Una pequeña presentación

Los Mínimos y Máximos de Félix Esteves es una casa, un hogar, construido con amor, esfuerzo, dedicación y hasta con aburrimiento. Tiene muchas puertas donde todos pueden entrar. Tiene muchas habitaciones, donde de seguro en algunas podrás sentirte cómodo, y en otras, tal vez contrariado y hasta… por qué no… molesto. Sin embargo su propósito no es agradar ni molestar, no es ganar amigos ni enemigos… de todas maneras ambos son bienvenidos; su fin es mostrar y demostrar lo variopinto de una mirada, la pluralidad de una cosmogonía a través de mi “micromundo”, de lo exterior visto y sentido desde mi interioridad… es un grito contra la discriminación, es un arrullo de amor a la diversidad, es mi tarjeta de presentación como ser humano, como hombre, como gay y miembro de la comunidad LGBT... tal vez es algo más… no lo sé… aún lo estoy averiguando.

Félix Esteves

Amigos de Los Mínimos y Máximos

jueves, 30 de diciembre de 2010

LA HOMOSEXUALIDAD EN EL ANTIGUO PAÍS DEL SOL NACIENTE.


Folio Ishikawa Toyonobu
Xilografía c. 1730-40
Aunque poco se habla de la homosexualidad en el Japón de de los Samuráis existe una antología bien documentada sobre el tema, donde se señala que el amor homoerótico fue de central importancia en la educación, el código de honor y la vida erótica de la casta de los samuráis. El amor homosexual en “El país del Sol Naciente” era muy frecuente en la antigüedad, sin embargo con la llegada del cristianismo decayó, pero fue después de la segunda guerra mundial y el dominio norteamericano en la década de los cincuenta y posterior, que Japón en su afán por abrir sus puertas a Occidente y a integrarse al mundo “olvido” la práctica homoerótica, y cayó a niveles de lo intocable. No obstante viejos documentos nos narran que el lazo sexual entre un guerrero adulto y un joven aprendiz era uno de los aspectos fundamentales de la vida de los samurais.

El amor homoerótico era conocido con el término wakashudo que significa "la senda de la juventud". El wakashudo era una práctica realizada por todos los miembros de la casta samurái, desde el guerrero más simple hasta el señor más noble, incluso era una costumbre tan natural que cuando un señor feudal o samurái de alto rango no tomaba como amante a un joven se le cuestionaba.


Perdoname de Utamaro Kitagawa (c.1800)
 El wakashudo que a menudo se conocía por su forma abreviada, shudo, era una institución notablemente análoga al amor homosexual existente en la Grecia clásica, y que además de tener una función de exquisito placer y de una fuerte atracción erótica, era una relación didáctica y educativa propia de los samuráis.
El amor entre samuráis debía empezar a una edad muy temprana, ya que estas relaciones homoeróticas solían terminar formalmente en el momento de la ceremonia de mayoría de edad, que por lo general era al llegar a los dieciocho o diecinueve años, cuando el joven era tonsurado, es decir se le hacia cortar los mechones delanteros del cabello que era una forma de simbolizar la accesión a un determinado status de una sociedad cuyos integrantes, como la de hoy en día, compara las fechas de nacimiento para establecer las prioridades de sus miembros, con lo que éste, a su vez, podía desarrollar el papel del adulto en una nueva relación shudo. Como en los tiempos de la Grecia antigua, los miembros de la pareja seguían siendo amigos íntimos, incluso después de finalizada la fase pedagógica, y algunas de estas relaciones persistían el paso del tiempo, convirtiéndose así en historias de amor que duraban toda una vida. El wakashudo era también parte integrante de la tradición de la devoción que un siervo tenía para con su señor.

"Gohatto" de Nagisa Oshima de 1999 donde se relata
las costumbres homoeróticas del Japón Antiguo.
En el Japón antiguo era tan común y natural el amor homoerótico que las primeras Geishas eran hombres, estas Geishas masculinos conocidos como Hókan o Taikomochi, comenzaron a declinar, y para el 1800 las Geishas femeninas o Onna Geisha (literalmente ‘geisha mujer’) los superaron en número de tres a uno, y el término "geisha" comenzó a usarse para referirse a las mujeres con habilidades para el entretenimiento, como hoy en día se es conocida. Y aunque estos Hókan o Taikomochi eran artístas dedicados exclusivamente a las artes como el canto, el baile y la comedia, pero su funciones no sólo se limito a complacer el gusto artístico de sus señores feudales, también eran sus amantes y tuvieron gran poder dentro de la jerarquía de la época que les toco vivir.

Por Félix Esteves

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