. Se  fijo una impresión directa y concluyente con la más simple de las formas y un mínimo de medios. La totalidad superior del cuadro se ha dejado extraordinariamente vacía, al más puro estilo de Caravaggio. El espacio en que tiene lugar el hecho está resuelto de manera concisa y con voluntariosa sinceridad.

Una gran  caja de madera con la escueta y breve inscripción "A MARAT/DAVID/se l'an deux" adelanta hacia el marco del cuadro; detrás en segundo y último plano, se despliega la bañera de color pardo grisáceo,  la cual está cubierta por un tablero de madera y los paños. La cabeza y los hombros de Marat  sobresalen de la larga y estrecha caja. El pecho, con una pequeña herida, está en sombra. La cabeza del obsesionado revolucionario está ladeada hacia atrás por la agonía de la muerte al más puro estilo de “La Piedad” de Miguel Angel.  Su rostro emerge entre luz y sombra, los ojos cerrados, la boca aunque apenada o mortificada muestra una leve sonrisa que en conjunto con todo lo anteriormente dicho le da una  fuerza plástica extraordinaria y plena la obra  de una manera apasionante, inquietante  y conmovedora.

Los hermosos tonos grises, pardos y verde petróleo aplicados en planos lisos son sencillos y su austeridad y su calculada posición es una derivación del gusto de David por la escuela de Caravaggio. La composición está también muy estructurada, lograda con unas líneas geométricas simples, con  una sobriedad y desnudez abandonada de todo elemento  innecesario o accesorio, enfatizando así rigurosa y magistralmente la claridad visual.

David creó una figura puramente ideal emplear solamente el material que le permitía realizar su idea. La definición del lugar, tan precisa en primer plano, va perdiendo su precisión a medida que se va más allá: más de la mitad del cuadro está vacía, es un fondo abstracto. El borde de la bañera, la mitad está cubierta por una tela verde y la otra mitad por una sábana blanca. El espacio queda definido por la sobria, casi esquemática, contraposición entre horizontales y verticales. En esa zona exigua, zona intermedia, muere Marat. En esta pintura Marat se despoja de lo narrativo (muy frecuente en otras de sus obras) y solo plasma el hecho de la muerte del protagonista, sin aditivos y sin falsos o excesivos ornamentos.

Quizás lo más dramático es el contraste entre sombra y luz, pero no hay ninguna fuente de luz que justifique ese contraste como algo natural. La luz es simbólica. La firmeza y la frialdad del contraste entre luz y sombra dan al cuadro una tonalidad uniforme, lívida y apagada, cuyos extremos son la sábana blanca y la tela oscura. En medio de este colorido tan bajo destacan, sobrecogedoras, unas cuantas gotas de sangre sobre la sábana.

La simplicidad y sencillez del conjunto es notable. Parece como si a David sólo le interesara destacar al protagonista y su obra; todo lo demás es marginal y absolutamente fútil. No hay figuras secundarias que nos pudiesen distraer del hecho "sagrado" y del personaje idealizado.

Sobre Jean Paul Marat.

Marat fue uno de los dirigentes más extremistas o fundamentalistas de la Revolución Francesa, compartiendo con Danton y Robespierre el reino del terror. Jean Paul Marat (1743-1793) estudió medicina y en 1789 había sobresalido ya en esa profesión, la Universidad escocesa de St. Andrews le había otorgado un grado honorífico. Casi desde el principio de la revolución se erigió como un defensor de los más humildes. En la Asamblea rechazó casi todas las propuestas dogmáticas de sus colegas de la clase media y su lengua mordaz le granjeo muchos enemigos dentro de sus mismos colegas o compañeros. Marat no tardó en ser perseguido y tuvo que esconderse en alcantarillas y sótanos pero esto no mermo su capacidad para incitar al odio entre las clases sociales.

Sus virulentas críticas le obligaron a exiliarse en muchas ocasiones. Sin embargo, sus ideas y su defensa de los derechos del pueblo lo convirtieron en un personaje muy apreciado y popular. En 1792 tomó parte en las matanzas de septiembre y fue elegido miembro de la Convención y de la Comuna de París, pero tropezó con la animadversión de los girondinos al incitar al pueblo a usar la fuerza y la violencia extrema al reclamar por la dictadura revolucionaria.

Durante la crisis de la primavera de 1793, los girondinos consiguieron que la Convención le acusase de incitar al pueblo a la violencia, pero fue declarado inocente. La caída definitiva de los girondinos se produjo el 2 de junio de 1793, pero Marat, enfermo y exhausto tras años de lucha, abandonó la Convención. Poco después, el 13 de julio, fue asesinado por la girondina Carlota Corday.

Sobre Jacques-Louis David.

Jacques Louis David fue el pintor que mejor encarna el espíritu del neoclasicismo y de la pintura neoclasicista francesa. Nació en 1748 y a temprana edad estudió en la Academia de París. Sus viajes a Italia donde halló los restos de la civilización romana antigua fueron conformando su pintura. La vida de David estuvo vinculada a los avatares políticos de la época. Participó activamente en la Revolución Francesa, pero su relación con Robespierre le condujo a la cárcel.

Al salir de ella se convirtió en el retratista oficial de Napoleón y tras su caída fue desterrado a Bruselas. Jacques Louis David ejerció con su obra una magna influencia en la pintura europea de la época. Su escuela fue afamada y recibió pintores de todas las naciones entre los que hay que reseñar los españoles José de Madrazo y Juan Antonio Ribera.

David fue el verdadero fundador del Neoclasicismo francés. Sus creaciones pictóricas de rasgos estatuarios y colores pulidos fueron el más grande paradigma del siglo XVIII. Boucher y Vien fueron sus maestros, se vio influenciado por ellos en sus primeras creaciones marcadamente sensualistas. Después irá evolucionando hacia un estilo más personal. David en 1774 gana un premio con la presentación en la Academia de la Lucha entre Minerva y Marte. El premio le permitió realizar su primer viaje a Italia, allí contactó de un modo decisivo en su carrera con la Antigüedad Clásica. Al volver a París, se le acepta como miembro de la Academia, expone El Juramento de los Horacios. Con esta obra se concreta su reflexión en torno al concepto de lo clásico.

En la Revolución Francesa David era partidario de Robespierre, motivo por el cual conoció la cárcel. Al subir Napoleón al poder su situación se vio transformada. En 1800 se le nombra retratista oficial de la corte. Así, en este periodo, abundan los retratos del emperador. Al caer Napoleón, David pasaría sus últimos años en Bruselas. 

David es uno de los pintores más valorados dentro del ámbito artístico internacional por sus transcendentales aportaciones en el campo de las artes. Debemos distinguir tres grandes ejes que articulan el quehacer davidiano: Es el artista que eleva al Clasicismo a la cota más alta. Además del Clasicismo cultiva un Realismo teñido de sensaciones táctiles y sensoriales. Son numerosas las obras de David que emanan un claro pathos romántico por lo que anticipa el Romanticismo.

 Por Félix Esteves

Fuentes: 

viernes, 12 de agosto de 2011

EL ARTE QUE AMO: "AMANECER CON MONSTRUOS MARINOS" DE J. M. W. TURNER.

"Amanecer con monstruos marinos". 1845
No soy muy amante del paisaje pero me parece inspirador el trabajo de Joseph M. William Turner. El gran pintor inglés fue un pintor principalmente, por no decir únicamente, de batallas ultramarinas y paisajes ingleses. No obstante en su obra pictórica de mediados de 1840, él abandonó las escenas épicas de batallas y paisajes de su amada Inglaterra para centrarse en las cuestiones elementales: la luz, el clima, el agua, la niebla, el aire y la bruma.


"Lluvia, vapor y velocidad". 1844
 De allí es que desde entonces persigo, admiro y percibo la gran belleza de Joseph M. William Turner, ya para 1844 se había adueñado y apoderado de la luz, el color y el movimiento, y nos obsequio una de sus mejores  obras maestras  "Lluvia, vapor y velocidad" que es sin duda alguna la primera anticipación o adelanto del singular  movimiento Impresionista y el inigualable Futurismo, no obstante mi delirio, pasión  y admiración por J. M. W. Turner crecen profundamente  cuando observo y me deleito con su pintura  "Amanecer con monstruos marinos" de 1845.

En esta pieza de arte Turner sugiere un tema fantástico, sin embargo no es una pintura donde aparecen monstruos mitológicos ni de otra especie animal o fantástica. El nombre “monstruos marinos” es simplemente una alusión simbólica a las vicisitudes del hombre frente a la inmensidad de la naturaleza y su incontenible poderío. La titulación ambigua es una interrogante estética que abre múltiples lecturas o respuestas que el espectador solo puede responder según su estado de ánimo o a su propio sentido poético.

Turner nos plasma bajo un cielo vago, indefinido y confuso, que se vuelve amarillo al aproximarse al horizonte, un mar abierto en pleno estremecimiento donde se reflejan las tonalidades amarillentas del cielo, mostrando diferentes matices marrones, naranjas y blancas envolviendo el conjunto. Del mar parecieran salir dos cabezas monstruosas que impresionan al espectador. La anarquía se apropia de la composición, originando bellamente una obra cargada de los efectos atmosféricos que tanto amaba y obsesionaban al artista.

Detalle: los supuestos monstruos
La rapidez y desenvoltura técnica alcanza en este cuadro un paroxismo, una exaltación extrema de los afectos, de los sentidos y las pasiones, los efectos atmosféricos del paisaje ya no son una realidad, son simplemente una figuración del sentimiento humano. El artista distribuye enérgicamente el oleo sobre el lienzo con la ligereza de la acuarela. En su color, Turner, densa el paisaje haciéndolo más vibrante, conteniendo casi en toda su totalidad los registros de la luz.


Joseph Mallord William Turner
1775-1851
 El pintor Joseph Mallord William Turner nacido en Londres en 1775 y que fallece en 1851, nos deja un impresionante legado de pinturas históricas, paisajisticas y marinas que se pueden apreciar en todo su esplendor en la Tate Gallery de Londres, pero su “Amanecer con monstruos marinos” junto con “Lluvia, vapor y velocidad” son en realidad sus obras más importantes y se unen indiscutiblemente a los movimientos de vanguardia que cambiarían la visión del hombre y del arte. Estas verdaderas obras maestras de la pintura y que constituyen unos documentos historicos invaluables en la Historia del Arte se unen a la  Modernidad a pesar que medie entre ellas y el Impresionismo más de 30 años.

Por Félix Esteves

viernes, 5 de agosto de 2011

EL ARTE QUE AMO: LA INFANTA MARGARITA EN AZUL DE VELÁZQUEZ.

La Infanta Margarita en Azul. 1659
Diego Velázquez  (Sevilla, 1599-Madrid, 1660)
Kunsthistoriches Museum, Viena. 
La primera vez que vi este cuadro tendría yo seis años, y fue en una colección de libros que compraron en mi casa de la editorial Salvat llamada Biblioteca Básica, en sí el libro se llama "Cien Obras Maestras de la Pintura" escrito por Marcial Olivar, hojeando con minuciosidad las páginas quede hechizado por la Infanta Margarita que con su belleza y su enigmático vestido azul me miraba fijamente y que a pesar de su extremada quietud, para mi en aquel tiempo un niño con mucha imaginación, me parecía que aquella niña quería salir corriendo.

En esta pintura la Infanta Margarita tiene apenas ocho años, y fue realizada un año antes de la muerte del artista. La estructura del cuadro y la posición de la infanta no es nada diferente a cualesquier de los retratos  de aquel entonces. Lo que hace distinto este trabajo pictórico de otra pintura  son los recursos magníficamente usados por Velázquez que lo convierten  en algo más: en una verdadera Obra Maestra del Arte.

Quizás a nivel técnico lo primero que nos impresiona es la palpitante y suelta pincelada (muy característica de Velázquez) que pareciera revolotear por todo el lienzo, dándole vida a la hierática,  rígida e inmóvil actitud de la pequeña. La bella pincelada esta plena de libertad y llena de mancha de color, al casi más puro estilo impresionista, que no nos deja ni por un segundo apartarle la vista a la protagonista del cuadro.

La luz en este cuadro es un foco único que enfatiza solamente a la niña. El Tenebrismo vuelve a los pinceles de Velázquez, oscureciendo el fondo del cuadro, el efectismo del juego de luces y sombras hace caer sobre la Infanta la luz en todo su esplendor, dando la impresión muchas veces que es ella la que emana las doradas radiaciones lumínicas.

Detalle de los azules del vestido.
El color, después de todo lo anteriormente dicho, en mi opinión es lo más importante de la obra. El azul esta lleno de intensidad, de brillo y movimiento. Las diferentes tonalidades del “azurro”, a veces fúnebre, a veces eléctrico, a veces celestial, nos seducen como un mar donde navegamos sin cansarnos y donde quisiéramos nadar.

Por otra parte el cuadro nos cautiva por su alcance psicológico. La Infanta Margarita no se muestra feliz, ni siquiera muestra aburrimiento, su actitud poco expresiva parece más de susto y resignación ante su prominente futuro: a la pobre niña se le pintaba casi cada año para mostrarle a su prometido Leopoldo I Emperador de Austria (que era su tío por parte materna) los avances en el crecimiento de la Infanta. A la niña no le quedaba otro remedio que quedarse quietecita, a pesar que según sus biógrafos e historiadores relatan que era una niña muy vivaz y alegre.

Detalle: El rostro de la Infanta.
Velázquez magistralmente no se rinde ante la detenida y paralizada Infanta, y hábilmente logra captar los encantos de la princesita en sus ojos muy abiertos, en lo dorado y agitados de sus bucles, en lo rosado de sus mejillas dándole vigor no sólo a la imagen principal si no todo al cuadro. Igualmente la precisión con que logra captar el pintor las facciones del rostro de la niña es sorprendente, dándole al cuadro una mágica humanidad, la Infanta deja de ser el personaje real y lejano y nos la aproxima convirtiéndola tal vez en nuestra hermanita, o en nuestra hija, o en la traviesa hija de nuestro vecino.

“La Infanta Margarita en Azul” del maestro español Velázquez es un cuadro elegante, majestuoso, imponente donde nos rendimos y extasiamos no sólo por lo fabuloso de su hechura y arte, sino también por la historia que aquellos ojos tristes y enormes de la Infanta nos quiere contar.

Por Félix Esteves

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