Una pequeña presentación

Los Mínimos y Máximos de Félix Esteves es una casa, un hogar, construido con amor, esfuerzo, dedicación y hasta con aburrimiento. Tiene muchas puertas donde todos pueden entrar. Tiene muchas habitaciones, donde de seguro en algunas podrás sentirte cómodo, y en otras, tal vez contrariado y hasta… por qué no… molesto. Sin embargo su propósito no es agradar ni molestar, no es ganar amigos ni enemigos… de todas maneras ambos son bienvenidos; su fin es mostrar y demostrar lo variopinto de una mirada, la pluralidad de una cosmogonía a través de mi “micromundo”, de lo exterior visto y sentido desde mi interioridad… es un grito contra la discriminación, es un arrullo de amor a la diversidad, es mi tarjeta de presentación como ser humano, como hombre, como gay y miembro de la comunidad LGBT... tal vez es algo más… no lo sé… aún lo estoy averiguando.

Félix Esteves

Amigos de Los Mínimos y Máximos

miércoles, 20 de julio de 2011

ARTE, ESTÉTICA Y VIOLENCIA. La violencia y su participación en el Arte.

El Grito. Antonio Saura.

La violencia siempre ha estado presente en la historia del hombre, sin ella quizás no hubiésemos existido, por lo tanto podemos afirmar que la violencia es una fuerza necesaria para el desarrollo de las sociedades. Esto lo podemos comprobar cuando estudiamos la creación de la tierra: que más violento que los choques planetarios que originaron el sistema solar, o cuando la tierra empezó a moverse y crear los continentes.

Otro ejemplo de lo anterior dicho son los mitos y leyendas de la creación humana que están llenos de violencia: los hombres y los Dioses se enfrentan para fundar el universo. El hombre se ha construido a base de hechos violentos. Los héroes y creadores de la historia se exponen y se enfrentan a la muerte, al caos y triunfantes (temporalmente) de las fuerzas destructivas utilizan a estas para construir e imponer el orden. Durante ese tiempo de orden y paz se crean e inventan las nuevas normas, ritos, costumbres y técnicas que hacen funcionar a una sociedad pero por alguna razón se agotan y dejan de funcionar y se inicia el ciclo del desorden y caos (El hecho violento) que nuevamente concluye o termina con la imposición del nuevo orden.

Desastres. Goya y Lucientes.
La violencia es imposible de eliminar, ya que es la sístole y diástole indispensable de los cambios humanos. El arte y la estética de los siglos XX y lo que va del XXI en muchos casos toca el problema de la violencia, pues el arte nunca se ha alejado de su representación del hombre y su sociedad, y al mismo tiempo que la agresividad, la ofuscación y el ímpetu de los hombres y las sociedades avanza, esta es representada en su arte.

Tanto los movimientos modernos, posmodernos y transposmodernos han absorbido de las sociedades su violencia su caos y esto ha originado una forma distinta de hacer y ver el arte. Y no es que estos tiempos que vivimos sean más violentos que otros, sino que el hombre de hoy es más consciente de la violencia en la que vive y en el poder destructivo y constructivo de la misma.

Cuando los primeros hombres agarraron una piedra y la convirtieron en arma, fue para utilizarla como herramienta de sobrevivencia, para alimentarse, para defenderse de la naturaleza (claro el hecho de matar a un animal es un hecho violento, pero esta condicionado a un derecho natural) al rato descubrieron su utilización para agredirse mutuamente y quedo ligada a las ansias de poder. Así el hombre construye y se destruye, para sobrevivir y vivir.

El arte, tanto de ayer como hoy ha estado ligado a la violencia, sin embargo desde principio del siglo XX ha estallado y no ha parado en su evolución y se ha hecho más que nunca en el eco y voz de la violencia al que la humanidad esta sumergida. El arte actual es en si un fenómeno violento, pero en su concepto más sublime, la violencia como creación, de esta manera la violencia y su caos en el arte no es una transgresión, una ruptura circunstancial, sino que forma parte constitutiva y constructiva de la naturaleza humana, de la sociedad y del universo todo.
Abu Ghraib. Fernando Botero
El arte con anterioridad a estos dos últimos siglos era como afirmaba Friedrich Nietzche (1844-1900) que el arte era pura ilusión y opio, y que representaba una falsificación de la realidad, y ofrecia a los hombres la imagen ficticia del Superhombre, de esta manera la humanidad podía sobrevivir a los horrores de la vida, la violencia en que estaba sumergida y al caos. Para Nietzche la verdad siempre es fea, y la belleza del arte permite disimular y disminuir sus efectos destructivos.

Es a finales del siglo XIX que el arte y los artistas empiezan encontrar su musa en la realidad social que estaban viviendo y consiguen un suelo fértil en la violencia imperante. Para Schopenhauer (1788-1860) el artista tenía que reconocer automáticamente e instintivamente las profundas verdades abstractas y complejas que se esconden detrás de la realidad,  y para eso el artista tiene que declinar a su propia personalidad y convertirse en el espejo del mundo, pero no para reflejar su imagen material sino para descubrir los enigmas intangibles e incorpóreos del mismo. Los artistas o muchos de ellos hicieron de este pensamiento su bandera y el arte desde entonces se ha manejado desde este punto de vista y así la violencia se ha convertido en musa, objeto y sujeto del arte.

Sin título. Fotografía de un Perfonmance de Yoko Inoue contra la violencia de género.
La violencia y el caos es parte de nuestra realidad, de nuestra historia y ella se ve reflejada más que nunca en las creaciones artísticas del hombre. No podemos negar que a veces cansados de esta realidad buscamos escaparnos y nos entra una nostalgia hacia el concepto de belleza del ayer, porque es evidente que es complaciente, relajante y nos llena de armonía, pero es también cierto que si el artista retrocede en su hacer y empieza a complacer esa “idea” de que el arte es pura belleza se disminuye las posibilidades expresivas, convirtiendo a la obra artística en mero Kitsch. El artista verdadero sacrifica la posibilidad de la fama rápida del arte placentero para avocarse al arte que refleja las expresiones dinámicas y que comunica las inquietudes del hombre de hoy, sus problemas, sus molestias, temores, ansiedades y preocupaciones. El arte y la estética de hoy se han alejado de la complacencia de la belleza y es espejo de la sociedad y la violencia que esta genera.

Por Félix Esteves

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