Una pequeña presentación

Los Mínimos y Máximos de Félix Esteves es una casa, un hogar, construido con amor, esfuerzo, dedicación y hasta con aburrimiento. Tiene muchas puertas donde todos pueden entrar. Tiene muchas habitaciones, donde de seguro en algunas podrás sentirte cómodo, y en otras, tal vez contrariado y hasta… por qué no… molesto. Sin embargo su propósito no es agradar ni molestar, no es ganar amigos ni enemigos… de todas maneras ambos son bienvenidos; su fin es mostrar y demostrar lo variopinto de una mirada, la pluralidad de una cosmogonía a través de mi “micromundo”, de lo exterior visto y sentido desde mi interioridad… es un grito contra la discriminación, es un arrullo de amor a la diversidad, es mi tarjeta de presentación como ser humano, como hombre, como gay y miembro de la comunidad LGBT... tal vez es algo más… no lo sé… aún lo estoy averiguando.

Félix Esteves

Amigos de Los Mínimos y Máximos

viernes, 1 de abril de 2011

LOS VALORES RECONCILIABLES DEL ARTE

Las Señoritas de Avignon.
Pablo Picasso.
Llamar a una pintura, escultura, instalación o cualquiera que sea la naturaleza del trabajo de un artista obra de arte, es imperante que dicha obra conmocione, produzca una sacudida, e impacte en los diferentes dominios del quehacer humano; una obra de arte es un hecho plástico que tiene consecuencias en lo social, pero sobre todo, en lo económico. Axiomáticamente, la obra de arte produce en quien la contempla, una necesidad de comprensión y de interpretación, y enseguida se le busca un significado que muchas veces va más allá de las razones reales que pudo tener el artista en realizarla.

La Gioconda.
Leonardo Da Vinci.
Perennemente los coleccionistas, galeristas y críticos de arte emiten conceptos, en apariencia disímiles y contradictorios, acerca de cuál es el valor intrínseco de una obra de arte. Los críticos, desde su configuración analítica, insisten en la exclusiva de la dimensión plástica; los galeristas y marchantes desde su punto de vista comercial, enfatizan su valor económico en el mercado, y los coleccionistas subrayan el reconocimiento social que trae poseer una obra de un determinado artista, expresado por los amigos, familiares y conocedores del arte. Esto nos conduce a determinar que la obra de arte tiene diversos valores, que en vez de disentir deben integrarse en la consideración del valor final de la propia obra de arte.

El Grito.
Edvard Munch.

El Beso.
Gustav Klimt.

Entre los valores reconciliables de la obra de arte esta “la dimensión plástica” que es la capacidad de conmoción e innovación, es decir aquella obra que aporta algo nuevo y distinto a la evolución de la historia del arte. Aunque no necesariamente todo lo nuevo es bueno, la “novedad” se erige como un criterio plástico contemporáneo. Pero la valoración plástica está en las apreciaciones de la crítica profesional y de las entidades especializadas. La aceptación de la crítica y de los entendidos, como los salones o bienales de arte entre otros constituyen, sin dudas, un índice, un indicador, pero nunca un criterio seguro y suficiente, acerca del valor plástico de la obra de un determinado artista.

Girasoles.
Vincent Van Goch

Los Burgueses de Calais.
Auguste Rodin

El segundo valor de una obra de arte es “la dimensión económica”, si bien es incuestionable que el valor esencial y trascendente de una obra de arte es el plástico, hay que reconocer que en la actual sociedad capitalista de consumo, la obra de arte es también un objeto comercial, un valor de cambio. Una obra de arte debe poder ser traducida en moneda y esa dimensión económica de la obra de arte está en manos de los galeristas comerciales, en la iniciativa y poder de venta de los marchantes, en la convocatoria y profesionalismo comercial de las grandes casas de subasta nacionales e internacionales, a ellos corresponde la génesis, el origen, de esta hoy inevitable valoración económica. Sin embargo el precio no es una norma aplicable que nos indique que mientras más cara es una obra es en realidad una creación plástica de altura.


Campbell's Soup.
Andy Warhol


Spiral Jetty.
Robert Smithson.

Por último tenemos “la dimensión social”, y ésta viene dada por el uso que le da el poseedor o los poseedores de la obra, es decir esta valoración esta predestinada a los coleccionistas, el público y la persona que la tiene en su casa u oficina y que le otorga un aprecio, un afecto y una evaluación personal, además y absolutamente en la aceptación social de la misma. Mientras más querida o aceptada socialmente es una obra aumenta su valor.

Para que una obra de arte sea completa es necesario que sea contemplada, explorada y admirada por el ciudadano común, con el simple y ordinario espectador, de lo contrario corre el riesgo de perderse y quedarse en el anonimato. De igual manera, no necesariamente la obra de arte más difundida entre los coleccionistas, la de mayor aceptación social, es necesariamente la mejor.

Jardín Tunisio.
Paul Klee.

Odalisca.
Robert Rauschenberg.
Lo expuesto anteriormente, nos lleva a concluir que el valor de la obra de arte es múltiple y por lo tanto debe ser integral. Una obra de arte es aquella capaz de equilibrar las dimensiones o variables explicadas, la que genera conmoción, emoción y sorpresa, aquella que se traduce en crecimiento, en aprendizaje, la que aumenta la sensibilidad del individuo que la transforma o la convierte en objeto de apreciación e interés.

Por Félix Esteves

Fuentes
1.- Amigo Fernández de Arroyabe, María Luisa.
     Los valores del arte: esbozo de una reflexión con Antonio Buero Vallejo / En: Letras de Deusto, Vol.32,     N°95.-- 2002.       Págs. 173-206

2.- Viloria Vera, Enrique.
      Los Valores de la obra de arte.     
      http://www.monografias.com/trabajos-pdf/valores-obra-arte/valores-obra-arte.pdf

3.- Wikipedia
      Estética.-- Wikipedia: La enciclopedia libre-
      http://translate.google.es/translate?hl=es&langpair=en%7Ces&u=http://en.wikipedia.org/wiki/Aesthetics

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